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La epigrafía en el Colegio del Rosario

La epigrafía en el Colegio del Rosario

La epigrafía en el Colegio del Rosario

Discurso pronunciado el 19 de septiembre de 2016, para tomar posesión como académico correspondiente.

La benevolencia de esta Academia al designarme como individuo correspondiente solo puede explicarse por mi larga vinculación al Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y, particularmente, por mi desempeño último como Director de su Revista Institucional, distinguida con el lema evangélico Nova et vetera y fundada, hace 111 años, por el rector magnífico doctor Rafael María Carrasquilla,  quien fuera, hasta su muerte en 1930, director de esta Corporación, a la cual han pertenecido tantos y tan ilustres rosaristas.
Por lo mismo, la escogencia del tema de mi disertación «La epigrafía en el Colegio del Rosario», es debida al afecto filial e indeclinable para con el Claustro y al respeto que me merece esta noble Institución que tan generosamente me recibe entre los suyos.
Hace más de 50 años, al traspasar por primera vez el portón del Claustro Rosarista, ignoraba  que su fundador, el ilustrísimo señor maestro don fray Cristóbal de Torres, arzobispo de Santafé, había levantado ese edificio con los recursos de su patrimonio personal, anunciando proféticamente que: “será mucha edificación de la República…y será libro para la multitud…”, según rezan las  venerandas Constituciones por él dictadas en el Palacio Arzobispal, el día sábado 14 de febrero de 1654, ante el escribano de Cámara Mayor de Gobernación don Antonio de Salazar Falcón.
Desde ese primer momento entré a formar parte de quienes han visto en los corredores del Claustro ese libro abierto, ilustrador de la República, escrito en piedra y perdurable en la memoria del corazón por la elegancia y la justeza de sus términos.
Debo confesar que, en ese momento, desconocía por completo la vida y obra de Theodor Mommsen, quien inició la publicación del Corpus Inscriptionum Latinarum, que hoy consta de 17 volúmenes que recogen 180 mil inscripciones, sustento de su incomparable Historia de Roma, obras estas que, además de sus otros trabajos jurídicos, filológicos, epigráficos y numismáticos, lo hicieron merecedor del Premio Nobel de Literatura, al igual que  Bertrand Russell y Winston Churchill, corroborando el dictum de Blaise Pascal: “lo que se piensa bien se escribe bien”.
Me era igualmente ajeno el trabajo de Emil Hübner, dedicado a la epigrafía en España, complementario del de Mommsen correspondiente a Italia, así como el Corpus Inscriptionum Graecarum, recopilaciones auspiciadas por la Academia de Ciencias de Berlín en el siglo XIX y que constituyen las referencias universales para el estudio de la epigrafía.

A la larga lista de mis desconocimientos puedo agregar el de los poemas epigráficos de los muros de la Alhambra escritos en la lengua –lo dice don Alonso Quijano– en la cual redactó originalmente Cide Hamete Benengeli esa historia del hidalgo –lo dice Borges– que soñaba ser Don Quijote y al fin lo fue y en cuya versión a la lengua de Castilla debemos por siempre ver una amistad y una alegría y no un herbario de arcaísmos y un refranero.   
Tampoco conocía en ese momento la publicación, realizada en 1938 por la Academia Colombiana de Historia, de la autoría de don Roberto Cortázar, bachiller y doctor en Filosofía del Rosario, titulada Monumentos, estatuas, bustos, medallones y placas conmemorativas existentes en Bogotá, que mereció una documentada nota sobre la epigrafía bogotana del presbítero Juan Crisóstomo García, divulgada por el Boletín de Historia y Antigüedades, en agosto del mismo año, en el cual se celebró el cuarto centenario de la capital colombiana.
A mi profunda y ya revelada ignorancia, debo sumar el artículo sobre la epigrafía latina, pleno de erudición y publicado en el tomo VIII del Anuario de la Academia Colombiana de Historia en 1941,  por el mismo presbítero Juan Crisóstomo García, bachiller rosarista.
Ahora puedo decir, con un alejandrino de León de Greiff: “pero, ni yo soy Tácito, ni aquestos son Anales” y, excusadas mis limitaciones, iniciar mi disertación sobre la epigrafía en el Colegio del Rosario.
Así como el estudio de la epigrafía romana y el mismo de la historia de Roma, suele comenzar con el epitafio del sarcófago de Lucius Cornelius Scipio Barbatus, que en cuatro líneas traza la vida y obra de quien fuera Cónsul en el año 298 a. C., mi modesta noticia sobre las inscripciones en el Claustro Mayor debería partir de la más antigua allí existente: la de la tumba del fundador Fray Cristóbal de Torres y Motones.
En realidad vine a conocer esta inscripción primigenia muchos años después de que otras, muy posteriores, me hubiesen admirado y las hubiese grabado en mi memoria. La razón de ese desconocimiento paradójicamente se debió a otra inscripción en piedra, colocada como una admonición a la entrada de la Capilla de La Bordadita, en la cual reposan los restos mortales del Arzobispo Fundador.
En un latín, poco ciceroniano por cierto, en letras rojas se advierte: LOCUS ISTE SANCTUS EST que la traducción estudiantil, socarrona y macarrónica, pretendía interpretar como “el que entre a este lugar está loco” y que, aunque no se crea, retrasó mi ingreso y el de muchos de mi condiscípulos a ese lugar sagrado que recibió, tiempo después de la fundación del Colegio Mayor, los despojos de Cristóbal de Torres, trasladados allí el 3 de noviembre de 1793 por el entonces rector Fernando Caicedo y Flórez, quien cumplió así la disposición testamentaria del señor Torres, 138 años después de su muerte, acatando su voluntad de ser enterrado en la iglesia del colegio que había fundado, la cual no se había cumplido pues, como arzobispo que era de Santafé, se le inhumó en la Catedral Primada.          
Como se sabe, don Fernando Caicedo y Flórez, rector del Rosario en dos ocasiones, fue extrañado a España durante el intento de restauración monárquica de Pablo Morillo, para luego ser el primer arzobispo republicano de lo que hoy es Colombia.
En latín, bajo la abreviatura D. O. M., Deo Optimo Maximo, dejó entonces el rector Caicedo y Flórez el mármol, colocado bajo la estatua orante del Fundador, que se encuentra en un costado del presbiterio.  
Vale la pena mencionar que a esta primera placa se le ha anotado  un error pues parece que la muerte de fray Cristóbal se produjo el 8 de julio de 1654 y no el 9 como está grabado en mármol, lo cual por lo menos enseña que aún las mejores fuentes de la historia, así se escriban sobre los materiales más duros, pueden equivocarse y, de hecho, se equivocan algunas veces, como veremos.
Ya que, a pesar de los temores juveniles, hemos ingresado a la capilla, podemos encontrar allí la inscripción referida a don José Celestino Mutis:

VARON JUSTO Y SABIO
QUE DEJO RENOMBRE INMORTAL
COMO INTERPRETE DE LA NATURALEZA
Y MAESTRO DE INVESTIGACIÓN RENOVADORA
 
No deja de ser significativo que, bajo el mismo techo, se encuentren hoy las cenizas de estos dos personajes, distantes en el tiempo: Cristóbal de Torres y José Celestino Mutis. Mutis tampoco fue enterrado en este lugar, sino en la Iglesia de Santa Inés, demolida en los años 50 del siglo XX. Su traslado a la Capilla de La Bordadita permite recordar que allí, en marzo de 1762 y ante un curioso y asombrado público, este joven médico nombraría, por primera vez en la América Española, a Newton y expondría la teoría de la gravitación universal en la lección de matemáticas que impartió recién llegado a estas tierras granadinas de las que nunca regresaría a su nativa Cádiz.
Al retornar al zaguán del Claustro, sobre el trasportón del vestíbulo, podemos ver la leyenda en latín, compuesta por don Miguel Antonio Caro en honor de Cristóbal de Torres, que rinde homenaje al rector de los jóvenes Rafael María Carrasquilla e incurre, una vez más, en un pequeño error cronológico, de un año menos, al señalar como fecha de fundación el año 1652. 
A los lados podemos leer la tradicional definición del Fundador, extractada de las Constituciones originales, según la cual el Colegio Mayor viene a ser:
Congregación de personas mayores escogidas para sacar en ellas varones insignes. Ilustradores de la República, con sus grandes letras y con los puestos que merecerán con ellas…      
En la cual, como es obvio, para el idioma del siglo XVII la palabra República significa la respublica, o sea el bien común o, modernamente, el interés general que debe primar siempre sobre los intereses particulares.
Al frente de esta losa, el profesor Luis López de Mesa, al cumplirse el tercer centenario de la fundación, escribió en nombre de la Academia Colombiana de Historia:

HE AQUI, EN CASA DE SABIDURIA,
EL SUMO HOGAR
DEL PATRIOTISMO COLOMBIANO:
EGREGIO DE ORIGEN,
PROCER EN SU VIRTUD DOCENTE,
Y AUN MAS GRANDE
EN LA GRANDEZA DE SUS HIJOS
 
En el corredor bajo, en los costados oriental y occidental, encontramos dos textos en español  que recuerdan los terremotos de 1917: 

ESTE CLAUSTRO
HOGAR DE LOS FUNDADORES DE COLOMBIA CUNA DE LA REPUBLICA
CASI TOTALMENTE DESTRUIDO POR LOS TERREMOTOS DE 1917
RENACIO DE SUS RUINAS EL AÑOS SIGUIENTE
CON APLAUSO DE SUS HIJOS
Y EN OBSEQUIO A LA JUVENTUD ESTUDIOSA
ORGULLO Y ESPERANZA DE LA PATRIA
 
Es un testimonio de ese desastre natural, increíblemente profetizado muchos años atrás, el 30 de octubre de 1827, por el Padre Francisco Margallo y Duquesne, mediante los versos  que algunos santafereños aún recuerdan:
El 31 de agosto/ de un año que no diré/ sucesivos terremotos/ destruirán Santafé”           
Ese vaticinio se cumplió precisamente el 31 de agosto de 1917 con un fuerte sismo, sucedido por siete réplicas el mismo día, que llegaron a cuarenta y cuatro en los nueve días en que continuaron los movimientos telúricos.  
Según parece, el padre Margallo tenía la intención de castigar a los impíos y masones que irrumpían en la capital, divulgando las enseñanzas de Jeremías Bentham en las aulas del Rosario. Por un error de planeación, de común ocurrencia entre videntes y profetas, la catástrofe anunciada se produjo con un desfase de 90 años cuando el Claustro, merced a la intervención de la Regeneración de Núñez y Caro, se había colocado bajo la égida del varón de vida integérrima doctor Carrasquilla, como puede traducirse del latín en la larga placa a él dedicada, redactada por Alejandro Aráoz Fráser y empotrada en el costado sur del mismo corredor.
 
Al continuar nuestro recorrido por el Claustro se encuentra que:

POLICARPA SALAVARRIETA
LA HEROINA DE COLOMBIA
PASO EN LA CELDA QUE OCUPABA ESTE LUGAR
LAS ULTIMAS HORAS DE SU VIDA
ANTES DE MORIR POR LA PATRIA
 
A su lado Pedro Fermín de Vargas:

FERVIENTE SERVIDOR
DE LA INDEPENDENCIA COLOMBIANA
OBSERVADOR SAGAZ
DE LA ECONOMIA CONTEMPORANEA
Y PRECURSOR DE LA FUTURA
A LA CUAL ABRIO CAMINO
CON SU DOCTRINA Y EXPERIENCIA
 
Parece, por las dos fechas grabadas 1762-1962, haber  vivido 200 años, ser inmortal o, mejor como conviene a la historia, ser desconocida su fecha de muerte.
En el descanso de la escalera principal, redactada por monseñor Carrasquilla, quien también escribió la de Policarpa y las que recuerdan los terremotos ya citadas, se encuentra la que nos recuerda que:

POR ESTA ESCALA
FRANCISCO JOSE DE CALDAS
DECORO DE LA CIENCIA
EJEMPLAR DE VIRTUDES CRISTIANAS
COLEGIAL CATEDRATICO Y CONSILIARIO
DE ESTE COLEGIO MAYOR
DESCENDIO DE LA PRISION AL PATIBULO
PARA ASCENDER A LA INMORTALIDAD
EL 29 DE OCTUBRE DE 1816
 
Esta bella y doble leyenda, como  veremos, rematada por una o partida  por la mitad en la que muchas generaciones han visto la frase “¡Oh larga y negra partida!” fue mencionada por primera vez en 1867 por el Fundador de esta Academia, que da nombre al salón en el cual nos encontramos, José María Vergara y Vergara, quien en su Historia de la Literatura de la Nueva Granada escribió lo siguiente:
Cuentan que durante su prisión tomó un carbón extinto de una fogata de la guardia, y escribió en la pared una o larga y negra, partida! que sus compañeros de martirio leyeron de corrido, al pasar, días después, cuando recorrían al mismo camino mortal, Hasta el último momento tuvo ingenio y poesía, aun para escribir aquella lacónica, triste, resignada y misteriosa despedida a la vida y a la ciencia, que era su verdadera vida. 
Esta leyenda es repetida por Quijano Otero en un artículo publicado en 1872 titulado “Nuestros Mártires”, atribuyéndola al prócer tunjano, ilustre jurisconsulto y colegial rosarista, don José Joaquín Camacho, fusilado unos días antes que Caldas, el 31 de agosto de 1816.
El Papel Periódico Ilustrado de Alberto Urdaneta reproduce, el 2 de agosto de 1882, la leyenda, tal y como la narra Vergara y Vergara, ilustrándola con un grabado del signo que también se ha identificado como la letra griega inicial de Thánatos.
Ya que hablamos de Thánatos, encontramos en la placa que rememora a Atanasio Girardot una inscripción que constituye, a la vez, un juego de palabras etimológico y un feliz ejemplo de enumeración:

ATANASIO GIRARDOT
INMORTAL POR SU NOMBRE
Y POR SU SACRIFICIO
EN DEFENSA DE LA LIBERTAD
GLORIA DE SU PATRIA
Y ORNAMENTO DE ESTE COLEGIO
QUE LE ENSEÑO
EL AMOR A LA REPUBLICA
CORTO EN AÑOS
LARGO EN MERECIMIENTOS
HALLO EN LA CIMA DEL BARBULA
EL 30 DE SEPTIEMBRE DE 1813
                                                               FIN A SU VIDA                                                             
PRINCIPIO A SU MEMORIA
Y MONUMENTO A SUS HAZAÑAS
 
Esta última fue escrita por monseñor José Vicente Castro Silva, individuo de número de esta Academia y rector por casi 38 años del Rosario y a quien la epigrafía bogotana debe las mejores expresiones.
La primera de ellas:

A GOETHE
DIVINO POETA
QUE REFLEJO EN SU VIDA
Y TRASLADO A SUS OBRAS
LA PLENITUD DEL UNIVERSO
EL COLEGIO MAYOR
DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
TRIBUTA ESTA MEMORIA SECULAR
EL 22 DE MARZO DE 1932
 
Fue esta una rotunda afirmación de su llegada como rector al Claustro Mayor, exaltando al gran autor alemán, tan lejano a la tradición cultural de la parroquial Santafé, con una frase que espontáneamente  había pronunciado en una de sus lecciones magistrales, inolvidables para sus innumerables discípulos, entre los cuales se encuentra nuestro director don Jaime Posada.
Castro Silva igualmente redactó en mármol  una afortunada síntesis de la vida de Mutis, el Sabio gaditano, y la frase lapidaria que ya leímos de su sepulcro.
En austero latín escribió también la dedicada a Camilo Torres y, en un español que no olvida sus raíces, redactó así las siguientes:
 
ALUMNO DE LA CIENCIA Y DE LA VIRTUD
FUE EN ESTE COLEGIO MAYOR
MANUEL RODRIGUEZ TORICES
ESPEJO DE ESTUDIANTES
FLOR DE LA JUVENTUD
Y DECHADO DE PATRIOTAS
GOBERNO A CARTAGENA
CON MAS PRUDENCIA QUE AÑOS
CONSERVO CON GLORIA
EL HONOR DE LA REPUBLICA
EXTENDIO SU FAMA
CON ILUSTRES HECHOS
Y CON HERMOSA MUERTE
POR LA DULCE LIBERTAD
TROCO SU BREVE VIDA
CON PERENNE GLORIA
EL 5 DE OCTUBRE DE 1816
 
LOOR  A
JOSE MARIA GARCIA DE TOLEDO
ORGULLO DE ESTE COLEGIO
Y PREZ DE CARTAGENA
DONDE NACIO
Y MURIO MUERTE DE GLORIA
POR LA REPUBLICA
QUE AMO MAS QUE A SI MISMO
SE RECORDARAN SUS PROEZAS
MIENTRAS HAYA LIBERTAD
Y VIVIRA SU NOMBRE
CUANTO VIVA EL DE LA PATRIA
 
Al conmemorarse el centenario del fallecimiento del prócer Castillo y Rada, que murió siendo rector, evento que coincidió cercanamente con la firma del Protocolo de Amistad y Cooperación entre las Repúblicas de Perú y Colombia, traviesamente el rector Castro Silva develó la siguiente placa que estuvo a punto de producir un incidente diplomático:

CIEN AÑOS HA
FALTA EN ESTE COLEGIO MAYOR
Y A LA REPUBLICA
JOSE MARIA DEL CASTILLO Y RADA
LUZ DE LOS FUNDADORES
DE LA GRAN COLOMBIA
CONSERVADOR DE LA PATRIA
DE LAS LEYES
Y DE LIBERTAD
QUE LE COSTO DESTIERRO
NACIO EN CARTAGENA
EL 22 DE DICIEMBRE DE 1776
ENSEÑO LA FILOSOFIA
EN ESTAS AULAS CON DOCTRINAS
Y FUERA DE ELLAS
CON SU VIDA NOBLE Y PURA
BOLIVAR  SANTANDER Y EL PUEBLO
LE DIERON AMPLISIMOS HONORES
RIGIO TODAS LAS MAGISTRATURAS
FORMO LA RIQUEZA NACIONAL
Y CONSULTANDO MAS
LA MAGNANIMIDAD
QUE EL AGRADECIMIENTO
LA GASTO GENEROSAMENTE
EN LA INDEPENDENCIA DEL PERU
COLEGIAL CONSILIARIO Y RECTOR
DE ESTE CLAUSTRO
LO GOBERNO CON AMOR Y SABIDURIA
                                             MURIO EL 23 DE FEBRERO DE 1835      
Y AQUI REPOSA Y AUN ENSEÑA
CON SUS ALTOS EJEMPLOS
 
Capítulo aparte merecen las dos inscripciones, una en latín y otra en español, redactadas en 1906 por el doctor Rafael María Carrasquilla, agradeciéndole al presidente de la República general Rafael Reyes su aporte para la construcción del llamado Claustro Nuevo, contiguo al original.
La ayuda del Gobierno en ese momento permitió restablecer la Facultad de Jurisprudencia y recibir en esas instalaciones, en calidad de internos, a estudiantes de derecho, medicina e ingeniería, estos últimos de la Universidad Nacional, todos becados por el Gobierno Nacional.
Estas inscripciones, en algún momento y por razones que desconocemos, fueron retiradas, quedando como único recuerdo su transcripción en la Revista Institucional del mismo año.
El pasado año 2015 fueron halladas en algún desván y regresadas a su sitio inicial, para hacer justicia al presidente de la República y patrono del Colegio, al cual le correspondió la primera paz del siglo XX y quien prestó singular atención a la educación universitaria, tal como se registra en el libro de don Baldomero Sanín Cano, titulado Administración Reyes 1904-1909 que, con prólogo del profesor Malcolm Deas, reeditamos y presentamos con ocasión del redescubrimiento de esas inscripciones de gratitud, que alguien quiso borrar.
Este caso de desaparición de placas no es único pues otra, referenciada en la Revista y redactada presumiblemente por monseñor José Vicente Castro Silva, también se ha esfumado.
 
El texto decía así:


AL DIVINO CANTOR
DE LA HUMANIDAD Y DE LOS SIGLOS
ALTISIMO POETA
DE LA SABIDURIA CATOLICA
HONRA DE ITALIA
GLORIA DE LA GENTE LATINA
ORGULLO DEL HUMANO LINAJE
DANTE ALIGHIERI
EN EL SEXTO CENTENARIO DE SU MUERTE
EL CLAUSTRO DEL COLEGIO MAYOR
DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
UNIENDOSE AL HOMENAJE UNIVERSAL
RECUERDA CON FERVOROSA ADMIRACION
1321-14 DE SEPTIEMBRE-1921.
 
La otra, mencionada por don José Manuel Rivas Sacconi en su conocida obra El latín en Colombia, fue redactada por el presbítero y humanista ya mencionado Juan Crisóstomo García, quien la transcribe en su artículo sobre la epigrafía latina, y contenía un homenaje a la memoria de monseñor Rafael María Carrasquilla. Fue colocada en la Quinta de Mutis, que es otra sede del Colegio, en 1931 o sea al año de la muerte de este recordado rector y no se ha hallado en la actualidad rastro de ella.
Estas desapariciones darían entonces para otro acápite de esta reseña sobre la epigrafía Rosarista  y constituyen un misterio aún sin resolver.    
Disertar, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, significa “razonar, discurrir detenida y metódicamente sobre alguna materia”; y han visto ustedes, muy respetados y queridos amigos, que esta deshilvanada exposición no concuerda mucho con esta definición y más bien responde a la intención de invitarlos a que sean ustedes los lectores de ese “libro para la multitud”, nombrado por fray Cristóbal en sus Constituciones fundacionales, recorriendo el Claustro que este año alcanza 363 años de su edad, número palíndromo o, como se dice con palabra catalana, capicúa, considerado de buena suerte.  
Para no fatigarlos, entonces, concluyo leyendo una de las últimas placas que exornan el corredor alto del Claustro, redactada por nuestro capellán emérito monseñor Germán Pinilla Monroy, quien por cierto publicó, con ocasión de la  celebración de los 450 años de Bogotá, en 1988 y en una separata de la Revista del Colegio, un completo e ilustrado artículo sobre las placas conmemorativas.
Esta inscripción es vecina de la que, en mármol negro con letras doradas, se dedica a la memoria de:


LUIS A. ROBLES
1849-1899
COLEGIAL
DOCTOR EN JURISPRUDENCIA
CATEDRÁTICO Y SERVIDOR
DE LA REPUBLICA
SU VIDA Y OBRA EJEMPLARES
ENSEÑAN QUE LA SANGRE
AFROCOLOMBIANA
NUTRE LAS RAICES DE LA PATRIA
 
Se trata de la dedicada al general y doctor Rafael Uribe Uribe, compañero de luchas de Robles, y para la cual Germán Pinilla, canónigo de la Catedral, empleó una frase del arzobispo Bernardo Herrera Restrepo. Este texto se me antoja hoy, en esta mañana de septiembre de 2016, de una especial pertinencia y actualidad:
 
RAFAEL URIBE URIBE
1859-1914
DOCTOR EN JURISPRUDENCIA
DE ESTE COLEGIO MAYOR
CON LA RECTITUD DE SU INTELIGENCIA
Y LA BONDAD DE SU CORAZON
BATALLO EN TODOS LOS CAMPOS
POR LA CONCILIACION
Y LA INTEGRIDAD DE LA PATRIA
SU SANGRE
CRUELMENTE DERRAMADA
AL PIE DEL CAPITOLIO NACIONAL
CLAMARA SIEMPRE
POR LA PAZ DE COLOMBIA
 

 Luis Enrique Nieto Arango
 
*Aquí, un ábum con algunas losas del Rosario. ​
**
El discurso del Dr. Nieto apareció originalmente en el Boletín de la Academia Colombiana (tomo LXVII n.273-4 julio-diciembre 2016). El corrector se tomó la libertad de editar los textos epigráficos, contrariando así su naturaleza. Aquí los copiamos como son.
 
BIBLIOGRAFÍA
 
- Beard, Mary (2016). SPQR una Historia de la Antigua Roma. Editorial Crítica.
- Borges, Jorge Luis. El otro, el mismo. (España, 1964). Obras Completas. Emecé Editores Buenos Aires. 1974.
- Corpus Inscriptionum Graecarum. 1828-1877 https://es.scribd.com/collections/2637277/Corpus- Inscriptionum-Graecarum-1828-1877
- Corpus Inscriptionum Latinarum https://es.wikipedia.org/wiki/Corpus_Inscriptionum_Latinarum
 
- Cortázar Toledo, Roberto (1938). Monumentos, estatuas, bustos, medallones y placas conmemorativas existentes en Bogotá. Bogotá Editorial Selecta.
- Crisóstomo García, Juan (1938). Epigrafía Bogotana. Boletín de Historia y Antigüedades XXV, (pp.832-835), Bogotá.
- Crisóstomo García, Juan (1941). Epigrafía Latina. Anuario de la Academia Colombiana T. VIII, (pp.339-362), Bogotá.
 
- Greiff, León de. Libro de Relatos. Relato de Guillaume de Lorges. Bogotá Ediciones Tercer Mundo
   1975.
- Inscriptiones Hispaniae Latinae (1869). Reimer, Berlín, 1869; reimpresión de Gruyter, Berlín, 1974.
- Mommsen, Theodor (1876). Historia de Roma. Francisco Góngora editor.
- ¡Oh larga y negra partida (Ø)!. Blog Archivo Histórico Universidad del Rosario.
 
- Pinilla Monroy, Germán (1988). Placas Conmemorativas del Colegio Mayor de Nuestra Señora del
  Rosario. Separata de la Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Volumen LXXXI.
  Número 541. Bogotá.
- Poemas Epigráficos. https://www.alhambradegranada.org/es/info/poemasepigraficos.asp
- Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Crónica del Colegio. Volumen II. Número
   14. Mayo 1 de 1906 (pp.190-192).
 
- Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario.  Inscripciones en el Colegio del Rosario.
   Volumen XIV. Número 131. Febrero 1 de 1919 (pp.108-109).
 
- Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Dante Alighieri. Volumen XVI. Número
  159. Octubre 1 de 1921 (pág. 220).
- Rivas Sacconi, José Manuel (1949). El latín en Colombia. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá.
- Sanín Cano, Baldomero. Administración Reyes 1904-1909. Fondo Editorial Rosarista.  Segunda 
   Edición Bogotá 2015.
- Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario 350 Años (2003). Villegas Editores. 
   Bogotá.
- Torres, Cristóbal de, fray (1666). Constituciones para el Colegio Mayor de Nuestra Señora del  
  Rosario en la ciudad de Santafé. Madrid.
- Urdaneta, Alberto (1882). Papel Periódico Ilustrado. Bogotá.
- Vergara y Vergara, José María (1867). Historia de la Literatura en Nueva Granada. Bogotá.