Buscador Google

Revista Nova Et Vetera 2021 - Cultura - La esencia de la educación en un mundo globalizado
Revista Nova Et Vetera
Suscríbete a nuestra revista online:

Cultura

La esencia de la educación en un mundo globalizado

Hugo Alejandro Parra Montoya

09/03/2022

Volumen 7 - Nº 78 mar./2022
ISSN: 2422-2216

 La esencia de la educación en un mundo globalizado

Al pensar en un sistema educativo acorde con las circunstancias históricas que nos atañen, debemos repensar los postulados que orientan nuestra actividad pedagógica: ¿en qué mundo educamos?

Al pensar en un sistema educativo acorde con las circunstancias históricas que nos atañen, debemos repensar los postulados que orientan nuestra actividad pedagógica: ¿en qué mundo educamos? ¿Para qué educamos? ¿Qué tipo de ciudadano queremos formar? Seguramente son los mismos principios que han inspirado a la educación a lo largo de la historia, sólo que varían tanto los modelos pedagógicos como las didácticas y las metodologías, a consecuencia de las exigencias sociales y políticas de cada época.
 

Sin lugar a duda, debemos estar de acuerdo con Kant con su afirmación que “sólo la educación nos hace realmente humanos”. Es la educación la encargada de permitirnos ingresar al mundo civilizado y sentirnos parte de él; entendiendo este proceso como la transmisión de conceptos y parámetros (reglas, normas, tradiciones, conocimientos) por parte de quienes se consideran aptos para tal responsabilidad social hacia aquellos que deben ser entrenados y formados dentro de un marco establecido por su colectividad. La idoneidad de estos maestros es otorgada por quienes ejercen la autoridad dentro del estado y legislan sobre la mejor forma de educar a su población.

 
Pero la educación es una actividad intencional, quien enseña tiende hacia unos fines concretos (formar); quien aprende también tiene sus interese (dejarse formar, aprender), por lo menos eso ocurre en teoría.

Los retos para los educadores de hoy son diversos y de gran complejidad: nos enfrentamos a un mundo globalizado, con marcadas diferencias sociales y económicas; de conflictos bélicos étnicos, civiles e internacionales; la brecha entre ricos y pobres, entre países industrializados y en vías de desarrollo, es cada vez más grande; un mundo en el que el consumismo y la búsqueda del placer inmediato están a la orden del día; la posesión  del conocimiento ya no pertenece a unos pocos, sino que es de  acceso público y a bajos costos o hasta gratis. No obstante la enorme facilidad para tener acceso al saber, se evidencia en nuestros planteles educativos una marcada desidia y hasta apatía por obtenerlo; poseer el conocimiento no es lo primordial en nuestras escuelas y colegios y, lo que resulta aún más preocupante, es que se presenta en algunas universidades- por parte de profesores y educandos-.

col1im3der Academia de Platón, mosaico de Pompeya - dominio público

Ante este panorama, la educación está llamada a responder desde una perspectiva fenomenológica; es decir, a buscar el sentido y la razón de ser como disciplina humana y socializadora. Retomando a los grandes fenomenólogos como Martín Heidegger y Edmund Husserl, quienes nos definen la fenomenología como “la ciencia de las esencias”, nos debemos fundamentar en la búsqueda de la esencia misma de la educación, la cual busca responder los cuestionamientos antes mencionados.

 
Un fenómeno es entendido como la representación mental de un suceso físico ocurrido en la realidad y que se logra gracias a las facultades de la aprehensión y la abstracción; pero las esencias no se captan por los sentidos, pues estos son cambiantes y no ofrecen total fiabilidad; esto sólo lo logra la razón mediante procesos cognitivos (inducción, deducción, abducción). La educación puede ser comprendida como un fenómeno social que puede tener muchas presentaciones, representaciones e interpretaciones. Pero debe ser una auténtica preocupación poder llegar a lo más profundo de su estructura interior, la que subyace bajo las formas tangibles, la que no se percibe por nuestros sentidos, pero que sabemos que está ahí, la constituye, le da forma y la hacer ser lo que es.

Si nos guiamos por el empirismo clásico podemos incurrir en error al juzgar la educación como algo cuantificable, medible, tangible; o quizá si atendemos al escepticismo aceptaremos la imposibilidad de acceder a la educación “en sí” y nos avoquemos a la desesperanza del fracaso escolar. Debemos someter a juicio nuestro accionar pedagógico, revisarlo, dudar de nuestras prácticas, seguir las recomendaciones de Descartes- pues no necesariamente lo que sabemos lo sabemos bien-. Tengamos presente que podemos estar inmersos en cualquier tipo de ignorancia al no saber lo que debemos saber, saber mal lo que sabemos o saber lo que no deberíamos saber. Así que es válida toda revisión juiciosa del sistema educativo, sus prácticas y de quienes las practicamos.

Tomarnos en serio nuestra responsabilidad de educadores exige tomar conciencia de nuestro propio pensar; es decir, “pensar nuestro pensamiento”, pensarnos a nosotros mismos, no sólo como educadores sino, ante todo, como seres cognoscentes, dotados de razón; hacernos conscientes que estamos pensando (“pienso, luego existo”). Lo anterior nos lleva a una profunda introspección, a un autoanálisis, a una autocrítica, a un sano autoconocimiento, como lo sugiriera el propio Sócrates: “conócete e a ti mismo, es la máxima virtud del hombre”. 

col1im3der La muerte de Sócrates, Óleo de Jacques-Louis David de 1787 - dominio público

Otro aspecto fundamental para desempeñar una mejor o, incluso, auténtica labor académica, es el vivir nuestra propia existencia. No por estar vivos ya existimos, pues ser y existir no necesariamente son sinónimos. Los animales, las piedras, las plantas son, pero no existen; por el simple hecho que son entes carentes de conciencia, ignoran su razón de ser, su finalidad en el mundo, su sentido trascendente, no tienen visión teleológica. Ateniéndonos a Sartre, la existencia es algo inmanente al hombre, pero, a su vez, complejo para su comprensión. Somos seres en sí, porque cargamos un legado que no pedimos, nos fue impuesto y el cual -nos guste o no- es irremediablemente nuestro; nos hace ser lo que somos, no lo podemos cambiar. Pero, esperanzadoramente, somos también seres para sí, porque contamos con infinidad de posibilidades para proyectarnos sobre el mundo: “estamos condenados a ser libres”. No elegimos vivir, pero sí podemos hacerlo sobre cómo vivir y vivir mejor, aun sabiendo que estamos condenados a morir. En palabras de Heidegger “somos seres para la muerte". Si este fin trágico nos orientara entonces nuestro destino no tendría opción. Sería inevitable la hecatombe, el sin sentido y el absurdo de la propia vida. Es semejante el panorama que se nos presenta hoy en día en nuestros centros de enseñanza; el sinsentido de la propia vida, la alienación de la conciencia, en términos de Marx, donde las personas no cuestionan su actuar, sus emociones, su valor como seres humanos, como individuos que se hallan revestidos de habilidades y destrezas únicas y magníficas que nos posicionan como la especie que somos. 

A la pregunta que nos planteamos al inicio de esta disertación le estamos hallando la respuesta. La educación debe ser una acción decidida, contundente, liberadora y crítica, ejercida a la vez por agentes transformadores-los docentes- que jalonen procesos de desalienación y anti-opresivos, permitiendo la redención de los ciudadanos y la reivindicación de sus derechos. El pedagogo actual debe ser un líder con autoridad moral y plena conciencia de su momento histórico para que, conociendo su pasado, genere cambios verdaderos en su sociedad. Que vele por la igualdad entre los pueblos; que a su vez entienda la educación como un proceso dialéctico y que, sin ufanarse del discurso metafísico, sea un “fenomenólogo de la practicidad” (si se permite el término) al buscar mediante la educación, la esencia, no la apariencia, de lo humano; ser capaz de asirse del fondo, no de las formas del sistema educativo. Maestros así, representan la esperanza de una sociedad más justa y equitativa, más progresista y en paz…

Vida Rosarista
Se necesita una estrategia para superar la trampa de la inexperiencia laboral y reducir el desempleo

Se necesita una estrategia para superar la trampa de la inexperiencia laboral y reducir el desempleo juvenil

Ver más
Estos son los retos del nuevo gobierno en Colombia

Estos son los retos del nuevo gobierno en Colombia

Ver más
Artículos relacionados
La dama de colores
La dama de colores
Ver más
La eterna migración: La cuarentena de J. M. G. Le Clézio
La eterna migración: La cuarentena de J. M. G. Le Clézio
Ver más