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Cultura

Cultura Poesía

Sebastián Santacruz

07/03/2019

Volumen 5 - Nº 46 mar./2019
ISSN: 2422-2216

Cultura Poesía

# 1
Ulises y las sirenas…
¿pero
y si el canto de la muerte
era para el barco
y no para los hombres?
 

Odiseo se hizo amarrar al mástil
pero el cuerpo que temía por la muerte
no era el de la carne
sino el de la madera
que se perdería con los restos de otras naves
hecho astillas y naufragio
para que las sirenas habitaran
el vaivén de su morada
 
Y quizás Ulises
sin saberlo
hizo al barco humano
partícipe de su destino
mortal y temerario
y sin duda Homero
no entendió que la muerte
era del bajel
sin nombre a través del tiempo
objeto de la furia y la lujuria
de dioses y sirenas
perdidas para siempre
sus historias de remos y de velas
olvidadas sus cicatrices
de sales y de vientos
 
¿y si el canto de la muerte…
 
#2
Soy pavimento roto
carretera abierta, polvo levantado
el puñal lo llevo en mi mano
la sangre no es mía
 
Soy camino intransitado
un derrumbe y un barranco
en una vereda sin perros
 
Los árboles aquí no tienen dueño
ni las casas nombres
ni cuerpo los recuerdos
 
Camino hasta donde la trocha se divide
me voy por ambos lados
no importa nada porque llego al mismo sitio
y todo por aquí es lo mismo
 
A Gerardo lo han matado
con su propio puñal
es el mismo que llevo en la mano
pero no he sido yo
lo juro por Dios
la sangre de no es de él
sino del becerro
el último que le quedaba
algo hay que comer
 
Aquí ya no somos nadie
no somos porque ni nos miramos a los ojos
pura trocha y polvo
sed y pasto seco
 
No he vuelto a ver a nadie
y todavía tengo el puñal;
estar solo es duro
no hay nadie que me quiera matar
 

col1im3der

#3
Él soñaba con peces húmedos
empapados por dentro
pero afuera todos rodeados de calor
 
Él soñaba y le dolía
que los peces tuvieran
solo una hora al día
de contacto con el agua
así que los lloraba despierto
porque decía verlos
nadar en su retina
 
Cuando volví de verlo
no supe bien qué pensar
no era un loco y yo lo sabía
pero cómo decirle
que los peces habían muerto
largo tiempo atrás
caminando entre la selva
o ahogados en la ciudad
 
«Enterremos el mar hasta secarlo»
le dije
citando un verso de Maqueira
pero no era Diego a quien yo invocaba
sino a mí
porque mis palabras cargan
con toda esa sangre animal
pues yo fui parte del régimen,
robé la noche a las estrellas
sembré corazones al aire libre
atestigüé
la marca dura del hombre y del mal
y al cabo de tanto
de tantos años ya
me vine a derrumbar
frente a unos ojos húmedos que hacen de hogar
para los peces de la memoria
 
Estas no son horas en la vida
para andar curando enfermos
o animar poetas
lo hecho hecho está
pero la verdad
si pudiese volver atrás
le diría a toda esa sombra animal
que en algún lugar en el futuro
existirán unos ojos
más profundos que el mar
y que el paraíso siempre llega
así nos cueste un par de vidas más
 
#4
Hay en esta ausencia
un cierto dejo de luz
una penumbra invisible
que humildemente
abarca todo lo que veo.
 
No sé qué ocupó antes el lugar del vacío
-cierta parte del mundo
se reclama en los caminos perdidos,
en las madrugadas que nunca llegarán-
pero era parte de él
esa potencia de lugar sin habitar
de la que todos estamos hechos.
 
Un jardín
y los olores que brotan
del vientre de la semilla.
La decadencia del cidrón
siempre estuvo allí adentro
compartiendo espacio
con lo que todavía no era hoja
ni tallo
ni tan siquiera el propio brote.
 
Existe
porque siempre ha existido
la luz transparente
que llamamos ausencia;
hay en el estar
un dominio minúsculo
del vacío,
y en el propio vacío,
la potencia de habitar de nuevo.
 

col1im3der

#5
Tu presencia es pura intemperie
 
Tu rabia es un sueño homicida
Y yo la fosa común de los miedos
 
Porque a veces siento que entre mis senos
Se refugian
Todos los marginados del mundo
Las ánimas perdidas
Ese calor único que vibra con los animales heridos
 
 
Pero en otras ocasiones tan solo soy yo
Indiferente a mi cuerpo
 
Me entero que vivo cuando unos pocos pensamientos me asisten
Y me quedo para mí apenas los primeros
Los más elementales
 
¿Qué es esto?
 
Pues esto es mi cuerpo
 
¿Cómo lo habito?
 
Hay tanto espacio aquí adentro, los techos son altos y el corredor muy muy largo
 
Y si me asomo por una ventana
Veo un campo, una faz, un huerto
Algunas veces muerto
Otras florido
Y resalta sobre mí el contorno de la hoja
El filamento de la herida
Hondura que calla la ponzoña
De los gritos que nunca pude ni tuve
Pero a veces se prenden, se enciendan
Como montones de paja y de leña
Estratégicamente colocados entre mi arado
Para sobrevivir a la noche, a la quema del frío
Y así cuido de mí con un cariño delegado
Como si yo no fuese mi propietaria
Ni mi trabajo ni mi sustento
La tierra es de otro
 
Y no sé realmente cuántos desfallecidos
Puedo llegar a cargar conmigo
 
Pero no sé ni lo que digo
No conozco el campo
Nunca he arado con las uñas la tierra
Me mino como protegiéndome de mí misma
Por eso las manos no explotan cuando desfilan
Desnudas entre mi cuerpo
 
Ante ti soy una herida de orgullo
Un lugar maldito, yo qué sé
Una piedra en un camino hecho de piedras
Una chica ingenua
Una cosa sin forma, una mentira
Un azote
Un papel en blanco y a la vez un esfero sin tinta
 
Pero yo soy refugio
 
Tu presencia, la intemperie
 

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