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La fundación de la Quinta de Mutis: el Rosario se pone al día en pedagogía

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El proyecto de un predio dedicado a la cultura física venía abrigándose por treinta años. Pero apenas sería en 1923 que comenzaría a volverse realidad, cuando el Colegio compró un predio en el barrio de Chapinero, para entonces la reserva “del Bogotá futuro”. Doce fanegadas y media, con apenas una cerca de alambre y “una casita de madera, donde se aloja el guardián de la finca”, todo por 20 000 pesos, “precio que puede considerarse módico, si se lo compara con el de los terrenos adyacentes”. Para el suministro de agua corriente, fue necesario contratar con Eduardo Samper Ortega la perforación de un pozo artesiano, mientras se terminaban las obras del acueducto municipal. Los planos de la obra fueron levantados y dibujados por el arquitecto Arturo Jaramillo Concha, restaurador del Claustro, luego del terremoto de 1917.
 

Revista del Rosario, n.190 nov. 1924.

 

 

La terminación de la obra, con recursos propios, habría tardado una década. Por ello, varios rosaristas, al mismo tiempo senadores de la República, lograron la aprobación de la Ley 22 de 1924, por la cual el Gobierno apoyaba el proyecto con recursos [La casa de campo del Colegio. Revista del Rosario19(190), 603-15].

 

Para 1931, el “Rosario Menor” ya estaba funcionando con una treintena de alumnos, entre diez y quince años. Allí vivían el vicerrector, Dr. Álvaro Sánchez, y dos inspectores “graduados en Ciencias Pedagógicas”; los profesores “vienen diariamente de Bogotá”, en tranvía hasta la plazuela de Chapinero [Caballero, E. (1931). La Quinta de Mutis. Revista del Rosario26(256), 381-84].
 
 

 

Los fundadores de la Quinta creían satisfacer “las actuales necesidades y adelantos que la sana pedagogía impone a los centros educativos de segunda enseñanza”, así como las indicaciones del Fundador respecto de la instrucción de menores en Gramática, en una de las casas contiguas al Colegio[1]. Perdidas dichas casas, correspondió al rector Carrasquilla llevar a término el proyecto de un “verdadero y pedagógico internado campestre”, en que los alumnos recibirían incluso lecciones prácticas de horticultura y jardinería [Méndez, D. (1931). La Quinta de Mutis. Revista del Rosario26(260), 594-97]. 
 

 

[1] “Hase juzgado por conueniente poner Estudio de Gramatica, es muy à proposito para Escuelas menores el patio que tiene, y el aposento largo para general”. Constituciones, Título I Punto Segundo Administración de las casas continuadas con el Colegio.