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Principal » Universidad, Ciencia y Desarrollo » Fascículos Anteriores » Tomo IV - 2009 » Fascículo 11 » Shock eléctrico: un riesgo latente
Shock eléctrico: un riesgo latente
Dentro del sinfín de hechos que pueden ocurrir cuando alguno de los fallos tiene lugar, hay uno que es especialmente preocupante: la descarga de energía eléctrica. Existe una enorme probabilidad de que la persona, conectada o tratada con un equipo, sufra esta situación que puede poner en riesgo su vida. Esto es posible porque existen dos puntos de conexión: entre una fuente activa y el paciente, por lo que, eventualmente, puede fluir una corriente a través de esta conexión o circuito (figura inferior). Evidentemente, este peligro es mayor cuando existe una conexión directa con el músculo cardíaco o corazón.

No obstante, para que un evento negativo como éste tenga consecuencias en la persona, deben confluir diferentes aspectos: la amplitud de la corriente, el tiempo de exposición, la frecuencia, el área de contacto con la piel y el tipo de contacto (externo o intradérmico). Cuando estos factores se combinan y superan los niveles de permisibilidad o percepción de un ser humano a la corriente, la situación puede ir de un simple ‘corrientazo’ hasta una estimulación eléctrica del tejido excitable (nervios y músculos), lo cual podría provocar daños irreparables (contracción sostenida del miocardio y la respectiva muerte del paciente) (Webster, 1997). Estos fenómenos se pueden dar a través de los siguientes escenarios:

  •  Exposición a la corriente por medio del macrochoque. Es un fenómeno que ocurre cuando una importante cantidad de corriente fluye a través de la piel y de los tejidos, lo que puede provocar contracciones musculares leves o agudas, fibrilación, efectos motores, quemaduras o, incluso, la muerte. El escenario típico en el cual se puede dar un macrochoque es cuando las partes metálicas de un equipo están puestas a tierra (ver figura 2).
  • El microchoque, por su parte, ocurre cuando se usan electrodos invasivos o próximos al corazón y, entonces, pequeñas cantidades de corrientes (llamadas de fuga) pueden provocar fibrilación del músculo cardiaco u otros efectos adversos como quemaduras. Un caso de  microchoque (ver figura 3) se da cuando los equipos médicos necesitan una conexión directa al corazón (electrodos de marcapasos externos, electrodos intracardiacos o catéteres situados en el corazón), lo cual crea una vía conductora que, en caso de accidente o falla, aumenta el riesgo para que pueda fluir una corriente.
  • En cuanto a la frecuencia de la corriente, la situación es menos dramática. Se ha demostrado que si aumenta más allá de 2.500 a 5.000 Hz, no causa ninguna sensación, siempre y cuando la intensidad de la misma se mantenga constante. Por ejemplo, D’Arsonval (biofísico francés), en 1883 hizo pasar corriente a través de dos sujetos para encender una lámpara, con una frecuencia que oscilaba entre 0,5 y 1 MHz, sin que ninguno de los individuos tomados de la mano experimentara sensación alguna.
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