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Urbi et Orbi: la crisis global

Manuel Guzmán Hennessey

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Ahí va Francisco por la Plaza de san Pedro. Solo, bajo una lluvia leve, al caer de la tarde. Triste, desolado, abatido. La imagen no pudo ser más sobrecogedora.

Es la imagen espejo de todos en el mundo. Y aquí estamos, en nuestras casas, bajo esa misma lluvia leve de un cielo que compartimos. Todos. Nada más elocuente que su homilía: “Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”.
 
No es la primera vez que Francisco se refiere a la crisis que vivimos. Laudato Si es un documento visionario sobre lo que nos espera, como especie, como civilización, como cultura. Allí escribió: “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos. Porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos implican a todos.”. Nos hace falta, hoy con más urgencia que ayer, emprender cuanto antes aquel diálogo nuevo. Entre todos y no simplemente entre los gobernantes del mundo, como lo sugirieron las comunidades aborígenes de Fiji a la Convención Marco de Cambio Climático en 2017: el Diálogo de Talanoa.

La cuarentena mundial del coronavirus disparó la controversia entre aquellos líderes que privilegiaron la salud de sus habitantes y aquellos que instan a que todo siga igual para no paralizar la economía, escribe Sergio Federovisky, secretario de control y monitoreo ambiental de la Argentina. Anotó que en este último bando, están, no casualmente, los que descreen del cambio climático. Hay que seguir produciendo, creciendo y contaminando, pues igual se acabará el mundo, escribió refiriéndose al paradigma predominante.

Pero Francisco ya lo había escrito en Laudato Sí: “El problema fundamental es otro y más profundo todavía. El modo como la humanidad ha asumido la tecnología y el desarrollo, mediante un paradigma homogéneo y unidimensional… de aquí se pasa fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto a economistas, financistas y tecnólogos. Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a ‘estrujarlo’ hasta el límite y más allá del límite”.
 
Francisco dijo en la plaza vacía: “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas… Nos llama a tomar este tiempo de prueba (el del confinamiento por el coronavirus) como un momento de elección, no es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es… nuestras vidas están tejidas”, acabó.
 
Su llamado nos hace reflexionar sobre el carácter sistémico de la crisis. De la crisis ambiental, la crisis climática, la crisis económica y la crisis del coronavirus. Una sola y única crisis que nos remiote a un concepto aún en construcción, el del ‘cambio global’. Este  incluye factores como los cambios en el uso del suelo, los cambios geopolíticos y económicos, el incremento de la población humana, las alteraciones en la biodiversidad, los procesos de desertificación y degradación de algunos ecosistemas de la Tierra, y las alteraciones en los ciclos biogeoquímicos del nitrógeno, el carbono, el agua, el calcio, el oxígeno, el azufre y el fósforo; incluye también el cambio climático y las nuevas enfermedades derivadas de este. ¿Es el COVID 19 una de estas nuevas enfermedades?
 
Lo que sabemos es que todos estos factores están relacionados con el modo de vida que diseñamos para ser felices, por lo tanto, la del cambio global es una crisis del pensamiento del ‘Hombre’: la manera como decidimos ocupar los territorios y usar sus recursos naturales, la manera como decidimos crecer y la manera como decidimos depender de una sola -y casi exclusiva-' fuente de energía: los combustibles fósiles.

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Ahora bien, si la crisis global es una crisis del pensamiento del ‘Hombre’ será necesario incluir el examen de este pensamiento (el de la crisis del pensamiento del Hombre) en los análisis de la crisis. Pero no todo el pensamiento del ‘Hombre’ está relacionado con la crisis. Me refiero tan solo al pensamiento dominante del desarrollo que empezó a guiar buena parte de nuestras civilizaciones desde el siglo XVII, pero que desarrolló toda su potencia durante el siglo XX: el paradigma del crecimiento ilimitado. Por eso podemos decir que la crisis que hoy amenaza la vida es una crisis emergente de la cultura humana, y que sucedió en el siglo XX. El siglo XXI nos sorprende con una pandemia. Y aquí se me ocurre citar un pensamiento de Sófocles (año 496 antes de Cristo) que leí (y por eso lo tengo presente) no en Sóficles sino en Malcolm Lowry, este sí, contemporáneo de mis días. Lowry, quien alcanzó a escribir que la única esperanza es el próximo trago, puso este epígrafe en su novela ‘Bajo el volcán’: “De cuantas maravillas pueblan el mundo, la mayor, el hombre. A la Tierra también, la anciana diosa, incansable, inmortal, ha domeñado con sus ágiles mulas […] su avance no detiene azar alguno, y no hay dolencia que le salga al paso que a soslayar no acierte. De solo un mal no escapa: de la muerte” [i].
 
Y de Sófocles vuelo a un recuerdo de mi infancia: cuando yo era niño mi abuelo Guillermo Hennessey me decía un verso de un compatriota suyo, el poeta William Butler Yeats: “Things fall apart; the centre cannot hold” (las cosas se desmoronan, el centro no puede resistir). Yeats escribió este verso en el poema ‘El segundo advenimiento’ a principios del siglo XX. En 1977 lo retomó Theodore Roszak en su libro ‘Persona/Planeta’: “La anarquía se abate sobre el mundo, se suelta la marea de la sangre, y por doquier se anega el ritual de la inocencia; los mejores no tienen convicción, y los peores rebosan de febril intensidad. Se aproxima el segundo advenimiento”[ii].
 
Pero Roszak es más optimista que Yeats. Escribe que algunas veces las sociedades se desmoronan de tal manera que liberan energías afirmadoras de vida. Y así, lo que puede parecer anarquía desde el punto de vista del centro cultural establecido, es, en realidad el conflictivo nacimiento de un nuevo y apropiado orden más humanamente social[iii]. Creo que lo que ha ocurrido, por lo menos durante los diecinueve siglos posteriores al aserto de Sófocles, confirmaban, de alguna manera, su sentencia. El hombre era la mayor maravilla de las que poblaban el mundo. Me pregunto si hoy lo seguirá siendo, teniendo en cuenta que por haber intentado domeñar a ‘la anciana diosa’: Gaia, ha conseguido impactar a la esfera de la vida: la biósfera, de manera letal e irreversible. Rabindranath Tagore, educador indio del siglo XIX, vio venir al monstruo (también en los albores del siglo XX) y lo anunció: “La historia ha llegado a un punto en el que el hombre moral, el hombre íntegro, está cediendo cada vez más espacio, casi sin saberlo, al hombre comercial, al hombre limitado a un solo fin, y este proceso, asistido por las maravillas del avance científico, está alcanzando proporciones gigantescas que causan el desequilibrio moral del hombre y oscurecen su costado más humano, bajo la sombra de una organización sin alma”.[iv]
 
Tagore no alcanzó a comprobar hasta dónde el oscurecimiento de nuestro costado más humano nos llevaría como especie, como civilización y como cultura, hasta la amenaza de nuestra propia supervivencia colectiva. No alcanzó a comprobar hasta dónde la sentencia de Sófocles se quebraría durante la segunda mitad del siglo XX, pues murió en 1941, pero Hans Joachim Schellnhuber, recientemente nombrado Director emérito del Instituto Potsdam, uno de los centros de investigación científica sobre el cambio climático más reconocidos, nos completó la plana en 2019 (el hombre ya no es la mayor maravilla de cuantas pueblan el mundo): “El cambio climático está ahora alcanzando el desenlace en el que, muy pronto, la humanidad deberá elegir entre tomar acciones sin precedentes, o aceptar que todo se ha dejado para muy tarde y sufrir las consecuencias […] si seguimos por el camino que llevamos ahora hay un gran riesgo de que acabemos con nuestra civilización. La especie humana sobrevivirá de alguna manera, pero destruiremos casi todo lo que hemos construido en los últimos dos mil años”.[v]
 
Pues bien, este último pensamiento, escrito en un libro que aún no llega a nuestras librerías, me devolvió, quizá de manera triste, a la plaza de san Pedro. Y a la soledad, allí, del Papa Francisco.

 

[i] Del coro de los ancianos de la tragedia ‘Antígona’ de Sófocles, En Malcolm Lowry, Bajo el volcán, México: Ediciones ERA, 1947.

[ii]  Poema ‘El segundo advenimiento’. En William Butler Yeats, Poesía reunida, Valencia: Editorial Pre-Textos, 2010. Traducción de Antonio Rivero Taravillo. Recogido en: “Poesía reunida”. Ed. Pre-Textos, 2010. Dando vueltas y vueltas en la espiral creciente no puede ya el halcón oír al halconero; todo se desmorona; el centro cede; la anarquía se abate sobre el mundo, se suelta la marea de la sangre, y por doquier se anega el ritual de la inocencia; los mejores no tienen convicción, y los peores rebosan de febril intensidad. Una revelación se aproxima; se aproxima el Segundo Advenimiento. ¡El Segundo Advenimiento! Lo digo, y ya una vasta imagen del Spiritus Mundi turba mi vista; allá en las arenas del desierto una figura con cuerpo de león y cabeza de hombre, una mirada en blanco y despiadada como el sol, mueve sus lentos muslos, y en rededor planean sombras de airadas aves del desierto. Cae la oscuridad de nuevo, mas ahora sé que a veinte siglos de obstinado sueño los meció una pesadilla en su cuna, ¿y qué escabrosa bestia, llegada al fin su hora, se arrastra hasta Belén para nacer?

[iii] Roszak Theodore, Persona Planeta, Kairós, 1977, p 11.

[iv] Rabindranath Tagore, (2012) [c. 1920]. Nacionalismo. Bogotá, Colombia: Taurus, traducción de Federico Corriente Basús y Sandra Chaparro Martínez, de la edición original en hindi, año más probable: 1920.

[v] Hans Joachim Schellnhuber, “Foreword”, En David Spratt e Ian Dunlop, What Lies Beneath, The understatement of existential climate risk, Melbourne, Australia: Breakthrough, National Centre for Climate Restoration, 2018, 2-3. Disponible en: https://cutt.ly/WrAz8J9.