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Cultura

Borges, su clon y Satán. Una remota charla con Campo Ricardo Burgos

Andrés Felipe Escovar

10/02/2021

Volumen 7 - Nº 66 feb./2021
ISSN: 2422-2216

Borges, su clon y Satán.  Una remota charla con Campo Ricardo Burgos

Esta entrevista se hizo durante la peste. Fue una charla que se prolongó por varios días. El medio: la mensajería instantánea de Facebook.

Esta entrevista se hizo durante la peste. Fue una charla que se prolongó por varios días. El medio: la mensajería instantánea de Facebook.

En el diálogo se dieron fluctuaciones, reiteraciones y retornos a temas, que parecían abandonados, con el discurrir de la conversación. Esta forma de comunicación mezcla la oralidad con la escritura: el contexto en el cual se profiere lo enunciado integra su significado.

Intenté dejar con la mayor fidelidad posible lo que se dialogó.

Campo Ricardo Burgos, el entrevistado, ha escrito una obra encuadrada en la llamada Ciencia Ficción, la cual se complementa con su lectura crítica de la tradición narrativa del género en Colombia.  Algunos de sus libros publicados son: José Antonio Ramírez y un zapato, El clon de Borges, Antología del cuento fantástico colombiano, Notas para una historia de la literatura fantástica colombiana (1997-2015), Introducción al estudio del diablo, y Planeta Homo

¿Cómo te acercaste a la literatura y cuándo nació tu deseo de escribir?
Creo que mi interés inicial en la literatura se debe a dos razones. Una es que en mi casa mi papá, que es profesor de filosofía, siempre tuvo una biblioteca. En esa biblioteca yo encontraba bastantes novelas, poemas y libros de cuentos que me gustaba explorar. La segunda razón fueron los cómics. Desde pequeño me gustaba seguir historias en cómic y recuerdo que mi papá me daba 5 pesos para comprar comida en el recreo y yo aguantaba hambre para gastarme los 5 pesos a la salida en una droguería donde vendían todo tipo de cómics, desde los clásicos de Batman y Supermán, hasta los mexicanos como Kalimán y Arandú, y otros latinoamericanos como Tamakún. Cuando estaba en bachillerato, yo escribí mis primeras historias y las ilustré en dos cómics que yo mismo dibujaba en hojas de cuaderno. Se llamaban "El Ricardo Nuclear" (la versión narcisista de "El hombre nuclear" que entonces pasaban en la televisión y también distribuían en cómic) y "Goyano, el detective" (historia de un detective que se llamaba Goyano porque ese era el nombre de uno de los muñecos favoritos de mi hermano menor). Cuentos y poemas como tales, solo vine a escribirlos en serio cuando entré a estudiar psicología en la Universidad Nacional de Colombia. Allí en la Nacional tomé algunos talleres de los de Extensión Cultural, donde reafirmé mi deseo de escribir cuentos, uno era un taller con el difunto escritor Jairo Aníbal Niño, otro fue con Augusto Pinilla y recuerdo que hasta alcancé a tomar un taller de guión con Carlos Duplat. Quizá los resultados de entonces no fueron los mejores, pero me di cuenta de que era divertido crear historias.

¿Tienes claro el momento en el cual empezaste a verte como un creador que ya podía empezar a mostrar sus historias?
Sí, yo empecé a envíar cuentos míos a concursos mientras estaba cursando los semestres finales de psicología en la Universidad Nacional. Allí logré que, en un concurso de microrrelatos del periódico "Prensa Nueva " de Ibagué, un cuento mío quedará finalista, el cuento era fantástico y se llamaba "El boraro" (un texto que, por cierto, jamás publiqué en ninguna parte a la espera de que supuestamente fuera publicado por la entidad que auspiciaba el concurso). Después me ocurrió algo anómalo y es que el primer libro que envié a un concurso grande, el Premio Nacional de Poesía de Colcultura de 1993 (la entidad que antecedió al Ministerio de Cultura), fue uno de los tres ganadores del concurso. Fue anómalo porque era la primera vez que enviaba un libro a un concurso grande y de repente fui uno de los tres ganadores; con mi ingenuidad de entonces, creí que ser escritor iba a ser fácil, pero ese premio y lo que sucedió después, se encargarían de mostrarme que ser escritor en Colombia, si no perteneces a ciertas élites económicas y culturales, es algo dificilísimo, sino imposible.

¿Cómo construiste ese libro premiado? ¿Cuál es su nombre? ¿Se editó?
Claro que el libro se editó pues esa era parte del premio, fue el primer libro que publiqué en mi vida y se llama "Libro que contiene tres miradas", es un poemario de 1993. Ese libro es un conjunto de poemas que escribí aproximadamente entre 1990 y 1993. Lo curioso con ese libro… son las vueltas que da la vida, en 1993 yo pensé que de ahí en adelante seguiría publicando poesía, pero el hecho es que nunca más he vuelto a publicar ningún libro de poesía en mi vida. Los años me llevaron por otras vías dentro del mismo mundo literario.

Pero ¿dejaste de escribir poesía o simplemente dejaste de publicarla? ¿En qué espectro estético podrías ubicar ese trabajo poético?
No, yo nunca dejé de escribir poesía, de hecho, tengo tres o cuatro libros de poesía guardados en el cajón, lo que ocurre es que después de publicar "Libro que contiene tres miradas", entre las muchas cosas desagradables que descubrí, estaba que para poder publicar ciertos libros en Colombia era necesario ser amigo de ciertas personas en ciertas instituciones o en ciertas editoriales, y si no era así, nadie te publicaría nada. Como yo no tenía amigos influyentes en ciertas instituciones o en ciertas editoriales, simplemente no me publicaron. El mundo editorial y cultural colombiano está contaminado de la misma tara social que hace que en nuestro país sea necesario tener palancas para sobresalir, por desdicha es exactamente igual.
¿Cuál ha sido tu interés en la poesía? ¿Trabajas formas tradicionales o exploras en el verso libre?
Verso libre. Siempre me ha gustado leer y escribir poesía. De hecho, hace poco publicaron un poema mío sobre superhéroes llamado " El superhéroe se ha ahorcado" tanto en la revista "Star Line" (en español e inglés), que publica poemas fantásticos en Estados Unidos, como en "Axxón", que publica ciencia ficción.

¿Qué poetas consideras que te han influenciado?
Andrés, esa siempre me ha parecido una pregunta imposible de contestar, desde el psicoanálisis es claro que uno a nivel consciente puede pensar que ciertos poetas lo han influido, pero a nivel inconsciente son otros los que realmente lo han influido. Cuando un escritor responde esa pregunta solo conocemos sus racionalizaciones al respecto (es decir lo que se imagina y las historias que se cuenta a sí mismo), no la verdad. Te puedo decir poetas que me gustan, pero es que son muchísimos, no cabrían en el espacio que tenemos.

¿En ese orden de cosas, has hecho racional alguna influencia, en poesía o prosa, que jamás hubieras sospechado? -lo digo dada tu formación y tus inquietudes en torno a esas capas de nuestra vida humana-. ¿Has encontrado en tu escritura algún rasgo de una escritura que, conscientemente, hayas rechazado?
Bueno, puedo mencionar los autores que todo el tiempo releo, aquellos autores que uno sabe que lo acompañarán a uno hasta el momento en que uno muera: Jorge Luis Borges, Emily Dickinson, Teresa de Lisieux, Philip K. Dick, Schopenhauer. Borges me parece el dios de la literatura en español, como bien dijo de él Vargas Llosa, es el único autor en español que es casi perfecto. Dickinson me encanta porque le importó un pito el reconocimiento, cuando se murió solo la conocían su familia y un par de personas más y pare de contar, ese hecho de que le importara un pito ser leída, me encanta. Teresa de Lisieux es una mística cristiana en cuya escritura uno se topa con un modo de concebir la realidad que por desdicha uno nunca tendrá. Dick da la sensación cuando uno lo lee, de que uno ha ingerido drogas psicodélicas sin haber ingerido drogas psicodélicas. Schopenhauer me encanta por su modo exquisito y a veces malintencionado de despreciar a la especie humana.

Volviendo a tu trayectoria: luego del premio y la consabida decepción, ¿ese fue el momento en el que te decidiste por la prosa?
En la década del noventa yo siempre escribía cuentos y poemas de modo indistinto y en cierto momento entré a hacer la maestría en literatura. Tras graduarme de esa maestría decidí abandonar la psicología y, luego de diversos avatares, acabé como profesor del área de Español y Literatura en varios lugares. Lo importante fue que, paralela a mi labor como profesor del área, empecé a indagar en serio en el campo de la ciencia ficción; mi tesis de maestría la hice sobre la ciencia ficción en la literatura colombiana y mientras la realizaba pude conocer a René Rebetez y Antonio Mora Vélez. Ellos dos constituyeron un empujón decisivo para que se incrementara mi interés en todas las diversas expresiones de la literatura fantástica. Cuando finalizaba la década del noventa pude hacer parte del cuentario "Cuentos de ciencia ficción" que publicó el IDCT de aquel entonces y también un relato mío apareció en "Contemporáneos del Porvenir", la primera antología de ciencia ficción colombiana compilada por Rebetez.

Cuéntanos de ese par de antologías pues son de diferente naturaleza y criterios.
"Cuentos de ciencia ficción" es un libro publicado por la Alcaldía de Bogotá en 1998, allí se compilan los 6 cuentos finalistas del primer concurso de cuento de ciencia ficción que se hizo en 1997. Los jurados fueron Rebetez, Mora Vélez y William Ospina. Luego de ese concurso, Rebetez quedó convencido de que era necesario hacer una antología de ciencia ficción colombiana, pues muchos cuentos que quedaron por fuera del libro de la Alcaldía, merecían ser publicados. Así, él me solicitó ayuda para hacer la compilación y yo le sugerí algún cuento (como por ejemplo "La tragedia del hombre que oía pensar" de María Castello) y lo auxilié contactando algunos autores que finalmente aparecieron en el libro. Desafortunadamente, el libro apareció en el 2000 y Rebetez murió en diciembre de 1999, para Rebetez ese libro constituyó una especie de testamento literario. Desde mi punto de vista, varios textos que Rebetez escogió eran muy discutibles y así lo escribí en un artículo posterior y todavía lo sigo creyendo hoy, pero el valor del libro está más por el lado de lo que simbolizó en el desarrollo de la ciencia ficción nacional y como muestra de un nuevo grupo de escritores que le querían apostar a géneros distintos a aquellos que tradicionalmente han dominado a la narrativa colombiana.

¿Aún hoy día aparecen algunos escritores que participaron en esas antologías en la escena literaria?
No estoy seguro. De "Cuentos de ciencia ficción" sigue escribiendo Orlando Mejía Rivera, los demás realmente no se dedicaron a la literatura fantástica y la ciencia ficción. En cuanto a los de "Contemporáneos del Porvenir", no tengo aquí el libro a la mano, pero recuerdo que en ese libro están escritores que siguieron como Orlando Mejía, Julio César Londoño y Antonio Mora Vélez. Ya murieron otros como el mismo Rebetez o Germán Espinosa y otros sencillamente no continuaron en el campo de la ciencia ficción y la fantasía porque nunca estuvieron en él. La verdad es que en ese libro hay muchos embuchados, como diríamos en Colombia. Por ejemplo, Rebetez incluyó a Juan Manuel Roca por ser amigo de él, pero lo cierto es que Roca es un poeta que nunca ha estado en el terreno de la ciencia ficción.

Mencionas a René Rebetez por tu cercanía con él. ¿Pudiste apreciar la forma en la que este escritor se acercaba a la escritura? ¿Cuáles eran sus propósitos, además de la antología que nos mencionaste?
Observar el proceso de escritura de Rebetez, no. Varias veces charlé con él mientras hacía mi tesis de maestría y mientras preparaba la antología. René era una persona que no veía la ciencia ficción como un género literario, lo concebía como una iniciación mística igual que el budismo zen o el sufismo. Por decirlo así, Rebetez veía a la ciencia ficción de un modo místico, como una vía de salvación análoga a tradiciones como las referidas. Es decir, René le adscribía a la ciencia ficción unas funciones salvíficas como si fuera una suerte de religión, eso siempre me pareció curioso pues a mí, por ejemplo, me gusta la ciencia ficción, pero no puedo verla así.   Cuando murió, Rebetez esperaba que su antología solo fuera el primero de varios pasos que él pretendía dar en Colombia, por poner otro ejemplo, al momento de morir Rebetez quería crear una asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía, algo que jamás ha sucedido desde entonces. Incluso esa idea de una asociación de escritores de literatura fantástica, una vez se la escuché también a Mora Vélez.

¿Por qué crees que ese tipo de iniciativas no se han materializado?
No lo sé, pero puedo especular al respecto. La primera razón es que nadie ha lanzado la idea en serio, siempre se ha quedado en meras cavilaciones de café. La segunda razón es que los escritores de literatura fantástica colombianos y latinoamericanos todavía creen de manera ingenua que en Latinoamérica se puede replicar algo como lo de Stephen King en Norteamérica y se les olvida que Estados Unidos tiene un Stephen King porque es una sociedad brutalmente diferente a la latinoamericana. Si Stephen King hubiera nacido en Bogotá o en Lima, nunca habría llegado a ser Stephen King. La tercera razón es que los escritores fantásticos latinoamericanos no han entendido que no se puede copiar el modelo gringo de producción y éxito de autores, hay que probar algo totalmente distinto desde el momento que se escribe el libro hasta que sale al mercado y se lo difunde.

¿Nos podrías comentar tu idea de los clones en la literatura y cómo opera en el contexto latinoamericano?
Lo que dije hace ya más de 10 años en algún artículo fue que al hacer literatura fantástica en Latinoamérica se advertían dos opciones entre los escritores: algunos solo clonaban los modelos narrativos anglosajones y por eso solo creaban clones sin interés, y otros se arriesgaban a crear sus propios modelos sin seguir los anglosajones. Yo agregaba que estos últimos escritores eran los que podrían crear algo valioso. Hoy la idea sigue siendo válida: No tiene gracia copiar a Spiderman o a los vampiros adolescentes y cursis de "Crepúsculo", lo creativo es emplearlos, pero para hacer algo nuevo con ellos, para subvertir esos patrones.
 
Regresando a tu trayectoria de publicaciones; luego de ese primer poemario, te ocupaste de mostrar tu prosa. ¿Cuál fue la primera publicación en libro que realizaste?
Después de "Libro que contiene tres miradas", publiqué cuentos dispersos en libros y revistas hasta que en 2003 publiqué la novela "José Antonio Ramírez y un zapato", es la historia de un hombre que se enamora de un zapato. Para autores como Mejía Rivera el libro era clasificable como ciencia ficción al estilo Ballard, para otros como Mora Vélez ese libro era novela psicológica y no ciencia ficción. Como siempre, los criterios para clasificar un libro suelen ser relativos.

A la hora de escribir, ¿te concentras en hacer un trabajo que se adscriba a un género?
No, para nada. A mí, como a muchos otros, les sucede que cuando empiezan a escribir, el texto se les vuelve fantástico casi siempre, nada qué hacer. Para mí es muy difícil escribir en registro realista. Y además confieso que para mí escribir es varias cosas: es un placer por la posibilidad de imaginar universos alternativos, es una terapia por la posibilidad de expresar mis fantasmas inconscientes sobre el papel, es un deber, aunque no entiendo por qué o para con quién. Yo no descarto lo que proponen ciertos biólogos sobre el tema: que los escritores están genéticamente predeterminados para escribir sea que sus textos los publiquen o no, es muy factible.

Y es esa idea de la predeterminación para escribir, la que utilizas en “El clon de Borges”. Cuéntanos cómo surgió la idea y cuál fue el proceso de escritura de esa novela...
"El clon de Borges" parte, sin duda, de mi fascinación por la obra de Borges, alguien que como ser humano tuvo muchos defectos y cometió yerros, pero que en tanto artista es paradigmático. Antes de escribir "El clon de Borges" yo había escrito un libro sobre el género de las ucronías llamado "Pintarle bigote a la Mona Lisa" y al terminarlo, muy a menudo me preguntaba cómo sería el mundo si "X" persona hubiera vivido más tiempo o no hubiera muerto tan joven. Borges, por supuesto murió viejo pues ya andaba por los ochenta y pico de años, pero por esos días pensaba mucho que él era un buen candidato para prolongarle la vida por 100 o 200 años más. Así pues, se me ocurrió que una buena alternativa para conseguir más libros firmados por él, sería clonarlo y a partir de allí toda la novela fluyó. Además, como ya he dicho en algún otro lugar, "cloné a Borges" porque era un modo de jugar con él; la literatura es jugar con el lenguaje y en ese juego se puede incluir al escritor mismo, bien se puede jugar con Dostoievski o Shakespeare o García Márquez, bien se puede ver al escritor como otro juguete.

En tu novela hay un procedimiento borgiano, en el sentido que mencionas unas novelas y libros jamás escritos, ¿cómo llegaste a construir todo ese compendio de historias?
Justamente copiando ese truco de Borges. Borges es conocido porque escribía reseñas de libros que no existían, decía que lo hacía por haraganería, es más fácil escribir una reseña de 5 páginas de un libro que no existe que escribir un libro de 200 páginas. Por eso en la novela escribo resúmenes de libros que sé que no tendré tiempo para escribir mientras esté vivo. Curiosamente, algunos lectores me han dicho que debería escribir esas historias alargándolas de una o dos páginas a las 200 páginas de un libro real, pero por desdicha debo trabajar para sobrevivir y no tengo tiempo. Ojalá lo tuviera.

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Si Borges hubiera escrito esos libros, puede que la ejecución no fuera tan afortunada... ¿o qué piensas? Te lo digo por esa hipótesis de que “Los Rivero” fue el inicio de una novela que él jamás continuó.
Hay muchas teorías de por qué Borges no escribió novelas: que por haraganería, que por llevar la contraria, que para burlarse de otros escritores... Seguramente todas ellas tienen un poco de verdad y además hay otras razones, lo que sí es cierto es que al no escribir novelas Borges se estaba burlando del status quo literario, estaba mostrando que para ser un auténtico escritor uno no tiene que cumplir con las expectativas culturales que hay sobre los escritores, guardadas las proporciones y las debidas diferencias, ese gesto de Borges es análogo al hecho de que Dickinson no publicó casi nada en vida salvo dos o tres poemitas. En Borges y en Dickinson hay así un cachetazo a las creencias sobre literatura que son populares entre escritores, lectores y editores.

¿Cómo fue el proceso material de escritura de “El clon de Borges”?
Este libro lo escribí directamente en el ordenador, nada a mano. Hice un bosquejo breve en el computador y luego me limité a seguirlo. Curiosamente, a mí antes me gustaba mucho escribir a mano, pero desde hace unos 10 o 12 años me volví computador dependiente para escribir como es epidémico en estos tiempos. Y creo que escribir a mano tiene ventajas que se han perdido.

¿Qué ventajas?
No dependes de la energía eléctrica para escribir, no tienes que andar llevando cargadores para artilugios electrónicos, hay cierto placer kinésico al mover un estilógrafo que no sientes en las manos cuando estás digitando ante un computador, sientes -como dicen los neurólogos- que estás activando zonas de tu cerebro que no se encienden al escribir en computador. A mí me pasa algo que de pronto solo es imaginación mía, pero siento que mi proceso de pensar es diferente si es a mano o en computador, además, a mí me funcionaba como una terapia desestresante, a veces estaba ansioso y escribía a mano y experimentaba un desahogo que no sentía escribiendo en computador, escribir a mano te hace sentir pasado de moda y a mí me gusta sentirme pasado de moda en muchas cosas.

¿En qué otros aspectos te gusta sentirte pasado de moda?
Sentirse pasado de moda es un placer en tanto sientes que no vas con la corriente, que no estás al día, que no comulgas con lo que gusta a nivel popular. Es un modo de sentirse solo en medio de multitudes y grupos y me parece que esa sensación es agradable. Y estoy pasado de moda en muchos aspectos: creé una cuenta en Facebook con 20 años de retraso cuando todo el mundo la tiene hace 20 años, creo que leo mucho en papel cuando el 90% de la humanidad ya solo lee en artilugios electrónicos, me gusta tardarme el doble para desplazarme a ciertos sitios solo por el placer de caminar, prefiero los juegos de mesa a los videojuegos, siento como algo pecaminoso vivir pegado del celular, aunque veo televisión con frecuencia también lo siento como un pecado y me parece maravilloso simplemente apagarlo y contemplarlo apagado un buen rato, es como una forma de meditación.
Agregaría más, cuando hablo con mis estudiantes me doy cuenta de que estoy desactualizado en casi todo lo que a ellos les gusta, pero eso no me preocupa, extrañamente cuando eso sucede experimento placer de no estar al día, siento que debo poner más empeño en desactualizarme.

Y, respecto a tu labor en la literatura, ¿también te consideras desactualizado?
Creo que sí, hace muchos años que no leo ni un solo libro que esté de moda, me dedico a leer lo que me interesa sin importar si eso es redituable académica o profesionalmente. Nunca he querido entrar en la carrera de hámsteres académica que hoy son las universidades, hay algo profundamente trivial en esa búsqueda de maestrías, doctorados y posdoctorados que hoy está de moda en los círculos académicos, cuando veo a mis colegas enloquecidos por publicar en revistas indexadas siento que a ellos les han lavado el cerebro y no se dan cuenta. Es un pálpito que tengo, quizá publicar en revistas indexadas, hacer parte de grupos de investigación y acumular títulos, también es hacerle el juego al sistema.
Yo nunca olvido lo que decía Vargas Llosa en alguna novela: las universidades después de todo son burdeles de otro tipo y hay mucho de ingenuidad en no percibir eso.

Cuéntanos cuál fue el destino de “El clon de Borges” una vez terminaste de escribir el libro.
La envié al concurso de la UPC de Barcelona y allí quedó finalista o en mención de honor, ya no me acuerdo. Nadie se ofreció a publicarla y entonces yo la ofrecí en un par de editoriales donde la rechazaron, así pues, tomé la decisión de autopublicarla simplemente para regalársela a algunos amigos. Con esa novela, aunque fue publicada hace 10 años, jamás me he ganado ni un céntimo.

¿Qué recepción ha tenido por parte de la crítica y los lectores?
"El clon de Borges" es una novela con crítica, pero sin lectores. Los conceptos de críticos son positivos, en Colombia han hablado bien de ella, entre otros, Orlando Mejía Rivera y Antonio Mora Vélez, también Elton Honores en Perú, Marcelo Novoa en Chile, Luis Cano en Estados Unidos. Lo paradójico es que es una novela sin lectores pues en 10 años, fuera de esa autoedición que hice en 2010 de apenas 200 ejemplares, nunca ha tenido una edición comercial, entonces, es muy difícil hablar de lectores pues la verdad es que nunca ha tenido difusión. A esto también contribuye que las editoriales a quienes se les ha ofrecido en estos 10 años siempre la han rechazado.

¿Qué argumento esgrimen las editoriales para el rechazo?
Dicen que es una novela muy mal escrita, después de eso hace mucho que dudo de las calidades de quienes leen para las editoriales.

¿Qué es una novela mal escrita?
Respondo con dos ejemplos, algo que apela a la ignorancia de la gente como algunos de los textos que venden seudociencia de Mario Mendoza, o algo que solo copia estereotipos como la novela "Vampyr" de Carolina Andújar que es un clon sin pena ni gloria de "Twilight" de Meyer.

En tu trayectoria de escritura, hay una reflexión en torno a lo fantástico en Colombia y el continente, cuyos inicios analizas en tu tesis de maestría, ¿cuáles fueron los hallazgos más sobresalientes que hiciste en esa investigación?
Esa tesis fue de 1998 y hoy ya resulta antigua. Esa tesis tuvo el mérito de ser la primera que hizo un estudio sistemático sobre el tema en Colombia y por decirlo así "abrió la trocha" para otros trabajos académicos que vinieron después. Lo más importante de ese texto es que fue el comienzo en la construcción de un canon y un corpus para la ciencia ficción en Colombia.

Y, hoy día, ¿puedes referir las características de ese canon, cuando ya entramos a la tercera década del siglo?
No, Andrés, no lo puedo decir. Hasta hace unos 10 años estuve al tanto de lo que se producía en el género en Colombia, pero no he leído nada de lo que se ha producido en el campo en los últimos 10 años, desconozco a toda la gente nueva que ha publicado en la última década.

¿Fue una decisión la de no leer a los nuevos autores?
La última vez que abordé el tema con corpus grandes fue en un artículo del 2011 llamado "Veinte años en la literatura fantástica colombiana 1990-2010" luego, entre 2011 y 2016 abordé por ejemplo obras puntuales de Mario Mendoza, Carolina Andújar o Enrique Patiño. Últimamente me da pena cuando me preguntan, pero poco o nada he leído de los nuevos en el campo, he andado muy ocupado con otros temas de discusión.

¿Puedes contarnos algún hallazgo con respecto al siglo XIX en Colombia?
Colombia fue uno de los países latinoamericanos más rezagados en el desarrollo de la literatura fantástica en el siglo XIX, muy atrás del resto del subcontinente. Ello se debió a que Colombia ingresó a la modernidad más tarde que el resto de Latinoamérica y a que, por desdicha, el siglo XIX acabó con el triunfo político del conservatismo que dominó al país hasta 1930 aproximadamente. La República Conservadora que dominó al país desde fines del siglo XIX hasta la tercera o cuarta década del siglo XX, no solo retrasó culturalmente al país, sino que - con unas pocas excepciones- también secuestró a la imaginación en las artes.

Hay otro trabajo muy interesante y es tu estudio sobre el diablo, ¿a qué respondió este interés? ¿cuál fue tu procedo de investigación?
Ese libro era la primera mitad de un estudio sobre la figura de Satán en la obra de C. S. Lewis, el escritor irlandés. Lo que ocurrió es que el estudio tenía dos partes: una un recorrido histórico de la figura de Satán en Occidente y la segunda el análisis de la imagen de Satán en la obra de Lewis. Por diversos avatares burocráticos, la investigación se quedó sin apoyo cuando iba en la mitad de camino y entonces decidí que al menos publicaría la primera parte que perfectamente tenía la forma de un ensayo completo sobre el tema.

El abordaje que haces, ¿cruza los estudios literarios con la psicología?
Sí, el libro entrecruza la mirada a Satán desde la literatura, la filosofía, la psicología y la teología. Es un libro que fue testigo de una mutación espiritual mía, cuando comencé el libro creía en el diablo como ser personal igual que lo hizo Lewis hasta el final de su vida, pero cuando iba en mitad del libro, no sé si por leer tanto sobre el asunto, perdí la fe y cuando lo culminé, ya había dejado de creer en Satán como ser personal.
El libro me sirvió para dejar de creer en Satán como ser personal. Curiosamente, uno de los grandes demonólogos del mundo, el estadounidense Jeffrey Burton Russell no descarta que Satán sea un ser personal.

¿Cómo crees que es Satán?
No creo que sea un ser personal, pero si por alguna razón estuvieran en lo cierto estudiosos como Burton Russell y Plantinga y de verdad lo fuera, sería básicamente una gota de agua en el mar que quiere tragarse todo el mar, esa metáfora retrataría perfectamente lo que pretende ser Satán. Cada vez que un ser humano pretende serlo todo (cada vez que una criatura pretende serlo todo), ese ser humano se convierte en Satán.

¿Has conocido a alguien que haya pretendido serlo todo?
Andrés, por definición, todo ser humano quiere serlo todo para todos y en ese sentido todos llevamos un Satán adentro. Entre más narcisista es un humano, es más satánico; entre menos narcisista, es menos satánico. Satán es el sinónimo de la palabra "Yo". Entre más ego hay en ti, eres más diabólico; entre menos ego hay en ti, eres menos diabólico.

¿Ese aspecto diabólico se puede equiparar con una categoría moral como la del mal?
Sí, por definición el mal consiste en ignorar que existan otros y soñar con que toda la realidad consista en mi yo y nada más que mi yo; el mal es negar la posibilidad de la existencia de otro para que solo exista mi yo. Estudiando un poco siempre se acaba descubriendo que el mal consiste en una alucinación que sufren todos los cerebros humanos: la alucinación de que mi yo es lo más importante en el mundo o lo único importante en el mundo. Por eso es que Satán es sinónimo de "yo", de "ego".

¿Hay algo que se le oponga, un antónimo de ese Satán?
Quien se cura de su "yo", se cura de Satán. El "Yo" o el "ego" es una enfermedad mental de la cual todos debemos curarnos. Y lo contrario de Satán sería el no-yo, la disolución del yo, a eso los budistas lo llaman Nirvana o los cristianos lo llaman Cielo.
 
Vayamos a “Jose Antonio Ramírez y un zapato” que, si bien ya nos dijiste que la adscribieron al género autores como Rebetez, no nos has contado cuál ha sido la suerte de este trabajo y cuál fue tu manera de encarar su escritura.
Es una novela que como casi todo mi trabajo ha pasado desapercibida, Mejía Rivera la llamó "ciencia ficción del espacio interior", Mora Vélez la llamó "novela psicológica", es una novela básicamente humorística e irónica donde yo me quería burlar de las historias románticas, por eso, en vez de una pareja de dos humanos, inventé una pareja de humano y zapato. Una vez alguien que la leyó me dijo que esa novela comunicaba una aterradora soledad para que un hombre se imaginará que un zapato era compañía.

¿Y la edición fue particular también?
Sí, todas mis ficciones han sido autopublicaciones pues nunca le interesan a nadie. Y en eso no me quiero hacer el héroe, en Colombia la gran mayoría de escritores son quijotes que luchan contra un medio indiferente, los escritores que cuentan con ayuda editorial y publicitaria son una minoría. Todos mis textos críticos y ensayísticos, que ya son seis o siete, sí han sido publicados por la universidad donde trabajo como profesor.

Abordaste las ucronías en “Pintarle el bigote a la Monalisa”, ¿de dónde vino el interés por estas narraciones?
Mi interés por las ucronías surgió tras leer "El hombre en el castillo" de Dick y "Poncio Pilatos. El dilema del poder" de Caillois cuyo argumento es que llevan a Jesús ante Pilatos, pero Pilatos en este relato no condena a muerte a Jesús. Además, como todo humano, siempre me he preguntado qué habría sido de mi vida si hubiera tomado elecciones distintas a las que tomé en ciertos momentos cruciales de mi vida.
Al estudiar ucronías uno descubre que todos los humanos siempre cargamos encima un costal de ucronías personales, toda la vida uno se pregunta ¿Qué hubiera pasado si no me hubiera casado con la mujer con quien me casé? ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera sido millonario? ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera estudiado otra carrera? ¿Qué hubiera pasado si no hubiera tenido los hijos que tuve?, y así.

¿Te has preguntado qué hubiera pasado si a tus novelas las hubiera editado alguno de esos grandes emporios editoriales?
Claro, todos los días. Pero es que una cosa es nacer en países del primer mundo donde es posible hacer una carrera literaria y dedicarse solo a escribir y otra nacer en un país del tercer mundo como Colombia donde simplemente sobrevivir ya es una hazaña. Por desdicha me tocó Colombia que es un país que no es un buen lugar para escribir salvo que pertenezcas a ciertas élites. Antes me amargaba por eso, ahora ya no, nunca ha sido mi culpa no poder publicar. Además, reconozco que yo soy asocial y para publicar en Colombia hay que hacer mucha vida social y ser muy lagarto.

¿Qué ucronías han llamado tu atención?
Las que te dije, "El hombre en el castillo" de Dick, y "Poncio Pilatos. El dilema del poder" de Caillois. En mi libro sobre el tema analizo esas dos novelas y una tercera "El conquistador" de Federico Andahazi que trata de unos aztecas que descubren Europa antes de que Colón descubriera América. Me llama la atención que hoy en día se usa la estructura de ucronías para narrar mucha serie de TV y mucha película, es una de las vetas a las cuales acude una y otra vez la industria audiovisual estadounidense.

Y, en esas estructuras, ¿has visto ucronías que concitaran tu atención?
Sin ir muy lejos, esa es la estructura del famoso cómic "Watchmen" que ahora tiene serie en TV que también se llama "Watchmen". Toda la acción de la serie transcurre en un Estados Unidos ucrónico que tuvo presidentes distintos a los que realmente tuvo y que ganó la Guerra de Vietnam. Es también un Estados Unidos donde se acentuó aún más el racismo y donde en ciertos estados de la unión es bien visto el que justicieros privados y enmascarados combatan el crimen. Lo que me aterra de esa serie de TV es que muestra unos Estados Unidos muy inclinados hacia el fascismo y en la realidad Donald Trump sí ha inclinado a ciertos sectores norteamericanos hacia el fascismo. Otra vez la naturaleza imitando al arte, como decía Wilde.

Un tema que tocaste antes fue el de las ucronías personales: incluso la biografía puede llegar a considerarse como una variable de esa construcción... o ¿Qué piensas? (lo planteo bajo el entendido que, hasta los textos autobiográficos y las memorias, son relatos que suelen distanciarse de la veracidad).
En eso tienes razón, las biografías siempre contienen elementos ucrónicos o que se apartan de lo que efectivamente sucedió, pero hay que anotar que generalmente es una ucronía inconsciente, no deliberada, la gente suele recordar ciertos eventos de su vida con una serie de modificaciones respecto de lo que efectivamente sucedió, nadie está exento de ello. Toda biografía y todo relato histórico está ucronizado hasta cierto punto. Eso implica que uno no debe creer a ciegas en sus recuerdos, si a uno lo hubieran filmado toda la vida, sería fácil comprobar que los recuerdos personales tienen modificaciones que no coinciden con los hechos.

Dada tu profesión, ¿has explorado en tu inconsciente para la urdimbre de tus textos?
Andrés, yo abandoné la práctica de la psicología hace 25 años, pero es evidente que el inconsciente se refleja en cualquier texto de cualquier autor. A través de sus textos todo escritor, lo quiera o no, siempre acaba revelando más de lo que imagina, es inevitable.

También has hecho trabajos como antologista, como el referido al cuento fantástico colombiano, ¿cuál fue tu criterio de selección?
Ese es un libro de 2007 que solo quería ser un muestrario de cuento fantástico colombiano, pero sin incurrir en los errores de selección de Rebetez en su antología de "Contemporáneos del Porvenir". La mayoría de los cuentos son de ciencia ficción y hay unos pocos que son de otros subgéneros del fantástico. En ese libro no seguí el criterio internacional para determinar qué es "fantástico" y qué se usa en la mayoría de antologías, qué es el de Todorov (considerar "fantástico" un relato que sucede en un mundo realista donde de repente irrumpe un evento inexplicable que no se puede saber si es natural o sobrenatural). En esa antología consideré "fantástico" no solo a los relatos todorovianos, sino también a la ciencia ficción, al terror, a la literatura especulativa, al surrealismo y a lo maravilloso. Soy consciente de que mi decisión fue en contravía de mucha gente que, por ejemplo, no considera que la ciencia ficción sea literatura fantástica. Pero no importa, lo esencial era mostrar que en Colombia en el 2007 se estaba haciendo una literatura no realista que valía la pena leer y además juntar un grupo de textos sabrosos de leer, creo que esos dos objetivos se cumplieron.

Mencionas una frontera difuminada entre la fantasía y la ciencia ficción: trece años después de esa antología, ¿mantienes ese criterio?
Es obvio que, a nivel académico, hoy se diferencian la fantasía y la ciencia ficción pues los dos géneros suelen tener estudios y antologías por aparte, pero tengo la impresión de que en el futuro no es seguro que esa división se sostenga mucho tiempo, los escritores suelen tener la buena costumbre de mezclar lo que usualmente no se mezcla y seguro que al respecto habrá sorpresas que les dificultarán el trabajo a los taxonomistas literarios del porvenir.

¿Has hecho alguna posible taxonomía del futuro?
No, el futuro es impredecible y nadie puede saber hacia dónde evolucionarán el arte y la literatura, lo que sí es claro es que si algún día los humanos se extinguen y los reemplazan transhumanos, ellos seguramente le asignarán una función completamente distinta al arte o simplemente no harán arte y lo sustituirán por alguna práctica que hoy en día no podemos intuir.

Respecto a tu última novela, “Planeta Homo”, ¿puedes contarnos qué aborda?
"Planeta Homo" es la historia de un grupo de astronautas humanos que llegan a un planeta donde todos los habitantes son homosexuales o son lesbianas.

¿Y son humanos?
Sí, tienen apariencia humanoide, es el viejo truco del cine de ciencia ficción de serie B.
En estos momentos, ¿en qué trabajas?
Acabo de trabajar junto a otro profesor como compilador del libro "Transhumanismo y cultura. Estudios en torno al mejoramiento humano" para la universidad donde laboro, es una colección de ensayos de diversos académicos acerca de cómo se expresa el transhumanismo en diferentes expresiones culturales y acerca de lo que hacia el futuro entraña el transhumanismo. Asimismo, solo por diversión, hace un par de días abrí un blog llamado "experimentosricardo.blogspot.com", si quieres puedes ver las dos primeras entradas desde mi página de Facebook.

Hacía adelante, seré otra vez el compilador del volumen 2 de "Transhumanismo y cultura" en la misma institución donde trabajo.
 
***
 
Esta es la primera página de “Planeta homo”
El 21 de enero de 2310 y en medio de una espesa neblina, la nave terrestre Aaron 10 con sus tres tripulantes arribó al planeta Felicia. Éste era un mundo con unas condiciones atmosféricas y climáticas muy similares a la Tierra, con continentes más diminutos que los terráqueos y unos océanos mucho más dilatados pero, lo más importante, era el primer planeta habitado por seres inteligentes que los humanos se habían topado en toda su historia. Cuando hacía diez años un satélite de los Homo sapiens sapiens había confirmado que Felicia estaba habitado, en la Tierra explotó un carnaval. ¡Por fin se confirmaba que había otras civilizaciones en el universo! ¡Por fin los humanos dejaron de sentirse solos en un cosmos yerto e indiferente! Durante los siguientes diez años, vía satélite los humanos habían averiguado cuanto habían podido de los felicianos y de este modo habían llegado a varias conclusiones: La primera era que los habitantes de aquel mundo lo denominaban “Felicia” y que entre ellos se reconocían como “felicianos”; la segunda era que estos extraterrestres se encontraban por detrás de los humanos en cuanto a desarrollo tecnológico, por decirlo de algún modo, la civilización feliciana se hallaba en un punto similar a aquel donde estaba la raza humana hacia finales del siglo XX; el tercer punto es que los felicianos poseían una apariencia humanoide, tendían a ser más bajitos, delgados y calvos que los humanos  promedio, pero coincidían con nosotros en que se presentaban también en diversas razas; el cuarto aspecto era que, igual a como se encontraban los humanos a fines del siglo XX, los felicianos todavía estaban divididos por países (hecho que en la Tierra se había superado hacía por lo menos cien años). Una vez los satélites humanos recuperaron estos datos y otros que no viene al caso mencionar, el gobierno terrestre decidió enviar un primer grupo de tres exploradores para hacer contacto con los felicianos in situ. Previamente se había discutido si valía la pena avisar a los felicianos de la visita, pero finalmente se había resuelto que, con todo y los peligros que la misión acarreaba, los primeros astronautas a Felicia viajarían de incógnito. De este modo, cuando el referido 21 de enero de 2310 los tres cosmonautas llegaron, lo primero que hicieron fue observar algunas grabaciones con las instrucciones para el histórico primer contacto cercano que la humanidad tendría con extraterrestres.

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