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Omnia

El valor del sujeto o de la solubilidad impuesta del capitalismo

Temis Fabián Perea

09/06/2019

Volumen 5 - Nº 49 jun./2019
ISSN: 2422-2216

El valor del sujeto o de la solubilidad impuesta del capitalismo

Pensar los mecanismos de producción del sujeto es, en gran medida, acercase a entender el contexto relacional que los encamina a su proceso de enculturación.

Con contexto relacional, hago referencia a  cuáles son los parámetros sociales que dictaminan cierto espacio social sobre el lugar del sujeto en una sociedad y, seguidamente, sobre las relaciones de poder que acarrea el ocupar dicho espacio. De esta manera, la pregunta por los mecanismos que influyen en la forma en la que se dota de características sociales a un sujeto, transmuta en la observación de las características que componen las relaciones que circundan a los sujetos y dan forma a una organización social específica.
 
El panorama descrito hasta ahora  cobra mayor amplitud al abordarlo desde la perspectiva de un sistema económico globalizante: el incluir la categoría de dinero, a la manera del sistema capitalista, reconfigura las dinámicas relacionales de las sociedades en las cuales participa, de manera que estas formas de relaciones no estarán determinadas, en gran medida, por las dinámicas sociales del contexto particular, sino que estarían determinadas por las nuevas jerarquías impuestas por los modelos de poder económicos producto del capitalismo. Lo anterior devendría, como punto de partida y como meta de reproducción, en nuevos sujetos que responden a lugares específicos en las formas de organización que devienen del capitalismo. Para lograr este cometido- el del sujeto productor y reproductor de las formas de organización social mediadas por la economía capitalista- sería necesario crear un sujeto maleable, que responda a los estímulos necesarios para garantizar el mantenimiento de las posiciones jerárquicas que crea este sistema y, subsecuentemente, contribuir a  la acumulación progresiva de las posibilidades de ejercicio de poder de un grupo reducido de personas. Explorar las incógnitas que conllevan la producción de este sujeto maleable, a través del documental The True Cost (2015), será el objetivo orientador de este ensayo.
 
A manera de contexto breve, The True Cost, escrito y dirigido por Andrew Morgan, presenta un retrato de las relaciones socio-económicas establecidas desde países del llamado primer mundo con los países considerados como pertenecientes al tercero, a través de la descripción detallada del fast fashion[1] como instrumento por medio del cual, las grandes empresas de textiles- grupo Inditex, H&M, Mango…- pretenden resolver la paradoja capitalista: vender más productos a un menor precio. Para lograr el ejercicio de este dispositivo mercantil, las tiendas de fast fashion se mueven en un sistema capitalista que funciona, a grandes rasgos, de la siguiente manera: gracias a las políticas de libre mercado sostenidas por los países en los que se encuentran estas compañías, es posible crear “talleres satélites” en países con salarios mínimos y costos de vida bajos en comparación a los de las empresas de origen, lo que les permite, no solo generar mayor ingresos por un producto pagado con el lucro que representa el ingreso per cápita de un país del “primer mundo”, con la inversión de bajo costo que supone la mano de obra del “tercero”[2], sino, además conlleva una serie de reorganizaciones de poder que benefician de manera unilateral a la empresa del fast fashion: en un país como Bangladesh, sede de una buena parte de los talleres de las empresas mencionadas, el PIB es de  686.598 millones de dólares, en comparación con los 20.413 billones de dólares de Estados Unidos, a lo cual se suma la tasa de desempleo del 40% total de Bangladesh, la perspectiva de acceder a una fuente de ingresos implica el sometimiento a circunstancias de dominación en donde la fuerza de opresión ejercida por los dueños de las empresas de fast fashion es replicada de forma exponencial por los dueños de los talleres de confección de las prendas.
 
A este panorama de desigualdad económica y los cambios en las relaciones de poder que acarrea, debe añadirse un abanderado importante del capitalismo para la producción de sujetos maleables: el concepto de “desarrollo”: Benjamin Powell, director del Instituto de Libre Comercio de la Universidad de Texas, menciona en The True Cost, que “[…] Las  causa inmediatas del desarrollo son: capital físico, tecnología y capital humano” (2015). De lo anterior se infiere que el proyecto económico propuesto por el fast fashion  y, a la par, sus consecuencias sociales, es justificado a partir de la premisa de la generación de empleo. Visto desde una postura decolonial, la noción de la ficción del desarrollo (Escobar 2014) ha sido un elemento útil para el capitalismo tanto como herramienta discursiva que permite atraer mano de obra barata, como dispositivo publicitario que facilita la venta de un ideal estético occidental que es susceptible de ser obtenido por aquellos que no lo poseen, a través de la adquisición de bienes materiales,  que no solo promocionan la idea de un físico particular, deseado y atractivo sino que, además, tal como menciona el sicólogo  Tim Kasser, durante su intervención en el documental referido, acarrean consigo la idea de bienestar, de desarrollo, que deviene de la idealización de las formas de vida de las sociedades del primer mundo, vendidas a través de una estética particular comunicada mediante mecanismos publicitarios (Beck et al., 1997). De esta forma, el capitalismo avanza en su proyecto de construcción de sujetos que respondan a sus dinámicas particulares, en tanto que les moldea como entes dispuestos a ser dotados de las nociones hegemónicas de desarrollo que devienen de este sistema económico.

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Otro de los dispositivos de los cuales se vale el capitalismo para la producción de sujetos dominados y reproductores de su sistema, puede ser sitiado en el proyecto de la modernidad: la “objetivación del sujeto” (Margot 2007,160). Con el reconocimiento de la modernidad como un proceso en el cual se dota al mundo de dicotomías- pobreza/riqueza, belleza/fealdad, racionalidad/emocionalidad...- que demandan la ubicación de los sujetos en las posiciones que rodean estas visiones “objetivas” de la realidad (Robles 2012), se logra entrever de manera más clara el papel del capitalismo como partícipe en la creación de estas dicotomías: existe una pequeña minoría lucrada a partir de las mercancías hechas de los bienes materiales, que crean una serie de ideales conductuales que dictaminan aquello que debe realizar un sujeto para conseguir dicho ideal. Así, se crea una relación con el sujeto en la cual las dicotomías empleadas por el capitalismo se convierten en las normas sociales que dictaminan las posibilidades de representación del yo (Goffman 1963) y limitan su construcción al proyecto de “desarrollo económico” impuesto por el capitalismo. En este horizonte, el fast fashion no solamente se adhiere a la creación de dicotomías producto del capitalismo sino que, en adición, potencializa su efecto “objetivizante” sobre el sujeto al receptor de los discursos que de él devienen: como se mencionaba en el documental, las empresas de fast fashion fueron las responsables de introducir alrededor de 47 colecciones de ropa distinta al año, lo cual aumentó las compras de ropa debido a que cada colección se presenta con un concepto estético que aparenta ser diferente y sobre todo, que se vende a sí mismo como indispensable. De esta forma, el sujeto debe revestirse de esta estética momentánea para ratificar que hace parte de una sociedad específica y, sobre todo, que se encuentran en la carrera de desarrollo planteada por esta sociedad; así, para que el sujeto pueda ser es necesario que este se cree constantemente bajo los parámetros del sistema capitalista. En esta narrativa, el cuerpo se convierte en un espacio receptor de realidades impuestas (Fanon 1952) en donde la frugalidad del fast fashion queda marcada en sujetos susceptibles de ser moldeados para servir en una posición específica de un sistema de dominio.
 
A través de esta amalgama-la creación de dicotomías conductuales, la limitación de las formas de representación del yo y el dominio del cuerpo- el sistema capitalista se vale de herramientas como el fast fashion  para crear sujetos maleables que se ajusten a su proyecto de base: el dominio sobre el monopolio de la creación de significado. Entender la capacidad de re-significación del sujeto, es en últimas, comprender las formas en las que se establecen relaciones con el “yo” social y, por ende, la manera en la que este puede ser dominado. Es por esta razón que las invitaciones post-estructuralistas (Gibson-Graham 2002) hacia el reconocimiento de la necesidad de la ampliación de las formas de puesta en escena del “yo”, a la par que la evaluación exhaustiva de los estímulos que influyen en su formación, son válidas, más ahora que nunca, ante la expansión globalizante del domino de la producción de sujetos.
 
Bibliografía
 
The True Cost, Andrew Morgan. https://www.netflix.com/co/title/80045667. 2015
Escobar, Arturo. (2014) La invención del desarrollo .Popayán. Editorial Universidad del Cauca.
 
Gibson-Graham, J. K. (2002). Intervenciones posestructurales. Revista colombiana de antropología,38, 261-286.
 
Margot, J. P. (2007). Crisis de la modernidad y/o postmodernidad en Modernidad, crisis de la modernidad y posmodernidad , 154-180.
 
Beck, U., Giddens, A., Lash, S., & Alborés, J. (1997). Modernización reflexiva: política, tradición y estética en el orden social moderno (No. 316.42). Alianza Editorial.
 
Fanon, Frantz (1952). “La experiencia vivida del negro”, Piel negra, máscaras blancas.
Barcelona: Akal, 2009, pp. 111-132.
 
Robles, F. 2012. Epistemologías de la Modernidad: entre el etnocentrismo, el racionalismo universalista y las alternativas latinoamericanas Cinta moebio 45: 169-203
Erving GoffmanStigma: Notes on the Management of Spoiled Identity, Prentice-Hall, 1963

 
[1] Se entiende como la producción de prendas estéticamente llamativas a un costo bajo que, además, son renovadas a través de colecciones de moda presentadas permanentemente por los canales publicitarios de estas empresas.
[2] También están libre de impuestos, pagos de salud y pensión porque están subcontratando.

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