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UE y Venezuela. Un giro inesperado y necesario

Mauricio Jaramillo Jassir

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La Unión Europea sorprendió con la decisión de impulsar y trabajar por la reactivación del diálogo entre el Gobierno y la oposición en Venezuela, luego de años sin que hubiera contacto formal entre las partes.

 

 

Esta postura generó sorpresa e indignación especialmente entre miembros de la disidencia contra Maduro, pero muestra una renovada visión sobre la crisis venezolana.  Algunos líderes de la oposición venezolana la consideraron como una señal de debilidad frente al aislado régimen de de Nicolás Maduro.
 
¿Qué razones explican el cambio de postura de la Unión Europea impulsado por España? Básicamente tres razones podrían haber originado algo que los medios han denominado como “un giro”, pero que no es más que una legítima búsqueda por aumentar los niveles de efectividad en el hoy subvalorado diálogo.
 
En primer lugar, es obvio el interés de la diplomacia europea en cabeza de Federica Mogherini por desmarcarse del discurso exclusivamente punitivo de Donald Trump. En uno de los peores momentos para el liderazgo de Estados Unidos en el mundo (incluso con menor legitimad que la administración de George W. Bush durante la guerra global contra el terrorismo), varios dirigentes y ciudadanos europeos piden a gritos derroteros en política exterior que se distancien de las evidentes torpezas y lugares comunes presentes en la narrativa de Trump. Las constantes alusiones sobre una posible intervención militar pudieron haber caído muy mal tanto en la dirigencia como en la sociedad europea, pues esta idea revive la pugna de algunos europeos en su momento con Washington por la intervención en Irak en 2003 (al menos Alemania y Francia junto con Rusia y China se erigieron como los grandes disidentes de tal operación). Este tipo de soluciones, aunque parezcan remotas y solo de última instancia, obligan a Europa a presentar respuestas alternativas, especialmente en una crisis cuyos ecos se amplían cada vez más. 
 
En segundo lugar, Europa da muestras de que puede tener una política exterior, no del todo alineada pero al menos definida en términos mínimos y encarnada en la cabeza de su alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. La profunda y desgarradora crisis venezolana sirve de escenario para que los europeos pongan de nuevo a prueba su relacionamiento externo en una zona del mundo donde su influencia ha sido positiva. Por ejemplo, la aproximación europea al conflicto, diálogo y postconflicto colombiano siempre fue bien percibida, pues se asumía como una lectura de la guerra más estructural, y menos cortoplacista que la de Estados Unidos. Europa como cuna de ideas liberales y humanistas tiene el potencial para estimular un ambiente en el que Nicolás Maduro abandone la retórica beligerante, arrogante y desafiante que hace inviable cualquier posibilidad de transición. 
 
La iniciativa española, que cuenta con el respaldo de Francia, Italia y Portugal parte de un argumento muy simple: el paso del tiempo sin diálogo a la vista, no solo perpetua a Maduro en el poder sino que agrava la crisis humanitaria. Las sanciones por sí solas han comprobado en otros casos muy poca efectividad para superar confrontaciones. Cuba, Irán y Rusia son un fiel testimonio de aquello. En los tres escenarios el endurecimiento de sanciones como única estrategia ha comprobado fortalecer las posiciones radicales en el seno de cada uno de estos regímenes. En la otra orilla, en los casos donde se ha optado por involucrar a Estados percibidos como amenazantes o desafiantes como China los termina contagiando de un sentido de responsabilidad que hace la cooperación ineluctable.
 
Y en tercer lugar, está la causa más evidente tiene que ver con el retorno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) al poder. Cabe recordar que la llegada de Felipe Gonzáles a la presidencia del gobierno español fuer clave para que en su momento Cuba se involucrara en espacios de cooperación multilateral, y se deslegitimara la retórica de la confrontación. España fue clave para la apertura de Cuba al mundo, aun cuando muchos la consideran pálida.
 
Este cambio en la política exterior europea jalonado por España, no debe ser asumido como una concesión al gobierno de Venezuela, pues Madrid ha sido enfática en señalar que no se desmontaran las sanciones, ni la presión para que se reactiven los derechos de los presos políticos, se restablezcan garantías plenas, y finalmente se dé una camino que permita de una vez por todas una transición en la que quepan todas las fuerzas políticas venezolanas.