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Notas sobre la historia del bargueño

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Hablábamos en este blog, hace poco, de la ruina de la biblioteca del Claustro, con ocasión de la Guerra de los Mil Días. Por el informe rectoral, también supimos de la suerte de otra de las piezas del patrimonio artístico y cultural de la Universidad del Rosario: el bargueño[1]. Se perdió y luego se recuperó el “venerable escritorio de Masústegui con los preciosos documentos que encerraba”, aunque forzado para abrir los cajones secretos.

 

El bargueño patrimonial era parte del mobiliario de la Rectoría y allí, el 16 de marzo de 2013, el Dr. Hans Peter Knudsen halló unos documentos antiguos: la traslación de los restos del Fundador a la capilla de La Bordadita (1792)[2] y un expediente de nobleza del propio Masústegui (1753)[3].

 

 

 

La primera mención del bargueño, sin usar el término, podría ser la del Inventario de 1866 [caja 44 ff.4043]:

 

1.       Un escritorio de madera con fajas de bronce, de hechura antigua con la cerradura principal dañada i algunos cajones cerrados sin llave [f.41r].

 

Fuentes.

 

Ortiz, Á. (2013). Noticia de dos hallazgos históricos. Revista del Rosario. 108(607), 56-61.
Randazzo, M. (2014). El buen gusto y la construcción de distinción en el virreinato de la Nueva Granada entre honorabilidad, leyes suntuarias y consumo de lujo (1718- 1807) [tesis de pregrado]. Universidad Javeriana.

 

Bargueño del siglo XVIII, existente en la
Casa Museo Marqués de San Jorge. Fuente: Randazzo, 2014.