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Columnistas

El declive de la ley-del-padre en Poco Ortodoxa

Tomás Molina

09/05/2020

Volumen 6 - Nº 59 may./2020
ISSN: 2422-2216

El declive de la ley-del-padre en Poco Ortodoxa

Para el psicoanálisis contemporáneo, las sociedades anteriores a la nuestra se caracterizaban por la prohibición del goce.

La autoridad paternal negaba a los sujetos la posibilidad de gozar y constantemente demandaba sacrificios: hoy no gozas porque debes cumplir con el deber que el Otro demanda de ti. Uno podría decir que la sociedad que describe Freud en el malestar en la cultura es esta sociedad de la insatisfacción y la prohibición. En la lógica de esta sociedad, una persona simplemente no podía gozar sin ningún problema. El individuo que goza no contribuía al bienestar del orden dominante. Todos los seres humanos deben pagar para ser parte de la sociedad: renunciar a un placer, sacrificarlo en nombre de la ley-del-padre. Sin embargo, la prohibición era tolerable porque afectaba a todos. Si yo veo que nadie más tiene permitido el goce, entonces todos somos compañeros en la pérdida del goce. Incluso el aristócrata debía sacrificar el goce para cumplir con su deber de dedicarse a las armas, de vivir servilmente en una corte, etc. Si algo lo caracterizaba su ideal era que anteponía el deber al goce.
 
Esta sociedad de la prohibición ha desaparecido casi por completo. El padre tradicional que la reproducía está en vías de extinción. Hoy vivimos en la sociedad no solo de la permisividad sino de la obligación de gozar. En Poco Ortodoxa, la serie de Netflix, vemos este cambio en acción. Esty, su protagonista, vive en una sociedad de la prohibición. Esta constantemente le exige a sus miembros el sacrificio: el deber y no el goce. La autoridad constantemente supervisa el poco goce que permite, como se ve en la escena de la educación sexual de Esty. Pero además se ve que el placer de Esty es irrelevante: tiene que cumplir con su obligación de procrear. Su insatisfacción se justifica en nombre del padre.
 
Sin embargo, el padre de Esty no es una figura ortodoxa. Lejos de ser el amo  misterioso con todas las respuestas, con toda la fuerza, es obviamente un borracho incapaz de prohibir nada. En todas las escenas hace un espectáculo con su imbecilidad. El padre tradicional tomaba su posición de autoridad y se situaba en unas lejanas alturas. El padre de Esty no. Quienes actúan en lugar del padre son su suegra, que le pide sacrificarse en nombre de la autoridad, su tía, su abuela, etc. El padre de Esty tiene que ser puramente simbólico, porque el padre de carne y hueso no puede cumplir con su rol en lo más mínimo.

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Pero aquí sucede algo interesante: si en la familia de Esty las mujeres prohiben y supervisan el goce en nombre del padre (esa es la posición clásica de la madre según Lacan), su madre representa la nueva figura paternal de nuestra sociedad del goce. Es lo que Zizek llamaba en los noventa un superyó materno. Cuando aparece le dice a nuestra protagonista: “puedes gozar”, es decir, “puedes huir y hacer lo que quieras”. La madre de Esty no predica la obediencia sino que promueve la búsqueda del propio camino hacia el goce. Nunca le dice a Esty qué hacer, pero sí deja en cuestión la prohibición del padre. En este sentido, la serie muestra la lucha entre dos modos de autoridad: la tradicional y la permisiva. Al mismo tiempo, no deja dudas sobre cuál triunfa: entre la prohibición y el goce, el segundo tiene más posibilidades de ganar.
 
La madre de Esty es tan representativa de la sociedad permisiva que ni siquiera muestra su autoridad como autoridad. Es simplemente una persona benevolente que quiere lo mejor para Esty, pero que no quiere convertirse en una autoridad rival de su padre. Pero precisamente por eso es más poderosa. Uno no se rebela contra una autoridad que no se percibe como autoridad. Esty sigue el camino que su madre establece, es decir, el camino del goce. La serie trata sobre cómo Esty se va deshaciendo poco a poco de las prohibiciones y empieza a gozar: desde la prohibición de comer jamón, hasta la prohibición de tener sexo extramatrimonial. ¿Y no fue su madre la que abrió simbólicamente esa puerta hacia el goce con los documentos para que Esty pudiera huir de Williamsburg?
 
Hay dos cosas llamativas en la sociedad de la prohibición de Williamsburg. Primero, como el psicoanálisis sostiene desde Freud, el sacrificio del goce produce un goce en sí mismo. No es que la comunidad hasídica no tenga goces sino que goza con la prohibición del goce. El primer hilo que la ata es el goce en la prohibición. Todos los sujetos que pertenecen a ella están insatisfechos (en la medida en que no tienen acceso al goce que creen querer) pero al mismo tiempo gozan su insatisfacción.

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El segundo hilo es el de las secretas transgresiones de la ley. Por ejemplo, la relación entre Esty y su abuela es muy estrecha no porque ambas compartan las prohibiciones como porque ambas las transgreden de manera secreta. Las une, por ejemplo, el escuchar música prohibida. Moishe, el primo de Yanky, es quien hace el trabajo sucio de la comunidad, es quien conoce el lado oscuro y criminal de los goces prohibidos, pero que justamente por eso puede ayudar al rabino en misiones como encontrar a Esty. Si Moishe no estuviese dispuesto a romper la ley nunca se hubiese enterado de que Esty tenía una audición y, por tanto, no la hubiese atrapado. Los miembros de la comunidad de Williamsburg deben transgredir la ley para que esta pueda seguir operando.
 
A pesar de lo anterior, Esty no soporta las prohibiciones. De hecho, la causa última de su huida podemos encontrarla en el hecho de que para cumplir con la ley-del-padre debe renunciar totalmente a su goce. Esty no encuentra suficiente goce en el goce de la prohibición. Si quiere quedar embarazada al estilo de Williamsburg, debe sufrir y quedar insatisfecha. No solo eso: incluso debe soportar la transgresión de una norma talmúdica (que la esposa debe sentir placer) para cumplir con el deber de la ley-del-padre que se le exige. El tipo de autoridad de la sociedad de la prohibición ya no puede operar porque Esty sabe o sospecha que otros no tienen que sufrir lo que ella sufre. Se le pide un sacrificio que ya no se percibe como razonable. La posibilidad del goce ilimitado se ha presentado en el horizonte y ya no la deja tranquila. Los conservadores no se han dado cuenta (aunque reaccionarios como Gómez Dávila sí) de que por lo anterior, el regreso a la vieja autoridad del padre ya no es posible. Hoy, como Esty, todos optamos por el goce.

Tomás Felipe Molina
 
Acerca de
Tomás Felipe Molina
Tomás Felipe Molina

Politólogo de la Universidad del Rosario

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