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El día después del fin del covid-19

Jairo Hernán Ortega Ortega

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“Señora Muerte que se va llevando
todo lo bueno que en nosotros topa!...
Solos – en un rincón – vamos quedando”.
SEÑORA MUERTE – LEÓN DE GREIFF

Escribo antes de la fecha de edición, en el día 73 de la cuarentena impuesta en Colombia; no es mi intención pontificar sobre el trajinado tema de la Covid19, a quien, por programación neurolingüística, llamaré Covi ya que de esa manera le “restamos” poder a semejante virus de la familia Coronaviridae, Tan poderoso que llevó a que el mundo se confinara, se aislara, se resguardara y temblara ante un conocido desconocido. Incluso un líder como el expresidente colombiano y Nobel de paz Juan Manuel Santos considera que la política, a raíz de Covi, también cambió o cambiará, y se dividirá, de acuerdo con lo que hemos visto que ha sucedido incluso en los países llamados “potencias”, entre quienes creen y siguen la ciencia y en quienes no.
 
Digo que no quiero adentrarme en terrenos académicos de la virología sino más bien hacer pedagogía para que entendamos la marcada influencia de esta enfermedad sobre tres actores claves: el paciente y su familia, el personal sanitario y su entorno y el gobierno o las políticas de estado ante la pandemia. Para dar un panorama general, al momento, hablemos primero de lo más doloroso, la muerte, para salir de una vez de eso. La tasa de mortalidad mundial va en 38.7 por cada millón de habitantes, en Ecuador 132.5, en Perú 68.7, en Brasil 65.8, en Panamá 60.2, en España 58, en Gran Bretaña 48.9, en México 34, en Estados Unidos 25,7. En Colombia estamos en 10.32. Por ser de muertes estas cifras son verificables. En nuestro país 61.3 % de los fallecidos son hombres, 38.7% mujeres. En San Andrés, Casanare y Vaupés se han presentado caso, pero aún sin mortalidad. En el municipio de Sahagún, Córdoba, se presentaron 19 contagiados, de los cuales 12 eran trabajadores del hospital por lo cual tuvieron que cerrarlo. En el 40% de fallecidos la confirmación de la enfermedad se ha hecho post mortem. Dentro de la población de los 5 a los 14 años no se ha presentado ninguna mortalidad. Por grupo etario se presenta mayor mortalidad entre los mayores de 70 años. La mayoría de las muertes se asocian a morbilidades como hipertensión, diabetes, afecciones respiratorias, cardiopatías, obesidad y tabaquismo. Mientras transcribo este documento (28 de mayo de 2020) las cifras oficiales suministradas en Colombia informan que para la fecha hay 25.366 casos confirmados, han fallecido 822 personas y se han recuperado 6.665. A nivel mundial hay 5.656.615 casos confirmados, 355.355 muertes y 2.389.056 recuperados.
 
Del triángulo social que está involucrado en sufrir o enfrentar esta mortal enfermedad considero que pasa más bien a conformarse, ni siquiera un círculo, sino una verdadera esfera en la cual todos están, estamos, involucrados con los mismos deberes y derechos, pero también con idénticas posibilidades de enfermarnos. Es aquí donde este nanométrico virus se hace importante porque cambia todas las condiciones del ser humano: trabajo, convivencia, economía, hábitos, sentimientos y, algo muy importante: la forma de morir, los rituales alrededor de despedir al ser querido que ha fallecido. La despedida, el duelo, el cierre, se ha modificado. Entonces debemos, como personal médico y del equipo de salud, hacer entender a los familiares que la despedida no es un acto puntual, sino que puede realizarse en otros momentos; que si tiene la posibilidad de acercarse a su pariente en condición crítica le hablen, porque muchas de las veces, al final de la vida, él no va a poder hablar, pero si escucha, entonces hay que hablarle. Acompañar es importante, así sea en silencio. Hay que brindar tranquilidad y dar “el permiso” de marcharse. Como no se pueden establecer rituales de contacto, por el aislamiento que se impone, una manera de “hacerlo” es ubicar un sitio en la casa, puede ser el preferido por el paciente, y estar allí junto a una fotografía suya, elaborar una carta de despedida o un objeto simbólico. Tenemos que hacer entender que sentir tristeza, rabia o impotencia es normal en estos procesos.
 
Muchos de los conceptos que acá expongo han sido desarrollados por la Universidad de Navarra, la Unión Española de Cuidado Paliativo y la psicóloga Marisa Magaña. Ellos documentan que el rito de despedida es importante para quien sigue vivo, no para el que fallece. Es apenas comprensible que se experimenten sentimientos de culpa, incluso dentro del personal sanitario. También el miedo a contagiarse o contagiar. Si el homenaje al ser que se nos va no lo podemos hacer al momento, más adelante se puede programar, pero es importante no dejar de hacerlo. Hay que crear conciencia de que estas situaciones de separación son impuestas por la crisis pandémica. Es clave sentir que hay comunión y comunicación entre la familia, tanto del paciente como como la de los médicos y todo el personal de la salud, por eso es muy válido que se comuniquen a través de medios virtuales. A los niños hay que dejarlos participar porque ellos necesitan compartir el dolor y sus sentimientos. A los miembros del equipo médico y paramédico se les debe permitir pausas activas dentro de las cuales esté una muy importante: que puedan comunicarse con sus familias.
 
El paciente y sus familiares van a estar preocupados por las posibilidades de infección, si irá o no a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), si en verdad tiene Covi, si se va a salvar o no, si no podrán volver a visitarlo o verlo; como médicos, enfermeras, o personal del área de la salud, debemos estar preparados para absolver esas dudas; dudas que, en un momento dado, pueden ser nuestras. Podemos vernos enfrentados a situaciones donde el paciente no entiende o que su esposa, sus hijos u otros familiares se enojen; debemos estar preparados para ello. De igual modo es posible que la situación nos desborde en recurso y en fortaleza tanto así que el trabajo lleguemos al estrés o incluso a experimentar burnout. No podemos olvidar que somos humanos y podemos llegar a confrontar el hecho de no haber salvado un paciente, eso se verá reflejado en tristeza, cansancio o frustración. Ante esto es importante hablar, comunicar, comunicarse; se podrá encontrar que se comparte con pares, o con quienes son compañeros de trabajo, las mismas dificultades; superarlas en equipo hace todo más llevadero.

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Responder a las situaciones emocionales de los pacientes o sus familiares no es fácil, pero hay que hacerles frente para normalizarlas y normalizarnos. Empecemos por escuchar, creemos empatía (entender), apoyemos, validemos que es normal sentirse así y exploremos, o sea, manifestemos que queremos ayudar. Una vez cumplido este proceso asegurémonos de que todo haya quedado claro, volvamos a preguntar o permitamos que nos vuelvan a preguntar, ampliemos la información y dejemos siempre abierta la posibilidad de volver a dar información más adelante. También debemos prepararnos para dar malas noticias.
 
Al estar trabajando en áreas donde se estén atendiendo y manejando pacientes con Coronavirus, o se esté tangencialmente en relación con esas zonas, debemos establecer Autocuidados para detectar si tenemos algún Compromiso Emocional, lo cual se traduciría en sensaciones físicas corporales alteradas como palpitaciones, dolores, gastritis, alteración del sueño; Compromiso Cognitivo, dado por confusión, dificultad para concentrarse, olvidos, pensamientos negativos; Compromiso Emocional, que puede traducirse en labilidad para el llanto, shock, miedo, temor, mal genio, frustración, irritabilidad, tristeza, sentimiento de culpa, desesperanza, bloqueos. A lo anterio se pueden sumar dificultad en las relaciones interpersonales.
 
Para prevenir estas situaciones estresantes debemos evaluar situaciones como la de cuál es el rol que desempeño, estar informado de lo establecido en la organización para la que trabajo, revisar y conocer los protocolos, preparación y capacitación. Al conocer mis herramientas y a lo que me enfrento estaré más confiado lo cual ayuda a disminuir las situaciones de tensión. Es importante poder identificar todas las señales anteriores en los miembros de mi equipo porque muchas personas pueden no darse cuenta de que están afectados. Una vez identificados los problemas debemos apoyarnos en los grupos de profesionales que se hayan establecido para tal fin (psiquiatría, psicología, pastoral, humanización, etc.). Es muy importante el manejo de la resiliencia, entender que somos un equipo y por eso todos somos necesarios, comprender que elegimos servir. Es clave evitar la sobreinformación (los FAKES hacen mucho daño).
Algo que nos puede brindar tranquilidad es el manejo adecuado que de la situación hagamos en casa: establecer protocolos de ingreso y egreso de la misma (en cuanto a medidas de asepsia, antisepsia, seguridad y uso de elementos de protección personal), hablar de manera clara y sencilla con todos los miembros de la familia.
 
Para manejar situaciones puntuales de estrés o burnout podemos: realizar actividad física, estiramiento, meditación, comunicar (emociones y reacciones), DAR Y RECIBIR AYUDA, DAR Y RECIBIR GRATIFICACIÓN, hacernos autorreconocimientos o reconocer a mis compañeros, sentir si en verdad estoy satisfecho con mi trabajo, tomar tiempo libre por fuera del hospital (alejarnos física y mentalmente de él, lo que implica obligatoriamente desconectarnos de los medios virtuales), evaluar nuestra salud física y mental, experimentar o buscar emociones positivas, conectarnos con nuestros seres queridos, descansar, pasear, llevar una dieta sana, leer, ver películas, recibir o enviar mensajes a familiares y amigos, recordar (ver álbumes de fotos, hablar de momentos vividos, reminiscencias), llevar un diario o hacer escritura reflexiva, volver a retomar actividades o hobbys o empezar alguno (música, pintura, magia, manualidades…)
 
A pesar de todo nos seguiremos preguntando si se van a distribuir masivamente tapabocas, si el gobierno ya adquirió los ventiladores necesarios, si se ha protegido adecuada y debidamente el talento humano en salud, si se realizarán pruebas aleatorias y si habrá las suficientes, y etc., etc., etc. Otra gran pregunta es sobre si tendremos que aprender a vivir y convivir con Covi.
Hoy, en nuestro país, sabemos que hay unos 760 trabajadores de la salud contagiados, de los cuales 10 han fallecido. También que estamos en un momento donde vamos a enfrentar una fase más compleja ya que los casos están aumentando y las camas de las UCI podrán verse desbordadas. En todo caso no debemos bajar la guardia por lo cual debemos usar con juicio y raciocino los Elementos de Protección Personal y la comunidad en general tiene que seguir con el lavado de manos, el uso de los tapabocas, el distanciamiento social y consultar cuando experimente fiebre, dolor de garganta, tos, rinorrea (congestión nasal), dificultad respiratoria (falta de aire), dolor muscular, pérdida del olfato o gusto, diarrea, convulsiones o síncopes (desmayos).
 
Frente a esta casi que apocalíptica situación, a la que nos ha llevado esta pandemia mundial, considero que el tapabocas es al COVID-19 lo que el condón es al SIDA. Por lo tanto, no hay que dejar de usarlo; para que no tengamos que parafrasear a Monterroso: Cuando despertó, el Coronavirus todavía estaba allí.