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Columnistas

El cuadro más gris

Manuel Guzmán Hennessey

09/03/2020

Volumen 6 - Nº 57 mar./2020
ISSN: 2422-2216

El cuadro más gris

Si la crisis del cambio global es una crisis del pensamiento del ‘Hombre’ será necesario incluir el examen de este pensamiento en los análisis de la crisis. ¿Qué se entiende por ‘el pensamiento del hombre’? Evidentemente no todo el pensamiento del ‘Hombre’ está relacionado con la crisis.

Sí el pensamiento dominante del desarrollo que empezó a guiar buena parte de nuestras civilizaciones desde el siglo XVII, pero que desarrolló toda su potencia durante el siglo XX: el paradigma del crecimiento ilimitado. Por eso podemos decir que la crisis que hoy amenaza la vida es una crisis emergente de la cultura humana, y que, esta, sucedió en el siglo XX.

  • Entre 1930 y 1980 impactamos la esfera de la vida, la biósfera, de una manera agresiva y letal. Muchos de los cambios que hemos producido en ella son irreversibles, especialmente los cambios en el uso de la tierra por la deforestación y la ocupación indebida de los territorios, y los que hemos producido en la atmósfera, debido a las moléculas de carbono (y otros gases de efecto invernadero) depositados allí.
  • Entre 1950 y 2000 sucedió lo que algunos llamaron ‘el apogeo del industrialismo’, o la sociedad tecnológica avanzada. Comprobamos la irreversibilidad de muchos de los impactos ya causados, pero en lugar de detener el tren suicida y cambiar los estilos de vida, empezamos a impactar la esfera del conocimiento y de la cultura humanas: la noosfera[i].
  • Entre 2007 y 2020 hemos empezado a conocer los primeros signos de una catástrofe humanitaria global: las migraciones climáticas. Nos aproximamos a una crisis civilizatoria global.
  • Entre 2020 y 2030 podemos hacer las grandes transformaciones, especialmente en la actual economía del carbono, para impedir la catástrofe anunciada. El papel de la educación es decisivo durante este periodo.
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En poco menos de cien años hemos pasado de la representación de un cuadro gris (tiempos tormentosos, cielo anubado) a un cuadro más gris (anuncio de la hecatombe). Hemos agregado complejidad a la crisis y estamos a punto de comprometer la continuidad de la cultura, como lo afirma Franny Armstrong en su documental The Age of Stupid (1972)[ii]. Hemos pasado de la representación del cuadro La isla de los muertos[iii] de Arnold Böcklin (1883), al cuadro El verdadero cuadro de ‘La isla de los muertos’ de Arnold Böcklin a la hora del Ángelus’ (1932) de Salvador Dalí.

En el primero puede verse una isla rocosa poblada de enormes cipreses, tan hermosos y exuberantes son los árboles representados en esta obra que alcanzan a comunicar la sensación de silencio y reverencia por la naturaleza y por la vida que el autor probablemente se propuso (aunque, como buen simbolista, nunca quiso explicar nada sobre su obra). La vida también cobra presencia por la muerte: un hombre ataviado de blanco va en una pequeña barca llevando hasta la isla el ataúd de otro que ha muerto. En el cuadro de Dalí, pintado 44 años más tarde, ya no hay cipreses, no hay nada. Solo un inmenso cielo azul testigo de la desolación y el silencio. Es la hora del Ángelus en aquella isla rocosa (¿el cabo de Creus, Carteret, Tuvalú, Marshall?). Es la hora de la oración y la esperanza.

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Tampoco hay vida humana. El mar es amarillo. Una taza de café sobre la cual parece caer desde lo alto un chorro de metal líquido es ahora la sombra de un pasado, pero hay esperanza en este cuadro. No sabría cómo explicarlo en este texto, pero algo más de mi intuición que de mi razón me dice que si existe la posibilidad de ese cielo, sin una sola nube que presagie desgracias, tiene que haber esperanza.   
 
La isla de los muertos, Arnold Böcklin, 1883.
 
El verdadero cuadro ‘La isla de los muerto’s de Arnold Böcklin a la hora del Ángelus, Salvador Dalí, 1932.
Debido a que este es el panorama del mundo actual (gris, más gris) son cada vez más los pensadores que se han aproximado a la crisis para preguntarse: ¿Por qué? James Lovelock, uno de los primeros, escribió en 1987:
Tal vez el acontecimiento más extraño que se haya derivado de nuestra búsqueda de GAIA sea la comprensión de que, por muy robusta que sea, las condiciones de nuestra Tierra se están acercando al punto en que la vida misma puede que no esté lejos de su fin […] en términos gaianos, si la duración de la vida fuese de un año, ahora estaríamos en la última semana de diciembre[iv].

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Connie Hedegaard, quien es actualmente la comisaria europea de Acción por el Clima, dijo:
Si su doctor le dijese que está seguro en un 95 % de que padece una grave enfermedad, buscaría inmediatamente una cura. ¿Por qué deberíamos asumir más riesgos cuando es la salud de nuestro planeta la que está en juego?[v]

En realidad, no es la salud del planeta lo que está en juego, aunque no se puede decir que nuestra ‘casa común’ goza hoy de su mejor salud. Resulta que el asunto es peor, mucho peor de lo que la mayor parte de nosotros imaginamos, como escribe el periodista Wallace-Wells. El asunto es que lo que está en juego hoy es la posibilidad de que la vida siga siendo posible en este planeta. Y si un día -que ojalá nunca llegue- se acaba la vida, la Tierra seguirá ‘viviendo’ tranquila sin nosotros, pues ella, como afirma Lynn Margulis, es una pícara tenaz que ha sobrevivido a embates de todo tipo, y ha desarrollado, a lo largo de miles de millones de años, poderosas capacidades para resistir; no se rinde fácilmente.

Pero la vida no es tan fuerte. El Informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (Ipbes)[vi] muestra que la crisis de biodiversidad está a la par con la amenaza climática. A nivel mundial, las especies se están extinguiendo a tasas de hasta mil veces las tasas típicas del pasado de la Tierra: las poblaciones de animales están disminuyendo y desapareciendo en la tierra y en el mar. El último índice de ‘Planeta vivo’ estimaba una disminución promedio del 60 % en el tamaño de la población de miles de especies de vertebrados en todo el mundo entre 1970 y 2014, con disminuciones aún más rápidas en las poblaciones de agua dulce.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el 40 % de los anfibios, el 25% de los mamíferos, el 34 % de las coníferas, el 14 % de las aves, el 33 % de los corales formadores de arrecifes, y el 31 % de los tiburones y rayas, están en grave riesgo. Los arrecifes de coral, por ejemplo, ya están sufriendo extinciones masivas debido a las altas temperaturas. Según el Informe especial del IPCC (2018), se espera que entre el 70 y el 90 % de todos los arrecifes de coral del mundo mueran con solo 1,5 °C de calentamiento por encima de los niveles preindustriales, y más del 99 % si llegamos a los 2 °C, el nivel considerado como ‘seguro’ de calentamiento en las negociaciones internacionales. Vean el cuadro de la lista roja de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN)[vii]:


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Cuadro No. 2. Lista roja de especies amenazadas (UICN, 2018).

 
[i] Definida por la Real Academia Española como el «conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven».
[ii] Disponible en https://cutt.ly/JrAboyK  (ver entre 2:55 y 4:45 min).
[iii] A. Böcklin pintó cinco versiones de esta obra. Las dos primeras son de 1880 y se conservan en el Kunstmuseum de Basilea y en el Metropolitan Museum de Nueva York. Algunos especilistas creen que Böcklin empezó con la versión de Basilea y cuando la tenía casi acabada, recibió la visita de una mujer llamada Marie Berna, que quería una obra para recordar a su difunto marido. Böcklin pintó para ella una segunda versión del cuadro, más pequeña, añadiendo el ataúd y la figura blanca que vemos en el bote (esta sería la versión del Metropolitan). Como le gustó el resultado, añadió estos dos elementos también a la primera versión. Luego pintó una tercera versión, que le encargó en 1883 su marchante Fritz Gurlitt, que fue quien le puso el título al cuadro. Con muy buen ojo, le pidió a Max Klinger que hiciese una serie de grabados sobre la obra, que se vendieron mucho y convirtieron a este cuadro en una de las obras de arte más famosas de fines del siglo XIX.
[iv] James Lovelock, 1987, Gaia: Modelo para una dinámica planetaria. Disponible en https://cutt.ly/urAv8fB
[v] Connie Hedegaard, declaraciones a Environment for European el 10 de febrero de 2014. Recuperado de la internet el 11 de octubre de 2017: https://cutt.ly/zrAb9ee
[vi] IPBES’ 2019 Report On Biodiversity And Ecosystem Services. Disponible en https://cutt.ly/wrAngli
[vii] Lista Roja de UICN. Disponible en https://cutt.ly/8rAnAlh

 

Manuel Guzmán Hennesey
 
Acerca de
Manuel Guzmán Hennesey
Manuel Guzmán Hennesey

Investigador y profesor universitario. Director de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamerica Network -KLN

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