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La pronunciación del griego, por J. L. Perrier

El neotomismo y el Rosario.

José Luis Perrier nació en La Garde (1874), estudió en la Universidad de Montpellier y luego en el St. Francis Xavier College de NY y en la Universidad de Columbia, donde se recibió de doctor en Filosofía con un estudio sobre la filosofía neotomista del siglo XIX. Su obra corresponde principalmente a ediciones de literatura francesa medieval y filosofía.

La relación del profesor francés con el Colegio resultó de la comunicación epistolar que iniciara Julián Restrepo Hernández, alumno de Carrasquilla y también profesor. De ahí que Perrier llegara a ser colaborador de la Revista (entre 1908 y 24), principalmente sobre la difusión del escolasticismo y el neotomismo en el mundo hispanoparlante. En este sentido, publicó el artículo "Un centro neo-tomista en Colombia" (n.58 sept. 1910), traducción del original aparecido en la Revue Néo-Scolastique de Philosophie de Lovaina.

Perrier alcanzó los honores de Colegial honorario y de correspondiente extranjero de la Academia Colombiana.

La cuestión griega.

El catedrático francés se ocupaba también en los filósofos griegos, lo cual explica su estudio "La pronunciación del griego", aparecido primero en la Revista (1917) y luego como folleto impreso (New York: The Phos Press, 1921), en griego moderno. No se indica quién hizo la traducción, luego debe de ser del mismo autor.


Primera página de la versión griega (E22N009).

Resumiendo la cuestión, hay dos maneras de pronunciar el griego: la actual del griego moderno y la que pretende reconstruir el sonido de la lengua antigua. Perrier se inclina por la primera; las universidades occidentales, por la segunda. Ambas tienen pros y contras, que veremos someramente.

La moderna: tiene la ventaja de darle al estudiante una continuidad entre el griego clásico y el actual, no obstante las notables diferencias entre dichos periodos de la lengua. Además, es un modo de pronunciar el griego que existe, por lo menos, desde la Era cristiana. La pronunciación académica es, en cambio, artificial.

La académica: tiene la ventaja de reconocer el hecho cierto de que las lenguas cambian (el español y el inglés actuales no es idéntico fonéticamente al de los fundadores de la lengua), luego pretende aproximarse científicamente a como se hablaba en distintos periodos de la lengua. Esa ventaja entraña asimismo su debilidad: leemos a Homero, a Platón y la Biblia de la misma manera, aunque sepamos que el griego había sufrido ya grandes cambios.

Con dichos antecedentes, veamos el artículo de Perrier: