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Las acuarelas infames

Laura Saade, estudiante de sétimo semestre de Periodismo y Relaciones Internacionales

portada

“Un desnudo no es sino la naturaleza sin disfraces, es un paisaje en carne humana” – Débora Arango, “Una pintora proscrita”
 

Débora Arango Pérez, la hija de Castor María Arango Díaz y Elvira Pérez, nació en Medellín el 11 de noviembre de 1907 (Londoño, 2007) en una familia “antioqueña en cuerpo y alma” (Laverde, 1986). En sus primeros años estudió con las Hermanas de la Presentación y las Salesianas, quienes fueron las primeras en notar el talento de Arango en la pintura y le sugirieron tomar clases con el maestro Eladio Vélez (Museo de Arte Moderno de Medellín, 1984). Dos años después, impresionada con el trabajo de Pedro Nel Gómez, se convierte en su aprendiz y en su taller desarrolla técnicas más expresivas que la hacen sentir a gusto y explorar nuevas temáticas diferentes a las que practicaba en el Instituto de Bellas Artes de Medellín (Martínez, 1991).  

Durante sus primeros acercamientos con el desnudo fue rechazada por el grupo de señoras con el que solía tomar clases en el taller de Gómez. Sin embargo, esto no la detuvo y optó por seguir practicando en su propio taller con sus hermanas o amigas que hacían de modelos para sus cuadros (Londoño, 1997). Cuando expuso por primera vez estas obras en el Club Unión en 1939 ganó el primer puesto por una obra que no era un desnudo, pero esto no evitó la polémica que desató el premio. Su anterior maestro, Eladio Vélez, junto con Gustavo López, enviaron una carta al periódico El diario dirigida al jurado calificador, en esta Vélez y López afirmaban “Vuestro concepto artístico es lastimoso, y vuestro fallo de unos razonamientos mezquinos y parciales. Fuisteis incapaces de analizar, os llamaron a juzgar una obra para la cual no estabais preparados y resolvisteis estimular temperamentos” (1938).

A pesar de las críticas y del abandono de sus maestros, Arango nunca perdió las ganas de estudiar y mejorar las técnicas artísticas que desarrollaba.  Para lograr esto, viajó a Estados Unidos, Gran Bretaña, España y México, en donde aprendió muralismo y practicó esta pasión que nunca logró perfeccionar por completo puesto que no se le permitió acercarse a más paredes que la de la Compañía de empaques de Medellín. Este mural, que fue cubierto con capas de pintura y posteriormente restaurado por el equipo de Rodolfo Vallín (Londoño, 2007), se encuentra actualmente en el vestíbulo de las oficinas de Almacenes Éxito en Envigado. Aunque solamente realizó un mural completo, esta pasión está reflejada en las paredes de Casablanca, su casa en Envigado, en las cuales practicó este oficio llenándolas de vida y color (Londoño, 2007).

La sátira, el desnudo y lo político fueron protagonistas de sus obras, que con colores vivos y figuras catalogadas como bizarras (El Colombiano, 1940), despertaron molestias en más de uno. Esto llenó su obra de  polémicas en la prensa nacional que se dedicaban a tildar tanto a Arango como a sus cuadros de morbosos, desvergonzados, pornográficos, satánicos e impúdicos. El periódico El Siglo, refiriéndose a sus cuadros, expresó: “En las acuarelas de la dibujante antioqueña, se ostenta un marcado sentido lujurioso y un sentimiento de subversión social, de los mejores valores morales.”(El Siglo, 1943). Lo anterior llevó a que en  numerosas ocasiones la Iglesia católica se manifestara en contra de su obra. El padre Miguel Giraldo, párroco de la Iglesia de San José, llegó a reunirse con Arango y le sugirió que abandonara los desnudos gracias a la indignación que estos provocaban (Londoño, 1997). Y así, la crítica de arte se encargó de opacar como artista a Débora Arango y, en cambio, juzgarla a partir de criterios morales que pretendían enaltecerla como pecadora.

Personajes como el dictador español Francisco Franco y el en ese entonces senador Laureano Gómez (Lleras, 2005) fueron claves al momento de juzgar la obra de esta artista. Las duras críticas de Gómez la castigaron por ser una mujer discutiendo temas de hombres y, además, por alterar la anatomía humana a formas que naturalmente eran imposibles. Él y Franco se encargaron de desmontar exposiciones de la artista  sin explicación alguna, lo que eventualmente llevó a Arango a encerrarse en su casa ‘Casablanca’ por 10 años durante los cuales se mantuvo en silencio y alejada de la crítica.

Durante este tiempo, la primera mujer en pintar desnudos en Colombia nunca dejó de pintar. En su taller se dedicó a hacer cuadros o cerámicas que seguían el hilo de sus obras pasadas. El contexto político del país, la imagen de la Iglesia y el papel de la mujer en la sociedad fueron suficiente inspiración para lograr cientos de obras que más tarde, en 1984, serían expuestas por el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM). En ellos monjas huesudas, sapos con medallas, pájaros rojos, prostitutas, monjes cadavéricos y las demás figuras que atormentaron a la crítica por tanto tiempo fueron enaltecidas y reconocidas por los visitantes de la exposición. El director del MAMM, Tulio Rabinovich, presentó a Arango como “un ejemplo de la mujer que dando fe en la vida, ha sabido dar igualmente dignidad al papel que social e históricamente ha tenido la mujer en nuestro medio” (1984, contraportada). Tanto fue el clamor que en ese mismo año el gobernador Nicanor Restrepo le otorgó el primer premio a las Artes y a las Letras (Revista Arcadia, 2010) dando un nuevo inicio a la vida artística de Arango.

Posteriormente, el mundo del arte reconoció a Débora Arango como un personaje icónico para la historia del arte en Colombia. La Universidad de Antioquia le realizó un homenaje en 1993 (Londoño, 2007) y la Biblioteca Luis Ángel Arango hizo una exposición retrospectiva sobre su obra en 1996 (Londoño, 2007).
Con un 1.52 centímetros de alto, pelo corto y crucifijo en el cuello, esta mujer logró que su obra fuera reconocida por ser diferente a lo que la sociedad aceptaba. “A mí no me gustaba pintar lo de todo el mundo” (Escobar, 2015), dijo en una entrevista cuando su pelo  estaba cubierto con canas y su piel era testigo de los años. Cumplió su palabra y siempre destacó por la crudeza de sus obras hasta que sus manos enfermas de artritis no pudieron continuar con su trabajo. El 4 de diciembre de 2005, con 98 años, la mujer que está en el nuevo billete de dos mil pesos murió en Envigado.  

Bibliografía

Anónimo. (7 de octubre de 1940). Débora Arango o la bizarría estética . El Colombiano.
Anónimo. (15 de enero de 1943). Las acuarelas infames. El Siglo.
Banco de la República y Museo de Arte Moderno. (1984). Cátalogo. Débora Arango. Exposición Retrospectiva 1937–1984. Medellín.
Escobar, E. (2 de octubre de 2015). Débora Arango, la iconoclasta que estará en los billetes de $ 2.000. El Tiempo.
Laverde Toscano, María Cristina. "Una pintora proscrita." En: Así hablan los artistas, 39- 54. Bogotá, Colombia: Universidad Central, 1986.
Lleras, C. (2005). Politización de la mirada estética, Colombia, 1940 - 1952. En C. M. Jaramillo, Arte, política y crítica: una aproximación a la consolidación del arte moderno en Colombia 1946 - 1958. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
Londoño Vélez, S. (marzo de 1997). Débora Arango, la más importante y polémica pintora colombiana. Nómadas(6).
Londoño Vélez, S. (2007). Débora Arango. Cuaderno de notas. Medellín, Colombia: Tragaluz Editores.
Martínez, M. C. (1991). Biografías: Débora Arango. En El Tiempo, Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores. Planeta.
Rabinovich, Tulio En Débora Arango: exposición retrospectiva 1937- 1984. Medellín, Colombia: Museo de Arte Moderno de Medellín, 1984.
Anónimo. (2010). ¿Quién fue Débora Arango? Arcadia. Recuperado el 25 de noviembre de 2016, de http://www.revistaarcadia.com/arte/articulo/quien-debora-arango/23766
Vélez, Eladio y Gustavo López López. “Los pintores se sublevan contra el fallo del jurado.” En Débora Arango: exposición retrospectiva 1937- 1984. Medellín, Colombia: Museo de Arte Moderno de Medellín, 1984.