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Cultura

Rubem Fonseca: las letras marginales en una ciudad colorida

Daniel Deaza

09/03/2022

Volumen 7 - Nº 78 mar./2022
ISSN: 2422-2216

Rubem Fonseca: las letras marginales en una ciudad colorida

 "Antes de que Quentin Tarantino reclamara el monopolio de la sangre y la violencia extrema, existía Fonseca. Es probable –después de leerlo– pensar que Fonseca inventó a los asesinos y que todos los psicópatas del cine y de la literatura son su culpa, que todos quieren parecerse al suyo". Fernando Gómez Echeverri – escritor y periodista colombiano. 

 

Rubem Fonseca nació en Juiz de Fora, el 11 de mayo de 1925 y murió en la ciudad que lo acogió desde niño, Río de Janeiro, el 15 de abril de 2020. Se considera como uno de los grandes escritores de la literatura brasilera, siendo de los mejores exponentes de la novela negra y el cuento corto del continente. En el 2003 ganó el premio Camões, instituido por los gobiernos de Brasil y Portugal para los autores que han enriquecido la cultura de la lengua portuguesa; en el 2004 obtuvo el premio Konex; en el 2012 recibió el premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas.

Fonseca se trasladó en su juventud a Río de Janeiro, estableciéndola como el territorio privilegiado y natural de sus historias. Antes de dedicarse de lleno a la literatura, vivió otras experiencias. Fonseca inició en 1952 su carrera en la policía como comisario, en el 16º Distrito Policial de São Cristóvão y la finalizó en 1958. Contextos de aquella época y algunos que vivieron sus colegas están inmortalizados en sus escritos. Este autor destacó en la Escuela de Policía, y no demostraba sus propensiones literarias. Como policía pasó poco tiempo en las calles, la mayor parte de su trabajo fue de oficina. Cuidaba del servicio de relaciones públicas.

En 1954 recibió una licencia para estudiar Derecho en la Fundación Getúlio Vargas. Sus contemporáneos dicen que, en aquella época, los policías eran más jueces de paz, separadores de pelea, que autoridades policivas. Rubem veía, debajo de las disputas legales y las normas, las tragedias humanas y buscaba resolverlas; esas tragedias se verían reflejadas en sus escritos. Afirman que en ese aspecto él era admirable.

Junto con otros nueve policías cariocas, fue escogido para especializarse en Estados Unidos, entre septiembre de 1953 y marzo de 1954. Aprovechó la oportunidad para estudiar Administración de Empresas en la Universidad de Nueva York. Después de salir de la policía, Fonseca trabajó en la Light, empresa dedicada a la explotación de la energía eléctrica en Brasil, hasta que a sus 38 años se dedicó integralmente a la literatura.

“Todo lo que tengo que decir está escrito en mis libros”, decía para evitar las entrevistas. Por eso uno se debe detener en sus escritos para entenderlo. Sus obras se caracterizan por un estilo seco, áspero y directo; lujuria, violencia, corrupción y tensiones morales son el contexto donde se desarrollan sus tramas. También trae personajes que surgen del margen de la sociedad, sujetos desplazados e ignorados por el Estado: prostitutas, asesinos, drogadictos, habitantes de calle. En Fonseca no sólo hay retratos marginales, frenéticos, sanguinarios, que se zambullen en las sombras de las urbes. Hay otros donde el brasileño hace gala de su narrativa con temáticas totalmente dispares a las ya mencionadas, como en “Naturaleza podrida o Franz Potocki”, “El agente”, “El enemigo”, textos de su primera colección de cuentos: Los prisioneros (1963). Esta fue inmediatamente reconocida por la crítica como la obra más creativa de la literatura brasileña en muchos años. Dos años después le siguió otra, El collar del perro, la prueba definitiva de que la ficción urbana encontró a su más audaz e incisivo narrador. Con su tercera colección, Lúcia McCartney, se transformó en un bestseller y ganó el mayor premio para narrativa breve de Brasil.

col1im3der Rio de Janeiro - Dominio público

En sus obras se materializa lo que Fonseca creía: “el escritor debe tener el coraje de mostrar lo que la mayoría de gente teme decir”. Otra de las principales características de su obra es su combinación entre la ficción y el contexto: Fonseca, aunque crea personajes, tramas y crímenes, nunca se sale de su ciudad, Rio de Janeiro; siempre dialoga con lo que en Río se vive para construir su relato, relaciona la sociedad y la historia. Esto se puede ver en su novela “Agosto”, donde narra lo ocurrido dentro del pretendido golpe de Estado de las fuerzas militares en 1954 que culminó con el suicidio de Getulio Vargas, destapando toda la corrupción que había dentro del estamento político. “En toda autoridad hay, de cierto modo, algo corrupto e inmoral” (Fonseca, 2004, pág. 346).

Rubem Fonseca es reconocido como uno de los mayores exponentes de la literatura latinoamericana de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Maestro del relato policiaco, de la novela negra y del cuento corto que usó como herramienta literaria para mostrar sus reflexiones morales, melancólicas y punzantes donde mostraba la fragilidad de los seres humanos y las zonas grises que hay entre el bien y el mal.  Fue un escritor tardío, por la edad a la que llegó a la literatura, pero eso fue una ventaja en su escritura ya que, a costa de su vida policiaca y de ser juez de paz, logró encontrar el material y el contexto que permitieron que sus escritos salieran a relucir. Miseria, crimen, ambigüedad moral, paisaje de violencia atravesado por rasgos de humanidad impensables, todos ellos son materiales con los que Fonseca sorprende en sus letras. El mejor Fonseca se encuentra en la digresión no solo como método estructural sino también como postulado estético, e incluso ético. La literatura es, para Fonseca, un escenario para dialogar con el mundo y con sus múltiples aristas.

En sus inicios se puede ver a un Rubem Fonseca con una literatura más visceral, una lectura feroz de la realidad que solo puede tener escapatoria en el delirio, y cuyo punto de no retorno se halla en cuentos como "Feliz Año Nuevo" o "El cobrador". Las novelas de ese período muestran un total dominio de sus temáticas, una conciencia literaria cuya seguridad le permite entrar y salir de determinadas estructuras, creando y respondiendo a sus propias necesidades. Las dos primeras son el pico de toda su obra, carece de sentido cualquier intento de síntesis. El gran arte, de 1983, protagonizada con un personaje extraordinario -el abogado Mandrake- al que Fonseca regresará en diversas oportunidades, es compleja no solo por el desarrollo de los puntos de vista, sino también por la profundidad y análisis de la sociedad brasilera. Bufo & Spallanzani, de 1986 (traducida como Pasado negro), es el punto más alto de unas figuras que resultan angulares porque corporizan una visión del mundo y de sus posibilidades: el detective y el escritor que deben enfrentar sus contradicciones mientras resuelven el crimen de una dama de la alta sociedad de Río de Janeiro.  

La narración parte desde múltiples actores: delincuente, amante, deportista, etc. En su mayoría, su literatura son historias narradas por ellos mismos, aunque hay otras en donde es el narrador quien centra su mirada en el personaje. El lector, en consecuencia, termina haciendo parte de realidades ajenas, y desmontando sus propias reglas morales y éticas. Por ejemplo, quien lee “Feliz año nuevo” puede vivir el atraco de un grupo de delincuentes que observan por televisión la felicidad de los demás y que aprovechan la festividad para encontrar su propia felicidad en bienes ajenos.

Prolífico y versátil, su obra proyecta una mente ágil y capaz de ironía, erotismo, drama, suspenso y reflexión política y social que confiere gran dimensión a sus personajes, algunos de los cuales se hicieron emblemáticos de la vida contemporánea en las grandes ciudades del siglo pasado.  Algunos de sus libros fueron censurados durante la dictadura brasileña. Ajena a la prosopopeya, la obra de Fonseca se caracteriza por un estilo sucinto que reúne sexo, amor, locura, drogas, vida urbana, política, violencia, erudición literaria y arte del suspenso.

Como conclusión, al acercarse a Rubem Fonseca la galería es exuberante y variopinta. Fonseca, en suma, es un maestro del género policiaco, de la novela negra y del cuento corto; son letras marginales dentro de la colorida Río de Janeiro. Recurre a la narrativa policial para reflejar la realidad contemporánea más cruda. El escritor aborda con un lenguaje directo, descarnado, cotidiano, e incluso obsceno, el tejido podrido de las injusticias sociales, la criminalidad, la prostitución, los abusos y las diferentes violencias que azotan a la sociedad y a las clases más vulnerables de Brasil.

“Lo mejor de la obra de Rubem Fonseca es no saber a dónde nos va a llevar. Siempre que comienzo un libro de él es como si sonara el teléfono a media noche: ‘Hola, soy yo: no vas a creer lo que está sucediendo´. Su escritura hace milagros, es misteriosa. Cada libro suyo es un viaje que vale la pena: es un viaje de algún modo necesario”
Thomas Pynchon



Bibliografía:

  • Fonseca, Rubem. Agosto. Trad. de Álvaro Rodríguez. Bogotá: Norma, 2004. 
  • Fonseca, Rubem, Cuentos Completos 1, 2 y 3 Colombia, Editorial Tusquets, 2018.
  • Franken Kurzen, Clemens A. "Rubem Fonseca y su detective-abogado". Taller de Letras 44: 115-127, 2009.

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