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Omnia

Automedicación y covid-19

Andrés M. Pérez-Acosta

08/04/2020

Volumen 6 - Nº 58 abr./2020
ISSN: 2422-2216

Automedicación y covid-19

En estos tiempos de crisis global por la pandemia del COVID-19, las personas fácilmente pueden verse tentadas a tomar medidas “preventivas” por su propia cuenta o mal aconsejadas, como lo puede ser la automedicación.

            La automedicación es la autoadministración de medicación no prescrita por un médico o de una manera no dirigida por un médico[1]. Un ejemplo especialmente dañino durante esta pandemia es el consumo innecesario de antibióticos contra el coronavirus, los cuales están destinados originalmente a combatir las bacterias[2], la consecuencia emergente de este consumo es la mayor resistencia de los microbios (bacterias) a los actuales antibióticos[3].

            Desde el Punto de Vista del Observatorio del Comportamiento de Automedicación de la Universidad del Rosario (Bogotá, Colombia)[4], los factores que promueven el comportamiento de automedicación, como cualquier otro comportamiento de consumo, son la publicidad y el mercadeo de los medicamentos, entendidos en su sentido más amplio como la publicidad formal en medios de comunicación o informal voz-a-voz, el mercadeo legal o ilegal. En ese sentido, se comprende el infortunado deceso de un hombre diagnosticado con COVID-19 en el estado de Arizona (Estados Unidos), el cual consumió cloroquina fosfato, un aditivo comúnmente usado en acuarios para limpiar los tanques de los peces.

El fallecimiento de esta persona y la hospitalización de su esposa (también infectada por COVID-19) por automedicarse con esta forma de cloroquina[5], se produjeron apenas unos pocos días después de que el presidente Donald Trump promovió públicamente que la cloroquina era la tabla de salvación contra el COVID-19[6]. A pesar de que las autoridades de salud de Estados Unidos (incluida la FDA-Food and Drugs Administration) reaccionaron ante el entusiasmo de Trump solicitando cautela y aclarando que aún no habían concluido las pruebas clínicas. Lastimosamente, fue demasiado tarde para la pareja de Arizona, quienes muy probablemente recibieron la información de Trump por medios de comunicación y se influyeron el uno al otro para la fatal decisión de automedicarse con fosfato de cloroquina. No sobra advertir que estos eventos se debieron a la cloroquina y no al COVID-19.

            Aunque la automedicación no es originalmente un mal comportamiento (por ejemplo, muchas especies animales recurren a éste de forma espontánea en la naturaleza para el autocuidado de su salud[7]), en la actual crisis se trata de una mala decisión por las siguientes razones:
1. No existe a la fecha un medicamento con evidencia de cura de la enfermedad infecciosa COVID-19.
2. No existe hoy una vacuna con evidencia de prevención del COVID-19.
3. Las medidas más eficaces para frenar el desarrollo de esta enfermedad son todas no farmacológicas: lavado de manos con frecuencia, cubrirse la boca con el codo o con un pañuelo de papel al toser, y mantener al menos un metro de distancia de las personas que tosen o estornudan[8]. La clave: el aislamiento social.
4. Para las personas que ya traen tratamientos farmacológicos en curso, por ejemplo, para enfermedades crónicas (hipertensión, diabetes, cáncer, etc.), la automedicación suele interactuar negativamente o simplemente ser un placebo que no funciona[9].
5. Precisamente, la mayor mortalidad por COVID-19 está correlacionada con la mayor edad y la pre-existencia de enfermedades crónicas[10]

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            En consecuencia, recomendamos las siguientes medidas relacionadas con el afrontamiento del COVID-19 y el consumo de medicamentos:

1. Acatar rigurosamente las recomendaciones ya mencionadas de la Organización Mundial de la Salud para la contención del COVID-19 (#YoMeQuedoEnCasa).
2. Consultar a profesionales de la salud autorizados y con experiencia (actualmente debe ser a distancia) sobre la pertinencia de medidas preventivas, con base en fármacos, suplementos vitamínicos o complementos nutricionales.
3. Evitar los atractivos consejos de prevención o tratamiento, por parte de personal no especializado, muy especialmente divulgados a través de redes sociales (Instagram, YouTube, Facebook, entre otras).  También sospechar de la publicidad de medicamentos de venta libre (o incluso de prescripción) a través de medios masivos como televisión, radio, periódicos y revistas[11].
4. Para las personas que están en tratamiento médico mantener la adherencia, es decir, seguir la prescripción tal como fue indicada por el médico (medicamento, dosis, frecuencia de toma y duración del tratamiento). Cualquier forma de alteración de la prescripción es un caso de automedicación irresponsable[12].
5. Finalmente, aconsejamos que todas las personas reciclen adecuadamente los restos no usados de medicamentos, humanos o veterinarios. Acumular los medicamentos a manera de “botiquines caseros” aumenta el riesgo de intoxicaciones. Y botarlos a la basura normal, además de contaminar gravemente el ambiente, fomenta el mercado negro. En varios países como Colombia[13], Costa Rica[14] y España[15] existen dispositivos especializados para el reciclaje de restos de medicamentos tanto en farmacias como en centros comerciales.
 
Prof. Dr. Andrés M. Pérez-Acosta
Director del Observatorio del Comportamiento de Automedicación
Universidad del Rosario (Bogotá, Colombia)
Correo-e: andres.perez@urosario.edu.co

 

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