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Museo UR

Joaquín Gutiérrez, avaluador de arte

Ingrid Frederick / Elkin Saboyá

09/10/2021

Volumen 7 - Nº 74 oct./2021
ISSN: 2422-2216

Joaquín Gutiérrez, avaluador de arte

Un documento del Archivo Histórico de la Universidad del Rosario nos brinda un dato para la biografía del artista Joaquín Gutiérrez y acercarnos al estudio del mercado del arte en el siglo XVIII en el Virreynato de Nueva Granada.
 

Los testamentos son fuentes para conocer la vida material de otras épocas, así como el ejercicio de ciertas profesiones. En este caso, el avalúo de los bienes de un difunto nos da la ocasión de conocer cómo estaba formada una colección particular de arte y cuánto valía cada pieza. Además, nos indica la identidad del avaluador: Joaquín Gutiérrez, maestro de pintura.

Joaquín Gutiérrez, pintor santafereño
Joaquín Gutiérrez fue un pintor activo en el territorio que hoy es Colombia, hacia la mitad del siglo XVIII y los inicios del XIX (no hay fechas de nacimiento o de defunción exactas). Se conoce muy poco acerca de la vida del pintor, por lo cual dar a conocer esta faceta desconocida del artista es de gran valor en el contexto de los estudios artísticos históricos.

En 1946, el historiador Gabriel Giraldo Jaramillo hace uno de los primeros registros del pintor en su libro Pintura en Colombia, afirmando que Gutiérrez:
“Se inicia en el taller de Nicolás Banderas, y el 1.º de febrero de 1750 coloca en la iglesia de San Juan de Dios el primero de la serie de 26 cuadros que sobre la vida del santo titular le encomendara fray Juan Antonio de Guzmán:
A mayor honra y gloria de Dios culto y Reverencia de nro. Glorioso Patriarca y Pe. San Juan de Dios y deseo de su mayor devoción para beneficio de los próximos y de su casa; se dio principio a la obra de los quadros de su vida los que se concertaron con Joachim Gutiérrez dándole el lienzo y bastidor a quarenta y ocho cada uno; y se obligó a hacer de valde los cinco que caen sobre puertas. Y don Joseph del Castillo concertó los marcos a diez pesos. Y es de advertir que los bastidores y lienzos no fue para todos igual su precio por tener algunos maior tamaño y otros menor” (Giraldo Jaramillo 1946: 85).

Hoy en día nos quedan los cuadros firmados y atribuidos a él, como la Alegoría de la defensa de unas conclusiones de Teología moral sobre el Sacramento de la Penitencia y los retratos del marqués de San Jorge y su esposa (Museo Colonial). En la pinacoteca del Rosario, se atribuyen varias obras a Gutiérrez, como son los retratos de los rectores Miguel José Masústegui y Árcher Calzada (rector durante cuatro periodos, entre 1745 y 1780) y José Joaquín de León y Herrera (rector entre 1759 y 1763), exhibidos en el Aula Máxima del Colegio Mayor, y otra pintura que representa la defensa de conclusiones de un colegial del Rosario, conocida como la Ofrenda del Colegial Pedro Pradilla y Silva (c. 1782).

Un avalúo, en 1754
El documento inicia con esas frases hechas de las diligencias judiciales: “En la ciudad de Santa Fe, a seis de junio de 1754 años, ante mí el escribano de Su Majestad”, se comenzó a disponer de los bienes del maestrescuela Francisco Pérez Manrique
 
Los albaceas del señor Manrique solicitan a don Francisco Lechuga, alcalde ordinario, “mandar nombrar avaluadores de las alhajas de plata y oro, sillas de asentar, cuadros, mesas y escritorios, colgaduras de cama y de casa, sillas de montar, para que según su leal entender, y debajo de la religión del juramento[1] aprecien dichos bienes” (subrayado nuestro).

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Los nombrados para el trabajo son: Alejo Padilla y José Cifuentes, para las alhajas de oro y plata; Pedro de Castro, “por lo que mira a sillas”; Antonio Bonilla, para carpintería; Joaquín Gutiérrez, para pintura; Victorino Pimiento, para sastrería; Jacinto Roque Infante, para vidrieras. Los maestros van encargándose de su respectiva tarea y así le llega el turno a Joaquín Gutiérrez, maestro de pintura, quien se presentó, el cinco de junio de 1754, ante el escribano Francisco Navarro Peláez, “en las casas que fueron de la morada” del señor Manrique. Aceptó el nombramiento de avaluador y juró “por Dios, nuestro señor, y una señal de cruz, de usar bien y fielmente del dicho nombramiento de lo que tocase a su oficio, lo que ejecutó en la forma y manera siguiente”. Sigue el listado de bienes artísticos, entre los que había:
-Una lámina de san José con marco, a razón de 20 pesos la pintura y 50 el marco
-Un cuadro de Nuestra Señora del Rosario, de dos varas de alto, con marco dorado, en 70 pesos
-Un cuadro de san Francisco de Paula, de vara y cuarta de alto, con marco dorado, en 40 pesos
-Un cuadro de Nuestra Señora de Belén, de vara y cuarta de alto, con marco dorado, en 55 pesos
-Un cuadro de Nuestra Señora de la Soledad, de dos varas y cuarta de alto, con marco dorado, en 40 pesos
-Un cuadro de san Juan Evangelista, de vara de alto, con marco dorado, en 20 pesos
-Una lámina de san Javier, de una tercia de alto, con marco negro, en 10 pesos
-Un cuadro de santa Ana, de vara y media de alto, en 26 pesos
-Una Nuestra Señora de medio relieve, de media vara de alto, dorada en 8 pesos
-Tres pergaminos de conclusiones, a 20 pesos cada uno, son 60 pesos
-Otro pequeño de tres cuartas de alto, en 8 pesos
-Dos países, de vara y media de ancho y de alto una vara, en 25 pesos cada uno, son los dos 50 pesos
-Un cuadro de san Roque, de dos varas de alto, en 35 pesos
-Un cuadro de santo Domingo sellano (sic), de dos varas de alto, en 18 pesos
-Un cuadro de dos varas de alto de santo Tomás de Villanueva, en 8 pesos
-Una lámina de un Niño de la espina, con marco negro, en 30 pesos
-Ocho cuadros de retratos, de a dos varas de alto, a 14 pesos cada uno, importan todos 112 pesos
-Un cuadro de san Cristóbal, de dos varas de alto, en 27 pesos
-Tres cuadros de países, a 10 pesos cada uno, son todos 30 pesos
-Dos cuadros de escudos de armas, a 6 pesos cada uno, son 12 pesos
-Otro de dichas armas, de marco verde, en 4 pesos
-Un cuadro de Nuestra Señora del Carmen, de tres cuartas de alto, marco dorado, 8 pesos
-Una nuestra Señora de Belén, con marco de carey y vidriera, de una tercia de alto, en 18 pesos
-Una lámina de san Antonio de Padua, poco más de una cuarta de alto, con marco dorado, en 7 pesos
-Una lámina de Nuestra Señora de las Nieves, pintada en vidrio, de media vara de alto y marco dorado, en 10 pesos
-Un cuadro de Nuestra Señora de Chiquinquirá, de tres cuartas de alto con marco dorado, en 11 pesos
-Un cuadrito de san Francisco sin marco, de una tercia de alto, 6 pesos
-Un cuadro de Santa Rita, con cuadro de madera por dorar, de media vara, 5 pesos
-Un cajoncito con un Niño con flores y vidriera, en 20 pesos
-Un san Antonio de bulto, de dos tercios de alto, en 6 pesos
-Un retablito dorado de vara y media de alto, con Nuestra Señora del Topo, en 40 pesos
-Dos países iguales a los otros, a 10 pesos cada uno, son 20 pesos
-Un cuadro de santo Domingo Soriano con marco dorado, de a dos varas menos cuarta de alto, 25 pesos
-Un cuadro de san Roque, de vara y cuarta de alto, marco dorado y mermellón, en 12 pesos
-Una lámina de Nuestra Señora de Belén, de tres cuartas de alto, con arco negro embutido en carey, en 25 pesos
-Un cuadro de san Antonio, de vara y media de alto, en 30 pesos
-Un cuadro de Nuestra Señora de Chiquinquirá, de vara y media de alto y dos varas de ancho, con marco dorado, en 45 pesos
-Una lámina, de media vara de alto, de san Luis Beltrán, con marco negro, en 6 pesos
-Un Cristo de estaño con cruz de carey, en 40 pesos, el que avaluó el ebanista en 25 pesos.
Con lo cual se acabó este avalúo que suma y monta la cantidad de 1117 pesos, y lo firmó, de que doy fe de ello,
Joaquín Gutiérrez, ante mí Francisco Navarro Peláez

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En este listado se mencionan 39 ítems de bienes artísticos, algunos de los cuales aparecen mencionados en conjunto: como “ocho cuadros de retratos, de a dos varas de alto, a 14 pesos cada uno, importan todos 112 pesos”. Todos estos bienes vendrían a conformar, en 1754, parte de la colección del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (Guillén de Iriarte 2003, 172), la cual ya se venía conformando, desde la época de la fundación, con la colección de fray Cristóbal de Torres y los primeros rectores.

Llama la atención que, hoy en día, en la colección muy probablemente no contamos con ninguno de los ítems mencionados, hasta donde sabemos. Se mencionan retratos de dos varas de alto (equivale a 1,6 m aproximadamente), que probablemente pueden tratarse de retratos de cuerpo entero, semejantes a los que conservamos en el Aula Máxima del Rosario. Al no incluir la mención de la representación de imaginería religiosa, podemos deducir que se trataría de retratos civiles y no de santos. Tampoco contamos actualmente en la colección de pintura del Rosario con los dos paisajes de gran formato registrados en el testamento con la palabra antigua empleada para paisaje (países): “dos países, de vara y media de ancho y de alto una vara, en 25 pesos cada uno, son los dos 50 pesos” (aproximadamente 1.6 m de ancho y 0.8 m de alto).

De las imágenes mencionadas y aquellas que están representadas en la colección, únicamente podemos mencionar un “cuadrito de san Francisco”. Si se trata de una tercia de vara podría ser equivalente a 25 cm, que no corresponde al formato de la pintura de San Francisco de la colección, de dimensiones mayores.
Vale la pena preguntarse a qué se refiere el escribano con la descripción de “tres pergaminos de conclusiones, a 20 pesos cada uno, son 60 pesos”. Al referirse a pergaminos aparentemente parecen bienes documentales, pues el pergamino es por definición una lámina de piel de cordero u otros animales, empleado como material de escritura. Sin embargo, por dos razones principalmente podemos creer que pueden tratarse de pinturas que han sido reconocidas como defensas de tesis o defensas de conclusiones, que representaban iconográficamente la finalización de ciertos procesos académicos. Primero, al estudiar el contexto donde encontramos esta mención, aparece en la lista de “bienes artísticos”. Segundo, al revisar el valor otorgado a los pergaminos, resulta evidente que el valor es semejante al de los cuadros que eran elaborados con materiales y técnicas costosas, como era la técnica de pintura al óleo. Por este motivo, podemos suponer que probablemente se trataba de escenas pintadas donde se representaban los logros académicos de una pequeña élite neogranadina. Es proabable que, tratándose de una significativa porción de material manuscrito en este tipo de cuadros, sea descrito como pergamino y no como un cuadro o retrato, aunque las iconografías de defensas de conclusiones también incluían pequeños retratos y representaciones de otras figuras humanas y elementos escenográficos.

Finalmente, es interesante la mención detallada de las técnicas empleadas, en especial los soportes usados para las pinturas. Priman los cuadros que posiblemente están pintados sobre tela o tablas de madera (empleada en formatos pequeños). Se mencionan también láminas que pueden referirse a láminas metálicas (de cobre, por ejemplo). Hay mención de una pintura sobre vidrio (una técnica bastante inusual): “Una lámina de Nuestra Señora de las Nieves, pintada en vidrio, de media vara de alto y marco dorado, en 10 pesos”. Aunque puede pensarse que se trata de una descripción necesaria para identificar los objetos, en el marco de este proceso de sucesión y traspaso de bienes, también puede pensarse que el valor de cada objeto depende también de los materiales empleados en cada uno de estos.

Algo usual en el periodo colonial es la descripción detallada de la presencia o ausencia de marcos, los cuales tenían un gran valor adicionalmente a las mismas pinturas, implicando un trabajo considerable en su fabricación y consecución de los materiales. Por ejemplo, hoy en día nos parece impensable considerar que el marco de una pintura pueda costar más del doble que el de la obra de arte misma, pero es el caso con el primer objeto mencionado en el avalúo hecho por el pintor Joaquín Gutiérrez. Se describe “Una lámina de san José con marco, a razón de 20 pesos la pintura y 50 el marco”.

Finalmente, consideramos que este es un paso inicial para estudiar las dinámicas del mercado del arte en el periodo colonial en la Nueva Granada, la historia del coleccionismo privado y que además nos permite conocer más acerca de los diversos roles que podrían ejercer los artistas en dicho periodo.

 
[1] “Debajo (o bajo) de la religión del juramento” es otra frase hecha para cuya comprensión hay que entender “religión” como “Obligación de conciencia, cumplimiento de un deber”. RAE, DLE.

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