Skip to main content

De Virgilio a Borges, en un hilo

portada
“Si has oído el llamado del Oriente, no oirás otra cosa”. Kipling.
Ese llamado ha resonado en oídos occidentales los últimos veinticinco siglos, por lo menos. En efecto, ya Heródoto en la inauguración de la Historia nos trae noticias de Oriente. Pero esta vez no nos remontamos tan atrás, sino que nos quedamos con el gran poeta de Roma, específicamente en sus Geórgicas, todo a propósito de una mención de Borges al Mantuano en una poesía de tema oriental. Todo se resume, pues, en Borges, Virgilio y Oriente.
El Oriente de Borges fue más amplio que el conocido por los mencionados autores antiguos. María Kodama declara que Borges se asomó a ese mundo oyéndole a su abuela leer la Biblia en inglés y que, luego, en la biblioteca de su padre tuvo a su disposición Las mil y una noches, Tales before midnight (Mitford) y las Leyendas del Japón. Es decir, un Oriente que iba desde la árida Palestina hasta la tierra de los samuráis.

Hara-kiri.
Grabado japonés para Tales of Old Japan, en una edición de 1910. Publicados en 1871, dieron a conocer el folclor japonés a Occidente. Mitford sirvió como diplomático en China y Japón.

Un Virgilio campesino

Leemos en la Introducción a Virgilio, que durante la composición de las Églogas el poeta conoció a Mecenas, quien le sugirió la idea de un ambicioso poema sobre la agricultura. El resultado, que para muchos es “el mejor poema del mejor poeta”, no es solo una obra didáctica, pues domina en ella un ardiente amor por el campo y la naturaleza, además de una simpatía por el campesino y los animales[1]. Respecto del título, conviene recordar que georgiká es palabra griega usada para referirse a un tratado de agricultura, así como he georgiké (téchne) era la agricultura en general.
El contenido de la obra se puede resumir así: en el Libro I trata del cultivo de la tierra; en el II, del cultivo de los árboles y plantas, en especial de la vid; el III tiene por tema la cría y cuidado de los diversos ganados y el Libro IV, y último, está dedicado a la apicultura. Aunque cada libro tiene una temática específica, Virgilio no pretende escribir tratados sobre diferentes aspectos agrícolas o ganaderos. Hace una selección de temas, escogiendo los que más se ajustan a sus intenciones (non ego cuncta meis amplecti uersibus opto” (II, 42) [No pretendo abarcar en mis versos todo el tema[2].
Existe la tradición de que Augusto, a su regreso de la batalla de Accio (31 a. C.), convalece de una afección a la garganta. Durante la convalecencia, Virgilio se turna con Mecenas para leerle en voz alta su nueva composición[3].

nudus ara, sere nudus. hiems ignaua colono

Hablando de los productos de distintas regiones del globo, pregunta el poeta:
quid tibi odorato referam sudantia ligno balsamaque et bacas semper frondentis acanthi? quid nemora Aethiopum molli canentia lana, uelleraque ut foliis depectant tenuia Seres?[4]
[Qué decirte del bálsamo que gotea de fragante / madera y de las bayas del siempre frondoso acanto. / Qué de los etíopes bosques blanqueados de muelle lana, / y cómo de las hojas cardan sutiles copos los orientales[5].]
Por lo dicho se ve que los romanos no conocían la producción de la seda, pues suponían que se tomaba de las hojas de los árboles. En todo caso, Virgilio recomienda el verano para las faenas del campo (nudus ara, sere nudus), mientras que el invierno es tiempo de ocio y suaves vestidos (molli lana, uellera tenuia)[6].

1024px-Meister_nach_Chang_Hsüan_001
Mujeres inspeccionan un corte de seda, obra del emperador Song Huizong, siglo XII.

 

Ecos virgilianos

Tales cuadros virgilianos son los que parece evocar un famoso lector del Mantuano, bonaerense para más señas. En La rosa profunda (1975), Borges publica una poesía de nombre El Oriente, que principia así:
La mano de Virgilio se demora sobre una tela con frescura de agua y entretejidas formas y colores que han traído a su Roma las remotas caravanas del tiempo y de la arena. Perdurará en un verso de las Geórgicas. No la había visto nunca. Hoy es la seda.[7]
La idea del romano acariciando una tela oriental es recurrente en Borges: “Por el camino de la seda, por el arduo camino que fatigaron antiguas caravanas para que un paño con figuras llegara a manos de Virgilio y le sugiriera el hexámetro, Marco Polo, atravesando cordilleras y arenas, arribó a la China (...)”[8].
Otra mención, de nuevo en verso, la tenemos en Himno (La cifra, 1981):
Esta mañana hay en el aire la increíble fragancia de las rosas del Paraíso. En la margen del Eufrates[9] Adán descubre la frescura del agua. Una lluvia de oro cae del cielo; es el amor de Zeus. Salta del mar un pez y un hombre de Agrigento recordará haber sido ese pez. En la caverna cuyo nombre será Altamira una mano sin cara traza la curva de un lomo de bisonte. La lenta mano de Virgilio acaricia la seda que trajeron del reino del Emperador Amarillo las caravanas y las naves.
Oriente y Occidente, como vemos, se unieron por un hilo de seda. La misma maravilla que suscitó la desconocida obra de artesanos chinos en el gran poeta de Roma, se repite en otro gran poeta americano, y no podemos menos de pensar que dentro de es gran triángulo está inscrita nuestra cultura.

FN-000000
El pasaje de Virgilio en la edición de Lantoine, existente en la biblioteca del Rosario.

 
Jaime Restrepo Z., Elkin Saboyá R.,
Archivo Histórico.

[1] Virgil. Eclogues. Georgics. Aeneid I-VI. With an English translation by H. Rushton Fairclough. Revised by G. P. Goold. Cambridge. Mass. Harvard University Press, 2006 (Loeb Classical Library, 63), pág. 3. [2]Goelzer, Henri. Virgile. Les Géorgiques. Texte établi et traduit. Paris: Les Belles lettres, 2.ª éd., 1935. Pág. X. [3] “Georgica reverso post Actiacam uictoriam Augusto atque Atellae reficiendarum faucium causa commoranti per continuum quadriduum legit, suscipiente Maecenate legendi uicem quotiens interpellaretur ipse uocis offensione”, escribe Suetonio-Donato, segúnGoelzer, op. cit., pág. VII, Nota 2. [4] II, 118-21, Eclogues. Georgics. Aeneid I-VI, op cit, p. 144. [5] Cfr. la versión de M. A. Caro: Ni olvidará mi canto / El bálsamo divino que gotea / De los fragantes leños; ni las gomas / Del florecido, vividor acanto. / ¿Ó los bosques diré del Etïope / Con suavísimas lanas blanquecinos,  / Y cómo á sus florestas / Peinan los Seres los vellones finos? [6] I, 299. García Arméndariz da el paralelo griego en Hesiodo (γυμνὸν σπείρεινγυμνὸν δὲ βοωτεῖν, / γυμνὸν δ᾽ ἀμάεινOp. 391-2) y discute el sentido de γυμνὸν-nudus. En línea, consultado 4-6-2014: http://revistas.um.es/myrtia/article/viewFile/39231/37691 [7] Kodama, M. Borges y el Oriente. En línea, consultado 4-6-2014: http://bibliotecavirtual.unl.edu.ar/ojs/index.php/HilodelaFabula/articl… [8] Marco Polo, "Descripción del Mundo", en Miscelánea. En línea, consultado 4-6-2014: books.google.com.co/books?isbn=8499896324 [9] La acentuación etimológica era llana, hoy es esdrújula.