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Omnia

Aspectos sociales relacionados a la conducta de automedicación

Natalia Sánchez
Observatorio del Comportamiento de Automedicación Universidad del Rosario
obser.automedicacion@urosario.edu.co

09/10/2020

Volumen 6 - Nº 64 oct./2020
ISSN: 2422-2216

Aspectos sociales relacionados a la conducta de automedicación

Los medicamentos surgieron desde la antigüedad con fines curativos para tratar enfermedades.

Pero en tiempos modernos, se ha identificado que pueden ocasionar problemas relacionados con el uso (PRUM) y reacciones adversas medicamentosas (RAM). Los fármacos inducen emergencias accidentales, iatrogénicas, intencionales o por sobredosis y se consideran un factor de riesgo de interés clínico, social y de salud pública (Tobón, Montoya y Orrego, 2018).

En la revisión de la literatura desde las ciencias de la salud sobre el término “automedicación”, aparece una variedad de estudios y aproximaciones en las que se ha buscado dar un concepto más unificado frente a este término, que haga más fácil su abordaje teórico-práctico.  La automedicación es un comportamiento individual de consumo de medicamentos por iniciativa propia, originalmente con la intención del autocuidado de la salud (Pérez-Acosta, 2015). Este comportamiento no es exclusivamente humano y está presente en otras especies animales, bajo la denominación de “zoofarmacognosia” (Rodríguez y Wrangham, 1993, citado por Peréz-Acosta, 2015). Para el desarrollo de este artículo, se utilizará la definición de automedicación como la autoadministración de un medicamento no prescrito por un médico, o de forma que esta no es dirigida por el mismo (National Library of Medicine, 2019).

El fenómeno se ha complejizado por su evidente aumento en el mundo y por el hecho de que las opiniones están divididas entre dos: por un lado, existe una corriente de promoción de la automedicación “responsable” como una alternativa social y económicamente atractiva, está opción es viable para el cuidado de la salud de las personas.  Por el otro lado, hay grupos que ven con preocupación los posibles efectos nocivos de la automedicación “no responsable” (Ruiz-Sternberg y Pérez-Acosta, 2011).

La gran mayoría de los estudios relacionados con automedicación han mostrado que esta conducta se relaciona básicamente con enfermedades consideradas menos graves. Los principales grupos farmacológicos relacionados con esta práctica son los analgésicos, antiinflamatorios, antigripales y medicamentos con acción en el tracto gastrointestinal (Vacas, Castellá, Sánchez, Pujol, Pallarés y Balagué; Mehuys, Van Bortel, De Bolle, Van Tongelen, Remon, y De Looze, 2009).

Los medicamentos alternativos no se quedan atrás para muchos consumidores, los llamados remedios alternativos pueden parecer una lotería que vale la pena jugar a manera de automedicación, pues vienen con bajos costos, son de acceso libre y prometen grandes beneficios potenciales. Sin embargo, a pesar de las increíbles afirmaciones de sus defensores, cuando se prueban científicamente, la mayoría de los remedios alternativos se describirían con mayor precisión como fraude a la salud dado a la comercialización o venta de productos que tienen, pero sin seguridad o efectividad demostrada (Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU.) [FDA], 2011).

De diversas maneras los humanos exhiben formas cada vez más sofisticadas de automedicación irresponsable. Aún dentro de un contexto estricto de prescripción médica, surgen fácilmente formas riesgosas de automedicación: variaciones en las dosis prescritas (sobredosis y subdosis) o en el tiempo prescrito (interrupción temprana o prolongación temporal) (Díaz-Caycedo, Payán-Madriñán, y Pérez-Acosta, 2014).

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Por ejemplo, los antibióticos requieren prescripción médica para su uso, a pesar de ser medicamentos controlados, la situación de automedicación de antibióticos es especialmente relevante y ha sido descrito en múltiples estudios. Es preocupante el uso inadecuado y creciente de los mismos con todas sus implicaciones, particularmente la posibilidad de generar resistencias microbianas (Matuz, Benko, Doro, Hajdu y Soos, 2007; Mainous, Díaz y Carnemolla, 2008; Nickerson, West, Day y Peacock, 2009).

Una visión desde la antropología médica acerca de la automedicación permite articular diferentes perspectivas y enfoques teóricos entre las ciencias de la salud y las ciencias sociales. El campo de la antropología médica fomenta enfoques de modelos sociales y estructurales de salud y bienestar. Sus contribuciones son críticas, transculturales, centradas en las personas y transdisciplinarias. Las metodologías usadas para este propósito son principalmente mixtas y/o  cualitativas como la etnografía, la observación participante, las historias de vida y las entrevistas estructuradas. En materia de salud, la antropología médica se define así misma como “centrada en la persona”, en la que se examina como la salud de los individuos se ve afectada por las interrelaciones entre humanos y otras especies, las normas culturales, las instituciones sociales, los valores morales, la micro y macro política y las fuerzas de la globalización, entre otros (Panter-Brick y Eggerman, 2018).

La automedicación es un comportamiento de riesgo relacionado con la salud en la que la antropología médica puede aportar una visión interdisciplinaria para comprender la toma de decisiones alrededor de esta conducta. El objetivo de este artículo es realizar una revisión breve acerca de la mediación de aspectos sociales en la conducta de la automedicación y qué impacto tiene en el desenlace de la salud y su cuidado.

La automedicación se ha convertido en una característica cotidiana que afecta a la gran mayoría de individuos sin distinción de clase social, ya sea porque en el imaginario colectivo se crea que resuelve los problemas de salud, porque alivie el dolor o porque supere la enfermedad independientemente de su causa. Este fenómeno incluye una conducta individual y social que afecta o beneficia la salud personal tanto como la economía del sector farmacéutico, en su rol de creador de los medicamentos que el consumidor requiere (Díaz-Caycedo, Payán-Madriñán, y Pérez-Acosta, 2014).

En consonancia, Ras y Moya (2005) describen la automedicación como un problema que incluye variables propias de la población, como la cultura, la formación médica y las creencias y costumbres, que, a su vez, están afectadas por el aparato de comercialización de las industrias farmacéuticas.

La automedicación irresponsable en los países en desarrollo es una práctica muy común, debido, en gran parte, al difícil acceso a los servicios de salud y a las demoras en atención que se presentan en el sistema de salud de estos países. Existen varios factores personales, culturales y sociales que pueden influir en la automedicación, entre los que se incluyen el sexo, los ingresos, el autocuidado, el conocimiento de la medicación, la falta de seguridad social y la facilidad en la compra de medicamentos. La automedicación puede tener problemas como interacciones medicamentosas, posibilidad de retraso en el diagnóstico de la enfermedad con un posible desenlace letal y la posibilidad de generar RAM, especialmente cuando se lleva a cabo de manera inadecuada (Peñuela et al., 2002). De hecho, se considera la automedicación como uno de los factores causales más importantes de las RAM. A su vez, las RAM representan un problema de salud pública importante, pues se ha estimado que estas motivan hasta el 6,8% de las hospitalizaciones (Ruiz, 2010; Calderón y Urbina, 2011).

Un estudio demuestra lo contrario frente a las conductas que despliegan las personas aun cuando se encuentra cubierta su afiliación en el servicio de salud, ya que a pesar de acceder a servicios de atención primaria, no llegan a controlar conductas de riesgo en salud. Se realizó un estudio en Estados Unidos, en que se analizó el impacto de la creación de una reforma en salud que garantizaba el acceso a la atención primaria mediante un seguro médico con subsidio público (Reforma de Salud de Massachusetts). Los objetivos de la reforma eran mejorar el acceso a la atención en salud y a través de esto, los factores de riesgo conductuales y el control de la diabetes. Esta mejoría en la cobertura en el servicio de salud tuvo un impacto positivo en el acceso a la atención primaria para adultos de bajos ingresos, pero la reforma no tuvo efecto sobre los factores de riesgo de comportamiento o el manejo de la enfermedad de la diabetes. Este estudio sugiere que, si bien se aumentó el acceso a la atención, la reducción de los factores de riesgo atribuidos al comportamiento riesgoso para la salud y la diabetes no se pueden hacer de manera suficiente simplemente extendiendo la cobertura del seguro médico y la prestación de servicios preventivos (Miraldo, Propper y Williams, 2018). Un estudio como este sugiere que se requieren intervenciones más específicas y que vayan más allá de tener un seguro médico o afiliación al sistema de salud, para controlar las conductas de riesgo como la automedicación.

Una de las recomendaciones dadas desde las guías de práctica clínica acerca del uso de la medicación preventiva por tiempo prolongado es la toma de decisiones en conjunto, entre el médico y el paciente, acerca del inicio del tratamiento farmacológico con el fin de generar un beneficio a largo plazo (NICE, 2020). La participación del paciente en esta decisión se analizó en Reino Unido, como parte de un proceso fundamental ordenado en las guías médicas, en la que se estudió como se siguen las recomendaciones acerca del uso de estatinas (son medicamentos que ayudan a disminuir la cantidad de colesterol y otras grasas en la sangre) como una medida preventiva por tiempo prolongado. Se concluyó, inicialmente, que las prácticas de uso de la medicación están integradas socialmente en las rutinas cotidianas y adicionales a la explicación de los comportamientos frente al consumo de la medicación se encontraron diferencias entre los pacientes que tomaron estatinas y quienes no las tomaron (a pesar de haber tomado la decisión en conjunto con su médico de asumir la toma del medicamento como medida preventiva); estas asimetrías no se explican desde los modelos cognitivos clásicos sobre el proceso de toma de decisiones, sino que se desplaza la cognición como centro principal de la explicación del proceso y en su lugar, se considera como más relevante un modelo que implica la construcción de un discurso social del uso de medicamentos alrededor de "hacer lo correcto", en el que la decisión sobre un curso de acción esta dada por  la actividad de dar cuenta de lo que uno está haciendo y el estar incluido en el discurso social a menudo tácito sobre seguir las conductas acordadas con el médico tratante (Polak y Green, 2020).

La automedicación puede analizarse alrededor de un elemento esencial para el cuidado óptimo de la salud: la confianza. Cuando la confianza se ve comprometida, los pacientes, los médicos y otras personas involucradas en la provisión de atención médica, podrían actuar perjudicando los mejores intereses para un paciente, particularmente cuando se trata de medicamentos recetados. El uso inadecuado de medicamentos formulados puede estar vinculado a diferentes combinaciones de confianza y desconfianza hacia el personal médico, hacia las instituciones y los pacientes mismos de la siguiente manera: los pacientes deben confiar en que los médicos les están dando el tratamiento adecuado (incluido el acceso a medicamentos recetados), también deben confiar en sí mismos para usar estos medicamentos correctamente. Del mismo modo, los médicos deben confiar en la capacidad del paciente para usar los medicamentos de manera adecuada. La confianza de los pacientes hacia los médicos se denomina confianza interpersonal, de los pacientes hacia la medicina es la confianza institucional y la confianza de los pacientes hacia sí mismos se denomina confianza personal. Los comportamientos adquiridos por los pacientes para usar los medicamentos recetados están influenciados por las combinaciones de confianza interpersonal, institucional y personal. Cuando los pacientes tienen confianza interpersonal e institucional, pero no personal se puede desarrollar adicción medicamentosa, cuando hay desconfianza interpersonal e institucional, pero si confianza personal se puede desarrollar la automedicación y cuando no existe ningún tipo de confianza no hay uso medicamentoso, aunque podría haber personas que no encajan perfectamente en una categoría u otra (Smirnova y Gatewood, 2017).

Con el paso del tiempo, especialmente con la emergencia y mantenimiento del capitalismo, la prevención y la curación de enfermedades quedó inmersa en la lógica del mercado. Lo anterior aplica tanto a los tratamientos farmacológicos como a los no farmacológicos ofrecidos por médicos y otros profesionales de la salud. En ese sentido, la motivación del autocuidado comenzó a ser atravesada poco a poco por la publicidad y el mercadeo de estos productos y servicios (Díaz-Caycedo, Payán-Madriñán, y Pérez-Acosta, 2014).

Por tanto, la automedicación es una conducta que tiene un fundamento social y se debe tener en cuenta que el acceso a diferentes fuentes de información como Internet y otros medios de comunicación brindan información diversa sobre medicamentos sin orientación médica acompañante, puede influir en la conducta de automedicación. (López, Gálvez, Domínguez, Urbina, Calderón y Vallejos, 2016).

Las redes sociales surgen como una de las principales fuentes de información por el uso de Internet. En un estudio realizado sobre información publicada en temas de medicación y automedicación en redes sociales, específicamente en Facebook y en Twitter. En estas, se identificaron contenidos registrados que están relacionados principalmente a compartir experiencias personales en salud, resolver inquietudes sanitarias y recibir información acerca de problemas comunes de salud. Las personas que acceden a las redes sociales para conseguir información sobre salud manifiestan como motivo principal (38,9 %) que estas fuentes los llevan a encontrar datos para aclarar dudas directamente. El 26,1 % acude a ellas para conocer y compartir experiencias sobre un problema de salud de un modo personal y el 13,7 % usa los contactos con otras personas para recibir consejos y encontrar otros con su mismo problema médico. De acuerdo con este estudio, la automedicación, en relación con la salud y la enfermedad, es un tema poco mencionado actualmente en las redes sociales. Sin embargo, la información que se socializa sobre medicamentos en general está aumentando y más aún con la creación de grupos, como sucede en Facebook donde las personas con sus publicaciones comparten información relacionada con el uso de medicamentos, probablemente en relación con enfermedades crónicas, dado que son las más prevalentes y las que más preocupan (Martín, Alonso, Iglesias de Sena, Sáez y Mirón, 2014). Las redes sociales se utilizan para compartir información de características más personales y subjetivas sobre medicamentos y la automedicación.

En un estudio realizado en Reino Unido por Tucker y Goodings (2018) se analizó la relación del uso de una red social en salud mental (www.elefriends.org.uk) con las prácticas de medicación utilizadas por pacientes con diagnósticos de enfermedad psiquiátrica, basándose en el concepto de afecto de Henri Bergson: el afecto es la capacidad de experimentar modificaciones del cuerpo a medida que entra en contacto con él mismo y con otros cuerpos; un cuerpo tiene la capacidad de afectar otros cuerpos y de ser afectado. Afecto entonces es la capacidad de experimentar modificaciones de los cuerpos individuales a medida que entran en contacto con ellos mismos y otros cuerpos. El afecto de Bergson sostiene que los afectos están más cerca del cuerpo que las percepciones, evitando que se establezca un límite entre lo interno y lo externo.

Se pudo ver que se usa Elefriends en momentos particulares de reconfiguración (por ejemplo, cambio en la dosis y/o medicamento), períodos de autoexperimentación (cuando las personas adaptan su régimen alterando prescripciones o suspendiendo la medicación) y al tratar con una preocupación corporal presente (mostrando cómo los miembros tienen una relación directa e inmediata con el sitio). Las personas están experimentando modificaciones de sus cuerpos al tomar medicación, cuya comprensión y conocimiento son modificados por interacciones con otros cuerpos medicados (otros usuarios con tratamiento farmacológico por diagnóstico en salud mental) en el sitio web en estudio (Elefriends). El concepto de afecto de Bergson habla directamente de la experiencia de tratar de controlar los impactos de la medicación en el cuerpo a través de la comunicación en línea en Elefriends. El artículo concluye señalando la necesidad de centrarse en las múltiples relaciones emergentes entre cuerpos y redes sociales en salud mental, debido a las formas en que estas últimas se están convirtiendo en tecnologías cada vez más usadas cuando el cuerpo experimenta algún tipo de enfermedad.

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En un estudio realizado en Colombia por Tobón, Montoya y Orrego (2018) se indago acerca de los motivos por los cuales las familias toman la decisión de automedicarse, encontrando la influencia de los medios de comunicación, como radio y televisión, la percepción del efecto terapéutico y la prescripción médica como mediadores en la decisión. De las familias estudiadas el 51% reportaron incurrir en la conducta de automedicación, en el que el 68,8% compran los medicamentos en la farmacia del barrio, el 43,8% los solicitan a domicilio y otros los obtienen por ambos modos. Es relevante mencionar que en esta misma investigación se indago acerca de los conocimientos que se tienen para tener un adecuado almacenamiento de los fármacos en casa, encontrando bajos niveles de información en las familias, el 58,8% de las familias expresan no tener en cuenta condiciones esenciales de temperatura, humedad, luz, contaminación y plagas para almacenar y conservar los fármacos (botiquín). El 13,7% tiene los fármacos sin revisar la fecha de vencimiento y otros requisitos, todo lo anterior debido a una opinión de descuido, desinterés e información deficiente por parte de las familias consumidoras de medicamentos en modalidad de automedicación. El 40% de las familias consultan a personas como vecinos, otros familiares y agentes de farmacia para tomar una decisión frente a que medicación usar y bajo que esquema. Estas personas no son profesionales idóneos para atender las consultas de salud ni la farmacoseguridad que se requiere en cada caso. Sin embargo, Covington, 2006 señala que los pacientes automedicados con frecuencia necesitan la ayuda de un intermediario formado en estos conocimientos para asegurar la integración óptima de la terapia farmacológica sin receta en el régimen de atención total.

Particularmente en la poderosa y omnipresente TV proliferan hoy en día los anuncios de analgésicos, antigripales, antitusivos, fungicidas, adelgazantes, anticelulíticos, antihistamínicos, antiácidos, antiasmáticos, antimicóticos, energéticos, antiinflamatorios, broncodilatadores y descongestivos, preparaciones dermatológicas y contra hemorroides, laxantes, oftalmológicos, relajantes musculares, vitaminas, minerales y complementos alimenticios. Lamentablemente tales propagandas son casi siempre engañosas porque evitan mencionar inconvenientes, peligros, reacciones adversas y contraindicaciones. Pero más aún, desde el punto de vista de la salud pública son un atentado, ya que ponen en grave riesgo la vida y la salud de los espectadores incautos, que se ven fuertemente motivados para autodiagnosticarse y recetarse numerosos medicamentos que requieren consulta médica previa. Ya en la difusa frontera de lo ético/jurídico y lícito/legal, la publicidad se dirige cada vez más, a la incitación de amplios sectores poblacionales a adquirir, conservar en el hogar y consumir indiscriminadamente una gama de medicamentos de venta libre, y otras que, según los vademecum e información declarada por los propios laboratorios, son de venta bajo receta. El objetivo final es el consumidor, saltando al profesional de la salud en el proceso. La automedicación no responsable tiene relevancia mundial ya que es problema de salud pública global, no queda duda de que se vive en una “sociedad medicalizada”, independientemente del grado de acceso de las personas a los servicios de salud, se ha visto que de la mano de la publicidad (formal o informal) y el mercadeo de los medicamentos, aumentan los casos de intoxicación y muerte de personas por abuso en el consumo de medicamentos, sean de prescripción o de venta libre (Aguzzi y Virga, 2009).

Los consumidores de medicamentos se encuentran expuestos a declaraciones comerciales fraudulentas de propiedades saludables que son falsas o engañosas utilizadas para promover remedios de salud que no se han probado, son ineficaces y a menudo dañinos, causan un daño extenso y persistente a los consumidores. Existen mecanismos cognitivos subyacentes que hacen que los consumidores sean más susceptibles a estas declaraciones fraudulentas sobre propiedades saludables de medicamentos. Muchos profesionales de la salud parecen considerar que estos remedios alternativos aparte de no ser científicamente aprobados son principalmente placebos inofensivos, benéficos para otros aspectos sociales, como atender necesidades culturales y religiosas o promover un sentido de pertenencia en una comunidad con ideas afines. Sin embargo, evidencia creciente sugiere que los daños derivados de los remedios de salud alternativos son en gran medida subestimados y, en muchos casos, superan los beneficios potenciales, incluso con mayor riesgo de mortalidad comparada con placebo, por ejemplo por los daños que surgen por las interacciones medicamentosas entre el uso de remedios alternativos con medicamentos convencionales (MacFarlane, Hurlstone y Ecker, en prensa).

Por tanto, las personas que toman una decisión propia e individual de automedicarse buscan una fuente de información que influya en esta conducta, por tanto, conocer la fuente de información que utilizan las personas para tomar dicha decisión de forma individual es de gran importancia para intervenir sobre ella (Virú-Loza, 2017).

Los gobiernos nacionales pueden fallar en proteger a los consumidores de salud. Es por esto que los comunicadores en salud deben emplear otras vías para proporcionar a los consumidores los medios para evitar los daños derivados de medicamentos fraudulentos para la salud, se requiere identificar los sesgos cognitivos, sociales y emocionales (como la influencia visceral, el afecto, la ignorancia, la desinformación y las normas sociales) que los estafadores de salud explotan para vender sus productos y luego emplear intervenciones basadas en evidencia que brinden a los consumidores estrategias para detectar y reducir su susceptibilidad al fraude en la salud (MacFarlane, Hurlstone y Ecker, en prensa).

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Andrés Pérez-Acosta (2015) director general del Observatorio del Comportamiento de Automedicación (OCAM) de la Universidad del Rosario en Colombia, destaca algunas de las acciones de intervención realizadas a nivel mundial frente a este difícil panorama de automedicación no responsable, entre estas alternativas se encuentran la vigilancia activa realizada hacia la industria farmacéutica o negocio farmacéutico internacional, que en gran medida está detrás del actual abuso de medicamentos, especialmente los de venta libre, publicitados y mercadeados casi como si fueran alimentos o elementos de la canasta básica del hogar. Por ejemplo, en Estados Unidos, la institución encargada de la vigilancia estatal de la industria farmacéutica es la FDA (Food and Drug Administration) implementa acciones de intervención como campañas educativas dirigidas hacia población especifica que se ha comprobado genera mayor consumo (como las mujeres en América del Norte). En Colombia, dicha vigilancia es ejercida, principalmente, por el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA). En Brasil, se ha implementado alternativas mixtas de intervención como el Foro Brasileño sobre Medicalización de la Educación y de la Sociedad, que surgió en el 2010, como resultado político del Primer Seminario Internacional sobre la Educación Medicalizada. En términos generales se ha trata de una alianza de múltiples instituciones públicas y privadas que cuestionan la actual medicalización excesiva de la sociedad brasileña. Por último, se señala las estrategias de Chile, la cual mediante el uso de tecnologías, diseño y puso en marcha una aplicación (software para teléfonos celulares) con el nombre de “Farmapp”, que es una guía independiente de la industria farmacéutica sobre precios y presentaciones de los medicamentos que se comercian en ese país. Incluye una sección de medicamentos, otra de farmacias y un fiscalizador para comunicar sobre prácticas que transgreden los derechos del consumidor de medicamentos.
Desde el Observatorio del Comportamiento de Automedicación mencionado se está promoviendo una intervención integral denominada “Pacto Multisectorial para el Consumo Inteligente de Medicamentos”, en el que participan no solo el Estado y las organizaciones no gubernamentales, sino también la academia y la misma industria farmacéutica. La lógica del pacto es que este problema no debe dejar de lado (o enfrentar) a ninguno de los actores del fenómeno. Se ha propuesto con la convicción de que debe ser posible encontrar salidas en las cuales todas las instancias se beneficien, comenzando por los mismos consumidores de medicamentos (Pérez-Acosta, 2015).

Este análisis adicionalmente evidencia el desafío de fortalecer acciones educativas en las ciencias de la salud sobre el uso seguro de los medicamentos con el menor efecto negativo para los pacientes. Asociado a la responsabilidad que se asumen en los actos clínicos y farmacológicos y la evaluación del impacto social indispensable para la comunicación entre el médico-paciente y el farmacéutico para acordar la decisión de usar o no determinado fármaco. Para mejorar el servicio integral de atención y cuidados farmacéuticos se ha de construir indicadores de diferente nivel (costo/utilidad; costo/beneficio/; costo/efectividad; impacto social, entre otros), orientados a favorecer la seguridad del paciente según su necesidad y el uso racional de los medicamentos. Se suma a esta intención, una gestión oportuna del seguimiento farmacoterapéutico con calidad y enfoque de riesgo, esencialmente a las poblaciones en condiciones críticas (Tobón, Montoya y Orrego, 2018).

A modo de resumen, el concepto de automedicación ha evolucionado y actualmente se reconocen consistentemente en la literatura dos grandes variantes: la automedicación responsable relacionada con el autocuidado, es decir, la iniciativa de la persona de cuidar su propia salud y la automedicación no responsable que es una desviación de la terapia farmacológica con todas sus implicaciones y consecuencias. La automedicación se ha convertido en un comportamiento masivo a nivel global, facilitado por la publicidad y las nuevas tecnologías de información y comunicación. La información restringida sobre medicamentos y tratamientos, no estaba accesible en otros tiempos para el público y se encontraba limitada al cuerpo médico y a los profesionales de la salud, pero ahora está completamente disponible. Incluso es posible, a través de los nuevos medios la obtención directa de “recetas médicas” y hasta de medicamentos de control. La práctica de automedicación es especialmente prevalente en países en vías de desarrollo y en poblaciones vulnerables, donde existe menor acceso a sistemas de salud y menos control por parte del Estado (Ruiz-Sternberg y Pérez-Acosta, 2011).

En conclusión, esta breve revisión acerca de algunos aspectos sociales de la automedicación no responsable deja reflejado que esta conducta tiene un componente individual y social que está inmerso en el imaginario colectivo, está estrechamente insertada en el tejido social y por ello, se asume como una medida culturalmente aceptada de autocuidado de la salud en Colombia y otros países del mundo. A pesar de los efectos peligrosos e incluso letales que puede producir esta conducta, las personas siguen asumiendo la automedicación como una alternativa que esta a su alcance para recibir un beneficio medicinal o terapéutico personal, e incluso como parte de un beneficio que puede generar alguna compensación cultural o religiosa. La automedicación se configura como un problema de salud pública a nivel mundial, mediado por las fuerzas del mercado local, nacional e internacional, que contribuyen a una expansión significativa del consumo de medicamentos sin receta en un mundo globalizado.  Los consumidores ponen un alto valor en la terapia de medicamentos sin receta. Para el completo abordaje de la automedicación se requiere de una adecuada articulación con enfoque interdisciplinario ya que es un problema identificado no únicamente del sector sanitario, sino que incluye e impacta otros sectores como el social, económico y político para que pueda darse las acciones para su intervención, pues se requiere de todos los agentes involucrados para generar cambios en esta sociedad postmoderna.
 
Referencias

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