Buscador Google

Revista Nova Et Vetera 2021 - Cultura biográfica - Los signos vitales de Sandra Llano Mejía
Revista Nova Et Vetera
Suscríbete a nuestra revista online:

Cultura biográfica

Los signos vitales de Sandra Llano Mejía

Susana Restrepo Díaz

09/10/2021

Volumen 7 - Nº 74 oct./2021
ISSN: 2422-2216

Los signos vitales de Sandra Llano Mejía

La presente es una breve biografía de la artista Sandra Isabel Llano Mejía que, en principio, busca una aproximación a las particularidades de su mirada y trayectoria.

Este intento es posible gracias a varias de las conversaciones que la artista me permitió de primera mano, pues ante los enormes vacíos bibliográficos que hoy todavía yacen en la historiografía no se ha dimensionado el impulso con el que Sandra Llano actualiza el nacimiento y el cenit de las artes electrónicas en la década de 1970. La tarea de profundizar en la vida de la artista, de antemano, nos invita a una exploración de largo aliento para apreciar su obra. De tal modo, su vida y su obra entran en una constante sinergia que desafía los tonos de una corta narración lineal. Mas, con el propósito de compartir con la comunidad universitaria los «signos vitales» de una artista imprescindible en nuestra historia del arte, pero más aún, en la comprensión de una génesis del videoarte a nivel global, esbozaré aquí algunas precisiones sobre su vida. Quiero señalar también aquellos signos procesuales en la obra de Sandra Llano que envuelven una ardua reflexión sobre la necesidad de cuestionar y cruzar las fronteras entre disciplinas, medios, metódos, géneros, políticas y religiones.

Sandra Llano-Mejía nace en Cali el 22 de septiembre de 1951. Desde niña ha sido alquimista y filósofa. La pregunta por la naturaleza del movimiento ha determinado su investigación: “El movimiento es tiempo, es espacio, vida. El movimiento es todo”, en sus palabras. Enterrar Golems, jugar con mercurio o romper bombillos con la mente han sido prácticas de una experimentación más amplia. Su curiosidad la condujo desde muy corta edad a las clases de dibujo al desnundo en el Instituto de Bellas Artes de su ciudad natal. Aunque las clases parecían no saciar su búsqueda, porque para ella el arte era enseñado como un instrumento y ella defendía que se trataba de una especie de magia: la de abstraer, transformar, traducir y articular con múltiples lenguajes. Fue cuando nació en ella un signo vital de fuerza extraordinaria: el punto, la línea y el paisaje no al servicio de la figura, sino de transformar la dirección en caos o el grano en pixel. Pintar al azar y pintar el interior. Esta fuerza progresó hasta cambiar su destino, pues fue la necesidad de cruzar fronteras lo que la llevó en 1971 a la Escuela de Artes Visuales en la Universidad Autónoma de México. Allí realizó su Maestría en Diseño de Arte y Comunicación mientras trabajaba como enfermera en cuidados intensivos. Además, empezaría a dictar clases como profesora de epistemología en la Universidad Autónoma Metropolitana de México.

Momento crucial. Su dedicación a la universidad y al hospital serían la perfecta combinación para la emergencia de una idea que marcaría su vida, su obra y la historia de las artes plásticas y electrónicas. Al ver a tantos pacientes conectados al electrocardiograma, tantas líneas isoeléctricas que en el momento de la muerte se vuelven un horizonte, había descubierto cómo dibujar con el corazón a través de tecnologías médicas. Esta imagen sería definitiva. Sería el tiempo diáfano para desarrollar las obras De la energía vital (1977) y De lo vital a lo sensible. Electrocardiogramas del corazón. Las líneas de la vida y de la muerte. Tecnologías Médicas (In-pulso, 1978). A su vez, ambas obras estarían comprometidas con el movimiento de poesía beat que cobra su máxima expresión en Estados Unidos y la influencia de autores como Jean-Louis Lebris de Kérouack. A pesar de los desacuerdos que tuvo Sandra con varias de las convenciones académicas y con su asesor de tesis -arquitecto llegado a México desde la Nueva Ola de París-, ella confiaría en su intuición principal hasta el final. La relación entre imagen y poesía en la investigación de la artista ya había sido trazada por Juan Acha, crítico de arte y maestro de Sandra, a quien ella agradece en los créditos del videoarte In-pulso, por ser él un apoyo excepcional en un contexto en el que las escuelas de artes plásticas habrían de persistir escépticas a la apertura de nuevos medios[1].

En medio de la agitación de los días, la artista accede al laboratorio de física de la UAM, donde se conecta a un circuito electromagnético de retroalimentación: el video registra un acto performativo en el laboratorio, la simultaneidad entre la imagen del galvanómetro y los catéteres describe la naturaleza del biorritmo del cuerpo de la artista mientras la aguja quema el papel térmico con las corrientes eléctricas enviadas desde el corazón. La retroalimentación sucede así entre un sistema orgánico, uno análogo y uno digital[2]. Se integran distintos campos, movilizados esencialmente por la fuerza del pensamiento y la sensibilidad que desde ahí se propaga. Nos cuenta la artista que, en el acto mismo de In-pulso, ella pensaba en sus clases de dibujo con el profesor Sergio Navarro y en el  Shorinji Kempo, un arte marcial con aires de budismo que solía practicar para aprender a dominar la respiración y, así, dominar la corriente que dota a la obra de señales semióticas.
Sandra Llano utiliza las gráficas en que la medicina traduce los mecanismos internos del hombre, sea del corazón o de un centro cerebral. En un comienzo, ella trató de aprehender la relación de la gráfica con el mecanismo, influyendo en éste artificialmente, ya que –al mecanismo– le era inherente la vida expresada en ritmos que la muerte trastoca en una impresionante e impávida horizontal... [3]

Según los tratados de pintura escritos por Kandinsky  a principios del siglo XX, la línea y el punto se vuelven fundamentos escultóricos que pertenecen a un modelo de percepción finito y, por ende, humano. Para Sandra, In-pulso responde a esta teoría: “Lo armónico, dentro de las artes visuales, puede ser el hecho de unir puntos, líneas, superficies o volúmenes eurrítmicos en un encadenamiento casi mágico de juegos...”[4]. In-pulso es video, instalación, performancia, pintura abstracta y poesía. Es una obra abierta que supone unos ritmos subjetivos únicos, como los de una huella digital, pero es también la manifestación universal de cómo los signos vitales de un organismo vivo pueden conectarse criticamente con los sistemas abiertos que ofrecen las tecnologías. Esta obra fue la tesis Magna cum laude con la que se gradúo y, en 1978, fue expuesta por primera vez en Bogotá en el marco del Salón de Atenas donde la artista invitó al público a participar en el dibujo colectivo de una línea constituída por los signos vitales del los visitantes. A propósito de este encuentro, Eduardo Serrano escribiría: “Sandra Llano acude al encefalógrafo y al ectrocardiógrafo para descubrir la realidad interna de los organismos. La manipulación de dichos instrumentos, le permite ejecutar trabajos gráficos de interés indiscutible, en los cuales además de proponer un lenguaje artistíco de inesperados códigos tecnológicos logra comentar creativamente los impulsos de la vida…”[5]

col1im3der

Fotografía de Radical Women: Latin American Art (1960-1985), Brooklyn Museum, 2018

La analogía entre el punto y el pulso, o entre la máquina y el corazón, da lugar a una serie de obras con medios de diversa naturaleza y posibilidades que, al contrario de hallar la armonía entre lo orgánico y lo inorgánico como sucede en In-pulso, exploran una crítica respecto al uso de las tecnologías en general. Es decir, una crítica a la cultura que tiende a reducir tales tecnologías a funciones, cuando pueden ser canales de expresión. La combinación de los medios y la riqueza conceptual que orientan la obra de la artista, por otro lado, motivan happenings realizados en diferentes latitudes. De ahí que una búsqueda particular de Sandra Llano al respecto han sido las formas de comprender la condición del instante, incluso cuando este resulta a veces infinitesimal. Entre estos happenings se encuentra Música Imitada, acción que ocurre en 1981 junto al músico Rafael Mejía y el intérprete Humberto Rodríguez Jardón en la glorieta del Museo Moderno.  Con el propósito de sublimar el silencio, con un piano de cola en el centro y una pantalla que muestra el video en tiempo real de las manos tocando, aún bajo las evocaciones a John Cage, en un instante casi ritual. De otra parte, Sandra Llano indagó en las formas de la discontinuidad del tiempo, el ritmo y el cuerpo en Autorretrato en cuatro tiempos donde fragmentó su rostro a través de 4 cámaras simultáneas cuyo registro luego editó en un sintetizador de efectos[6].

El resultado es una fotografía que reivindica la naturaleza discontinua de la experiencia por medio de un retrato fragmentado. En este sentido, la reflexividad que caracteriza el desenvolvimiento de la obra de nuestra artista es aquella estrategia que señalaba Rosalind Krauss para lograr una asimetría radical desde el interior. Su poética está marcada por el antagonismo, el error y el experimento.

Sandra Llano vive en New York desde 1983. Viajera, mística y gran lectora, ha realizado una parte significativa de su obra en esta ciudad cosmopólita, donde fue consagrada por el MOMA cuando incluyó In-pulso dentro de su colección permanente y reconoció a la artista como pionera del videoarte en el mundo. Entre otras obras, podemos destacar el videoarte 7 ½  New York Newport (2005), imágenes y sonidos que suceden en un coche a 80 kilométros por hora a través de espejos y lentes, donde explora otra vez el concepto del instante como tiempo autosincrónico. Durante el año 2014 Sandra Llano realizó Fly MariaMulata! Como una elegía al movimento y a la naturaleza del pixel. Sobre esta pieza escribió un ensayo acerca del arte postdigital y el vuelo colorido que se instala en la actual era. En el 2018, Sandra Llano fue una de las artistas que integró Radical Women: Latin American Art (1960-1985). Hoy continua su carrera creativa hacia una expansión de la sensibilidad que atraviesa intensos ejercicios psicológicos y experimentos que se orientan bajo el principio de que el arte pasa esencialmente por la mente. 
 
REFERENCIAS
Acha, Juan. “El Vídeo.” Arte en Colombia (Bogotá, Colombia), no. 16 (October 1981): 32–37.
Alberro, A. “Reconsidering conceptual art, 1966-1977” conceptual art: A critical Anthology, 1999, (M. M. press Editado por Alexander Alberro y Blake Stimson, Cambridge, Ed.).
Blom, Ina. The autobiography of Video: The lifes and times of a Memory Technology. Berlin: Sternberg Press, 2016
Charalambos, Gilles. “Colombia videoartística”. Apuntes básicos sobre algunos aspectos problemáticos del videoarte en Colombia. Ed. Universidad Nacional de Colombia, 2000
Morse, Margaret. “Video Installation Art: The Body, the Image and the Space-in-Between.” En Illuminating Video, editado por Dough Hall y Sally Jo Poper, 152-167. New York: Aperture, 1990.
Krauss, Rosalind. “Video: la estética del narcisismo.” En Primera generación: Arte e imagen en movimiento [1963-1986]. Coordinación de Cristina Cámara y Mónica Carballas, traducción de Antonio García Álvarez, 43-60. Madrid: Museo Nacional  Reina Sofía, 2007

 
[1] Sobre la fragilidad de las instituciones en la época, los escasos estímulos del medio vídeo en Colombia y los espacios “reclusivos” de las artes, Gilles Charalambos escribe Colombia video-artística (2000); ensayo preliminar a su libro Aproximaciones a una historia del videoarte en Colombia.
[2] El sistema cerrado para medir el pulso eléctrico del corazón entra en un sistema de retroalimentación al unir el modelo cibernético y el modelo biológico en un mismo medio.
[3] Juan Acha, 1981.
[4] Cita tomada de la página web de la artista http://sandrallano-mejia.com/
[5] Fragmento extraído del catálogo del Salón, Museo de Arte Moderno de Bogotá
[6] Realizado en los estudios de Comunicación de la universidad UAM-X, de Ciudad de México.

Vida Rosarista
URosario #3 del ranking Merco Talento en el sector educación

URosario #3 del ranking Merco Talento en el sector educación

Ver más
Universidad del Rosario, entre las mejores del mundo en QS World University Ranking

Universidad del Rosario, entre las mejores del mundo en QS World University Ranking

Ver más
Artículos relacionados
La dama de colores
La dama de colores
Ver más
La eterna migración: La cuarentena de J. M. G. Le Clézio
La eterna migración: La cuarentena de J. M. G. Le Clézio
Ver más