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Omnia

Súbditos de diferentes tiranos: Las migraciones nicaragüenses tras la Revolución Sandinista

Claudio Felipe Petro Larrota y Daniela Calle Echeverry

09/10/2019

Volumen 5 - Nº 53 oct./2019
ISSN: 2422-2216

Súbditos de diferentes tiranos: Las migraciones nicaragüenses tras la Revolución Sandinista

La historia de Nicaragua nos remite a un panorama cargado, principalmente, de injerencias extranjeras y revoluciones políticas que inevitablemente han desembocado en complejas problemáticas socioeconómicas.

“Pero el hombre que es Jefe de Estado no podría por cierto gobernar sin el apoyo de una clase dirigente que hiciera cumplir y respetar sus órdenes; y si él puede hacer sentir el peso de su poder sobre uno o varios individuos particulares que pertenecen a esta clase, no pueden ponerse contra ella en su totalidad y destruirla”
Gaetano Mosca

 
La historia de Nicaragua nos remite a un panorama cargado, principalmente, de injerencias extranjeras y revoluciones políticas que inevitablemente han desembocado en complejas problemáticas socioeconómicas. Desde su establecimiento como estado independiente hasta el día de hoy, la nación nicaragüense se ha visto envuelta en un espiral de violencia que retorna de forma constante a su centro orientando de forma inminente a sus habitantes hacia la posibilidad de una migración forzada.  

Con base en esto, surge la necesidad de realizar un análisis respecto a los motivos que han fomentado la emigración desde este país, motivo, por el cual, el presente escrito partirá por realizar un contexto histórico del país en cuestión, para proseguir a abordar los procesos migratorios en el margen de los mayores regímenes históricos de Nicaragua y su paralelo con la actualidad; posteriormente, se abordarán los impactos que ha tenido sobre la nación, para culminar por establecer las conclusiones pertinentes al tema. 

Dentro de los diferentes acontecimientos y procesos importantes que tuvieron lugar en Nicaragua durante el siglo XX, es posible identificar uno de ellos como el de mayor relevancia debido al gran impacto político y social que representó para el país. Este evento que se destaca de los otros es la caída del dictador de facto Anastasio Somoza Debayle (1967-1979). La relevancia que toma este suceso en específico se debe principalmente a todo el trasfondo que lo acompaña, y es por eso que es necesario entenderlo (Bethell, 2001).

La caída de Anastasio Somoza Debayle no representó únicamente la caída de un dictador, sino la caída de una dinastía. Antes de él, su hermano Luis Somoza Debayle (1957-1963) fue presidente del país, y antes de él, su padre; Anastasio Somoza García (1937-1947). Este último es sujeto de especial análisis puesto que fue el que estableció el camino para hacerse con el poder en Nicaragua y sostenerlo en una dinastía nepotista. Su forma para llegar a ser jefe de estado se basó en ganarse el favor de los estadounidenses para desestabilizar al gobierno para eventualmente tomarse las riendas del país. Cabe destacar que Somoza padre fue el que dirigió el asesinato de Augusto César Sandino en 1934, revolucionario liberal sublevado ante la ocupación estadounidense, al que enfrentó desde su puesto como jefe director de la Guardia Nacional (el principal órgano armado del país, establecido por Estados Unidos en una intervención pasada al país).  

El primero de los Somoza se caracterizó por mantener a su gobierno fuerte a pesar de los eventos que lo pudiera desestabilizar, manejó relaciones tensas con Estados Unidos debido a que su búsqueda por perpetuarse en el poder suponía un riesgo para los norteamericanos (a pesar de que en un principio lo apoyaron). También mantuvo buenas relaciones con los trabajadores y campesinos, expidiendo un código del trabajo que le hiciera ganarse el favor de ellos, estas relaciones se irían debilitando al evidenciar que el discurso de Somoza muchas veces no concordaba con sus acciones. Se dedicó a usar su poder dentro del estado para amasar una fortuna inmensa, al apropiarse de fincas ganaderas, plantaciones, y demás propiedades que constituían buena parte de la fuerza productiva del país. La actitud anterior derivó en que la élite tradicional de Nicaragua tampoco era afín a Somoza ya que era un nuevo actor en la esfera económica y política que los apartaba del poder. Además, Anastasio Somoza García estableció su dinastía asegurándose de que sus hijos eventualmente lo sucedieran, y así fue después de que fuera asesinado en Panamá en el año 1956 (Bethell, 2001).  

Después de su muerte sus hijos se encargaron de gobernar: Luis Somoza Debayle (1957-1963) fue más moderado que su padre, lo que llevó al inconformismo de Anastasio Somoza Debayle, el cual más adelante se lanzó a presidente y ganó, para después convertirse en dictador. Anastasio Somoza Debayle no era igual de hábil a su padre, al ser radical, pero sin saber cómo mantener a sus opositores al margen. En consecuencia, las tensiones políticas se agudizaron y desembocaron en una sublevación de los sandinistas -inspirados por Sandino, cuyo asesinato fue orquestado por Somoza padre- (Bethell, 2001). Este caso se convierte en muy particular, porque a pesar de que muchos no querían que los Somoza siguieran en el poder, tampoco estaban de acuerdo con las ideas de los sandinistas, lo que claramente representaba una situación complicada para los que no estaban de acuerdo con ninguno de los bandos. Incluso Estados Unidos promovía la política de somocismo sin Somoza. Finalmente, las grandes contradicciones sociopolíticas que se vivían en Nicaragua por el momento, con ese pasado que iba debilitando al país, terminaron con la caída de los Somoza en 1979 y el ascenso de los sandinistas al poder (Bethell, 2001).

El barrido histórico presentado previamente es relevante ya que desemboca en esta coyuntura presentada entre el último Somoza en el poder y la coalición que se oponía a él, liderada por los sandinistas. En un informe publicado por la OIM, elaborado por Heydi José González Briones (2013), se reconoce esta fecha como crucial para entender los fenómenos migratorios en Nicaragua puesto que marcó la tendencia de abundantes flujos migratorios para las futuras olas de migraciones. Es decir, Nicaragua se convirtió en un país el cuál envía muchos más migrantes de los que recibe, lo cual obedece a lo que se venía exponiendo, la tensa situación que se vive en Nicaragua tanto en lo político como en lo económico no la posicionan como un destino deseable para migrar, al contrario, se vuelve más proclive a que sus ciudadanos migren a otras partes (OIM, 2013).

Lo anterior puede ser corroborado por cifras de la base de datos del proyecto IMILA (CELADE, s.f) , en la cual podemos encontrar las cifras sobre migraciones de los nicaragüenses en los años 70, 80 y 90. Los dos principales países que se pueden identificar como receptores de migrantes provenientes de Nicaragua son Estados Unidos y Costa Rica. Para el caso de Estados Unidos, en 1970 había aproximadamente 16.125 migrantes provenientes de Nicaragua, este número creció a 44.166 para 1980 y a 168.659 para 1990. Costa Rica por su parte, para 1963 tenía 18.368 migrantes de Nicaragua, 23.331 para 1973 y 45.918 para 1984.  En el período de 1973 a 1984 se puede evidenciar un crecimiento de casi el doble de migrantes. No se puede ignorar tampoco el crecimiento de migrantes en Estados Unidos entre 1970 y 1980, el número de migrantes casi se triplica.  

                En ese orden de ideas, es pertinente poder relacionar la inestable situación sociopolítica y económica que se vivía en los últimos años del somocismo con la diáspora de nicaragüenses a países como Costa Rica y Estados Unidos. En adición encontramos el escándalo Irán-Contras, en el que Estados Unidos financiaba a los Contras que se oponían al gobierno sandinista por medio de la venta de armas a Irán, otro agravante a la tensa situación sociopolítica (Mathews, s.f.).  

La marcada violencia y las secuelas socioeconómicas que dejaron los desestabilizadores regímenes, tienen profundos impactos en la actualidad, tales como la prolongación de un gobierno inestable y, consecuentemente, el diciente saldo migratorio negativo, lo que significa que hay un mayor número de salidas en relación con los ingresos al país.  Tal como se mencionó anteriormente, los destinos más comunes entre los migrantes nicaragüenses siguen siendo Costa Rica y Estados Unidos, el primero tanto por su creciente economía como por su cercanía y facilidad de desplazamiento, especialmente, en razón del Convenio Centroamericano de Libre Movilidad firmado en 2006; y el segundo por sus grandes posibilidades en materia económica. De hecho, según un estudio sobre la migración internacional y desarrollo en Nicaragua “La concentración de población se muestra en Costa Rica con el 42,2% y los Estados Unidos con el 45,5%, mientras que el resto se reparte entre otros países de América Central, Canadá, y en algunos países europeos” (CELADE, 2007). 

El enfoque de este estudio se encuentra principalmente en Costa Rica debido a las características específicas de este fenómeno migratorio y la cercanía entre Nicaragua y Costa Rica, que en consecuencia deja una frontera sumamente dinamizada. La presencia de nicaragüenses en Costa Rica es cuantiosa y representa la principal población de extranjeros presentes en el país. Esto se diferencia del caso estadounidense debido a que el país es tradicionalmente un receptor de migrantes de todas partes del mundo. Esto se debe principalmente a las posibilidades de crecimiento económico que se asocian con este país. De este modo, el análisis a profundidad de estas migraciones representa un fenómeno colectivo de muchos países de la región. Es así como Costa Rica cobra especial relevancia, a lo antes expuesto; cabe agregar que al compartir frontera y compartir de cierta manera una identidad cultural, las dinámicas de las migraciones se convierten en una temática de suma importancia.  
 
Adicionalmente, resulta pertinente para el presente análisis establecer el porcentaje de migrantes según departamento de origen, al tratarse de un tema binacional y además de países que comparten frontera. Es posible aducir que, a pesar de que en los años ochenta los migrantes nicaragüenses eran impulsados por la guerra civil del país, durante los años noventa el principal motivo de migraciones surge por el disparo en la tasa de desempleo y el desmantelamiento de la red de seguridad social, lo cual puede traducirse como una consecuencia de factores socioeconómicos. Costa Rica supuso uno de los dos principales destinos para los migrantes nicaragüenses, ya que era un destino migratorio que contaba con una economía sumamente diversificada, la cual se encontraba en pleno apogeo. Así mismo, las grandes diferencias salariales con relación al país de emisión y la escasez de mano de obra producto de la baja tasa de natalidad por la que atravesó Costa Rica durante los años setenta fueron aspectos que impulsaron el flujo migratorio.

Figura 1. Mapa de flujos migratorios de nicaragüenses hacia Costa Rica, 2016
 

 

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Fuente: Data Nicaragua (2016)

Este fenómeno migratorio está compuesto por una mayoría de nacionales nicaragüenses, quienes representan el 75% del total de la población inmigrante, ante lo cual, el gobierno costarricense ha afirmado  que “entre los factores explicativos de la migración reciente de nicaragüenses hacia Costa Rica se pueden señalar los siguientes: la insuficiencia del mercado laboral nicaragüense para absorber toda la mano de obra con que cuenta; las diferencias de salario entre ambos mercados laborales y la cercanía geográfica de ambos países; la ocurrencia de eventos naturales devastadores; la reunificación familiar; o las expectativas de aumentar el acceso a las oportunidades” (Olivares Ferreto y Acuña González, 2000).

Como se puede evidenciar en la Figura 1, hacia el 2016 la mayoría de inmigrantes provienen del occidente de Nicaragua y tienen su mayor densidad de concentración en el centro del país, es decir, en la capital y sus aledaños (Cartago, San José y Alajuela), de hecho, “el departamento de Managua aporta el 26% de migrantes nicaragüenses, seguido por los departamentos de León (10,9%), y Chinandega (11,5%)”  (OIM, 2013)  El origen de dichos flujos migratorios surge, en especial, desde el área urbana en razón de dos motivos principales. En primer lugar, debido a que la población nicaragüense ha atravesado desde los años setenta acelerados procesos de urbanización; y en segundo, porque la migración a Estados Unidos que se incrementó a comienzos de los años 80 era de migrantes provenientes de áreas urbanas de estratos medios y altos, lo cual dio lugar a un establecimiento de lo que se denomina como redes migratorias que influyen en los flujos actuales (Data Nicaragua , 2017-2018).

Respecto al aspecto socio espacial, resulta relevante señalar que las familias nicaragüenses se tienden a ubicar, en los barrios urbano-marginales junto con la población de escasos recursos de Costa Rica. Estos lugares se encuentran en condiciones precarias con relevantes deficiencias de infraestructura y servicios y con una significativa sobrepoblación en relación con el espacio habitado. Incluso, la mitad de la población inmigrante nicaragüense se encuentra en esta condición, mientras que para la población costarricense representa apenas un 23,5%, y para los inmigrantes provenientes de otros países es sólo un 9,3%.  Respecto a las condiciones laborales, al igual que en la mayoría de casos para todos los migrantes independiente de su país de recepción, estas llegan a ser irregulares y deficientes, la mano de obra nicaragüense suele emplearse para las labores más pesadas y menos remuneradas y, en muchas ocasiones, con contrataciones irregulares o sin ningún tipo de contratación, es decir, comercio o trabajo informal. Como consecuencia de ello, la población nicaragüense es percibida en el área laboral, por el bajo precio al que venden su fuerza de trabajo y territorial por la búsqueda con sus pares costarricenses por un espacio físico (Olivares Ferreto y Acuña González, 2000). Cabe destacar que la gran mayoría de inmigrantes nicaragüenses en Costa Rica, llegan en plena edad laboral, de lo cual se puede deducir que, a partir del contexto político- económico de su país de origen, realizarán planes de establecerse.  

Por su parte, frente a las diversas respuestas ante  la ola migratoria, cabe destacar que cada una de ellas varía según la perspectiva a través de la que se perciba. En el caso de las entidades institucionales, estas tienden a responsabilizar a la población nicaragüense del sobrecargo de los servicios públicos costarricenses, motivo por el cual dichas instituciones suelen limitarse a prestar servicios de atención social básicos, sin embargo esta población también resulta objeto de algunas políticas y proyectos que pretenden hacer frente a la dinámica migratoria, entre estos se puede destacar el “consultorio para el migrante” con el cual se pretende atender a la población independientemente de si es nacional o extranjera de modo que se pueda asimilar la población vulnerable y asignarla en distintos programas del gobierno.  (Dirección de Integración y Desarrollo Húmano , 2017)

Los datos expuestos por United Nations Departament of Economic and Social Affairs (2015) develan que desde 1990 hasta el 2015 los migrantes nicaragüenses en Estados Unidos y Costa Rica han aumentado en número con el paso de los años. En el primer caso, empezaron en 1990 siendo 168.659 y para el 2015 ya eran un total de 257.427 migrantes en territorio estadounidense; y en el segundo caso, partieron en 1990 siendo 99.153 y pasaron a ser 299.340 para el 2015. Estos datos conducen a concluir que, en primer lugar, con el paso de los años, los flujos migratorios lejos de disminuir se han incrementado de forma constante y rápida; y en segundo y último lugar, que aunque para 1990 los migrantes nicaragüenses se dirigían en mayor número hacia Estados Unidos en comparación con Costa Rica, en la actualidad ello se ha revertido posiblemente en razón a las exigentes leyes migratorias estadounidenses y de la dificultad que supone el desplazamiento hasta el país norteamericano comparado con la cercanía de paso hacia Costa Rica.  

Frente al constante aumento que ha venido presentando el flujo migratorio con el paso del tiempo, se identifican principalmente tres posiciones de los distintos sectores al interior de Nicaragua, a saber: 
  1. Por su parte, el gobierno mantiene una posición pasiva ante el incremento de migraciones, sin perder de vista la importancia de estas dentro de la macroeconomía como un generador de divisas representadas en las remesas. Motivo por el cual lejos de percibir este fenómeno como una problemática más de su gobierno, la ve como un factor indiferente y, en cierto sentido, provechoso. En este sentido, el Estado nicaragüense ha actuado en procesos y acuerdos regionales tales como el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), el Acuerdo de Libre Movilidad (CA-4), la Conferencia Regional sobre Migraciones (CRM) y distintos diálogos de cooperación entre Nicaragua y los países de destino.  
  1. El sector privado desarrolla constantemente estrategias para involucrarse como mediador en el uso de las remesas generadas por los migrantes, manteniendo un enfoque en las actividades financieras y comerciales del propio sector. No obstante, también suele percibirlo como un fenómeno de necesaria regulación en razón a la pérdida de fuerza laboral y, consecuentemente, el aporte al desarrollo de las distintas empresas.  
  1. Las organizaciones de la sociedad civil hacen énfasis en aspectos humanitarios del proceso migratorio tales como la seguridad y legalidad para los migrantes durante su proceso. 
Sin embargo, pese a que el saldo de migraciones de Nicaragua es negativo, tal como se mencionó anteriormente, resulta adecuado aclarar que a partir de los 90 han aumentado significativamente los retornos de los migrantes a su país de origen, aunque ello no ha supuesto mayoría con relación a los flujos migratorios salientes. De hecho, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados para 1980 los migrantes que retornaban sobrepasaron los 80.000 y para 20019, se acercaban a los 40.000 (UNHCR, 2019). A partir de ese año hasta hoy en día, dicha cifra ha ido menguando de forma progresiva, probablemente, en razón de la fuerte y constante problemática socioeconómica consecuente de las múltiples falencias del gobierno actual. Adicionalmente, durante el año 2000 al 2012, 781 nicaragüenses han tenido un proceso de retorno asistido a través, principalmente, del Programa de Asistencia para Retornos Voluntarios y Reintegración, el cual ha sido liderado por la OIM y deja un saldo de 392 y 279 retornantes durante el 2009 y 2012 respectivamente (OIM, 2010).

En conclusión, la diáspora de nicaragüenses a países como Costa Rica está condicionada por la realidad sociopolítica tanto del país de origen, así como el de destino. Ello, sin olvidar los factores económicos, que muchas veces obedecen a problemáticas políticas, no obstante, no aminora la necesidad de estudiarlos y se remonta a los inicios de la formación del Estado nicaragüense, el cual desde su consolidación ha demostrado un carácter dependiente y un gobierno débil y ajeno. La falta de accionar del estado, en conjunto con períodos de inestabilidad política, económica y social son los que han llevado a que hoy en día exista un volumen tan alto de inmigrantes provenientes de Nicaragua, ya que muchos se ven obligados a salir por cuestiones de inseguridad o en busca de mejores posibilidades económicas que su país de origen les es incapaz de proveer.

Problemáticas de este estilo encontramos a lo largo de todo el Sistema Internacional, claramente estas tienen factores diferenciadores que hacen imposible un análisis universal de todos los problemas migratorios, sin embargo, lo que se puede establecer en común a muchos de los casos, es que obedecen a un proceso histórico y desarrollo de problemáticas cuya sombra se extiende hasta la actualidad. Por ende, es responsabilidad del lector comprender que estos procesos migratorios de la diáspora nicaragüense no están desconectados de una realidad política que deviene del deterioro político de una de las partes del conflicto que disparó la salida masiva de personas y que, incluso en sus días más recientes de crisis política y social, en un período de auge migratorio resultante de dictaduras progresistas como Venezuela, sigue siendo un fenómeno que a pesar de su cercanía, nos es extraño y completamente inadvertido.
 
Referencias
Bethell, L. (Ed.). (2001). Historia de América Latina. XIV América Central desde 1930 (Vol. XIV). España: Editorial Crítica.
 
CELADE. (2007). Migración Interna en Nicaragua. Obtenido de Comisión Económica para América Latina y el Caribe: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/7223/1/S0701017_es.pdf
 
CELADE. (s.f). Investigación de la migración internacional de latinoamérica. Obtenido de CEPAL.
Data Nicaragua . (2016). Data Niacragua . Obtenido de https://datanicaragua.com/mapas.html
 
Dirección de Integración y Desarrollo Húmano . (2017). Plan Nacional de Integración para Costa Rica 2018-2022. San José, Costa Rica .
 
Mathews, R. (s.f.). Iran-Contra Affair. Obtenido de Britannica: https://www.britannica.com/event/Iran-Contra-Affair
 
OIM. (2010). Assisted Voluntary Return and Reintegration. Obtenido de Organización Internacional para las Migraciones: http://www.corteidh.or.cr/sitios/Observaciones/11/Anexo28.pdf
 
OIM. (2013). Perfil Migratorio de Nicaragua 2012. Obtenido de Organización Internacional para las Migraciones: https://publications.iom.int/system/files/pdf/perfil_migratorio_de_nicaragua.pdf
 
UNHCR. (2019). The UN Refugee Angency . Obtenido de http://popstats.unhcr.org/en/overview
 
United Nations Department of Economic and Social Affairs. (2015). International migrant stock 2015 . Obtenido de United Nations Department of Economic and Social Affairs: https://www.un.org/en/development/desa/population/migration/data/estimates2/esti-mates15.asp
 
Universidad de Costa Rica. (2000). La población migrante Nicaraguense en Costa Rica: Realidades y respuestas. Costa Rica.

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