Buscador Google

Revista Nova Et Vetera
Suscríbete a nuestra revista online:

Cultura

Neblina

Alejandro Ballén Lobo

09/09/2021

Volumen 7 - Nº 73 sep./2021
ISSN: 2422-2216

Neblina

Voragine: Aglomeración de sucesos, cosas o personas que se mueven de forma confusa

Nico sostenía una carpeta parado en medio de un pasillo en el que no había nada. La carpeta era de cartón, llena de dobleces en el lomo, seguramente fruto de las veces que había sido abierta. En su vida él había visto muchísimas carpetas iguales, en el trabajo, en el médico, incluso en su época de estudiante, aunque por alguna razón esa era diferente. Al mirar la carpeta daba la inexplicable sensación de que nadie debía abrirla, pero que tampoco podía dejarla en el suelo. Sin conocer su destino y sus porqués Nico solo sabía que tenía que tomar la carpeta y caminar.

La poca luz que dejaba pasar una rendija a unos 80cm arriba de su cabeza solo le permitía ver los dos muros rojizos que había a su lado. La apertura de ventilación se veía vieja, y cuando se concentró Nico sintió el desagradable olor a óxido que venía de ella. Las paredes estaban claustrofóbicamente cerca la una de la otra y ni delante ni detrás se veía nada. A su vista solo quedaba el pasillo que se prolongaba una distancia que no se podía calcular, primero por la poca luz y segundo porque las paredes, el piso y el techo eran iguales en todas partes. Sin saber muy bien la razón, pero sabiendo que debía hacerlo, siguió caminando.

Andaba posando su mano derecha por la pared para sentirse menos perdido mientras trataba de recordar que hacía ahí. Mientras andaba se fijaba en las pequeñas grietecitas que se podían ver en el suelo cuando las entradas de luz decidían que así fuese. Después de un rato que pudo haber sido de minutos u horas llegó a una habitación.

La puerta era de madera. No de madera laminada y pintada como la de su apartamento. Esta puerta daba la impresión de que tal cual había salido del árbol habían decidido cortarla y ponerle dos bisagras. Además, por la forma antigua y el color amarillento de la cerradura, se podía intuir que eso había pasado hace ya mucho tiempo. Nico sabía qué tenía que entrar a esa habitación y así lo hizo. El cuarto tenía paredes grises adornadas con manchas de humedad que ya llevaban años en el lugar, se notaba sucia, olía a polvo y las telarañas en las esquinas eran indicador de que por ahí nunca pasaba nadie. Gracias a una rendija de luz algo más grande que las del pasillo vio que dentro había un organizador de documentos de la misma madera rústica y oscura, lleno de carpetas iguales a la que el tenía en la mano. Idénticas no solo en el material sino también en las arrugas del lomo, el grosor de los papeles que tenía dentro, las manchas en la tapa y los dobleces en las esquinas. Nico sabía exactamente que lo que tenía que hacer era dejar su carpeta ahí, no sabía que iba a pasar si no lo hacía, pero si sabía que no iba a ser bueno. Cuando estaba a punto de dejarla en su sitio decidió ojearla rápidamente. Al abrir la carpeta vio que la primera pagina estaba en blanco, al igual que la segunda, la tercera, la cuarta, la quinta…

En ese momento se despertó sobresaltado. Miró a todos lados para darse cuenta de que estaba en su cuarto. A su lado estaba Luna, agarrada a las sabanas y dormida profundamente. Revisó su celular para saber que hora era: La 2:37 am del 11 de agosto. Cuando se dio cuenta de que todavía podía dormir y que ese día iba a necesitar estar bien despierto, se dio la vuelta y siguió durmiendo.



Aunque cuando se levantó el 12 de febrero Luna sabía que las cosas podían salir mal, eso no hizo que fuera más fácil afrontar cuando los psiquiatras entraron a el consultorio para darle el diagnóstico final del caso de su papá. Ella ya sabía que lo mas probable es que él sufriese de la enfermedad de la que los doctores le habían hablado, aún así eso no hacía que fuese más fácil aceptarlo, para ella la vida no iba a volver a ser la misma, había perdido parte de su realidad. Aunque ella sabía que probablemente eso fuese a pasar eso no hizo que no llorara sin consuelo dentro del consultorio cuando le dieron la predestinada noticia.

5 minutos antes de que a Luna le dieran la noticia Nico estaba en la sala de espera del consultorio recapitulando las ultimas cosas que le habían sucedido. Las semanas pasadas su suegro había empezado a presentar pequeños comportamientos extraños, y Luna no lo había ignorado. Desde hacía ya unos meses el señor Borg les hablaba de programas de televisión que no pasaban en ningún canal o le contaba sobre libros que recordaba pero que cuando ella buscaba en internet no arrojaban resultado. Tanto ella como él lo habían asociado a la edad, pero cuando empezó a hablar de los perros de los vecinos cuando ninguno de los vecinos tenía mascota, Luna empezó a preocuparse.

Después de reuniones con psicólogos y pruebas, los profesionales empezaron a señalar que lo más probable es que no fuese ningún tipo de esquizofrenia. Aun siendo estas bastante extrañas eran más comunes que la enfermedad que tenía su padre. El mal que se presumía que tenía el señor Borg era un padecimiento mental huérfano, que se da en casos contados. A diferencia de otros padecimientos que provocan visiones de sombras, voces, sensaciones de acoso o perdida en el entendimiento básico de vivir la enfermedad de su padre le provocaba alucinaciones verosímiles. ¿Qué significa esto? Básicamente que su mente hace que imagine cosas que podrían pasar pero que no son verdad. Desde imaginar obras de arte irreales hasta personas que no existen. A diferencia de las esquizofrenias esta enfermedad se adapta a la gente de la manera en que ellos nunca se den cuenta ni sufran por su padecimiento. En casos extremos algunas personas incluso alucinan con una vida completa e irreal, con familia, vivienda y trabajo que no existen para los demás, pero ellos nunca se dan cuenta.
 
Aunque los expertos le hubiesen dicho a Luna que la enfermedad no era peligrosa la mera posibilidad la aterraba. En las pocas personas que sufrían la enfermedad lo normal es que nunca se les comunicase, básicamente porque mientras ellos no empiecen a desafiar su realidad no se darían cuenta de sus alucinaciones y tendrían una vida en la mayoría de los casos bastante feliz. Aún así para Luna imaginar que su papá perdiese la verdadera noción de la vida era aterrador.

Aunque no lo dijese a Nico eso le parecía algo tonto. ¿Cuál es la razón de preocuparse por una enfermedad si seguramente nunca se daría cuenta? lo mas probable es que el viviese su vida feliz de pensionado con sus alucinaciones mientras Luna estaría martirizándose y sufriendo por algo que ella considera una perdida enorme, pero que para el que la pierde no significa nada.

En medio de sus divagaciones Nico escuchó el llanto de Luna y en ese momento supo lo que había pasado. Rápidamente abrió la puerta de madera rústica del consultorio psiquiátrico y la abrazó. No dijo nada de lo que había pensado. En realidad, no sabía que decir, pero para ella con su abrazo ya había dicho suficiente.



Un mes después del día que a Luna le dieron el diagnóstico las cosas iban claramente mejor. Ese día tenía que ir a recibir el primero control de como progresaba todo y allí estaba, puntual como siempre y con Nico afuera esperando que le iban a decir.

Por su parte él estaba en uno de los sofás de la sala de espera mucho menos tenso que el día de su última visita, por su posición estirado a sus anchas en el asiento nadie pensaría que podía ser el mismo joven ansioso y estresado que había estado ahí mismo el mes pasado. En las últimas semanas la manera de afrontar la enfermedad por parte de Luna había logrado un cambio significativo. Poco a poco había superado sus primeras preocupaciones y había decidido afrontar las cosas mejor. Eso no quitaba el hecho de que el había decidido seguir guardando sus pensamientos acerca de la enfermedad para si mismo, no porque no confiase en ella si no porque él creía que no necesitaba una oposición tan fuerte a lo que ella consideraba lo correcto en un momento tan difícil.

Durante toda su charla con los doctores Luna estuvo bastante tranquila, ya había asimilado la condición de su padre y aunque fuese exageradamente doloroso para ella sabía que no iba a poder hacer nada. Todo iba bien hasta que tras unos 20 minutos la doctora dejó caer como si nada el dato de que la enfermedad podía pasar de padres a hijos. ¿Cómo la psiquiatra había sido capaz de decir algo así sin ponerle siquiera atención? El pensamiento de poder perder su cordura sin siquiera darse cuenta no iba a salir de su cabeza. En el momento en el que puso un pie fuera de la sala ya sabía que iba a realizarse las mismas pruebas que se había hecho su papá sin dejar pasar un día.

Mientras Nico levantaba los bordes del tapete con su zapato y miraba las rejillas de ventilación del pasillo seguía pensando en lo fascinante que era la condición del señor Borg.

Él, como escritor, muchas veces había sufrido de falta de creatividad para darle vida a lugares o a personajes, y ahora su vida se encontraba con alguien que es capaz de pintar la ficción sobre la realidad sin siquiera darse cuenta, la verdad en ese momento a el le pareció algo más artístico que otra cosa, no entendía como su suegro lograba ocultarse los huecos que tenia que generar su propia mente o como hacía para no volver peligrosa su percepción del mundo mientras veía las grietecitas del suelo escuchó como Luna salía de la consulta. Se levantó enérgicamente del sofá y se acercó a su novia, le iba a pedir que le preguntase eso a los médicos en la próxima visita.



—Doctora una pregunta— Dijo Nico, que por primera vez había decidido entrar al consultorio —¿Cómo hacen estas personas para no hacerse daño y lograr tapar los agujeros en su realidad? Cuando he escuchado acerca de personas con esquizofrenia veo como muchas veces su vida se deshace por sus padecimientos, a veces incluso la enfermedad hace que las personas pierdan la noción anterior de cómo deben vivir,
¿Qué hace mi suegro para que no le pase eso?

Luna pensó como nunca se había preguntado eso, otra muestra de que daba demasiadas cosas por sentado. Quizá lo que ella había interpretado como indiferencia de parte de Nico solo era una forma diferente de afrontar las cosas. En ese momento la doctora guardo la carpeta de cartón arrugada que estaba revisando en un archivador de madera que estaba a su lado y les explicó.

—En estos casos lo que el cerebro hace es evitar tener que enfrentarse a si mismo y causarse problemas. Lo mas normal es que las cosas necesarias como el dónde comer o dónde dormir las mantenga lo mejor posible por su instinto supervivencia. Cuando algo no encaja en su visión del mundo puede tratar de explicarlo por medio de sueños o simplemente lo suprime de su memoria. ¿Alguna otra pregunta?
Ninguno de los dos habló, así que salieron y se subieron a su Nissan gris, como siempre Nico se sentó en el asiento del conductor.

—¿No crees que tu papá es más feliz que nosotros? — preguntó Nico sorpresivamente antes de haber encendido el carro. El era de los que ponían música y empezaba a hablar de cualquier cosa, su mente no podía parar. Ahora estaban en silencio esperando una respuesta y Luna no tenía ni idea que decir. —

  • La verdad es que no lo sé — Respondió ella — Es verdad que el puede vivir como su subconsciente quiera, aunque nadie me garantiza que eso signifique vivir bien. Muchas veces, aunque podamos elegir, las personas elegimos ser infelices—
  • ¿Tu que vas a elegir? —
 

En ese momento ella se dio cuenta de que le quería decir. Ella sabía lo que quería y no iba a dejar que lo que le pasara en su vida se lo impidiese. Ese día Nico le contó las cosas maravillosas que personalmente veía en la enfermedad de su papá. Ella estaba algo más feliz, él le había abierto la mente a algo que ella sabía y ahora ella veía arte donde antes no veía más que pérdida. Después de meses de sentirse derrotada ese día ella ganó un poco. Se sentía como si la hubiesen forjado de nuevo.



La mañana del 11 de agosto Nico recordó la conversación que había tenido con Luna hace unos meses en el auto para tomar fuerzas. Aún con todo lo que había vivido de primera mano estaba seguro de que esto sería diferente —Tranquilo — le dijo Luna, que desde hace un tiempo había cambiado su punto de vista.

En ese momento Nico recibió la llamada que tanto estaba esperando, pero a la que tanto miedo le tenía. Justo al frente de él estaba ella, quien lo veía preocupada mientras él contestaba el teléfono. Por la forma en la que se le humedecieron los ojos y el temblor en su voz ella ya sabía lo que le estaban diciendo. Solo tuvo que esperar hasta que colgara para darse cuenta de que había pasado lo que temía, incluso más ella que él.
—Mi mamá también— Fue lo único que atinó a decir Nico con voz temblorosa, estaba quieto mirando a la nada y pensando en lo que no iba a volver a ser.

Él estaba pensando en ese mismo momento una sola cosa que no podía ignorar. Nicolás se sentía un mentiroso, un envidioso, alguien que por falta de empatía le había mentido tanto a Luna como a él mismo. En ese momento se dio cuenta que la realidad es importante, y que no ver eso había sido un error de alguien egoísta, que pensaba en el crear entes que en el vivir.

Cuando giró su mirada Luna ella estaba tan quieta como él. No lloraba, no sollozaba, solo estaba mirando la pared de la habitación. Cuando Nicolás se giró para verla se dio cuenta que faltaba algo. Una foto de ellos dos y su suegro que habían colgado hace más de un año en la pared del fondo ahora no estaba. Nicolás miraba el muro blanco esperando que se solucionasen sus problemas, esperando que la vida volviese a ser la misma.
Una parte de el sabía que era un momento, un bache en el camino. Recordar a Luna riendo hace solo unas semanas después de haberla visto llorar por las mismas razones que él y la imagen de pocos días atrás de ellos dos sentados en el sofá que estaba al lado de donde él estaba parado en ese instante, logrando ser feliz, hacía que Nicolás supiese que todo iba a estar bien.

Pero al ver el sitio vacío donde debería estar el sofá Luna supo que no era así. Y mientras Nicolás sufría por lo que iba a pasar Luna lo hacía por lo que no.

Nicolás quería desahogarse, y de la rabia gritó tan fuerte que todo el mundo debió haberle escuchado, y miró montones de hojas vacías que no le decían nada y le frustraron como siempre. En ese momento Nicolás pensó en las mejores obras que había leído, las mejores canciones que había escuchado y los mejores momentos que había vivido. No eran los mismos que los de su mamá.

Y Nicolás fue a su cama, buscó consuelo en el lugar que sabía que no se iba a mover de donde estaba.
Y Luna se quedó en el pasillo.

Cuando Nicolás cerro sus ojos empezó a llamar a Luna para que fuera con él, para que le abrace ahora que él lo necesitaba. La llamo primero ligeramente, como un susurro al que sabes que está a tu lado, luego casi gritando, esperando que ella llegase. Y cuando nadie le contestó, Nicolás se quedó dormido.

 

 

Vida Rosarista
URosario #3 del ranking Merco Talento en el sector educación

URosario #3 del ranking Merco Talento en el sector educación

Ver más
Universidad del Rosario, entre las mejores del mundo en QS World University Ranking

Universidad del Rosario, entre las mejores del mundo en QS World University Ranking

Ver más
Artículos relacionados
La dama de colores
La dama de colores
Ver más
La eterna migración: La cuarentena de J. M. G. Le Clézio
La eterna migración: La cuarentena de J. M. G. Le Clézio
Ver más