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Columnistas

Cambio climático: no son las vacas, es la industria no-sostenible; la urbanización y la cultura contra-natura

Ricardo Andrés Roa-Castellanos

09/04/2019

Volumen 5 - Nº 47 abr./2019
ISSN: 2422-2216

Cambio climático: no son las vacas, es la industria no-sostenible; la urbanización y la cultura cont

Es necesario encender las alarmas en lo que refiere a los peligros de la pseudociencia en el tema del Cambio Climático (CC).

Con incrementada difusión se ha seguido culpando a las vacas y las actividades agropecuarias como los grandes causantes del fenómeno. La falsa sindicación promocionada por vendedores de humo puede agravar las dinámicas negativas que originan el fenómeno al buscar el muerto rio arriba.

El discurso engañoso, sin embargo, es acogido por los habitantes de las urbes desligados de los medios naturales, que, en consecuencia, desde un aspecto vivencial quedan en una posición impotente para refutar tal sesgo pseudo-intelectual.

Los  crédulos tomadores de decisiones y los comunicadores dan a entender que los “pedos (o flatulencias) de las vacas” producen el cambio climático (P. ej. “La Unión Europea culpa a las reses del 30% de los gases de efecto invernadero en la atmósfera”), razón por la cual se quieren tomar medidas restrictivas semi-prohibitivas “para el período entre el 2021 y el 2030 que persigue reducir un 40 % las emisiones de este tipo de gases nocivos[1], [2], [3].

De inicio, una imprecisión señala la inexactitud científica: los rumiantes emiten significativamente metano por vía de eructos, no de “pedos”[4]…  Además, no todas las vacas producen tal cantidad de gases cuyas escandalosas asociaciones pseudocientíficas se hicieron con base en animales de estabulación intensiva, es decir, alimentados con granos y piensos artificiales que aumentan la cantidad de gases gastroentéricos, aún en el humano.

En cambio, rumiantes mantenidos con alimentación basada en plantas gramíneas (pastos) disminuyen grandemente la producción de metano (Kingston et al., 2010). Una merma de 99% en la producción de estos gases se ha visto al incluir en la alimentación de vacunos algas marinas[5] u oregano[6]. Ello quiere decir que las reses intrínsecamente no son dañinas.
br /> Otra manera de evidenciar la asociación espuria en la causalidad del hecho es que el presente CC, científicamente demostrado, empezó hace 180 años con la diseminación comercial de la revolución industrial. Los rumiantes vacunos tienen cerca de 3 millones de años sobre la faz de la tierra y la ganadería entre 12.000 a 20.000 años al iniciar en el Paleolítico superior dando paso a la Revolución del Neolítico al domesticar, sistemáticamente, el ser humano tanto especies agrícolas como pecuarias (Abram, 2016; Gordon Childe, 1968). 

En otras palabras, hay personajes tan persuadidos por las falsas consignas, que llegan al punto de querer inducir la merma de esa antiquísima actividad al buscar la disminución poblacional de los rumiantes los cuales han co-evolucionado con el ser humano.

Desde las humanidades, la “tercerización de la culpa”, o la “externalización” de la misma tan bien estudiada por la psicología como problema de conducta, recuerda –también- conceptos antropológicos y sociológicos como el “Chivo expiatorio” detalladamente explicado por Rene Girard en el libro titulado con ese nombre, o la expresión de la sabiduría popular del castellano que alude a encontrar un “cabeza de turco” sobre quien verter culpas ya que no podrá defenderse y distraerá las verdaderas responsabilidades del hecho culposo.

REALIDAD NATURAL

Los herbívoros, y entre ellos por su tamaño, los rumiantes, son los grandes fertilizadores y agentes biológicos biorrecuperadores del suelo, los que por medio de sus excretas ayudan a evitar la erosión al reponer elementos que constituyen la capa fértil de los suelos. No obstante, necesitan depredación. Las cascadas alimenticias mantienen números poblacionales no excesivos manteniendo el equilibrio en los ciclos de relación ecológica (biogeoquímicos, de micronutrientes, del humus)[7].  

LAS HECATOMBES OMITIDAS

La población vacuna con enemigos desde escritorios, congresos y pupitres ha sido, en realidad, una de las más afectadas demográficamente por el Cambio Climático sin que por ello el fenómeno atmosférico aminore. En Febrero de 2019, medio millón de reses murieron en Australia pues tras siete años de sequía, que también provocó la muerte de muchas reses en Queensland, las inundaciones acabaron con la vida de gran parte de las supervivientes[8].

Similarmente, en Colombia, para tomar sólo el ejemplo de Casanare, la población vacuna pasó de sufrir la pérdida de 20.000 reses por el fuerte fenómeno del Niño en 2014 [9], para en 2016, bajo un El Niño débil, aumentar la cifra de semovientes muertos a 50.000. El inventario nacional de vacunos en Colombia se contrajo de 25 millones a 22,5 millones de animales por los efectos regionales de la anomalía meteorológica[10].

Ahora en 2019, nuevamente la devastación poblacional por sequía está asolando especies silvestres y ganaderas e incrementando la tasa de incendios ante un prolongado periodo seco que no ha dejado ver la lluvia desde Noviembre de 2018 [11], [12].

Es común que se haya señalado desde 2006 a los vacunos como “culpables” del Cambio Climático por su producción de metano ruminal. Sobre este apartado debe saberse entonces que científicamente la producción de metano gastrointestinal es característica de todos los rumiantes. En este sentido, el Informe Planeta Vivo-WWF (2018) detalla unos hallazgos significativos en la comprensión errada del estos problemas.

CONTRACCIÓN POBLACIONAL DE OTROS RUMIANTES METANOGÉNICOS

El informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), describe que en el periodo (1970-2014) las poblaciones de vertebrados silvestres (mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces) se redujeron un 60%. Es decir, una parte importante de esas poblaciones afectadas son los rumiantes silvestres los cuales a la par que producen metano por vía de su digestión ruminal, también refertilizaban los suelos de donde han sido desaparecidos por actividades como la minería, la instauración de monocultivos agroindustriales (soja, palma de aceite, cereales) o la expansión de los endurecidos hábitats urbanos humanos. Las poblaciones de animales de agua dulce, según el mismo informe, por su parte, han mermado un 83%.

Específicamente, muestra el mencionado documento que la zona Neotropical, que comprende América del Sur, Centroamérica y el Caribe, ha sufrido la disminución más dramática: 89% de desaparición de individuos vertebrados propios de esta biodiversidad en comparación con 1970.

Suele entenderse por rumiante una categoría de animales herbívoros que posee un aparato digestivo dividido en varios compartimentos, pero de forma más importante, que realiza el acto de la rumia.

La rumia refiere a la masticación reiterativa por vía de regurgitación de un bolo alimenticio semi-digerido que es objeto de fermentación ruminal[13] la que es, a su vez, la etapa con mayor importancia metanogénica (productora de metano, un gas de efecto invernadero). Este gas es eliminado por medio de eructos. 

Ello quiere decir que rumiantes clásicos metanogénicos por su digestión (4 compartimentos contando el abomaso, cuajar o estómago verdadero) y semi-rumiantes (3 compartimientos gástricos) como los camélidos (tres compartimentos -C1, C2 y C3- e igual acción de rumia que obtiene Ácidos Grasos Volatiles -AGV- a partir de carbohidratos estructurales como la celulosa, hemicelulosa y lignina, convirtiéndolos en su combustible metabólico), tal como es la digestión presentada por cerca de 200 especies animales domésticas y silvestres[14] han producido metano fisiológico desde hace varios millones de años[15] para la historia de la Tierra sin haber causado alteración climática durante el holoceno.

Las cifras de los estudios sesgados varían increíblemente, sin ni siquiera guardar cercanías y sí exagerando la población mundial de vacunos como se ve en la Figura 1 (1.500 millones de individuos para 2016) contrastada con la Figura 2 (988 millones para ese mismo año según FAO). Del 30% de emisiones que maneja la UE, se puede ver en la Figura 1 que las cifra en Gt pasa a 100, pero la FAO estima que es 7,1 Gt de CO2-equivalentes[16]. La característica en común de estas especulativas medidas dispares es que no son experimentales sino referenciales, contrario al trabajo del premio Nobel a revisar más adelante.

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Figura 1. Producción anual de Metano por varios tipos de Rumiantes domésticos disminuida hasta en un 30% por la adición de 3-NOP (Duin et al., 2016)

Pero durante los últimos tiempos, los auquénidos andinos (Ej. Alpacas, Llamas, Vicuñas y Guanacos), han visto en realidad reducir su número demográfico de la misma manera que animales con similares usos domesticados como los Bos Taurus e Indicus (bovinos), renos, o los yaks del Himalaya (Bos mutus o Bos grunniens), reduncinos, cefalofinos, antílopes, bisontes, gacelas, búfalos, ñus, cabras pirenaicas, ovejas, u otros rumiantes silvestres como los cérvidos (alces, renos, caribús, jirafas) (Fernández et al., 2005) han visto sus poblaciones contraerse ante el avance de la frontera agrícola, la caza, o el crecimiento centrífugo de las urbes y municipalidades.

El menor número de estigmatizados rumiantes en los discursos citadinos del Cambio Climático, que en realidad fertilizan con su posta los suelos al contrarrestar la aridez y fomentar los recambios de micronutrientes, contrasta con los grandes consumos de energía y polución citadina emanante de gases de efecto invernadero que había duplicado, en los últimos 25 años, el CO2 atmosférico[17] y que en tan sólo el último año, de manera exponencial, duplica de nuevo la cifra de las emisiones en el periodo (2017-2018)[18] por parte de las infraestructuras y maquinarias de comunicación virtual, urbana, transporte aéreo, e incluso, turismo las cuales han catapultado, por su uso, el crecimiento exponencial de la curva de Keeling, indicador de gases de efecto invernadero a través de la concentración atmosférica de CO2 en ppm[19].

Pero fue un escrito anti-taurino de la FAO, por parte de un Steinfeld en 2006, el que detonó la estigmatización e ignoró la vigente investigación del premio Nobel de Química Paul Crutzen[20] quien con su grupo de investigación, además de ser el científico que descubrió la problemática atmosférica del Ozono y como repararla, si midió experimentalmente para proyectar, por especies, la emanación biológica de Metano (CH4).

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Figura 2. Inventario mundial de vacunos en millones de individuos (FAO, 2018)

Crutzen encontró que mientras la especie humana –sumada a todas las especies de rumiantes domésticos (los bovinos a nivel mundial apenas producía 54 Tg antes de la contracción poblacional que han venido sufriendo), en adición a los caballos (equinos) y los cerdos (suinos)- llegaba a producir biológicamente en conjunto un total-global menor a 75 Tg/año del gas CH4.

De manera comparativa, la familia artrópoda de los escarabajos (Scarabaeidae), en cambio, duplicaba los valores de las poblaciones mamíferas domésticas, con el agravante de que proliferan ante desequilibrios ecosistémicos-hidrológicos como las sequias y erosiones.

Recordemos que los escarabajos producen 154.9 Teragramos (Tg) /año en bosques sub-tropicales y 38.2 Tg/año de metano sólo en bosques tropicales. Las termitas, taxón Isoptera, en ese mismo orden de ideas, producen 63 Tg/año[21]. Donde un Teragramo son un millón de toneladas[22] (1 x 1012 gramos).

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Figura 3. Escala de medidas de masa en proporción

Pese a los cálculos y mediciones anteriores “The long shadow of livestock”, la controversial obra estigmatizadora de la FAO de 2006, que no midió experimentalmente ningún parámetro y desconoció estos datos previamente mencionados, ha servido como la peor propaganda negra contra una población de animales.

El cambio climático comenzó con la diseminación comercial y técnica de la Revolución Industrial hace 180 años, de acuerdo con mediciones recientes experimentales en hielo, como se ha dicho[23]. Las poblaciones de rumiantes silvestres y domésticos era mucho mayor para aquel entonces. Los rumiantes regulaban y prevenían la aridez y erosión al aumentar con sus excretas el humus, o capa fértil de la tierra, favoreciendo la repoblación de la vegetación terrestre.

En concordancia, en el último estudio de Vos et al. (2016), el fenómeno Global de Carga de Enfermedad (2005-2015) de la revista médica The Lancet, dentro de las deficiencias nutricionales causantes de muerte, la muy poco comentada deficiencia de hierro (mineral abastecido en muchas partes por la carne roja de diversas ganaderías ahora víctimas de sequías tanto como de la propaganda negra) en vez de ceder, ha aumentado notablemente en la población humana global, especialmente en mujeres deficientemente alimentadas con poco acceso a la proteína animal (a la vez que las ganaderías decrecen [Figura 2]), causando para 2015 un promedio registrado mayor a 54.000 muertes anuales por Anemia ferropénica, en su mayoría femeninas.

Para comparar, señalemos que por Dengue -una enfermedad que se sabe es importante epidemiológicamente-, de acuerdo con la misma publicación de 2016, hubo apenas 18.400 muertes globales registradas, mientras que de Ébola el número de muertes humanas llegó a 5.500 a nivel mundial, comprendiendo también todas las edades en 2015 (GBD por sus siglas en inglés, 2016). La carne roja, sin embargo, es motivo de constante difamación cultural, aclarando que el justo medio concilia un moderado consumo[24]. Son las anteriores pruebas de que el extremismo ideológico, de base pseudocientífica, últimamente tan en auge, no conviene. La realidad está dada en colores, no en blanco y negro. La biojusticia se halla en el equilibrio, justo medio basado en evidencia, más no en los extremos actitudinales.

Mal entender la importancia en las ventosidades orgánicas, para los ambientes políticos, ha traído peligrosas consecuencias poblacionales -aunque sea difícil de creer-, si se observa la historia universal [25], [26].

REFERENCIAS

  1. Abram, N. J., Mcgregor, H. V., Tierney, J. E., Evans, M. N., Mckay, N. P., Kaufman, D. S., Y Pages 2k Consortium. (2016). Early onset of industrial-era warming across the oceans and continents. Nature, 536(7617), 411-418.
  2. Crutzen, P. J., Aselmann, I., Y Seiler, W. (1986). Methane production by domestic animals, wild ruminants, other herbivorous fauna, and humans. Tellus B, 38(3‐4), 271-284.
  3. Duin, E. C., Wagner, T., Shima, S., Prakash, D., Cronin, B., Yáñez-Ruiz, D. R., & Kindermann, M. (2016). Mode of action uncovered for the specific reduction of methane emissions from ruminants by the small molecule 3-nitrooxypropanol. Proceedings of the National Academy of Sciences113(22), 6172-6177.
  4. Fernández, M Y Vrba, E (2005). A complete estimate of the phylogenetic relationships in Ruminantia: a dated species-level supertree of the extant ruminants. Biological Reviews. 80 (2): 269–302.
  5. Gordon Childe, V. (1968). El amanecer de la civilización europea. Edición española: Los orígenes de la civilización europea. Madrid: Ed. Ciencia Nueva.
  6. Hackstein, J. H., Y Stumm, C. K. (1994). Methane production in terrestrial arthropods. Proceedings of the National Academy of Sciences, 91(12), 5441-5445.
  7. Steinfeld, H., Gerber, P., Wassenaar, T. D., Castel, V., Rosales, M., Rosales, M., & de Haan, C. (2006). Livestock's long shadow: environmental issues and options. Food & Agriculture Org.
 
[13] Recuperado de URL (16-11-2018): https://definicion.de/rumiante/
[14] Fernández y Vrba (2005).
[15] Webb (1974)
[20] CRUTZEN, P. J., ASELMANN, I., Y SEILER, W. (1986).
[21] HACKSTEIN, J. H., Y STUMM, C. K. (1994).
[23] ABRAM et al. (2016).

 

Ricardo Andrés Roa Castellanos
 
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