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Columnistas

¿Qué es “diversificación energética”? ¿cambiar el paradigma de la “transición”?

Ricardo Andrés Roa-Castellanos Mg, MSc, Ph.D

09/02/2020

Volumen 6 - Nº 56 feb./2020
ISSN: 2422-2216

¿Qué es “diversificación energética”? ¿cambiar el paradigma de la “transición”?

La historia del desarrollo institucional explica, en gran parte, los contextos ideológicos y paradigmáticos “de moda”.

Pero la moda, por definición es pasajera. No así la Verdad. La ideología al ser a las sociedades lo que la opinión es a las personas, es decir, una fuente -no pocas veces- arbitraria en el modo de interpretar el mundo, suele meter en líos a personas y comunidades, incluso, naciones enteras.
 
En contraste a estas subjetividades, el conocimiento científico reposa en la cartesiana Duda metódica y el franciscano Método científico, que el monje Francis Bacon basado en los empíricos principios de demostración aristotélicos centró en la evidencia que brindaba la realidad sin dejarse llevar por la retórica, la demagogia, el carisma del expositor o los sofismas tan propios de políticos timadores. 
 
El manejo de la energía se ha acercado en las últimas décadas al manejo de la Naturaleza, estérilmente cosificada bajo la noción “ambiente”. Pero una noción y otra convergen en el manejo institucional que países y normativas globales han considerado. Contrario al ladino y desagradecido concepto de la transición, la diversificación reconoce la complementariedad de los sistemas y permite la evolución sin hacer el arbitrario borrón y cuenta nueva, que epistemológicamente, suele ser sólo una idealización, por cuanto el conocimiento y los avances científicos y técnicos suelen darse con base en conocimientos y técnicas previas. No de la nada.
 
INSTITUCIONALIDAD Y MATICES
 
La sonada figura de la “Transición” suele ser de raigambre hispana con un sesgo político propio del socialismo y el comunismo. Por ejemplo, tras la Constitución española de 1978, que cambió el estatuto gubernamental de dictadura franquista a un régimen democrático de monarquía parlamentaria, las izquierdas españolas continuaron llamando el periodo que se extiende hasta la actualidad como “transición” al hacer de dicha palabra un fetiche.
 
En ese orden de ideas, para esta nación ibérica el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (2011-2018) pasa a ser dividido a las carteras conocidas como Ministerio para la Transición Ecológica y Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación bajo la mano del presidente socialista Pedro Sánchez. En Colombia, la Transición pareciera denotar la cruzada por pasar de un régimen de democracia republicana, basada en separación de los poderes, a las utopías del socialismo y comunismo. La “justicia transicional” es la de la JEP y parece añorar ser el “cambio de régimen” político intrínseco a las “transiciones democráticas”[1]. Por su parte, “Colombia en transición” es la sección especial que un periódico como El Espectador, que pasó del liberalismo clásico empresarial al progresismo cultural[2].
 
Muy al contrario, el gobierno británico opta por la integración funcional institucional en vez de la “extirpación” de modelos previos, para de este modo favorecer racionalmente las políticas de sostenibilidad.
 
Es así como en un contexto de creación del Panel Intergubernamental del Cambio Climático fundado por las Naciones Unidas en 1988 –lo sentimos por Greta Thunberg y los demás desinformados, pero ella no descubre el agua tibia; Gran Bretaña en 1992 fusiona su Departamento (ministerio para nuestra comprensión institucional) de Energía (1974-1992) dentro del Departamento de Comercio e Industria. En 2008, las políticas energéticas son integradas a las labores del nuevo Departamento de Energía y Cambio Climático hasta 2016 cuando la institución muta al Departamento de Negocios Energéticos y Estrategia Industrial (Department for business energy and industrial strategy).
 
La pretensión de luchas sociales basadas en “molinos de viento” son superadas por el pragmatismo inglés. Se nota que implícitamente el Cambio Técnico del modelo básico de Robert Solow, se da por medio de integrar supuestos contrarios, apoyar la industria (energética) como un todo integrado y motor de la sociedad, sin aniquilarla como pretenden las ideologías anti-capitalistas -que se quejan luego por los desempleos nacionales-, y fundamenta tal implantación la seguridad de su ciudadanía y economía en una estrategia racional que incluya y no excluya ejes nucleares de desarrollo.
 
En vez de renegar y aniquilar instancias de desarrollo, la comprensión que valora esfuerzos y logros previos garantiza co-participación sin catastrofismos pseudo-científicos.
 
Estos cambios en las dos diferentes culturas implican aprendizajes para nuestras eclécticas naciones en vías de desarrollo.
 
SEMÁNTICA Y DESARROLLO INSTITUCIONAL EN CLAVE GLOCAL
 
El significado de las palabras esconde mucho más de lo que, ordinariamente, entendemos de ellas. En un mundo vertiginosamente variante, donde las tecnologías y los hallazgos científicos se reconfiguran con la luz del pensamiento, el espejismo de la “transición” energética promovido por el G7 dentro de un catastrofismo ideológico y populista en torno al Cambio Climático para 2015[3], sencillamente ha tenido que ser replanteado.

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Figura 1. Cambio en la composición del diésel -principal combustible del transporte público-, periodo (1990-2010). Fuente: Ecopetrol.

Transición” implica, entonces, dejar lo previo y pasar a un sistema totalmente nuevo. La “Diversificación”, en cambio, quiere decir aquí la co-existencia y co-evolución de sistemas de suministro energético.
 
Con ello se puede valorar el fabuloso trabajo hecho por la industria nacional, por ejemplo, en la calidad de sus combustibles, que, como el diésel ha pasado por ejemplo de 5000 partes por millón (ppm) de azufre, en 1990, a actuales 11 ppm.
 
Ese Cambio Técnico, luego, es traducido en una adaptación que se ajusta y supera los topes de contaminación ambiental (máximos permitidos - Figura 2), favorece la Salud Pública con el tema combustibles azufrados, jalona investigación y desarrollo, pero más importante, permite la aportación de la producción energética convencional y sus beneficios económicos fruto, todo esto, de una regulación racional y no de un prohibicionismo irracional que es indolente con las personas que dependen de estas cadenas y sistemas productivos.

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Figura 2. Contenido de azufre del diésel para TM, periodo (2018-2019). Fuente: Ecopetrol Bogotá.

La ideológica meta de “descarbonizar” la sociedad en 2030, a consecuencia de miradas culturales, apocalípticas y neomalthusianas, por ende un tanto misántropas, (derivadas de falsa ciencia o pseudociencia) es propuesta en 2008 por el notable científico del Cambio Climático, James Hansen[4] que no preveía el cambio técnico como una variación favorable en la ecuación ambiental desde los sistemas industriales anti-polución.
 
El contexto cultural, algo más de una década atrás, hablaba de un apocalipsis en curso desatado en 2006 por la película “Una verdad inconveniente” del político demócrata Al Gore (recalco: político, no científico) que había perdido con acritud ante el industrial petrolero George W. Bush en el año 2000. Bush Jr, además, se había hecho re-elegir en 2004. Los resultados de la película, premiada con un Oscar de la Academia y un Nobel de paz, impactando las percepciones globales, fue la elección de un desconocido demócrata, llamado Barack Obama en 2008 y un estado de misantropía (la culpabilización antrópica, la idea de que “los seres humanos somos una plaga”, un cisma de anti-industrialización, paranoia colectiva, y anti-capitalismo en el cual todavía estamos ahora inmersos).
 
Las razones del replanteamiento energético en consecuencia son paradójicas, pero basadas en hechos contundentes:
 
De modo catastrofista, similarmente, el demócrata Jimmy Carter en 1976, en sentido contrario y tras la crisis del petróleo de 1973, aseguraba que la sociedad se quedaría sin petróleo en 2011 (Ver: https://www.youtube.com/watch?v=iXHTmEUGR7c). La pseudociencia de semejante aseveración indujo la atracción humana propia a los escándalos, los adalides de causas ficticias, y salió elegido como Presidente de EEUU (1977-1981). Curiosamente, su actuar fue atípico “hacia adentro” para el patrón de izquierdas: Carter mejoró la eficiencia del gobierno mediante la integración de alrededor de 300 agencias estatales en 30. No así “hacia afuera”, pues impulsó la defensa del restablecimiento de lazos con la cuba castrista[5].
 
De otro lado y más recientemente, Alemania no sólo ha ampliado el periodo de descarbonización a 2040-2050, como mínimo y no a 2030 como lo hiciese inicialmente[6], sino que –de forma racional- empezó a construir un nuevo discurso mucho más sensato donde la revolución energética (Energiewende) incluye los diferentes métodos para obtención de energía (renovables/limpias, convencionales, nuclear, etc.) y esto ha dado pie para la noción de Diversificación Energética[7]. Esto es un cambio de inclusión y evolución de distintos tipos de obtención energética. En lenguaje cotidiano: la variación política implica no poner todos los huevos en la misma canasta para evitar riesgos de desabastecimiento.
 
La humanidad actual, día a día, se ha hecho más dependiente del suministro energético. Usted probablemente leerá este artículo desde una pantalla. Es decir, no se lee mucho desde papel. La creciente población urbana, e incluso la rural, tiene índices de conectividad alrededor del 90%, incluso en países en vías de desarrollo. Pero la paradoja radica en que los sistemas alternativos de generación energética han sido idealizados, son múltiples, insuficientes, muy costosos, y exigen una co-evolución que permita los distintos cambios técnicos sin un colapso civilizatorio que sería tan inconveniente para la supervivencia glocal, como son las demás decisiones basadas en el miedo, la conducta irreflexiva, pseudocientífica y la prisa.
 
Por otra parte, el escenario dantesco que han pintado los misántropos profetas de la perdición, no se han cumplido.
 
La contribución porcentual a las emisiones mundiales no tiene a la Civilización Occidental (la más tecnificada y científica) como el mayor aportante global, que, si es China, el país más contaminante con un 30% de acuerdo con sus propias cifras. En adición países vecinos como Corea del Sur y Japón notaron este año que China se encuentra hiperproduciendo uno de los gases de efecto invernadero prohibidos que destruye la capa de ozono[8]. Asia -sola- supera el 53% de emisiones sólo con sus países más contaminantes (Figura 3), cuando Colombia, en contraste, no llega a contaminar un 0,3% según cálculos de las diversas Comunicaciones sobre Cambio Climático. ¿Debemos destruir y frenar un sector energético que en la comparación global da ejemplo en sostenibilidad?

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Figura 3. Aportación nacional porcentual de gases de efecto invernadero por país. Fuente: Unión de Científicos preocupados por el Cambio Climático.

La diversificación de la matriz energética para Colombia ve importantes avances.
 
Las fuentes no convencionales, aunque aupadas por inversión privada y una normativa de incentivos como el Decreto 348 de 2017 o las Resoluciones Creg de 2018 (15, 30, 38), apenas si suman un 0,21% (25 Megawatios [Mw]) de la demanda energética nacional actual, donde los proyectos de energía solar abastecen 18 (Mw) y la eólica 18,5 de la necesidad, la cual en un 48,27% depende en primer lugar de hidroeléctricas (11932 Mw); 15% de Gas; 9,5% de Carbón mientras ACPM y otros combustibles escasamente casi llegan a un 6%.
 
La distorsión de la participación en los imaginarios populares, y su factibilidad, es sorprendente al contrastar la realidad del tema.
 
Así las cosas, es la Diversificación Energética el nuevo paradigma que debe ser trabajado por la sociedad, sin creer ingenuamente, y pensando con el deseo de una cultura infundada, que los hidrocarburos -o las demás fuentes energéticas- son fácilmente suprimibles, obviando dependencias estructurales, económicas y sectoriales que se encuentran en procesos de evolución.

 
[4] Hansen, James; Sato, Makiko; Kharecha, Pushker; Beerling, David; Berner, Robert; Masson-Delmotte, Valerie; Pagani, Mark; Raymo, Maureen; Royer, Dana L; Zachos, James C (31 de octubre de 2008). «Target atmospheric CO2: Where should humanity aim?». The Open Atmospheric Science Journal 2: 217-231.

 

Ricardo Andrés Roa Castellanos
 
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