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De usted no sabe quién soy yo a cómo se llama su jefe

Ismael Iriarte Ramírez

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Los hechos asociados a la tristemente célebre frase “usted no sabe quién soy yo” se han asegurado un capítulo en la historia reciente de nuestro país. Un apartado que da cuenta de nuestra incapacidad -aún ignoro si fisiológica o consuetudinaria- de respetar las normas y asumir las responsabilidades de nuestros actos.

Esta conducta no se limita a los episodios aislados que los medios nos enseñan, e incluso hace carrera en el corazón del sector productivo del país, en el que pasa inadvertida por encontrarse lejos de los reflectores. A diferencia de su antecesora, esta frase no se pronuncia bajo los efectos del alcohol, ni de sustancias psicoactivas, sino que se utiliza en pleno uso de las facultades mentales y en horas laborales ¿Cómo se llama su jefe? Es la sentencia que la representa y que a menudo se acompaña de un histriónico e innecesario gesto con teléfono móvil en mano y que como efecto no tan secundario afecta la competitividad de las empresas.

La desfachatez con la que esta frase es pronunciada se convierte en la fórmula con la que muchos funcionarios, llamados a ejercer un rol de liderazgo intermedio en las compañías, pretenden pasar por alto los procedimientos y normas establecidas. En muchos casos es también una muestra de la falta de talento y asertividad para lidiar con una respuesta negativa frente alguna de sus demandas, y el mejor testimonio del desconocimiento del criterio y la suficiencia de los otros colaboradores que intervienen en el proceso.

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En cualquiera de estos casos, lo que pretende ser una demostración de influencia y poder, termina convirtiéndose en una perversa práctica empresarial, que además de enrarecer el clima organizacional, genera retrasos, reprocesos e incluso sobrecostos. Sin embargo, la más grave implicación de esta tendencia es que condena a ejecutivos altamente calificados a intervenir en asuntos operativos, que los distraen de las grandes cuestiones estratégicas de las organizaciones, para las cuales han sido contratados.

En una época en la que la competitividad y la productividad ocupan un lugar preponderante en la agenda del país, todos podemos ser artífices de las transformaciones sustanciales, basta con que cada persona asuma el compromiso de dar lo mejor de sí, sin importar la posición que ocupe. De ahí la importancia de que los altos directivos inculquen en sus equipos la disciplina para seguir los procedimientos y sepan desterrar para siempre prácticas del estilo ¿Cómo se llama su jefe?

Dos novelas para entender el mundo laboral de nuestros días

Mucho ha cambiado en el campo laboral en solo una generación. Atrás han quedado los tiempos de nuestros padres en los que la mayoría de personas permanecían en un mismo empleo por décadas y no existía la constante necesidad de capacitación y actualización para mantenerse vigente ante la agresiva competencia.

Dos novelas francesas de los últimos años abordan de forma notable el panorama actual del ambiente laboral, se trata de Estoy mucho mejor, de David Foenkinos, y Recursos inhumanos, de Pierre Lemaitre.

La vida normal y placentera del protagonista de Estoy mucho mejor parece venirse a pique en cuestión de días ya que a las difíciles relaciones con sus hijos se suma la separación de su mujer y la pérdida de su empleo, al que había dedicado buena parte de su vida productiva. La debacle laboral se presenta fruto de la acción de un colega oportunista, que se las arregla para arruinar su imagen frente a los superiores, hasta reducirlo a su mínima expresión, orillándolo a una reacción violenta.

El despido, inminente y justificado lo deja en una precaria situación, desempleado al borde de los 50 años y con un repentino e inexplicable dolor de espalda, que sirve como hilo conductor de la narración. Sin embargo, todos estos cambios se presentan también como una oportunidad de demostrar su talante.

Mucho menos esperanzadora es la situación Alain Delambre, protagonista de Recursos inhumanos, que ha perdido su empleo por un proceso de reestructuración de la compañía -en la que se desempeñaba como director de Recursos Humanos- y que, tras un par de años de participar en procesos de selección fallidos, empieza a perder las esperanzas de recuperar su estabilidad laboral. La historia muestra también el grado de afectación del entorno del desempleado y los extremos a los que se puede llegar por la desesperación.

Referencias

Foenkinos, D. (2013). Estoy mucho mejor. Seix Barral.
Lemaitre, P. (2010). Recursos inhumanos. Alfaguara.