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La nueva Ruta de la Seda

Consuelo Mejía de Fernández

La nueva Ruta de la Seda

Hoy voy a narrarles acerca del país con la civilización más extensa e ininterrumpida del planeta y con el desarrollo cultural más constante de la historia humana: China.

Ningún historiador se atrevería a decir cuándo empieza su historia, porque pareciera que su nacimiento se pierde en el confín de los años (Kissinger, 2013). Cuando la historia es tan antigua, se confunde con la mitología; uno de los relatos más representativos se refiere a los caballos voladores, los cuales fueron enviados como regalo por parte de los reyes persas a los emperadores chinos. Estos se quedaron maravillados por la belleza, la agilidad, la fuerza y la velocidad de estos animales, los llamaron “caballos celestiales” y los presentaban con su casco posado sobre una golondrina (Drège, 1989).

Voy a relatarles a ustedes la historia de una de las más famosas y antiguas vías creadas por el hombre: la Ruta de la Seda. Su creación tiene origen en el secreto por más tiempo y mejor guardado: la producción de la seda.

La antigua Ruta de la Seda fue construida por la dinastía Han, en el siglo II a.C., y a través de ella se realizaron los primeros contactos entre China y los romanos (Mejía, 2017).

Los chinos conocían la seda desde tiempos remotos, recientemente, se encontró una figura de bronce envuelta en seda del año 1500 a.C., lo que nos muestra que para esa época ya manejaban el bronce y la seda.

Cuando la seda llegó a Roma, produjo un gran impacto entre las familias más ricas, debido a su ligereza, suavidad, elegancia y finura. Rápidamente, se extendió su consumo, hasta el punto en que el senador romano Plinio Gallo, el viejo, criticó el uso de la seda por motivos económicos debido a su alto costo y por inmoral “dado que no oculta el cuerpo femenino”.

Por entre los numerosos caminos de esa ruta, circularon piedras preciosas, marfil, porcelana, papel, laca, especias, armas, vidrio, coral, remedios, metales y, por supuesto, la seda.

Para recorrer el camino entre Constantinopla y China se necesitaban 254 días. El viaje debía realizarse de la siguiente manera: 9 días en barco, 25 en buey, 60 en camello, 45 en mula, 70 en burro y 45 a caballo. Como el lector pensaría, nadie podía hacerlo sin descanso (Drège, 1989, p. 266-267).

Cada animal tiene diferentes cualidades o restricciones, por ejemplo, el camello aguanta mucho tiempo sin beber agua, cuando viene una tormenta se levanta y gruñe (Frakopan, 2015, p. 31), haciendo que el viajero se apee del animal y se tape porque es seguro que viene una tormenta. Cuando empieza a golpear con la pata en un determinado lugar, significa que debajo hay depósitos de agua y es bastante frecuente hallarla; sus pezuñas no le permiten pisar piedras, por eso no todos los terrenos son propicios para este animal.

En aquella época, la mejor parte de la Ruta de la Seda era el Camino Real, que atravesaba Persia. Su popularidad se debía a que allí contaban con estaciones, portales, puestos de descanso tanto para las cabalgaduras, como para los jinetes, a manera de refresco. De esta manera, hacían posible realizar esta parte del camino en menor tiempo y con mayor comodidad (Frankopan, 2015).
 

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Durante la Edad Media, la ruta fue interrumpida por la expansión islámica. No obstante, más tarde, en el siglo XIII, las invasiones mongólicas permitieron su restablecimiento.

Los mongoles lograron muchos triunfos, gracias a que los chinos les trasmitieron el descubrimiento del estribo, que permitía al jinete sostenerse bien en el caballo, tomar velocidad, girar con desenvoltura y sostener un arma.

Las caravanas no podían exceder su número de personas, dado que para atravesar los enormes desiertos estas dependían de la cantidad de agua que tuviera el oasis. Por ejemplo, el desierto de Taklamakán no tiene recursos acuíferos, por eso es llamado El Desierto de la Muerte. Cruzar este desierto significaba tener suficiente orientación y experiencia para sobrevivir y, además, conocimiento para saber afrontar las fuertes tormentas de arena. Los viajeros se orientaban por los esqueletos que encontraban a su paso por el camino (Drège, 1989, p. 82).

Había personas expertas en cruzar los montes Himalayas pues era necesario hacerlo por los sitios más bajos, como el corredor de Gansú, localizado al norte de la meseta tibetana (Frankopan, 2015).

Marco Polo decía que, a causa de la inseguridad, los viajeros debían llevar sus pertenecías en mercancías y no en dinero. La seda hacía muchas veces como instrumento de pago, ya que no siempre había monedas. Los granos, por ejemplo, tenían el problema de que se envejecían (Frankopan, 2015).

Por esta ruta, se expandieron muchas religiones, como el maniqueísmo, el sufismo, el zoroastrismo, el nestorianismo, el islamismo, el cristianismo y, por supuesto, el budismo (Frankopan, 2015, p. 50).
También existía la Ruta de la Seda Marítima que floreció durante la dinastía Ming, en el año 1400, cuando al mando del almirante Zheng He, los chinos no solo llevaron sus productos hasta el África, sino también dieron a conocer su superioridad cultural y tecnológica para construir barcos.

La flota china constaba de 1600 navíos y, para entonces, la armada en toda Europa, contando España, Portugal y Holanda, no llegaba a 350 barcos. La flota china tenía, además, barcos con 8 y 9 mástiles, algo único en la época.

El propósito de las excursiones chinas era fomentar el comercio, llevar y adquirir conocimientos; sin embargo, su intención nunca fue la de conquistar (Kissinger, 2013).

La Ruta de la Seda representa un temprano fenómeno de integración política y cultural, debido al comercio interregional y el sostenimiento de una instrucción internacional de fuerte dinámica. 

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El proyecto del siglo: la nueva Ruta de la Seda
En el año 2013, el presidente Xi Jinping inició el más extraordinario plan geoestratégico, militar, económico, ambiental, político y diplomático de los últimos tiempos; que consiste en una red de trenes, puertos, autopistas, oleoductos y fibra óptica, que unirán Asia con Europa, desde el Océano Pacífico hasta el Océano Atlántico y desde el Océano Ártico hasta el Océano Índico (Mejía, 2017).

Es decir, el territorio que ocupan Europa y Asia, cuyos habitantes representan el 60% de la población del mundo, se conectará comercial, industrial y culturalmente, involucrando 70 países del Asia y de Europa. (The Economist, 28 de Julio de 2018).

 La Ruta de la Seda, más que una línea de transporte, es un plan de dominio geoestratégico para asegurar los corredores viales entre China y los países que abastecen y compran sus productos (Mejía, 2017).

China construyó un tren de alta velocidad que va desde Chongqing hasta Berlín, y tiene numerosos ramales que conectan los 70 países. Por él, entra toda la mercancía que abastece la Unión Europea, el primer socio comercial de China.

Los ramales más importantes son los que atraviesan Paquistán e Irán porque llegan al golfo Pérsico, en el Océano Índico, de donde China recibe el petróleo y por donde llega comida del África. Para lograr estos caminos. fue necesario cruzar el desierto de Tatlamakán y atravesar las cordilleras Karacoram, El Pamir y los temibles Himalayas.

El kilómetro 0 de la Ruta de la Seda empieza en el noroeste de China, en una de las más grandes urbes industriales, la ciudad de Chongqing. Esta ciudad cuenta con treinta millones de habitantes y fue creada muy cerca de la Represa de las Tres Gargantas para aprovechar su energía. A sus pies, se encuentra el río Yangsen, cuyas aguas corren hasta llegar a la gran metrópoli de Shanghai situada frente al Mar del Sur de China.

Yo llegué allí de noche, en barco, y viendo los rascacielos me sentí en Nueva York, aunque al otro día vi que era muy distinta. Por el río Yangsen, circulan cientos de barcos y barcazas cargados de contenedores. Estos barcos son verdaderas fábricas que parten de Chongqing cargados de insumos, por ejemplo, telas que durante su travesía hasta Shanghai y luego por el mar de China y el Océano Pacífico llegan a América, y cuando el barco arriba, ya las camisas están confeccionadas.

En el año 2015, el presidente Xi Jinping inauguró una época dorada en las relaciones entre Londres y Beijing. El presidente chino, acompañado de la reina Isabel, se paseó por Londres en la carroza real y después fue recibido en el palacio de Buckingham. Allí se anunciaron proyectos comunes por un valor de cuarenta mil millones de euros y una gran central nuclear fue construida con tecnología china (Mejía, 2017).

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, igualmente recibió al mandatario chino con grandes honores en Palacio del Eliseo. China hizo una gran inversión en el principal puerto griego de el Pireo, convirtiéndolo en uno de los principales a nivel mundial.

 El 24 de marzo del 2019, Italia acordó colaborar con el nuevo proyecto de la nueva Ruta de la Seda.
China y Alemania funcionan como motores de crecimiento económico en Asia y Europa, ya que por Alemania entra todo el comercio de China, que es el principal socio de la Unión Europea (Mejía, 2017). 

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En mayo del 2017, el presidente Xi Jinping reunió en Beijing a importantes personalidades, miembros de la Ruta de la Seda, como la canciller de Alemania, Angela Merkel, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el presidente de Irán, Hassan Rouhani, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y otros presidentes también muy importantes que forman parte de la Nueva Ruta de la Seda.

El objeto de la reunión fue enfrentar los problemas económicos a nivel global y regional, con el propósito de inyectar energía al desarrollo interconectado de la Nueva Ruta de la Seda para lograr mayores beneficios para los países involucrados. La idea del presidente Xi Jinping es crear una economía mundial de mercado abierto. China se ha propuesto mantener magníficas relaciones diplomáticas con el resto del mundo.

Desde 1991, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ANSEA), que está constituida por Singapur, Malasia, Indonesia, Brunei, Myanmar, Laos, Camboya, Filipinas, Vietnam y Tailandia, guarda una relación cada día más estrecha con China, que es el articulador del diálogo y la integración del Pacífico. Hoy en día, estas naciones son un baluarte de Beijing.

Desde noviembre del año 2002, después de firmar el acuerdo marco entre China y la ANSEA en el cual se anunciaron las reducciones de las tarifas arancelarias y las barreras que impiden el libre comercio, la ANSEA se convirtió en una fuente generadora de riqueza para los países miembros.

La influencia de China crece en la región, impulsada por la Nueva Ruta de la Seda, y fortalece su liderazgo económico, fomentando la construcción de infraestructura y mejorando la conectividad de 70 países.
Este extraordinario plan incluye la Ruta de la Seda Marítima, que es el control del Mar del Sur de China, como zona estratégica militar y comercial. Con el control de esta zona vigila el estrecho de Malaca, frente a Singapur, que es la ruta de acceso al Océano Índico, al Golfo Pérsico, y las costas de África y Europa (Mejía, 2017).

China desarrolla una Nueva Ruta de la Seda Ártica; ha sido posible implementarla como consecuencia del calentamiento global. Este ambicioso proyecto se llevará a cabo en compañía de Rusia y los otros países que se encuentran en la zona Ártica.

En agosto de 2018, un buque cisterna viajó por primera vez desde Noruega a Corea, trayecto que recorrió sin la necesidad de un rompehielos. Dado el deshielo que produce el calentamiento global, la Ruta Ártica no tiene problema ambiental.

Hoy en día, el presidente Xi Jinping, está expandiendo la ruta a el África y Suramérica, para que llegue a convertirse en un proyecto mundial.

Con la creación del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura, China compite con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco de Desarrollo Asiático. 

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La guerra tecnológica y comercial entre China y Estados Unidos
Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, inició hace meses una lucha económica, subiendo los aranceles del acero y del aluminio e imponiendo posteriormente nuevos aranceles a otras mercancías. Trató de acabar con la empresa tecnológica Huawei e indicó que, si China toma medidas de retaliación, continuaría subiendo los aranceles.

La revista inglesa The Economist, en sus últimas ediciones, trae conceptos muy interesantes:
Estamos ante un tipo de guerra fría, cuyos protagonistas son el comercio y la tecnología; así, se abarcan todos los dominios desde los semiconductores, las películas hasta la exploración de la luna (The Economist, 18 de mayo de 2019)

Una guerra que ambos quieren ganar a toda costa; Estados Unidos se queja diciendo que China le roba tecnología.

Confinada entre el sueño de cobrar su merecido lugar en el Asia, China teme que los celosos Estados Unidos bloqueen su levantamiento. Ninguno de los dos contrincantes acepta caer. Estados Unidos actúa en una forma defensiva que provoca a la guerra “La potente catástrofe amenaza”. (The Economist, 18 de mayo de 2019, p. 9).

Es muy complicado cortar los lazos con China, debido a que “el monto del intercambio comercial entre las dos potencias alcanza los dos billones de dólares diarios”, el asunto constituye un problema de seguridad nacional. (The Economist, 18 de mayo de 2019, p. 9).

Para manejar esta situación, sería necesario un estadista y un visionario que estuviera de acuerdo con trabajar en conjunto los diferentes intereses, incluyendo a Corea del Norte, y convenir una regla para el espacio en caso de una ciberguerra, contribuyendo a la paz y al entendimiento del mundo. (The Economist, 18 de mayo de 2019, p. 9).

Algunos países como Alemania, Irán, Turquía y otros comienzan a poner parte de sus reservas en yuanes, ya que esta moneda tiene todo su respaldo en oro como reserva en el banco de Shanghai, mientras que Estados Unidos tiene solo una parte de su respaldo en este metal.

China ha conseguido que, de sus 1360 millones de habitantes, 1300 millones hayan salido de la pobreza. Hoy en día, es la mayor clase media del mundo (Mejía, 2017).

Conclusión
El gran resurgimiento de China se debe al empuje y la fuerza de una cultura milenaria, basada en el confucionismo y el taoísmo que, a pesar de todas las dificultades, reaparece.

Los orígenes de China se pierden en el tiempo. No se encuentra la raíz de sus principios; muestra una historia con momentos de caos y estados de tiempo sin un gobernante, pero siempre renace invariable y conectada a su pasado, con la estrategia y la habilidad política que la han distinguido, basando su legitimidad en la centralización. No hay otra civilización tan perseverante como esta.

Referencias
Drège, J. P. (1989). La Ruta de la Seda. Pueblos, paisajes, leyendas. Madrid: Grupo Anaya.
Frankopan, P. (2015). El corazón del mundo. Una nueva historia universal. Barcelona: Planeta.
Kissinger, H. (2013). China. Ciudad de México: Random House Mondadori.
Mejía, C. (2017). China. El resplandor de una nación que ilumina. Bogotá: Editorial Entrelibros e-book solutions.
Rugoff, M. (1965). Marco Polo y sus aventuras en China. Medellín: Editorial Albón.
A new kind of cold war. (18 de mayo de 2019). The Economist, p. 9.
Planet China. (28 de julio de 2018). The Economist, p. 7.