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Cultura

Una joya en Sofía

Andres Muñoz

09/10/2021

Volumen 7 - Nº 74 oct./2021
ISSN: 2422-2216

Una joya en Sofía

En estos momentos de aislamiento preventivo obligatorio, debido al mundialmente conocido Covid-19, que ha afectado personas de todas las clases, razas, géneros, edades, etc; pensaba en un tema que nos sacara de lo que han denominado como bombardeo de hiper información, en especial de noticias nada alentadoras.

Por ello, decidí acudir al recuerdo y escribirles de una iglesia que conocí en febrero de este año, que se podría considerar mítica en cuanto al culto de la pintura, puesto que esta estructura es patrimonio de la humanidad declarado por la UNESCO desde 1979, por los increíbles frescos considerados como de los mejores conservados del medioevo.

Les hablo de la iglesia de Boyana, una pequeña capilla ubicada en las afueras de Sofía, capital de Bulgaria, a la cual se accede desde la ciudad en bus público que lo deja a unas escasas tres cuadras de la entrada del complejo. Pues además de la iglesia, lo que se puede apreciar, o bueno lo que la nieve me permitió ver fueron las tumbas de miembros de la familia real de Bulgaria, entre ellos, la esposa en segundas nupcias del Rey Fernando I, la Reina consorte Eleonora, de quien dicen que en 1912 salvo a la capilla de su destrucción, debido a que pretendían construir un templo más grande. Y cuya tumba fue saqueada en el periodo comunista.

La primera construcción de la iglesia de Boyana, una joya en la ciudad de Sofía, data del siglo X y su ampliación fue llevada a cabo por orden del sebastrocrátor (título nobiliario) Kaloján y su esposa Desislava alrededor de 1259. Personajes estos, que son protagonistas de un fresco, el cual se conserva en muy buenas condiciones al interior del templo, pues de las pinturas de la primera construcción casi no se encuentra ninguna en buen estado, otras fueron borradas y reemplazadas por nuevas elaboradas en la segunda construcción y por las cuales es mundialmente conocida esta preciosa y mítica Iglesia.

Al llegar hay que comprar una boleta que tiene un costo aproximado de $21.000 pesos, por adulto, y se accede a unos jardines hermosos, los cuales se hacían más especiales por los altos arbustos cubiertos de nieve, se recorre un sendero de aproximadamente 200 metros y luego se encuentra de repente con una pequeña y austera construcción, que alberga en su interior el tesoro. Cuando abren la puerta, se ingresa a un vestíbulo, en el que imparten algunas recomendaciones, cuentan un poco de la historia y advierten que no es permitido tomar fotos, para evitar causarle daño a las pinturas. Posteriormente abren una pequeña puerta que da acceso a la cámara principal, en la cual resguardan los frescos a una temperatura determinada para su cuidado y solo se puede permanecer máximo 15 minutos al interior; en este corto tiempo hay que admirar con detenimiento los detalles de las maravillosas obras que allí reposan. 

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Interior de la iglesia de Boyana - De Interact-Bulgaria - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0

Las pinturas que se encuentran en este templo tienen rasgos característicos de la edad media, como las figuras estilizadas y los ojos achinados, entre las cuales se destacan personajes de gran importancia para el santoral ortodoxo, como San Nicolás (sí, el mismo papá Noel), también imágenes de Jesús y por supuesto gobernantes de la época como el Zar Constantino I y su esposa la Zarina Irina.

Lamentablemente, no hay mucha información acerca de los Maestros artistas creadores de estas maravillas pictóricas, pero entre los estudiosos de estas cuestiones se ha llegado a aseverar que hay una estrecha relación entre esta iglesia y una ubicada en Padua (Italia) llamada la capilla de los Scrovegni (en próxima ocasión escribiré sobre ella), terminada alrededor del año 1305 y cuyo Maestro pintor fue el importante y reconocido Giotto; otras voces le atribuyen las pinturas de Boyana, a una escuela de arte de la ciudad de Veliko Tárnovo, capital del imperio Búlgaro en su máximo esplendor de la edad media. Pero independiente de quien haya sido el creador de estas maravillas, solo queda agradecerle y admirar su obra que ojalá siga así de conservada por muchos años más.

Es preciso señalar que las iglesias ortodoxas, por lo general, a diferencia de las católicas, no tienen esculturas o estatuas de sus santos, sino grabados, pinturas y frescos, destacando sus iconostasios y retablos.
Finalmente, me queda dar algunos aspectos prácticos para llegar hasta allí: no hay vuelos directos desde Bogotá hasta Sofía, por lo que es recomendable y por lo general más económico, sería viajar hasta Madrid y allí tomar un vuelo a Sofía; nosotros fuimos en invierno y nos fue muy bien, pero debo advertir que en esa temporada es mejor ir bien abrigado para soportar el fuerte viento, el frío y la nieve, se puede llevar buen calzado antideslizante; la gente local es muy amable y causamos sensación cuando hablamos en español. Hay que destacar de Sofía, sus medios de transporte,  tienen metro subterráneo, líneas de tranvía en el centro y buses, aunque no son los más moderno cuentan con muy buena señalización, pero hay que tener cuidado porque el idioma búlgaro es una lengua que usa el alfabeto cirílico, por lo que se dificulta para los que tenemos el alfabeto latino; la moneda local es el Lev, el cual resulta bastante benéfico para nuestro cambio, pues es mucho más económico que el Euro. Además, los precios en general del hospedaje, el transporte, la comida y los suvenires, son muy asequibles.

Cuando termine esta pandemia y se permitan los vuelos internacionales, les recomiendo visitar este sitio, una obra artística sin igual. Mientras tanto, se pueden antojar con las fotos que circulan en internet.

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