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La biblioteca recreada y dispersa de Don Carlos de Sigüenza y Góngora: algunos documentos

Idalia García

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“El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados”
Albert Einstein

Tiempo antes de morir, Carlos de Sigüenza y Góngora solicitó un nombramiento como corrector de libros ¿Para qué querría el anciano catedrático una responsabilidad así? Es difícil dar una respuesta no sólo a esta interrogante sino a varias que podrían surgir, pues no podemos entender tal acción sino a través de lo que el propio Sigüenza escribió en su petición:
 
[…] entre los libros de mi usso Mathematicos, Philologos, Humanistas y otros diferentes, ai algunos, que necessitan de alguna expurgacion assi en elogios de herejes, como en errores que incidentemente traen, y no de propósito controvertidos, ni asumtados, y otros que necesitan la nota Author damnatus etc. y discurso sucede esto no solo en mis libros, sino en los mas de las librerias de esta Ciudad por la fatal que a havido en ella de Correctores de libros de muchos años a esta parte, y por la dificultad, que ay en los calificadores de este Santo Oficio para expurgar libros, por sus muchas ocupaciones, y ser esto materia de inmenso trabajo, cuias razones y la de ocurrir a el escrupulo que puede tener y para proceder a su corrección con la seguridad, que debe, y conforme a las reglas del Indice expurgatorio del año de quarenta; assi en los libros que en el por antiguos se comprenden, como en otros, que aunque posteriores a el, son por lo incidente, aunque modernos conthenidos en sus reglas, y en otros edictos de Vuestra Señoria le hago esta representacion con las de lo mucho que he deseado y deseo servir a este Santo Oficio, y que lo puedo lograr en el ministerio de su corrector de libros a que aplicare toda mi atención y desvelo.[1]

Como se aprecia en el texto, Sigüenza presentó una solicitud para expurgar y corregir todos sus libros, argumentado la carencia de correctores en la Nueva España. Esta es la pretensión de revisar su biblioteca personal que, como otras de la época, incluiría obras impresas y manuscritas que podría contener libros prohibidos o sospechosos y por ello llamaría la atención inquisitorial. Ahora bien, lo interesante es que por esta concesión del Santo Oficio se ha afirmado sin sustento que este novohispano tuvo acceso a los libros prohibidos de otras bibliotecas. Esta es una idea que se ha repetido constantemente sin ningún sentido ni análisis sensato,[2] ya que no se justifica tal afirmación sin leer el documento original que todavía se conserva. Los estudios que se hacen con un personaje tan estudiado como este, están obligado a reflexionar más que solamente dar por sentado las afirmaciones previas. Por eso, como se aprecia, Sigüenza no tenía la menor intención de revisar los libros de ningún otro residente de la ciudad. Este personaje sólo quería enmendar sus libros como lo hicieron otros residentes de la Nueva España con autorización inquisitorial y cuyas evidencias también se conservan en varios archivos.

Entonces ¿cuál sería la finalidad de dicho nombramiento? Esta decisión no parece, en lo absoluto, la que habría tomado una persona senil, sino que fue un acto completamente coherente. Sigüenza sabía que sus libros tarde o temprano serían revisados por los Inquisidores, independientemente si su destino fuese una institución u otra persona que los adquiriera en venta. Lo sabía, como cualquier poseedor de libros, porque eran controles regulares que demandaba la Inquisición en todos los frentes: institucionales, comerciales y personales.[3] Hasta donde sabemos, Sigüenza nunca tuvo licencia para leer libros prohibidos, y la condición de corrector tampoco puede ser considerado como un “salvoconducto” para leer este tipo de libros.[4] Para eso existían las licencias para leer libros prohibidos que se podían tramitar de forma regular,[5] pese a disgustos y reclamos que hacía el propio Consejo de la Suprema. Por tal razón, podríamos suponer que Sigüenza buscaba eliminar aquellas partes que le causarían un problema y que ya había leído, aunque fuese después de muerto, y que podrían heredarse a quienes estuviesen vinculados.

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Libro antiguo - imagen de el Carabobeño

Probablemente nunca entenderemos sus verdaderas intenciones. Sin embargo, su petición fue aceptada el 28 de noviembre de 1699 por los inquisidores Mier y Deza, con un nombramiento “en ínterin”. Meses después, Sigüenza dejaría varias huellas invaluables de que hizo esas correcciones a las que se refería:
 
Corregido según reglas del expurgatorio por mandado del Santo Oficio de la Inquisicion de México a 1° de junio de 1700 Carlos de Siguenza y Gongora Corrector.[6]
 
Hemos identificado más libros con el mismo tipo de evidencia, pero lamentablemente las anotaciones no fueron fechadas como la anterior, tal como establecían las instrucciones inquisitoriales mediante comisiones de expurgo.[7] Por esta instrucción, quien expurga también deba indicar el índice expurgatorio que ha empleado:

Corregido segun el expurgatorio de 1640 por comision de Santo Oficio de la Inquisicion de Mexico Carlos de Siguenza Y Gongora corrector.[8]
 
Corregido segun el expurgo de 1640 por comision del Santo Officio de la Inquisicion de Mexico D. Carlos de Siguenza y Gongora corrector.[9]
 
Corregido segun el expurgo de 1640 por comision del Santo Officio de la Inquisicion de Mexico D. Carlos de Siguenza y Gongora corrector.[10]
 
Una anotación en su tarea de corrector que es diferente a las anteriores es la que Sigüenza apunto en un libro de la Madre Agreda que se conserva en la Biblioteca Francisco de Burgoa de Oaxaca:
 
Por mandado del Santo Oficio de la Inquisición de México, se cotejaron estos libros con los impresos de Madrid y están concordantes. Carlos de Sigüenza y Góngora Corrector.[11]
 
Por otro lado, es incorrecto suponer que el autor de un impreso anotado como prohibido y que además tenga una anotación de propiedad relacionada con Sigüenza, se corresponda con esta tarea de corrector.[12] Se trata de una portada fotocopiada que se conserva en el archivo del Centro de Estudios de Historia de México CARSO con una anotación en en portada con firma autógrafa, que indica al autor Isaac Casaubon (1559-1614) como prohibido pero que su obra se puede leer expurgada: “Casaubonus Autor damnatus liber hic expurgatione permisus”.[13] En realidad la edición que se permitía leer expurgada no era esta sino otra otra impresa en París,[14] así que posiblemente esta anotación fuese por precaución de mano de este ilustre lector o de otro.

En efecto, Sigüenza fue nombrado corrector no calificador y, su caso, no fue el único ni en España y tampoco en este territorio americano como prueban numerosos expedientes conservados. Alberro anota que estas personas eran auxiliares en el quehacer inquisitorial y que bien podrían ser laicos o eclesiásticos.[15] En el Archivo General de la Nación (AGN) se conservan más de una docena de nombramientos inquisitoriales del siglo XVII, como calificadores y correctores de libros al mismo tiempo. Sin embargo, no tenemos certeza de por qué se otorgaban estos nombramientos y qué tareas desempeñaban porque no hemos prestado mucha atención a este aspecto de la censura de libros. Lo cierto es que el corrector de libros que participó con la Inquisición parece completamente diferente al que trabajó para la Monarquía en la censura previa, como el cargo oficial encargado de verificar el original aprobado por el Consejo, fuese manuscrito o impreso, junto con la primera muestra impresa que se hace de este.[16]

El corrector inquisitorial debió hacer expurgos, como nos han mostrado las anotaciones de Sigüenza, y su tarea no se diferencia mucho de cualquier otra realizada por un calificador con la misma intención:

Expurgado i corregido, de orden de la Suprema en este año de 736, y asi puede correr libremente. Fray Gregorio de Granada. Calificador.[17]

El nombramiento de Sigüenza tampoco es diferente al de otros correctores pero su tarea sí difiere de la que hacían los calificadores. En principio, un calificador de la Inquisición debía presentar pruebas de sobre su genealogía y limpieza de sangre, además de “buenas prendas de religion, letras y calidad”.[18] Dicha información era analizada por los inquisidores y, de ser favorable, se elaboraba un nombramiento que debía ser entregado al interesado como se acostumbraba.[19] Por su parte, el calificador fue responsable de analizar “los escritos sospechosos que recogía la Inquisición” como “teólogos cualificados”[20] en cada distrito inquisitorial. De este grupo dependía que una obra fuese considerada prohibida, expurgada o sospechosa.

En su tarea de corrector, Sigüenza no participó en tal esfera de responsabilidad porque un corrector podía expurgar pero no calificar. Un corrector colabora con los inquisidores para impedir que ciertas ideas circulasen entre interesados o curiosos no autorizados para esa lectura. Por tanto, son personas que sólo asistían al Santo Oficio cuando se considera necesario. Por eso, algunos libreros de la ciudad de México también obtuvieron un nombramiento similar al que obtuvo Sigüenza. Uno de estos fue Hipólito de Rivera, a quien en 1641 se le reconoció tener  “suficiencia, buenas partes, inteligencia y tener el expurgatorio”.[21] Pese a esto, a ciertos correctores también se les solicitó “calidad, virtud y letras” para la tarea que desempeñaron.[22] Resulta evidente que eran condiciones que Sigüenza podía cumplir perfectamente.

Esta participación en la censura inquisitorial de nuestro personaje, es uno de los mitos que han rodeado la vida de este famoso personaje y su biblioteca. Pero ¿quién fue Carlos de Sigüenza y Góngora? Sin duda fue un hombre cuya vida ha interesado o fascinado durante mucho tiempo, tanto a investigadores mexicanos como extranjeros. Entre estos Francisco Pérez Salazar, Leonard Irving, José Rojas Garcidueñas, Ernest Burrus o Elías Trabulse,[23] por mencionar tan sólo a unos cuantos. No resulta extraña tanta atención, pues la historia de Sigüenza posee diferentes elementos que nos ayudan a comprender detalles de la cultura novohispana. Especialmente ese periodo barroco, el tiempo de Sigüenza, un siglo que ha sido considerado la época más olvidada de la Colonia, porque no hay suficientes testimonios para estudiar. 

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Ciertamente, es un periodo histórico que con cierto abandono por parte de historiadores y especialistas. Situación quizá propiciada porque la documentación se vería afectada por la gran inundación de 1629 y, los tumultos de 1624 y 1692. Sin duda, hay más documentos de los que hemos creído, especialmente sobre la cultura del libro en un territorio tan vasto y complejo como el novohispano. Por lo cual, no pretendemos aquí ahondar demasiado en la vida de este personaje, calificado incluso como el más brillante intelectual del siglo XVII novohispano.[24] Sabemos que Sigüenza nació en la Ciudad de México, el 14 de agosto de de 1645. Fue el hijo mayor de Carlos de Sigüenza,[25] “escribano que fue de su Magestad, natural que fue de la Villa de Madrid y Maestro que fue de Escritura del Príncipe don Baltasar Carlos y el primero que le pusso la pluma en la mano”.[26] Este maestro de letras, se trasladó en 1640 a la Nueva España como criado[27] del virrey Diego López Pacheco,[28] marqués de Villena y de Moya, Duque de Escalona, conde de Santisteban y de Xiquena, y gentilhombre de la cámara del Rey. Leonard creía que este traslado probablemente se realizó para “mejorar su fortuna en el Nuevo Mundo”.[29]

El padre de Sigüenza en su propio testamento no menciona nada sobre ésto, pero sí declara que cuando se casó no tenía “caudal ni capital alguno” lo mismo que al morir.[30] Por el contrario, menciona su oficio en la enseñanza de las letras y escribano cuando solicitó el nombramiento como Escribano Real y Notario Público de las Indias en 1665, que obtuvo ese mismo año, porque se había desempeñado cuando menos durante veinticinco años como oficial segundo de la Secretaría de Gobierno y Guerra de Nueva España.[31] Sus testigos, también escribanos de la Ciudad de México, lo describieron como “fiel, legal y de confianza” ente otros halagos, y que contaba con un caudal de “más de seiscientos pesos de oro común”. Dicha relación con el príncipe Baltasar Carlos de Austria resulta históricamente complicada, pero esta historia la seguiremos contando más adelante.


[1] “Nombramiento de corrector de libros en este Santo Oficio, en ínterin, a favor de D. Carlos de Sigüenza Góngora, Catedrático jubilado de Matemáticas en la Real Universidad de México”. Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Inquisición 710, exp. 54, fol. 381r.-382v.

[2] Felícitas González Barranco, Carlos de Sigüenza y Góngora. Estructura y materialidad de sus impresos y su biblioteca personal. Tesis de Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información, México: UNAM, 2021, pp. 109 y 165-167.

[3] Idalia García, “Sospechosos, perseguidos y venenosos: la visita inquisitorial a las bibliotecas novohispanas, 1716-1720”, Historia Mexicana, 283, (Enero-Marzo 2022). En prensa, https://historiamexicana.colmex.mx/index.php/RHM/proximosnumeros

[4] Elías Trabulse, “La obra científica de don Carlos de Sigüenza y Góngora (1667-1700)”, en Carlos de Sigüenza y Góngora: Homenaje 1700-2000, coord. Alicia Mayer. México: UNAM, 2000, p. 100.

[5] José Pardo Tomás, Ciencia y censura: la Inquisición Española y los libros científicos en los siglos XVI-XVII, Madrid: CSIC, 1991, pp. 41-42.

[6] Anotación manuscrita en la portada Gaspare Juenin, Commentarius historicus et dogmaticus de sacramentis in genere et specie… Lugduni: Sumptibus Anisson & Posuel, 1696. Biblioteca Nacional de México RFO 265 JUE.c.1696 v.2 (02-25474).

[7] Idalia García, “Confieso que he leído o cuando menos poseído: memorias de libros particulares en la Nueva España”, Inquire. Revista de Estudios Inquisitoriales, vol. 1, núm. 1 (2013), p. 25.

[8] Anotación manuscrita en portada Joannes Borcholten, Commentaria in Institutionum juris civilis libros IV… Lovanii: apud Joannem UrYenborch & Germanum Sassenum, 1646. Biblioteca Palafoxiana 17800. Tomado del catálogo de la exposición Libros prohibidos: censura y expurgo en la Biblioteca Palafoxiana, Julio 2013-Enero 2004. 

[9] Anotación manuscrita en portada Jenofonte (430?-354? a. C.) [Xenophontos ta sozomena biblia] Xenophontis (viri armorū & literatū laude celeberrimi) quæ exant opera, annotationes Henrici Stephani, multum locupletatā, quæ varia ad lectionem Xenophontis longe utilissima habent, [Ginebra]: Excudebat Henricus Stephanus, 1581. Biblioteca José María Lafragua 1778-41011102.

[10] Publius Ovidius Naso, Publii Ovidii Nasonis Metamorphoseos libri quindecim cum comentariis Raphaelis Regii; adiectis etiam annotationibus Iacobi Micylli… Basilea: Per Ioannem Hervagium, 1543. Fondo Antiguo de la Biblioteca Central de la UNAM PA6519.H4 1549 misc2. Fue registrada en Guillermo Morales Romero, Repertorio bibliográfico de los impresos del S. XVI en lengua latina dentro del Fondo Antiguo y Colecciones Especiales de la Biblioteca Central, Tesis Licenciatura en Letras Clásicas. México: UNAM. Facultad de Filosofía y Letras, 2010, pp.  68 y 69.

[11] Anotación manuscrita en el verso de la portada María de Jesús de Agreda, Mystica ciudad de Dios... Primera Parte. En Amberes: por Henrico y Cornelio Verdussen, mercaderes de libros, 1696. Biblioteca Burgoa Colección antigua t. 1 (5008). Esta obra fue impresa en tres partes y la biblioteca reporta poseer una sola. Los tres tomos pudieron haber pertenecido al Noviciado de la Compañía de Jesús en Oaxaca o al Convento de Santo Domingo de Oaxaca, pues ostenta marcas de fuego que han sido relacionadas con esas instituciones.

[12] Felicitas González, Op. cit. p. 165-166.

[13] Es la obra del historiador griego Polybius, Polybiou tou Lykorta Megalopolitou IstoriŌn ta sozomena. Polybii Lycortæ F. Megalopolitani Historiarum libri qui supersunt, interprete Isaaco Casaubono. Iacobus Gronovius recensuit, ac utriusque Casauboni, Ful. Ursini, Henr. Valesii, Iac. Palmerii & suas notas adjecit. Amstelodami: ex officinâ Johannis Janssonii à Wæsberge, & Johannis van Someren, 1670. CEHM-CARSO Impresos de Roberto Valles Martínez XLIX-2.1-1.4

[14] Jesús Martínez de Bujanda, El índice de libros prohibidos y expurgados de la Inquisición Española. Madrid. Biblioteca de Autores Cristianos, 2016, p 398. Polybius, Polybii historiarum libri qui supersunt... París: Jeronimo Drouard, 1609. Bayerische Staatsbibliothek, Augsburg, Staats und Stadtbibliothek 2 LG 300. Versión digital: https://www.digitale-sammlungen.de [Septiembre de 2021]

[15]  Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México, 1571-1700. México: FCE, 2010, pp. 66-68.

[16] Félix Díaz Moreno, “El control de la verdad: los Murcia de la Llana, una familia de correctores de libros”, Arbor, vol. 185, núm. 740 (2009), pp. 1302, http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/view/396  [Septiembre de 2021]

[17] Martin de Torrecilla (O.F.M. Cap.), Apologema, espejo y excelencias de la serefica religion de menores capuchinos purificados en el crisol de la verdad de las escorias de la contradicion, libro de la tercera orden, y tratado de apologoias, y consultas miscelaneas… Madrid: por la viuda de Antonio Román, a costa de los herederos de Gabriel de Leon, 1701. Biblioteca Nacional de México RFO 271.36 TOR.a. 1701 (93-40969)

[18] “Nombramiento de fray Joan Henriquez como calificador y corrector de libros del Santo Oficio en la Villa de Antequera. México (1625).” AGN, Indiferente Virreinal Caja 5255, exp. 45, fol. 1r.

[19] Acuse de recibo de dos nombramientos del Bachiller Bartolome Gómez como corrector de libros y del Bachiller Juan Cano como notario del Santo Oficio, Campeche. AGN, Indiferente Virreinal, Caja 5172,  exp. 77, 2 folios.

[20] Roberto López Vela, “El calificador en el procedimiento y la organización del Santo Oficio. Inquisición y órdenes religiosas”, en Perfiles jurídicos de la Inquisición española, ed. Jose Antonio Escudero, Madrid: Universidad Complutense, Instituto de Historia de la Inquisición, 1989, pp. 346.

[21] “Nombramiento de corrector de libros a Hipólito de Rivera, vecino de esta ciudad, y comisión para recoger libros prohibidos, papeles y estampas que viere (1641), AGN, Inquisición 438, exp. 30, fol. 388r.

[22] “Relación de méritos y servicios de Diego de Aguilar y Solórzano, tesorero de la catedral de Michoacán (1714)”, Archivo General de Indias (en adelante AGI), INDIFERENTE, 216, N.151, Imagen, núm. 2, https://pares.culturaydeporte.gob.es/inicio.html [Septiembre de 2021]

[23] Francisco Pérez Salazar, Biografía de D. Carlos De Sigüenza y Góngora: seguido de varios documentos inéditos. México: Antigua Imprenta de Murguía, 1928; Irving Albert Leonard, Don Carlos de Sigüenza y Góngora: un sabio mexicano del siglo XVII. México: FCE, 1984; José Rojas Garcidueñas, Don Carlos de Sigüenza y Góngora: erudito barroco. México: Ediciones Xóchitl, 1945; Ernest J. Burrus, “Sigüenza y Góngora's efforts for readmission into the Jesuit Order”, The Hispanic American Historical Review, vol. 33, núm. 3 (1953), pp. 387-391; y Elías Trabulse, Los manuscritos perdidos de Sigüenza  y Góngora. México: COLMEX, 1988.

[24] Kathleen Ross, The baroque narrative of Carlos de Sigüenza y Góngora. Cambridge: Cambridge University Press, 1993, p. 17.

[25] Así lo establecen Leonard Irving, Don Carlos de Sigüenza y Góngora: un sabio mexicano del siglo XVII. (México: FCE, 1984),18 y Pérez Salazar, XI .

[26] “Pleito de Teresa Serrano de Rosales contra Gabriel de Sigüenza, heredero de Carlos de Sigüenza y Góngora (1701)”, AGN, Bienes Nacionales 1214, exp. 29, fol. 8r. Aquí se encuentra una copia del testamento de Carlos de Sigüenza y Góngora.

[27] Mitchell A. Codding, “Carlos de Sigüenza y Góngora”, en Historia de la literatura mexicana: La cultura letrada en la Nueva España del siglo XVII. México: Siglo XXI, 2002, vol. 2, pp. 588.

[28] “Expediente de información y licencia de pasajero a Indias de Diego López Pacheco, Virrey de Nueva España, a Nueva España, con las siguientes personas (1640), AGI, CONTRATACION, 5422, N.34

[29] Leonard Irving, Op. cit., p. 20

[30] “Año de 1682. Autos fechos sobre el cumplimiento del testamento de Doña Dionisia Suárez de Figueroa que otorgó el 19 de febrero del dicho año”. AGN, Bienes Nacionales 633, exp. 17, fol. 32v. Este expediente contiene el traslado del testamento de Carlos de Sigüenza, padre, mandado hacer por su hijo.

[31] “Conformación de oficio de Carlos de Sigüenza”, AGI, México 191, N.6, imagen 11.