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Palabras de lanzamiento de los libros Institucionales de la Universidad del Rosario

María Isabel Casas

La Universidad del Rosario piensa el país

Me ha correspondido el honor de hablar en el lanzamiento de dos extraordinarios libros que publica la Universidad del Rosario. Mi universidad. La universidad en la que aprendí el poder que tiene el Nova et Vetera al invitarnos a honrar el pasado, a reconocer que él hace parte de lo que somos,  y al mismo tiempo, a animarnos a ser audaces, soñadores y comprometidos con la generación de nuevas formas de estar en el mundo.
 
Educación, arte y cultura en las regiones de Colombia, y en la Universidad del Rosario piensa el país, son dos  libros cuyo su propósito es divulgativo, pero que logran un objetivo mucho mayor:  nos inspiran a pensar distinto, a reconocer que los seres humanos tenemos infinitas posibilidades desde el arte, la educación, la política y la cultura pero también desde la ciencia y las nuevas profesiones para aportar a la sociedad.
 
Me atrevo a afirmar que los libros son extraordinarios, porque a lo largo de su lectura encontré varios elementos que me impulsan a decir que ellos rompen con la inercia de nuestros  tiempos, de aquello que se considera normal y nos permiten imaginar otros  mundos posibles llenos de esperanza sobre la posibilidad de construir un mundo mejor.

La primera de las razones tiene que ver con la forma en que los libros nos cuestionan nuestras comprensiones sobre el tiempo. En los momentos actuales en los que, según palabras de Zygmunt Bauman, nos hemos convertido en una  sociedad líquida en la que todo fluye a una velocidad vertiginosa, desarraigada y con poca profundidad. Los libros nos ayudan a hacer una pausa, a entender que para cambiar la sociedad debemos  empezar por sembrar nuevas semillas  y que así como el jardinero conoce las leyes de la naturaleza y sabe esperar con paciencia, nosotros podemos ser generosos y cultivar aquello que otros más adelante podrán cosechar y disfrutar. A diferencia de las grandes construcciones de ingeniería que hoy nos sorprenden por la velocidad con la que suceden, los procesos naturales y humanos toman tiempo y muchas veces exigen el esfuerzo de varias generaciones. Al pausar, evitamos caer en  la trampa de la inmediatez con sus promesas efímeras e instantáneas y nos damos cuenta de que tal vez nuestra misión sea dejar una huella para que vengan otros a continuar nuestra labor. Ojalá lo hagamos con humildad, poniendo el bien común por encima de los intereses individuales y aportando valores, ideas y conocimientos sobre los cuales otras generaciones puedan construir.

Los libros también nos dan una mirada amplia y diferente sobre el sentido que tiene pertenecer a un territorio. En un mundo globalizado en el que los límites son cada vez más difusos, al pensar nuestro país y atrevernos a mirar las regiones no con el afán de disfrutar del espectáculo de lo exótico, sino con el genuino interés de valorar la diversidad, comprendemos la enorme riqueza que tenemos, no para explotarla en nuestro beneficio, sino para admirarla y permitirle con humildad que nos enseñe. Al cambiar la relación con el territorio, dejamos de  paramos como dominadores y nos convertimos en observadores, reconocemos la complejidad del mundo y cuestionamos aquellas lógicas que pretenden tenerlo todo organizado y controlado como si sólo existieran el blanco y el negro y olvidáramos la magia que sucede cuando aparece un arco iris en el horizonte.

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Educación, arte y cultura en las regiones de Colombia

Es en esa complejidad en la que podemos celebrar el arraigo: reconocer la diversidad del territorio no nos impide echar raíces y saber, como dicen los pensadores sistémicos, que los seres humanos necesitamos raíces para poder volar. Cuando honramos y nos vinculamos con aquello que nos ha nutrido, tendremos la fuerza suficiente para salir al mundo   con confianza, con la certeza de que es seguro explorar nuevos territorios, porque nuestras raíces están bien afianzadas. Además, si nuestra relación no es de control y dominio sino de pertenencia y arraigo, podemos comprender mejor que somos un colectivo, un ecosistema en el que cada uno de los elementos está interrelacionado y es corresponsable en la construcción colectiva de valores, tradiciones y cultura. Y por eso, es tan valiosa e innovadora la mirada de la Universidad cuando busca fortalecer las capacidades de las regiones.
 
Otra razón que me lleva a afirmar que estos libros de divulgación se salen de lo ordinario es porque los textos y las imágenes nos llenan de curiosidad y deseo de aprender. Una curiosidad que nos ayuda a despojarnos de la arrogancia de creer saberlo todo, juzgarlo todo, controlarlo todo, y a estar listos para explorar nuevos horizontes. El carácter sugestivo de los textos nos permite establecer una interlocución con los autores y los personajes y comprender que nuestra manera de organizar las historias, nuestras  narrativas, nuestras formas de entender el mundo y relacionarnos con él  no son las únicas posibles y que las buenas conversaciones son aquellas en las que existe  un genuino deseo de escuchar y observar, como el punto de partida para construir conocimiento.

Otro elemento importante que quiero resaltar es cómo los libros relatan lo importante que ha sido la Universidad en la historia del país. La lectura de los libros no ayuda a darnos cuenta de nuestro rol como seres históricos. Y esto, a su vez, tiene varios elementos.

Por un lado, la paciencia y la humildad.  Acá quisiera retomar la idea que propuse más arriba cuando afirmé que la paciencia es fundamental para transformar la sociedad. La paciencia, nos vuelve humildes y la paciencia y la humildad nos ayudan a entender, como nos lo dice Paolo Freire,  la diferencia entre sabernos seres históricos, con un rol y una responsabilidad en el trasegar de la humanidad y ser los dueños de la historia como si fuéramos indispensables para salvar a la humanidad, sin saber muy bien de qué es que tenemos que salvarla.

Por otro lado, nuestro rol en la democracia. Si queremos proteger la democracia porque entendemos que es la mejor forma de respetar las libertades, proteger el bien común y crear capacidades para todos, no podemos seguir asumiendo nuestro rol en la historia como si se tratara de una competencia en la que necesariamente tiene que haber ganadores y perdedores. Ya sabemos que los mejores resultados se logran cuando cooperamos, trabajamos juntos y nos ponemos metas comunes. Somos ecosistemas y si reconocemos la diversidad que hay en cada uno, construir la historia adquiere mucho más sentido.

Los libros también no ayudan a entender que como seres históricos nos corresponde pensar de manera crítica el momento en el que nos ha tocado vivir. Hoy imperan unas estructuras de poder muy complejas y tenemos la responsabilidad histórica de asumir posturas más críticas frente a ellas, porque si no lo hacemos se seguirán perpetuando la violencia, la inequidad, la injusticia y las crisis ambientales y sociales. Si nos reconocemos como seres históricos tomamos una perspectiva distinta y quizás estemos más cerca de  renunciar a tantas comodidades que nos promete el mundo moderno y de entender que a veces ir en contra de la corriente tiene su costo pero también sus enormes gratificaciones. Y esto se puede lograr desde la política, el arte, la literatura, la educación, el periodismo o desde donde sea que encontramos nuestros talentos y nuestras pasiones.

Pensar nuestro momento también implica reconocer que el fin de las ideologías ya sucedió y que no tenemos unos marcos conceptuales que pretendan organizar la realidad de una manera unívoca. Por esto mismo, tenemos la misión de proponer nuevos ideales, no absolutos, sino desde nuevas comprensiones que incluyan la diversidad, los pluriversos y las interrelaciones complejas.  Si bien es cierto que los valores pragmáticos imperan en nuestro momento, también lo es que las crisis sociales que surgen de las migraciones, de las polarizaciones y los populismos de los que tanto se habla hoy en día, nos están sugiriendo la importancia de tener unos ideales que lleven a las sociedades a avanzar no solamente hacia mejores condiciones económicas para todos, sino hacia estilos de vida más significativos y dignos para la humanidad.

Por último, quisiera referirme a la educación, tema sobre el que he construido mi proyecto de vida, es el núcleo central de la Universidad y cuyos resultados se ven reflejados en los libros que hoy se dan a conocer a la comunidad. El enfoque humanista y de servicio, la revisión crítica  de la historia y en los  últimos años el compromiso de pensar las regiones, le dan a la Universidad un rol protagónico e la educación del país. Porque la buena educación sabe que es indispensable reconocer la complejidad de los contextos y vincular los saberes y las disciplinas con ellos. El conocimiento significativo, dinámico  y transformador  se construye en contexto. Y eso es lo que nos presenta hoy la Universidad: reconocer cómo desde las distintas disciplinas se aporta a la sociedad, trabajando para empoderar mujeres y jóvenes para que ellos también sean protagonistas en su propia historia, democratizar el conocimiento, validar saberes ancestrales y aprender de ellos, son algunas de las razones por las cuales estos libros tienen tanta importancia  en este momento.  Es así como se hace realidad aquella invitación que nos hace Kant cuando nos dice que el objetivo de una buena educación no es que los jóvenes se adapten al mundo, sino que lo transformen.

Los invito a leer los libros y a saborear cada una de sus páginas como yo lo he hecho y a ver que, más allá de los testimonios de personas formadas en sus aulas que hemos hecho aportes a la sociedad y llevado la universidad a distintas zonas de Colombia, tenemos ante nosotros un gran llamado a unirnos y hacer aportes a la sociedad y a la historia.