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Columnistas

Chauvinismo biológico: creencia pseudocientífica contra la salud ambiental

Ricardo Andrés Roa-Castellanos

09/02/2019

Volumen 5 - Nº 45 feb./2019
ISSN: 2422-2216

Chauvinismo biológico: creencia pseudocientífica contra la salud ambiental

Es común escuchar en medios de activismos ambientalistas, pseudo-ambientalistas, ecologistas, “ecologetas”...

...Y peor aún, en medios serios de sectores académicos e institucionales -dentro de las ramas ambientales, biológicas o ecológicas- (por supuesto, todos actuando con la más loable de las intenciones), la consigna según la cual las reparaciones paisajísticas, el manejo de especies en espacios públicos urbanos o rurales, y las restauraciones ecológicas deben hacerse bajo el moto discriminatorio de sembrar exclusivamente “especies nativas”.
 
La xenofobia social, de expresión biológica para esta particular tipología, ha estado aupada por discursos institucionales infundados, pero que han sido objeto de fácil inculturación popular en los últimos años.
 
Su irracionalidad desplegada por el mecanismo del “voz a voz”, se encuentra  afectando no solo las poblaciones foráneas, la humedad ambiental y la avifauna, pero también la salud pública y ambiental de la ciudad. Lo anterior por medio de la paulatina agravación de co-factores tales como la calidad del aire e incrementos intra-urbanos, regionales y, en suma, globales de temperatura.

La vida, no obstante, es dinámica y no ha permanecido del todo estática. La península de la Guajira, por ejemplo, es ahora un desierto, pero hace 60-145 millones de años tenía una apariencia selvática (bosque húmedo tropical) cuando albergaba la famosa Titanoboa[1]. Es claro ahora que unas especies “nativas” desaparecieron, otras nuevas llegaron a zonas donde no estaban, bien por vía evolutiva o por transferencia física - no antrópica, hasta conformar el desértico paisaje de hoy.

Esto implica que distintas especies migratorias -no humanas- han también reconfigurado los biomas en distintas regiones y siguen haciéndolo por medio de ingerir semillas en un sitio y evacuarlas en otros distantes[2]. Debe decirse “no humanas” por cuanto el hobby pseudointelectual en boga parece ser ver únicamente los actos negativos de la especie humana.

¿QUÉ ES EL CHAUVINISMO BIOLÓGICO?

El Chauvinismo biológico puede ser definido como la idea de imponer las “especies nativas” a cualquier precio, como restricción -o como motor- de la política pública, sin la valoración complementaria que otras especies fito- (plantas) y zootécnicas, en realidad, pueden ofrecer para necesidades particulares de acuerdo a vocaciones de ciertos medios (referentes a especies, razas u otros biotipos) con potencial que proteja incluso los mismos recursos locales.

Dicho de otra forma, la siembra de estas especies vegetales “propias” se fomenta a la vez que se prohíben, exterminando, las foráneas. En el caso de los animales se ha visto recientemente una ofensiva activista contra los criaderos de razas para especies domésticas buscando que los animales “criollos” o “mestizos” sean acogidos bajo la figura excluyente de la adopción con el falso dilema del eslogan “Adopta, no compres”.

Estas segregaciones desconocen tanto el complemento como la compatible simultaneidad entre variedades biológicas que enriquecen la biodiversidad y la supervivencia de los conjuntos vivos.

Para un prisma racional, no se trata tampoco de desconocer el peligro que entrañan las denominadas especies exóticas invasivas, como por ejemplo el Caracol africano[3] presente en Suramérica (Achatina Fulica), que algunos sectores sociales, igualmente, pseudoambientalistas han introducido como mascotas o insumo comercial y luego defendido[4] sin considerar los riesgos que como vectores de parásitos trematodos y nematodos, esta especie entraña para la Salud Pública de animales y personas[5].
 
En el caso del chauvinismo biológico, se entiende que conductas sociales proporcionales como el racismo o la xenofobia, tienen un equivalente que generaliza al que tiene apariencia, genealogía u origen “extranjero”, sin análisis concienzudo y funcional de tales especies foráneas para el medio. Llevar a ultranza estas conductas despreciativas desterraría las principales especies comestibles (agronómicas) y de silvicultura o agro-forestería modernas (Siembra comercial de árboles) que, de hecho, impiden la depredación desconsiderada de valiosas especies silvestres.
 
Chauvinismo, o por semejanza fonética del epónimo también, “Chovinismo”, es una conducta ideológica que como buen “-ismo” despliega un conjunto de creencias culturales extremas, narcisistas[6], que cierto grupo social decide tratar de imponer al resto de la sociedad debido a desconocimiento científico o histórico, vacíos racionales, de sentido común, o de simple lógica práctica. No por casualidad el “machismo” en lengua inglesa se conoce como “male chauvism”.
 
Su origen deviene de Nicolás Chauvin, un apócrifo soldado bonapartista nacido cerca de 1780, quien siendo miembro de los ejércitos napoleónicos es receptor de progresivas mutilaciones y desfiguraciones bélicas en su físico, fruto de su aguerrido apasionamiento por la expansión del imperio napoleónica.
 
Tal patrioterismo fanático en vez de engendrar respeto o admiración, motivó cierta burla al caricaturizar con el mencionado mito a aquellos que incitados por discursos incendiarios que apelan a un colectivismo abstracto de grupo, en este caso la ficción de la pertenencia a un país, hasta el punto de hacerse daño a sí mismos.
 
El chauvinismo, del francés Chauvinisme, para la Real Academia de la Lengua Española implica, en consecuencia, la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero sin razones argumentadas más allá del artificial origen fronterizo y un odio fomentado por discursos.
 
UN REPORTE DE CASO: “LA BOGOTÁ AMBIENTAL”

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(Foto tomada del Portal Bogotá antigua)

Una irreflexiva tala de árboles epidémica al interior de varias ciudades, como ha ocurrido en Bogotá con 11.394 talas sólo en 2018 (de 34.000 permitidas por la actual administración) con costos multimillonarios[7], se ha amparado en la falacia en cuestión que parece justificar con aparente prepotencia “nacionalista”, la progresiva devastación arbórea, incluso al interior de parques como el caso del Parque de Japón (donde el esgrimido daño por las raíces sobre la matriz urbana endurecida, no se causa pues los radios de esta clase de daño suelen ser de 15 a 20 metros en torno al tronco4). Los discursos chauvinistas de justificación institucional venían de años atrás.

Errores conceptuales que algunos de los funcionarios encargados de la salud y el ambiente parecen no ser capaces de aceptar o relacionar, en final perjuicio público inmediato y futuro de las distintas especies de ese ecosistema llamado “ciudad”.

¿Por qué ya no se ven halcones peregrinos, gorriones, colibríes, ni pájaros copetones, ni golondrinas o búhos en Bogotá? Han sobrevivido en el núcleo urbano sobre todo las “abuelitas” o torcazas (Zenaida auriculata) -que son de origen sudamericano- y las palomas clásicas (Subfamilia Columbinae) de distribución global que han logrado vivir en cornisas o techos de edificaciones duras[8].

En paralelo, el informe reciente “La carga de enfermedad ambiental en Colombia” (impacto de la contaminación sobre muertes prematuras y discapacidad) del Instituto Nacional de Salud, menciona que casi 50 muertes diarias obedecen a la polución, con 17.000 muertes colombianas asociadas a contaminación de aires y aguas. 2 de cada 3 fallecimientos fueron causados por material particulado (PM 2,5 y 10) que pueden ser capturados por acción mecánica de los follajes arbóreos que a la vez detoxifican gases nocivos para la salud.
 
A nivel local, el mismo informe muestra como la mala calidad del aire para 2016 llegó a ser un importante co-factor en la muerte de 2000 personas en Bogotá[9].

La dinámica de deforestación ha ocurrido de forma semejante en otras ciudades pese a que, como en el ejemplo bogotano, además padecen el fenómeno “Isla de Calor[10].

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(Gráfica de diferenciales en micro-temperaturas locales urbanas con y sin cobertura arbórea. Fuente: Google images)

Precisamente este hecho se ha intensificado por destruir progresivamente su aparato arbóreo de refrigeración natural, absorción de gases contaminantes por virtudes químicas y físicas de las plantas y pasar a remplazar tan valiosos mecanismos naturales hasta por el inerte plástico de las canchas sintéticas, o por los parques hechos a partir de hormigón y metal[11], los cuales en vez de mitigar el Cambio Climático le exacerban por no capturar emisiones de efecto invernadero, promover la deforestación, la mayor convección y radiación en adición a generar emisiones en su producción/construcción.
 
DESMITIFICACIÓN POR VÍA DE REDUCCIONES AL ABSURDO
 
Acorde con un razonamiento caricaturesco sobre estos fundamentalismos “localistas” del chauvinismo biológico, el ser humano debería evacuar el continente americano por no ser “nativo” u originario de este.
 
¿Suena absurdo? -Pues visto en contexto, sí que lo es-
 
Las deforestaciones urbanas se han amparado en dicho mito para desatar una fiera y acaso rentable (?) persecución intencional contra urapanes[12], pinos, eucaliptos (únicos capaces de reforestar las deterioradas antiguas zonas de cantera de los cerros orientales pero que quieren ser eliminados de allí a un absurdo e innecesario precio de 60 billones de pesos[13]); persecución que se ha extendido a otros árboles de gran porte como las araucarias (árboles estos últimos muy longevos, suramericanos en su origen, que han entrado en vía de extinción pese a sus 240 millones de años de presencia biológica en América, sin haber transferencia continental en su historia de inicio por parte de humanos[14]).
 
No deja de ser curioso que se culpe a estos árboles de su alto consumo de agua cuando precisamente su valiosa acción hídrica-almacenadora regula la evapotranspiración atmosférica, reteniendo la humedad zonal del aire y suelo en sus terrenos vocacionales como son los desiertos, o en terrenos áridos donde pueden prosperar debido a su hábil capacidad infiltradora a subsuelo e hidratarse desde acuíferos profundos dada la fuerza de sus raíces y promoviendo el equilibrio freático (humedad del suelo).

La pérdida de cobertura vegetal forestal, natural o artificial, ha desregulado la cantidad/intensidad de lluvias (pluviosidad, lloviendo más copiosa pero infrecuentemente al igual que sequías más intensas), y así los niveles freáticos y los porcentajes de humedad los cuales dependen de la adaptación, la cantidad y densidad de hojas (follaje) arbóreas junto a la fortaleza de las raíces para establecer puentes para el agua entre subsuelo y troposfera (nuestra parte de atmósfera).

Más graciosamente, otra reducción al absurdo de tales manifestaciones pseudocientíficas puede ejemplificarse con la planta del Café, producto insignia de Colombia que strictu sensu para tal ideología, debía ser erradicada de tal Nación, de hacer caso estricto a semejantes lineamientos, por no ser nativa de ella, sino originaria en términos bromatológicos de Arabia (cuestión denotada por su nombre científico ‎Coffea arabica) y biológicamente provenir de África[15]. Todo esto se daría pese a ser el cafeto un cultivo amigable, dado en respetuosa biodiversidad con los cultivos agronómicos de pancoger y otros silvestres.

Por su parte, el cultivo insigne para España, el bello árbol del olivo, correría la misma suerte al aplicarse el precepto chauvinista por provenir la especie de otros países del Mediterráneo -pero más cercanos a Oriente Medio- y llegar a la península ibérica sólo en tiempos después de Cristo[16]. Pero el aceite de oliva y las aceitunas son tan españolas como las castañuelas y las panderetas.

Los famosos vinos chilenos, californianos, o incluso españoles, también bajo ese arbitrario purismo ideológico, tendrían que eliminar sus cultivos por ser la Vitis vinífera L (vid) originaria del Cáucaso entre Europa del Este y Asia Menor en la zona comprendida  del Mar Caspio al Mar Negro de donde llegaron a Mesopotamia como materia prima de la bebida[17].

¿Sonaría como un despropósito tal medida? También, pero a la opinión pública le encanta repetir eslóganes emocionales sin cerciorarse o reflexionar sobre ellos. Debemos, a pesar de ello, aprender a meditar lo que nos enseñan.

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(Foto tomada del Diario del Huila)

EQUILIBRIO Y TOMA DE DECISIONES BASADAS EN LA EVIDENCIA

Bajo un contexto de Cambio Climático, el rol de las instituciones ante esta clase de creencias, que impregnan los manejos institucionales, hacen que lo pseudocientífico pase a lo anti-científico, y que esto actúe justo en contra de las soluciones a problemas y la supervivencia vital poblacional.

Aunque no esté de moda, y la moda intelectualoide de turno sea, tan misántropa y pseudocientífica como infundada, la sociedad debe defenderse de estas arbitrariedades a la vez de promover su supervivencia en sano equilibrio, sin generalizaciones apresuradas (un tipo de falacia lógica).

Esta conducta del chauvinismo basada en un dogmático preconcepto, entraña una serie de múltiples bloqueos ante acciones que pueden llevar a la mitigación y adaptación del Cambio Climático, que si bien parten de la buena fe y de las mejores intenciones de quienes tragan dicho anzuelo, lo cierto es que pueden bloquear mecanismos que neutralicen dinámicas perjudiciales en el deterioro del ambiente.

Para ilustrar el punto digamos que un árbol estigmatizado por estas costumbres arraigadas y creencias pseudocientíficas, el eucalipto (cuyo nombre etimológicamente significa buena cubierta), puede ser una solución para territorios que vocacionalmente coincidan con su biotopo originario (Como el supercontinente Gondwana que comprendía zonas de la actual América donde se han encontrado fósiles de sus semillas), hablamos del desierto o suelos muy áridos que pueden ser, con sus más de 500 sub-especies, bio-regenerados[18].

Muchos árboles de gran biomasa podrían ser empleados con mayor eficiencia para mitigación del Cambio Climático -de acuerdo a su vocación biogeográfica (confinados a desiertos o canteras en latitudes tropicales para el caso de eucalipto[19])- por cuanto, en vista del mayor y más constante periodo foto-lumínico, crecen más rápido.

Por supuesto no se trata de abrir compuertas, de manera generalizada, a especies que la ciencia sabe que tienen un comportamiento perjudicial (invasor, predatorio o de vector biológico). La siembra sin pensar el entorno puede traer efectos negativos que para las áreas biogeográficas correctas implicarían soluciones.

La asiática soja/soya, sembrada en extensos monocultivos de miles de hectáreas en la Pampa austral americana a expensas de un rico ecosistema boscoso ya tiene desregulada la humedad en parámetros aéreos, gaseosos y líquidos ya que ahora el clima allí oscila de extremo a extremo (Intensa pluviosidad – sequía).

La relación entre pesos y contrapesos, vocación biológica y edafológica debe retornar los sistemas a la funcionalidad.

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CONCLUSIÓN
 
Fundamentado el fenómeno del Chauvinismo biológico en crecientes lagunas sociales y con distintos síntomas sobre las especies, como son las producidas por instrumentalizaciones políticas, la viralización de ideas erradas por medio de las redes sociales (RR.SS) se ha disparado en públicos urbanitas que sufren una guerra cultural contra la naturaleza. Guerra que aunque es inconsciente es practicada día a día.
 
La masificada ignorancia de la historia geológica, evolutiva y biológica, el desconocimiento de las vocaciones ecológicas y geográficas de diversas naturalezas, así como también, el aprovechamiento discursivo por parte de líderes negativos de ideologías paranoicas y, en síntesis, la falta de lectura científica e histórica del público general, han sembrado el caldo de cultivo perfecto para que esta barahúnda caótica que ahonda problemas, prospere en una sociedad dividida por cualquier causa, ya que poco lee y poco reflexiona sobre los sucesos de su entorno, y menos sobre los relacionados con la naturaleza de la cual depende. 

 
 

Ricardo Andrés Roa Castellanos
 
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