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Cultura

Los dos negros grandes de América: centenarios clave en la música del Caribe

Elkin Saboyá

09/05/2019

Volumen 5 - Nº 48 may./2019
ISSN: 2422-2216

Los dos negros grandes de América: centenarios clave en la música del Caribe

El 24 de agosto del presente año se cumplirá el primer centenario del natalicio de Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez (Santa Isabel de las Lajas, 1919 – La Habana, 19 de febrero de 1963), una vida lastimosamente corta que le alcanzó, no obstante, para ser un referente de los cantantes latinos.

Gilberto Alejandro Durán Díaz (El Paso - Magdalena, 9 de febrero de 1919 - Montería, 15 de noviembre de 1989), cuyo centenario acaba de cumplirse, vivió casi el doble y también le alcanzo para ser figura referente de la música vallenata y, en general, del acordeón. Son estos los dos negros grandes cuya trayectoria vale la pena comparar.

Benny Moré mostró inclinación por la música y aptitudes para ella, desde chiquito. Puede ser solo leyenda, un bonito cuento, que se fabricó una guitarra con un carrete de hilo y una tabla, base del conjuntico que formó con sus hermanitos. Lo de Alejo Durán, en cambio, resultó una vocación tardía, cuando ya sus hermanos dominaban el acordeón. Benny, como nieto del rey del Casino de los Congos[1], tuvo allí la entrada franca y aprendió a tocar los tambores yuka y makuta, así como el tres. Desde entonces combina su formación musical con el trabajo en el ingenio. Mas rondando los veinte decidió probar fortuna en La Habana y, para 1944, ya era todo un cantante profesional. Durán, en cambio, se crio en una hacienda ganadera y vino por fin a grabar su música hacia 1950, en discos de 78 revoluciones que el propio músico tenía que comercializar.

Aquí se acaba el paralelo. Se acaba, pues la carrera meteórica de Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo, duró poco menos de dos décadas. En ese lapso, fue cantante de los Matamoros, de Pérez Prado y otros genios de la música cubana, para terminar con la batuta de su propia Banda Gigante, su tribu. A su triunfo musical se sumó la gran difusión que alcanzó en toda Latinoamérica, gracias al cine mejicano. ¿Por qué murió tan joven? Por los excesos que  suelen acompañar la vida de la gente del espectáculo y que desembocaron en una cirrosis fulminante. La carrera musical de Durán, en cambio, abarcó varias décadas. Cuando su gran triunfo, en el Festival Vallenato de 1968, Moré ya tenía un lustro de difunto. Alejo, por contraste, no militó en las filas musicales de otros y su repertorio era mayormente propio. Conoció la gloria y el declive, como cuando no pudo retener la corona en el primer Festival Rey de Reyes (1987).

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Moré, con traje pachuco, al frente de su tribu. Foto: radiorebelde.cu

Tuvo la prudencia de alejarse pronto del alcohol, por conciencia del valor de su arte. Tuvo, tal vez, la imprudencia de concebir un estrecho y celoso tradicionalismo que lo apartó de caminos que lo hubieran hecho famoso allende nuestras fronteras[2], oportunidad que no dejaron pasar Alfredo Gutiérrez, Aníbal Velásquez y otros. Escrúpulo que tampoco tuvieron los cubanos, guarachando o mambeando nuestros Pachito Eché[3], San Fernando y La múcura[4].

El Sonero Mayor de Cuba descansa en su Santa Isabel de las Lajas querida y su tumba es monumento nacional desde 2009. A Durán lo venció la diabetes en Montería y fue devuelto a la tierra en Planeta Rica (Córdoba). Los homenajes contemplados en la Ley 1860 de 2017 eran, hasta hace poco, un “canto a la bandera”.

Un último contraste: mientras que a Moré lo apellidaban bárbaro en la última acepción que trae el Diccionario, de Durán no puede decirse que fue el mejor cantante, compositor o acordeonero. Tuvo condiciones, sin embargo, y eso que hoy llamamos carisma para hacerse legendario en el folclor vallenato.

Para conocer la obra de Benny Moré bien puede iniciarse por las citadas composiciones colombianas. En cuanto a Alejandro Durán, podría acudirse a una cumbia que transporta a otro mundo, Atardecer sinuano.

[1] El casino era el sitio de conservación de la cultura africana, establecido con la abolición de la esclavitud en la Isla, en 1886.
[2] No obstante haberse presentado en Méjico y Nueva York.
[3] Y no han caído al olvido, como se ve por la versión de La Original de Manzanillo.

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