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Una aproximación a Luis Cernuda: uno de los grandes poetas españoles del siglo XX

Ismael Iriarte Ramírez

Casa

La vida del poeta español Luis Cernuda estuvo marcada por grandes rupturas y renuncias que en buena medida definieron su obra.

Estas transformaciones trascienden la natural vocación evolutiva que acompaña el ciclo vital y se relacionan con una búsqueda constante de referentes y motivaciones que permitieron la reafirmación de su propia voz y configuraron los rasgos de su poética a lo largo de diferentes etapas creativas.

Entre sus primeras influencias literarias se cuenta la lectura de Gustavo Adolfo Bécquer, que pareció acompañarlo en su temprana exploración de la rima, pero en especial del ritmo en la poesía. Resulta mucho más significativa la afición a autores clásicos españoles como fray Luis de León, Luis de Góngora, Lope de Vega, Francisco Quevedo, Pedro Calderón de la Barca y Garcilaso de la Vega (Cernuda, 4). Sin embargo, uno de los aspectos que más marcaría su obra sería el descubrimiento de autores extranjeros, inicialmente franceses como Baudelaire, Mallarme, Rimbau y Andre Gide, a los que se acercó durante su periplo universitario, bajo la tutela de Pedro Salinas (2).

Desde la publicación de Perfil del aire, en 1927, Luis Cernuda empezó a establecer uno de los rasgos que sería recurrente en su obra. Se trata de lo que el autor señalaba como una “expresión coloquial”, que marcaba su predilección por el equilibrio entre el lenguaje hablado y el escrito y el distanciamiento de los usos de la poesía española de las primeras décadas del siglo xx, en la que gobernaba el excesivo apego a la rima y el predominio de la forma sobre el contenido (4). Esta tendencia cismática lo acercó a otro escritor español, don Miguel de Unamuno, en su momento considerado por Cernuda como “el mayor escritor español en lo que va del siglo” (Valente 386).

Perfil del aire no tuvo una gran recepción por parte de la crítica, que sin vacilaciones acusó al autor sevillano de “no ser nuevo”. La respuesta de Cernuda no se hizo esperar y llegó en 1928 con la publicación sucesiva de tres obras “menos nuevas”: “Égloga”, “Elegía” y “Oda”, un homenaje a las formas clásicas y en particular a Garcilaso, a quien señalaba como “el poeta español que más grato me es” (Cernuda 4).

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Su cercanía a los escritores franceses encontraría un nuevo foco de interés en autores como Aragon, Breton, Éluard y Crevel, representes del superrealismo. En las protestas y rebeldía de este movimiento Cernuda encontraría una afinidad ante su tendencia a la hostilidad hacia la sociedad. Sin embargo la publicación de Donde habite el olvido, coincidió con el abandono de este modelo y la aproximación a Hölderlin, un hecho que tendrá gran relevancia por la adopción del encabalgamiento, que determinaría su noción del ritmo en lo sucesivo (16).

Fragmento de Donde habite el olvido
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
 
Aunque el compromiso social no fue una tendencia en la obra de Cernuda, sí puede observarse cierta “conciencia patriótica” motivada por la pérdida de la fe en la lucha política y la plena certeza de la magnitud de la tragedia que representaba la Guerra Civil. Este periodo se extendería hasta el inicio del exilio del autor en 1938 y coincidiría con la reducción de la extensión de sus poemas y el abandono casi absoluto de la rima (11).       
Su llegada a Inglaterra le permitió el acercamiento a los autores británicos, que no solo le valió para reafirmar su inclinación hacia una poesía que prescindiera de los giros estilísticos innecesarios, sino que propició su aproximación a la poesía meditativa, senda que ya había sido transitada por Unamuno. La presencia de la fórmula pensamiento y pasión se convertiría en un aspecto central de la producción poética de Cernuda durante su etapa creativa de madurez (Valente 389).

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Resulta poco recomendable supeditar el análisis de la obra de Cernuda a la óptica de una declaración de principios de su sexualidad. Sin embargo, tampoco conviene desconocer la relevancia que ese aspecto tuvo en su obra, de lo contrario sería imposible abordar rasgos representativos como su visión del erotismo desde lo prohibido, o el peso de la derrota que en muchos pasajes marca el amor para el autor (Mérida Jiménez 11).

Todo esto por amor
Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente,
derriban los instintos como flores,
deseos como estrellas
para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre.
 
Que derriben también imperios de una noche,
monarquías de un beso,
no significa nada;
que derriben los ojos, que derriben las manos como estatuas vacías.

 
Mas este amor cerrado por ver sólo su forma,
su forma entre las brumas escarlata,
quiere imponer la vida, como otoño ascendiendo tantas hojas
hacia el último cielo,
donde estrellas
sus labios dan otras estrellas,
donde mis ojos, estos ojos,
se despiertan en otro.
 
Referencias
Cernuda, Luis. Historial de un libro (La Realidad y el Deseo), 1959.
Mérida Jiménez, Rafael M. Hacia un discurso amoroso del cuerpo en la poesía de Luis Cernuda: La realidad y el deseo (1936). Antípodas, 1999.
Valente, José Ángel. "Luis Cernuda y la poesía de la meditación".