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Museo UR

El mes del patrimonio cultural: ¿qué celebramos?

Ingrid Frederick Obregón

09/10/2020

Volumen 6 - Nº 64 oct./2020
ISSN: 2422-2216

El mes del patrimonio cultural: ¿qué celebramos?

El pasado 11 de agosto celebramos 45 años de la Declaración del Claustro Mayor de Nuestra Señora del Rosario como Monumento Nacional mediante el Decreto 1584.
 

Esta decisión tomada en 1975 se podría interpretar como una medida sobre todo de valoración patrimonial en un momento en que se buscaba construir un inventario del patrimonio cultural nacional, al tiempo que tenía como objetivo por una parte de proteger éste de ciertas amenazas como el rápido desarrollo urbano y por otra parte evidenciar los intereses de modernización de las ciudades que ya habían causado pérdidas irreparables en el legado histórico de las ciudades colombianas. En términos de salvaguardia del patrimonio del Claustro, para el momento de la declaratoria de 1975 ya este lugar y sus colecciones contenidas en estos espacios, habían logrado sobrevivir a pesar de las dificultades presentadas en sus más de tres siglos de historia. Más importante aun, había podido mantener su finalidad educativa, la cual considero, ha mantenido vivo el sentido de estas materialidades que se reflejan en sus espacios, muros, y diversas colecciones artísticas y documentales.
 
Desde el momento de esta declaratoria como Monumento Nacional se ha visto transformar este concepto de patrimonio cultural. A través de estas más de cuatro décadas se ha ido reemplazado la primacía del valor de monumentalidad por la visión más amplia de patrimonio como todos los objetos tangibles e intangibles con significación cultural. La búsqueda de los testimonios de lo nacional se ha ido ampliando también por el interés por visibilizar lo local. Al interés por la materialidad de los bienes se ha sumado una adquisición de una nueva conciencia de que la materialidad es tan sólo un contenedor de valores de tipo intangible. Es así como en el uso y apropiación del Claustro se ha visto reflejado este cambio en la consciencia patrimonial, y cada vez más se ha adquirido una posición reflexiva en torno a la valoración y gestión patrimonial del Rosario. Esta mirada reflexiva en torno al patrimonio cultural de la institución se refleja en uno de los grandes hitos que fue la consolidación de una Unidad de Patrimonio Cultural e Histórico desde el año 2011, que está a cargo del Archivo Histórico[1] y del Museo de la Universidad del Rosario, así como del Grupo de Investigación de Historia Institucional y de la Revista Nova et Vetera, la revista universitaria más antigua del país.
 

Galería de retratos en la Sala de Juntas de Rectoría. Fotgrafía: I. Frederick (2020)

Sala “Nova et Vetera” sala permanente de exposición del Museo de la Universidad del Rosario al ingreso del Claustro del Rosario. Piso 1
Fotografía: I. Frederick (2020)
 

Claustro de Nuestra Señora del
Rosario. Vista desde el Segundo Piso hacia la estatua del Fundador Fray Cristóbal de Torres y Motones, realizada por el artista barcelonés Dionisio Renart García e instalada en 1909.
Fotgrafía: I.Frederick (2020)

Muro de fondo del Aula Máxima, galería de retratos en el segundo piso del Claustro del Aula Máxima. En el centro se observa una imagen de la Virgen de la Bordadita, advocación de Nuestra Señora del Rosario conocida con este nombre por su técnica de elaboración.
Fotgrafía: I.Frederick (2020)
 
 
Origen de la conmemoración en Septiembre como Mes del Patrimonio Cultural
 
En el mes de septiembre hemos visto un número de iniciativas de museos e instituciones culturales en todo el país hacer honor al patrimonio cultural. ¿A qué se debe esta celebración y desde cuándo se comenzó a realizar?
 
Aunque un sinnúmero de instituciones están participando en esta conmemoración promoviendo actividades educativas así como estrategias comunicativas alrededor del tema patrimonial, resulta poco o inexistente la mención al origen de estas celebraciones.
 
Esta conmemoración se remonta al año 1998, año en el cual se fija esta iniciativa a partir del Decreto 853 expedido el 7 de mayo de 1998 por el Ministerio de Cultura de Colombia para declarar la celebración del “Día Nacional del Patrimonio Cultural” en todo el territorio colombiano el segundo domingo de septiembre. Este es expedido el 7 de mayo de 1998 estando en oficio la primera persona designada en el cargo de Ministro de Cultura, el gestor cultural Ramiro Osorio. Algo interesante es que la única excepción mencionada en este documento es que la primera fecha designada para estos fines es el 5 de julio de 1998, aunque se ignora el motivo.
 
En cuanto al significado del mes de septiembre, no se especifica pero es posible que tenga relación con las Jornadas de Patrimonio Europeo, que oficialmente instituyó el Consejo de Europa desde el año 1991 y continúan desarrollándose cada año en Europa. Estas jornadas tienen su origen en una iniciativa del Ministro de Cultura Francés Jack Lang, quien instituyó en 1984 el tercer domingo de septiembre la primera actividad con el título de “Journée portes ouvertes dans les monuments historiques” (Jornadas a puerta abierta de los monumentos históricos). Esta iniciativa nació con el objetivo de abrir las puertas de los monumentos permitiendo su acceso gratuito, de manera que se pretendía logar una mayor difusión así como posibilitar el acceso a la cultura al mayor número de personas posibles. Siendo un éxito la primera jornada, el ministro francés propuso durante la segunda conferencia del Consejo de Europa llevada a cabo el 3 de octubre de 1985 en Granada (España) que esta iniciativa se llevara a cabo en todos los países del continente. A partir de esta propuesta se fue implementando en diferentes países de Europa hasta que en el año 1991 estas actividades se consolidaron como las Jornadas Europeas de Patrimonio (“Journées européennes du patrimoine”/”European Heritage Days) con el objetivo de crear conciencia y fomentar la apreciación de la diversidad de legados culturales europeos, así como de la necesidad de cuidarlos y protegerlos para las futuras generaciones. Estas actividades todavía se celebran cada año en septiembre con una temática en particular cada año. En algunos casos son llamados Jornadas de Puerta Abierta del Patrimonio (“Heritage Open Days”), e involucran a los 50 países adscritos a la Convención Cultural Europea (European Heritage Days 2020).  Algunos de los países en América Latina que adoptaron conceptos similares, además de Colombia, fueron Argentina quque lo celebra también en el mes de septiembre y Uruguay que lo celebra en octubre.
 
Palacio Versalles, uno de los emblemáticos monumentos franceses que han hecho parte de la iniciativa de Jornadas de Puertas Abiertas o Jornadas de Patrimonio. La primera iniciativa se llevó a cabo por primera vez en Francia con el título “Journée Portes Ouvertes dans les Monuments Historiques” el 23 de septiembre de 1984.
Fotografía: I. Frederick
 
 
 
Volviendo al contexto colombiano, el establecimiento de la conmemoración del día del Patrimonio Cultural nace poco después de la constitución del Ministerio de Cultura, entidad creada solamente el año anterior por medio de la Ley 397 de 1997, conocida como la Ley General de Cultura. Entonces, ¿qué se pretendía al promover esta iniciativa?
 
Esta iniciativa surge en el marco del gran hito para la legislación cultural y la salvaguardia del patrimonio cultural en Colombia que surgió en 1997. Este momento marcó un cambio en la conceptualización del patrimonio cultural, pues a partir de la ley 397 se define en términos generales no sólo qué se entiende por patrimonio cultural en el marco legislativo nacional, sino también se definen las responsabilidades del Estado y de las personas por identificarlo, valorarlo y protegerlo. En este sentido, se menciona que la protección, conservación y divulgación tienen el propósito de servir como “testimonio de la identidad cultural nacional, tanto en el presente como en el futuro”. Adicionalmente, este documento legal refleja la nueva visión de país que quedó incrustada en la Constitución Política de Colombia de 1991 promoviendo una perspectiva desde el multiculturalismo. Es importante resaltar que por primera vez en nuestro contexto se define legalmente el patrimonio cultural incluyendo tanto los bienes materiales como los valores culturales. Esta definición se presenta el artículo 4º de la Ley General de en los siguientes términos:
 
“El patrimonio cultural de la Nación está constituido por todos los bienes y valores culturales que son expresión de la nacionalidad colombiana, tales como la tradición, las costumbres y los hábitos, así como el conjunto de bienes inmateriales y materiales, muebles e inmuebles, que poseen un especial interés histórico, artístico, estético, plástico, arquitectónico, urbano, arqueológico, ambiental, ecológico, lingüístico, sonoro, musical, audiovisual, fílmico, científico, testimonial, documental, literario, bibliográfico, museológico, antropológico y las manifestaciones, los productos y las representaciones de la cultura popular” (Ley 397, 1997).
 
Es importante reconocer este gran paso de lograr incluir una definición que amplió la noción de patrimonio cultural. Marca un cambio de visión al ir más allá de lo arquitectónico, artístico o arqueológico que eran las tres principales ejes que habían sido objeto de discusión en el ámbito patrimonial en Colombia antes de este momento. A partir de este concepto se enmarca la identificación, valoración, protección y gestión de lo que se va a considerar dentro de los límites del campo patrimonial. Así mismo, a este concepto se adherirán más desarrollos conceptuales con nuevas tipologías que se van consolidando en el desarrollo del marco legislativo internacional y a las cuales Colombia paulatinamente se va adaptando. Algunos ejemplos de este proceso son la adopción del concepto de paisaje cultural (una tipología de patrimonio mixto¾cultural y natural¾que surge en los años noventa a partir de los nuevos desarrollos conceptuales relacionados con la implementación de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural creada por la UNESCO en 1972 y ratificada por Colombia en 1983). Otro caso que marcó un hito en el estudio y la gestión del patrimonio fue la inclusión del concepto de patrimonio cultural intangible que se desarrolla en el marco de la implementación de la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, creada en 2003 por la UNESCO y ratificada por Colombia en el 2008 (Ministerio de Cultura, 2020).
 
Entonces, ¿cuál patrimonio celebramos hoy en día con esta conmemoración del mes de patrimonio? Aunque la conmemoración del patrimonio desde su origen viene desde una iniciativa oficial principalmente promovida por el Ministerio de Cultura a través de la Dirección de Patrimonio y sus entidades y museos adscritos, esta iniciativa se ha permeado entre distintas entidades como la academia, las instituciones culturales privadas y las entidades de gobiernos locales. Esto ha hecho que se haya transformado de una celebración del patrimonio cultural colombiano desde una instancia de lo nacional, a una oportunidad también para celebrar la diversidad del patrimonio desde lo regional y local, el patrimonio tanto tangible como intangible, así como el patrimonio tanto natural como cultural. Además es una invitación a llevar a cabo reflexiones cada vez más críticas en torno a cómo nos relacionamos con el patrimonio, qué identificamos por patrimonio y porqué, cómo pretendemos cuidarlo así como acompañar el proceso de adaptación durante los tiempos cambiantes.
 
Algunos antecedentes a la protección patrimonial en Colombia: tensiones entre la ciudad antigua y la ciudad moderna
 
La preocupación por la protección del patrimonio cultural surge sobre todo durante el siglo XX. Durante el siglo XIX la conservación de las edificaciones estuvo principalmente determinada por razones prácticas y económicas mas no conceptuales. Durante la segunda parte del siglo XIX varios claustros de Bogotá como el Claustro de Santo Domingo, el de Santa Clara, Santa Inés, La Candelaria, San Francisco y San Agustín fueron algunos de las edificaciones que fueron designados para nuevos usos públicos. Según Alberto Escovar Wilson-White (2019) fue esta versatilidad arquitectónica de este tipo de edificaciones que les garantizó su conservación, al menos de forma temporal.
 
Durante la primera mitad del siglo XX las principales ciudades en Colombia sufrieron un incremento poblacional significativo. En 1938, el 31% de la población era urbana, y para 1964 ésta se incrementó al 52% (Ocampo 1987: 259 en Escovar 2019: 147). Durante este primer periodo del siglo XX se tomaron un número importante de decisiones de planificación urbana que resultaron en la demolición de edificaciones históricas de ciudades, especialmente en Bogotá. Algunos de los casos más polémicos fueron la demolición en 1938 del antiguo claustro de Santo Domingo, que había nacido realmente con el nombre de “Nuestra Señora del Rosario”, la patrona de la Orden de Predicadores. Este convento, construido en 1577, quedaba entre la carrera séptima y octava y actuales calle doce y trece, Calle del Chorro de Santo Domingo y Calle del Rosario (Rueda Cáceres 2018). Este gran complejo, incluida la iglesia adyacente que también se demolería unos años más tarde, era un hito arquitectónico y urbanístico de la ciudad, ubicada a unas cuadras de la Plaza Mayor. Es importante resaltar que la Orden de los Dominicos estuvo entre las primeras órdenes religiosas en llegar a la Nueva Granada y que en Santafé fundó su primer convento en 1550, el cual fue considerado el principal convento dominicano y “uno de los más influyentes entre todas las órdenes religiosas” (Elvis Plata 2015: 81).  En el predio del claustro se construyó el Palacio de las Comunicaciones, conocido actualmente como el Edificio Manuel Murillo Toro, inaugurado en 1941.
 
Otro caso controversial fue el del Templo de Santa Inés, construido entre 1638 y 1645 y ubicado antiguamente entre la actual carrera décima y calle décima en la ciudad de Bogotá. “Con la ampliación de la carrera Décima la iglesia fue demolida en 1956, a pesar de las fervientes críticas a la destrucción del patrimonio colonial de la ciudad y el recuerdo fresco en la memoria de lo ocurrido con el claustro de Santo Domingo” (Niño Murcia y Reina Mendoza 2014: 259). Al ser este proyecto objeto de gran debate en la sociedad bogotana, se plantearon diversas alterativas como trasladar la iglesia (El Espectador, 1951-8-11, p. 3 en Niño Murcia y Reina Mendoza 2014: 259) o hacer una glorieta o roundpoint para permitir salvar la iglesia (El Espectador, 1951-8-11, p. 3 en Niño Murcia y Reina Medoza 2014: 259.
 
Las obras de arte y los elementos de decoración interior del templo fueron trasladados antes de que iniciaran los trabajos de demolición el 13 de noviembre de 1956 (Niño Murcia y Reina Mendoza 2014: 259). Durante un trabajo de exploración realizado por el arqueólogo Luis Duque Gómez en febrero del mismo año se descurbieron 141 tumbas, incluyendo la tumba del sabio José Celestino Mutis, cuyos restos se trasladaron a la Capilla de la Bordadita, debido a su relación con el Rosario al haber sido uno de los catedráticos más emblemáticos del Colegio Mayor.
 
Título: Insertando imagen...
Monumento funerario a José Celestino Mutis
Giulio Corsini
Mármol
c. 1957
Museo de la Universidad del Rosario
 
 
 
Un gran logro por el “patrimonio histórico, artístico y monumentos públicos”: la Ley 163 de 1959
 
Luego de ser el país testigo de múltiples destrucciones del legado cultural e histórico de las principales ciudades, y ante la visible necesidad de proteger el patrimonio antiguo y prehispánico de Colombia, surge la primera acción legal del estado para proteger el patrimonio cultural del país. El 30 de diciembre de 1959 el Congreso de Colombia emite la Ley 163 de 1959, “Por la cual se dictan medidas sobre defensa y conservación del patrimonio histórico, artístico y monumentos públicos de la Nación” (Diario Oficial de la República de Colombia 1959).
 
Es importante anotar que uno de los mayores promotores de esta nueva legislación fue Luis Duque Gómez, el mismo arqueólogo a cargo de la exploración, rescate y traslado de la tumba de Mutis encontrada en el Templo de Santa Inés. Adicionalmente, esta ley contaba con varios antecedentes a nivel internacional por medio de los cuales se fomentaba una sensibilización por el patrimonio cultural de los países. Aquí se encuentra el caso de la Convención de la Haya de 1954, promovida la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura, Educación y Ciencia (UNESCO), organización creada sólo unos años antes, en 1945 como consecuencia de las devastaciones ocasionadas por la Segunda Guerra Mundial. La Convención de la Haya de 1954 pretendía combatir las amenazas de destrucción del patrimonio cultural arquitectónico así como las colecciones de bienes culturales a causa de los conflictos armados, como consecuencia de ver los aterradores efectos de la guerra en los museos, iglesias, bibliotecas y monumentos de las ciudades europeas. Aunque el objeto de esta convención es la protección del patrimonio en situaciones de conflictos armados entre diferentes estados nacionales (no incluye conflictos civiles al interior de los países), es posible que para el momento en que Colombia se adhiere a la Convención estuviera todavía fresco en la memoria de los colombianos la magnitud de los daños causados como consecuencia de las muestras de violencia como el ocasionado en Bogotá durante el Bogotazo el 9 de abril de 1948.  
 
Otro antecedente que contribuyó a la conceptualización de patrimonio en la Ley 163 de 1959 fue la VII Conferencia Panamericana celebrada en Montevideo en 1933. En esta conferencia se “recomendaba a los gobiernos de América que consideraran como monumento inmueble” no solo el patrimonio arqueológico e histórico precolombino y colonial, sino también “los que estén íntimamente vinculados con la lucha de la Independencia y con el periodo inicial de las repúblicas” (Escovar 2019: 152).
 
Esta visión del patrimonio está reflejada en la iniciativa de incluir en 1959 como monumentos nacionales los sectores históricos de las primeras ciudades fundadas en Colombia, muchos de los cuales tenían improntas de la época hispánica y el paso a la República. Estos son por ejemplo: los “sectores antiguos de las ciudades de Tunja, Cartagena, Mompox, Popayán, Guaduas, Pasto y Santa Marta” (especialmente la Quinta de San Pedro Alejandrino, y las residencias de reconocida tradición histórica)” (Ley 163 de 1959, artículo 4)”. La Quinta de San Pedro Alejandrino se había convertido desde el siglo XIX en un lugar de peregrinaje por su vínculo con el Libertador Simón Bolívar quien pasó sus últimos días de vida en este lugar, y adquirió desde muy temprano un carácter simbólico de la nueva república nacional.
 
Éste sería el único caso de una edificación específica que se nombra desde el momento de la expedición de esta Ley. El proceso de realizar los inventarios de patrimonio realmente sólo se impulsaría a partir del final de la siguiente década por medio de la creación del Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura) en 1968, entidad que comenzaría con las labores de identificación y de los primeros listados de bienes patrimoniales. Es en este marco que en 1975 por medio del decreto 1584 se presenta una extensa lista de lugares que deberían considerar como patrimonio cultural. Los monumentos nacionales presentados se dividieron en diferentes categorías: I) Edificios religiosos (con 17 elementos) II) Edificios públicos (4 elementos) ; III) Museos (7 elementos); IV) Colegios  (2 elementos) ; y V) Monumentos, Teatros, Templetes (10 elementos)
 
Es en la categoría de Colegios donde se hace la inclusión del “Claustro Principal del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario incluyendo la Capilla de la Bordadita.” Solamente hay dos elementos en esta categoría; el segundo es el Colegio Mayor de San Bartolomé en la Plaza de Bolívar. Sin embargo, vale la pena aclarar que también se incluye  otro antiguo Colegio Mayor. Dentro de la categoría “Museos”, se le da el mismo reconocimiento a la Casa de las Aulas (sede del Museo de Arte Colonial), donde se albergó el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús. Las historias de estos tres Colegios Mayores son cruciales para entender cómo se constituyó la educación en la Nueva Granada desde el siglo XVII.
 
Al mismo tiempo, en 1975 se incluyen bienes representativos del legado virreinal, como el Observatorio Astronómico Nacional, iniciativa de José Celestino Mutis. Se incluyen también bienes icónicos de la ciudad como las edificaciones que se encuentran alrededor de la Plaza de Bolívar: la Catedral Primada de Colombia, la Capilla del Sagrario y el Capitolio Nacional. La categoría más extensa es la de edificios religiosos, posiblemente los que más habían sufrido por pérdidas a nivel patrimonial en Colombia hasta ese momento, ya fuera por demoliciones resultados de proyectos de desarrollo urbano o por decisiones de tipo estético y cambios de gusto que en algunos casos ocasionaron renovaciones significativas que cambiaron parcial o hasta completamente su aspecto, eventos que ambos casos pueden constituir pérdidas irreparables. Una de las Iglesias mencionadas es la Iglesia de la Veracruz, ubicada en el Parque Santander, a unos pasos el Rosario. Para el Primer Centenario de la Independencia de Colombia, en 1910, es declarado Panteón Nacional, pues fue allí donde se dieron sepultura a los mártires de la Independencia, sacrificados en bajo decisión del General español Morillo durante la época de la Reconquista Española, también denominada Época del Terror. En este momento en particular la historia de este edificio se entrelaza con la historia del Claustro del Rosario, pues estos mártires fusilados en 1816 pasaron sus últimas horas en el Claustro y la Capilla de la Bordadita. El Claustro del Rosario fue tomado como prisión para los enjuiciados a muerte por traicionar al Rey de España, por decisión del General Morillo a su llegada a Santa Fe de Bogotá en mayo de 1816. Aunque no hay registros de los criterios de inclusión la declaratoria realizada en 1975, es muy posible que éste hecho también fuera determinante para asignarle esta valoración patrimonial al Claustro del Rosario, además de constituir un legado para la historia de la educación en el país y un legado heredado de la época colonial.
 
De Monumento a Bien de Interés Cultural y las nuevas visiones del Patrimonio del Rosario
 
Con la Ley 397 de 1997 que entra a reemplazar la anterior Ley 163 de 1959 de los monumentos, el Claustro del Rosario, así como todos los demás bienes declarados como monumentos nacionales de forma previas, empiezan a ser considerados bajo la denominación “bienes de interés cultural”.
 
Es interesante aclarar que esta valoración patrimonial realizada al Claustro, si bien técnicamente hace referencia al lugar y el patrimonio arquitectónico construido, en el Rosario ha sido siempre interpretado en su integridad con sus colecciones, que han creado históricamente una relación indivisible con estos espacios y viceversa.
 
Adicionalmente, en los últimos años se han abierto espacios de diálogo y reflexión sobre la gestión integral del patrimonio liderados por el equipo de Hábitat de la Universidad del Rosario que iniciado desde el 2015 un proceso de formulación del Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) del Bien de Interés Cultural del Claustro del Rosario, bajo el concepto de “campus urbano, una ciudad pedagógica”. En este proyecto influyen actores diversos como el Museo de la Universidad del Rosario, oficialmente constituido desde 2017, y que ha desarrollado un programa de visitas guiadas ofrecidas al público general lo cual ha permitido dar acceso de puertas abiertas al Claustro, un privilegio que previamente había sido reservado para los integrantes de la comunidad universitaria.
 
Es importante que en esta nueva perspectiva se integra la visión del Claustro que no se encierra dentro de sus muros y por el contrario, busca adentrarse en la ciudad. El campus universitario se ha integrado a la vida del centro histórico de la ciudad, se integra con el espacio público como el de la Plazoleta del Rosario y se ha ampliado la visión de la territorialidad del patrimonio, convirtiéndose el Rosario en un eje articulador de unas dinámicas vivas en el espacio público que circunda el Claustro. Es importante que más allá de la visión de la preservación material de un monumento y sus colecciones patrimoniales, el patrimonio cultural del Claustro está constituido por todo este conjunto cambiante de prácticas y usos culturales, así como de valores y patrimonio intangible asociado con la vida de la ciudad y la vida universitaria que se encuentran en este entorno.
 

Plazoleta del Rosario. Vista desde el Edificio Cabal que también hace parte del campus universitario. Agosto de 2020.
Fotografía: I. Frederick
 
 
 
 
REFERENCIAS
 
Diario Oficial de la República de Colombia. 1959. «Ley 163 de 1959». https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=326.
Diario Oficial de la República de Colombia. 1997. «Ley 397 de 1997». http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley_0397_1997.html.
Escovar Wilson-White, Alberto, y Darío Cardenas. 2019. Historia del patrimonio de Colombia. Aguilar. Bogotá.
European Heritage Days. 2020. «About us. European Heritage Days (EHD)». 2020. https://www.europeanheritagedays.com/EHD-Programme/About/About-Us.
Guillén de Iriarte, María Clara. 2003. Rectores y rectorías del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, 1653-2003. Biblioteca de historia nacional, v. 161. Bogotá, D.C., Colombia: Academia Colombiana de Historia.
Ministère de la Culture. 2020. «Naissance des Journées du patrimoine». 2020. https://www.culture.gouv.fr/Le-ministere-de-la-Culture-a-60-ans/60ans60dates#/samedi-22-septembre-1984-Naissance-des-Journees-du-patrimoine.
Ministerio de Cultura. 2020. «UNESCO». https://www.mincultura.gov.co/areas/patrimonio/unesco/Paginas/default.aspx.
Niño Murcia, Carlos, y Sandra Reina Mendoza. 2014. La carrera de la modernidad. Construcción de la carrera Décima. Bogotá (1945-1960). Bogotá: Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.
Plata, William Elvis. 2015. «Los Dominicos, la Tercera Orden y un orden social. Santafé de Bogotá, siglos XVI-XIX». Historia y Sociedad, n.o 28 (enero): 79-109. https://doi.org/10.15446/hys.n28.47965.
Rueda Cáceres, Liliana. 2018. «La demolición del convento de Santo Domingo». Archivo de Bogotá. diciembre de 2018. http://archivobogota.secretariageneral.gov.co/noticias/la-demolicion-del-convento-santo-domingo.
 
 
 
[1] El Archivo Histórico se encuentra ubicado desde 1985 en la Antigua Biblioteca del Claustro (Guillén de Iriarte 2003: 579). Dentro de sus colecciones se encuentran los documentos históricos y patrimoniales de la universidad y los libros de la biblioteca antigua del Colegio Mayor del Rosario.

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