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El toreo incruento II: Un caso de bioética y biojusticia animal –Efectos antropológicos, hidrológicos, edafológicos y ambientales–

Ricardo Andrés Roa Castellanos

portada

En el artículo primero se enunció una serie de discursos pseudocientíficos que le han causado daños a las razas genéticamente clasificadas como “ganado bravo”.

La repetición de consignas emotivistas, algunas de ellas correctamente fundamentadas, le han causado un vasto efecto negativo a las poblaciones bovinas disminuyendo el inventario de animales que son enviados a matadero. También se demostró porque la idea del toreo portugués aunque sin sacrificio en la arena, termina por ser más cruel con un animal que queda herido. Esta no es una alternativa viable en la lucha contra el maltrato animal.
 
Veremos ahora como la ausencia inducida de este elemento agroecosistémico, tras el prohibicionismo taurino ha contribuido al grave desbalance hidríco que está sufriendo la península ibérica en los últimos años. Al ser los ecosistemas un conjunto de elementos bióticos y abióticos, la desaparición de uno de estos integrantes termina por modificar el equilibrio del suelo y con ello se afectan las otras formas de vida.
 
SOBRE UNA PRAXIS EQUILIBRADA DE LA ÉTICA DE LA TIERRA 
 
En el plano de la co-existencia pacífica, con mucha menos cobertura mediática a las ofensas proferidas, por ejemplo hace un tiempo se encarceló a dos adultos jóvenes por cometer delitos de odio virtualmente, contra un niño con cáncer que decía querer ser torero[1]. La alienación y violencia ideológica con la que atacaron al infante eran igualmente crueles como violencia psicológica contra un infante a la violencia física que querían impedir contra un animal. La alienación y el extremismo fueron adquiridos e incendiados por vía del internet.
 
Baste este panorama ético preliminar sobre el tema para anotar sobre él, dos observaciones:
 
1) En las posiciones extremas no se encuentra el equilibrio que caracteriza a la Justicia.
 
2) Los dilemas (truco retórico de brindar únicamente dos soluciones contrarias y mutuamente excluyentes ante una situación) suelen omitir una potencial gama de posibles soluciones creativas intermedias para, ahí sí, resolver tales conflictos (eso según la Teoría de juegos de John Nash; teoría que posibilita que haya múltiples ganadores desde sus intereses particulares en un juego situacional, en vez de sólo uno a expensas de la derrota humillante de los otros. La buena nueva aplicable es que de existir ánimo cooperativo, la ganancia para los distintos jugadores, análogos a grupos de interés o Stakeholders para este asunto, queda garantizada y susceptible a la maximización, en resumen[2]).
 
3) Los modelos éticos que excluyen las alertas orgánicas (dolor, enfermedad, muerte, sufrimiento) tienden a tener un deficiente manejo de la vida como suma interactuante e interdependiente de un todo funcional.
 
CRONOLOGÍAS Y MEDICIONES VERSUS MODELOS Y SUPOSICIONES
 
Este artículo, está pensado en lograr una síntesis desde las dos corrientes culturales antitéticas, falsamente vendidas como “irreconciliables”, pero que, por sus extremismos al alza y su incapacidad para negociar, están poniendo en absurdo peligro no sólo al objeto de su preocupación (el trato a los animales), sino a la convivencia pacífica y aún más, las dinámicas hidrológicas-ecosistémicas.
 
Estas últimas temáticas, tan aparentemente lejanas de la discusión permiten saber el valor biológico de la población taurina. Estos herbívoros nos anteceden a nivel evolutivo, al menos en uno o dos millones de años a los seres humanos sobre la faz de la tierra (Bertorelle et al., 2010) -eso por no hablar de los bóvidos, con pasado histórico que llega a 30 millones de años atrás-.
 
Esa población, cuya co-evolución con la especie humana le ha permitido a la humanidad por medio de los insumos proteicos obtenidos a partir de ellos, reconfigurar su cerebro para mayor capacidad racional, o contrarrestar deficiencias nutricionales que atentan contra su desarrollo y supervivencia. No obstante, su existencia y relación con los humanos, últimamente, ha sido tergiversada y calumniada desde diversos frentes con la inherente solución de reducirles, abolirles o eliminarles.
 
El informe de 2006 de Steinfeld para la FAO (La sombra de la Ganadería), fue en buena parte responsable de esta ahora masificada opinión negativa. Como diatriba activista no le reconoce nada bueno a la ganadería, pero de forma sesgada si la acusa de producir un escandaloso 80% de las respectivas emanaciones de N2O y Metano antropogénicos del sector agropecuario. Inclusive, culpa a los bovinos del 30-40% del total de producción del gas metano con origen en actividades humanas, pero esto, la verdad sea dicha fue proferido con base en cálculos informáticos de escritorio, más no medidos. En la Tabla 4.22 de este informe, por ejemplo, se reseña acríticamente que el balance de uso y depleción de agua por la ganadería global es de 0,1%, que ciertamente es poco, al lado del 15% de la evapotranspiración reconocida de la producción de vegetales con destino exclusivamente para consumo humano. Esto último por medio de monocultivos agroindustriales que están barriendo con ricos ecosistemas biodiversos reguladores del agua. Más la prosa del informe es deprecativa en su sesgo contra la producción animal.
 
En adición, se suele culpar a las vacas del Cambio Climático, pero con los fenómenos descritos, la agricultura o la industria superarían con creces la emisión volumétrica de gases de efecto invernadero donde por ejemplo los Óxidos de Nitrógeno expelidos por motores de vehículos motorizados, multiplican por 300 la acción del Dióxido de carbono como Gas de Efecto Invernadero (GEI), causantes del CC.
 
En respaldo, valga citar un estudio internacional reciente de Abram et al., (2016), que encontró en cambio que el inicio del Cambio Climático empezó con el auge de la Revolución Industrial y sus máquinas de combustión hace 180 años. La cantidad de animales rumiantes silvestres y domésticos como parte de la fauna mundial antes era mucho mayor, como se puede deducir indirectamente por la gran cantidad de estos grupos actualmente en peligro de extinción.

Sin embargo, el abstracto escrito anti-taurino, en otra variedad conceptual, de Steinfield para FAO en 2006, ignoró la vigente investigación del premio Nobel de Química Paul Crutzen et al., (1986) quien, si midió experimentalmente para proyectar, por especies, la emanación biológica de Metano (CH4). Crutzen encontró que mientras la especie humana -sumada a todas las especies de rumiantes domésticos, los caballos y los cerdos- llegaban a producir biológicamente en total-global menos de 75 Tg/año del gas CH4, la sola familia artrópoda de los escarabajos (Scarabaeidae), en cambio, que prolifera ante desequilibrios ecosistémicos-hidrológicos como los explicados luego, producen 154.9 Teragrams (Tg) /año en bosques sub-tropicales y 38.2 Tg /año de metano sólo en bosques tropicales. Las termitas, taxón Isoptera, en ese mismo orden de ideas, producen 63 Tg/año (Hackstein & Stumm, 1994).

 
La estigmatización cultural de los vacunos en los últimos años, no obstante, se ha hecho pese a su importantísimo papel médico como abastecedor de nutrientes proteicos, vitamínicos y minerales a partir de recursos naturales que nosotros no podemos aprovechar, ni producir (desde por ejemplo carbohidratos estructurales como celulosa, lignina, hemicelulosa, etc).
 
Por ejemplo, en el último estudio Global de Carga de Enfermedad (2005-2015) de la revista médica The Lancetdentro de las deficiencias nutricionales causantes de muerte, la muy poco comentada deficiencia de hierro en vez de ceder, ha aumentado notablemente en la población humana global, especialmente en mujeres deficientemente alimentadas (a la vez que las ganaderías decrecen), causando para 2015 un promedio registrado mayor a 54.000 muertes anuales.
 
Para que el lector tenga un parámetro comparativo, señalemos que por Dengue -una enfermedad que se sabe es importante epidemiológicamente- de acuerdo con la misma publicación hubo apenas 18.400 muertes globales registradas, mientras que de Ébola el número de muertes humanas llegó a 5.500 a nivel mundial, comprendiendo también todas las edades en 2015 (GBD, 2016). La carne roja, sin embargo, es motivo de constante difamación cultural, aclarando que el justo medio concilia un moderado consumo[3]. Son las anteriores pruebas de que el extremismo ideológico últimamente tan en auge, no conviene. La realidad está dada en colores, no en blanco y negro. La biojusticia se halla en el equilibrio, no en los extremos.
 
LA COMPLEJIDAD BIOLÓGICA: RETIRAS UN ELEMENTO Y EL CONJUNTO NO ES EL MISMO
 
No hay porque abolir las simbiosis biológicas, justo lo contrario: estas deben garantizarse. Ese fue el inicio a veces olvidado de una carrera tan meritoria como la Ecología y su escuela conservacionista.
 
Aldo Leopold, forestal de Yale, quien fuera gestor de la llamada “Ética de la Tierra” (Land Ethic) y el inspirador maestro del padre de la Bioética Global, el científico V. R. Potter, fue el padre del Conservacionismo al corregir un exabrupto similar, que, hasta él, venía cometiendo con la fauna:
 
Toda una población biológica, los lobos, tras una estigmatización cultural similar, venían siendo “abolidos” también por los funcionarios públicos de las zonas naturales de EE.UU.
 
Muy al contrario del proceso que significó la domesticación del perro [Canis familiaris] a partir del cuidado de las crías del lobo [Canis lupus] (formalización de la simbiosis mutualista entre la especie canida y la humana), Leopold describió como en el Siglo XIX y XX no se dejaba pasar la oportunidad de matar un lobo como consecuencia de lo que vendrían ser discursos culturales de la época. Los lobos pasaron de miles, a cientos y luego a nada en el Parque Nacional de Yellowstone, una zona de protección ecológica.
 
En el Centro y Oeste de EE. UU, el exterminio de lobos y osos, condujo luego al desequilibrio por sobrepoblación, de venados y alces, que debido a películas como “Bambi” (1942) o series infantiles animadas como “The Adventures of Rocky and Bullwinkle” en los 60’s, provocaron conceptualmente la antipatía, criminalización y persecución cultural contra los predadores.
 
Le tomó a Leopold unas décadas de experiencia social, perspicacia científica y mucha humildad, el darse cuenta que se había equivocado. La estigmatización de los predadores como “individuos a eliminar” bajo una supuesta conveniencia de la crueldad contra la crueldad, significaba un brutal daño ecosistémico una vez convertido en tendencia popular.
 
En la realidad, la exagerada proliferación de los herbívoros sin circuitos de depredación, a expensas de haber sacrificado en miles a sus depredadores, condujo a la postre a graves incendios forestales, causados también por la gradual desaparición de fuentes de agua debido a sobrepastoreos, erosión, y la paulatina descompensación de ecosistemas en las grandes planadas y montañas rocosas norteamericanas.
 
La punta de la pirámide alimenticia caía, creando un efecto de bola de nieve arrasando la cascada trófica hacia abajo. La afectación de siete poblaciones de puntas de cascadas tróficas, se ha demostrado científicamente, ha desequilibrado similarmente otros 7 tipos de ecosistemas mundiales (Ripple et al., 2014).
 
Nuevo México, California, Wyoming, Idaho, Montana e incluso Alaska, desde las últimas décadas, comenzaron a ver cómo sus ecosistemas de montaña se deterioraban rápidamente debido a conceptos culturales, emanados desde ciudades rebosantes de una lógica no natural, soberbia, activismos ignotos y vanidad, pero tan carentes de sabiduría como de ciencia y sentido común.
 
El aparente beneficio tras la abolición de los lobos era sólo una errada imaginación SUBJETIVA de legos (incluso, universitarios, como dio a entender el propio Leopold).
 
Pensar que el escenario natural se convertiría en un paraíso caricaturesco para los cazadores o los visitantes, era un espejismo. El concepto resultó en un diametralmente opuesto fiasco. O como lo describía Leopold, la promesa de que el panorama cambiaría del amenazante “aullido salvaje” a idílicos “campos frugales” tras la desaparición del predador, jamás se cumplió.
 
Todo lo contrario. Para la perpleja, aunque bienintencionada comunidad que había incurrido en el prohibicionismo del lobo, el colapso poblacional, tras los años, comenzó a amenazar también a los posteriormente famélicos herbívoros muchos de los cuales murieron a consecuencia del desequilibrio del conjunto natural. Los incendios cada vez más frecuentes, empezaron a cobrar también vidas de turistas y trabajadores. El ciclo regional del agua se había alterado a consecuencia de la sustracción de la especie cánida (Figura 1). El agua que antes inundaba estos territorios pasó a escasear como producto de la descompensación del sistema (Wolf et al, 2007).

Figura 1. Ejemplificación del cambio en la hidrología del Parque Nacional de Yellowstone. Hasta la década de los veinte hubo lobos en el parque que fueron abolidos por disposiciones culturales y de gobierno. A partir de 1995 con la reintroducción de los lobos se empiezan a recuperar las fuentes de agua
(Fuente: Wolf (2007). Clip complementario.
 
Leopold, otrora activista del abolicionismo contra los lobos, recogió sus observaciones a través de ensayos -que como en el caso de la obra “Game Management” o su póstumo libro “A Sand County Almanac”- terminarían por ser considerados como el inicio teórico de la escuela Conservacionista para las Ciencias de la Tierra. Fue así como entre 1995 y 1996, siguiendo los planteamientos de Leopold, se re-introdujeron por parte de las autoridades forestales 34 lobos procedentes de Canadá al Parque Nacional de Yellowstone[4].
 
El balance científico años después, para 2012, era que los lobos reintroducidos habían regenerado no sólo la cascada trófica sino también la hidrológica de forma pasiva, es decir, habían recuperado la cadena alimenticia dentro del ecosistema al haber restaurado su presencia, teniendo por beneficio la disminución -sin desaparición- de la población de alces y la recuperación de las fuentes de agua (Ripple & Beschta, 2012).
 
Las especies en los ecosistemas se complementan funcionalmente. Los alces habían comenzado a competir, tras la eliminación de los lobos en 1926 con los castores por los bosques de sauces (árboles hidrotrópicos, o que dicho coloquialmente llaman el agua). Al desplazar a los pequeños roedores-formadores de diques, con ellos se habían ido los cuerpos de agua que, naturalmente, mantenían y re-abastecían ríos, riachuelos e incluso a los acuíferos profundos (Wolf et al., 2007).
 
Curiosamente, hasta los bisontes se re-expandieron tras la merma de los alces, permitiendo la recuperación de los bosques de sauce y álamos. La dinámica hidrológica, sin embargo, necesita de la reposición Eco-replicativa de poblaciones de castores y de la regulación de bisontes, que, en su apogeo, habían afectado poblaciones de álamos (Painter & Ripple, 2012).
 
En 2009, de nuevo se autorizó la caza de lobos con cuota en el parque natural, porque su población ya sumaba después de 15 años un poco más de 1.500 animales. Algunos funcionarios subjetivamente decidieron que no se podían permitir más de 300-450 individuos. Se creyó, con la lección ya olvidada, que, al haber salido de las especies en vía de extinción, entonces se podían matar de nuevo a este importante eslabón de la cadena alimenticia (…). En la actualmente también desequilibrada Alaska, se mataron más de 1000 lobos desde helicópteros por la incomprensiva disposición política ante los conjuntos naturales[5]. La caza de otros eslabones en las cadenas tróficas suman ya millones[6] en suelo estadounidense que a la par ve sus patrones hidrológicos menoscabarse con inusitadas sequias o precipitaciones lluviosas que exceden todo registro histórico[7].
 
Ahora, tras dinámicas similares sobre la descompensada naturaleza de California, en sólo 2016, se vio crecer la cifra de árboles muertos en sus bosques naturales de 29 a 102 millones de árboles[8] con proliferación de escarabajos metanogénicos (productores superiores a los vacunos de metano, GEI 26 veces superior al dióxido de carbono al generar el Cambio Climático) debido a sequías y otros desbalances poblacionales asociados a sus ecosistemas manejados por tomadores de decisiones basados más en ideas desde los pre-conceptos de personas de ciudad o en “modelos computarizados” que en la observación de la complejidad sistémica real de la naturaleza.
 
¿Y QUÉ CON EL TOREO?: ARIDEZ Y DESERTIFICACIÓN IBERICA
 
La rotura de un eslabón puede acabar con la funcionalidad de una cadena sistémica, como se ha visto. Con lo descrito hasta ahora, es comprensible que la perjudicial eliminación de los peldaños superiores de las cascadas tróficas en la península ibérica (Linces, lobos, osos, leones, coyotes, toros bravos), discurren en paralelo con un agravamiento en la desertificación de los suelos ibéricos. Los resultados eco-sistémicos, téngase en cuenta, rara vez obedecen a una sola causa en la complejidad funcional de la realidad.
 
El llamado ecosistema de Dehesa que suma 2,3 millones de hectáreas en España y 0,7 en Portugal es el primer damnificado con la disminución del toro bravo. La dehesa supone la conservación de vegetación arbórea, ganadería extensiva de baja carga poblacional, y un campo de sembradío mixto que puede incluir especies arbóreas (olivos) o de cereal, sin que exista el monocultivo industrial. La dehesa retiene fuentes de agua y es el hábitat por excelencia del toro bravo. Al enviar estas poblaciones territoriales a matadero sin la reproducción zootécnica pastoril de ganado extensivo en bajas cargas, que repone individuos en la cabaña o hato los cuales mantienen ciclos de fertilización para la tierra, estos ecosistemas en vez de enriquecerse se deterioran y muchos predios pasan a la agricultura industrial de monocultivos, o a la venta y urbanización o endurecimiento de sus suelos (Moreno & Pulido, 2009) tras la doble insostenibilidad (económica y ecológica) ocurrida por inviabilidad financiera.
 
Gran parte de la resiliente fauna ibérica mora en esta naturaleza[9]. Es de decir que el fiero ganado bravo es un guardián que ha ayudado a la conservación de estos hábitats, co-existiendo con otras especies en estos paisajes.
 
Pues bien, para 2016 tras un profundo estudio incluido en The International Journal of Life Cycle Assessment, se estimó ya que el 20% del territorio español, es decir, un quinto (1/5) de su geografía nacional se encuentra desertificado. Las fuentes de agua en estos terrenos hasta hace pocas décadas, tierras plenamente fértiles, han sido casi abolidas por sequías, agravando y viéndose agravadas también por las retroalimentaciones del Cambio Climático.
 
Las zonas con mayor riesgo de desertificación ibérica actual son Júcar, del Segura y el sureste del Ebro[10]. Regiones que tienen el mayor estrés hídrico en el presente y futuro en España (Nuñez et al., 2015). Tierras que hicieron un tránsito de las dehesas hasta ser esencialmente hoy de cultivo agrícola de hortalizas y cereales.
 
El 75% del territorio español ahora es susceptible a la desertificación si la tendencia no varía[11].
 
El rol de los grandes rumiantes y concretamente del ganado bravo en la conservación de la naturaleza europea de los últimos miles de años ha sido importante. Las características de deposición de sus excretas seguidas para el ganado extensivo en dehesa, incluso han permitido un muy favorable reciclaje natural de la materia orgánica por el comportamiento (etología) de los vacunos que evita las pérdidas por escorrentía y lixiviación al reponer la materia orgánica con su estiércol en tierras más altas donde prefiere evacuar (Gómez-Sal et al., 1992).
 
El toro bravo o la res de lidia, morfológicamente, para uno de los máximos estudiosos académicos del tema, el holandés Cis van Vuure (2005), representa la forma y el comportamiento descrito del extinto Uro (Bos primigenius primigenius). Por medio de estudios genéticos de biología evolutiva, rastreando características morfológicas de cuerpo, comportamiento y formas de las astas, pero también genotípicas, el Uro (Figura 2) de donde han salido los demás taxones de los vacunos, es in vivo hoy mejor rememorado por las Razas de Lidia.

 Figura 2. Esqueleto completo y articulado de uro (Bos primigenius), procedente del yacimiento Pleistoceno de Fonte Campanile, en Viterbo (Italia), ejemplar expuesto en posición cuadrúpeda, el Museo de Paleontologia, en Roma (Fuente: http://folklore-fosiles-ibericos.blogspot.com.es/2010_06_01_archive.html ).
 

 


[1] Recuperado de URL: http://www.levante-emv.com/sociedad/2016/12/03/detenidos-injuriar-redes-nino-cancer/1500239.html

[2] Aumann, R. J., & Hart, S. (1992). Handbook of game theory with economic applications. Amsterdam: Elsevier.

[3] Recuperado de URL: https://www.urosario.edu.co/revista-nova-et-vetera/Vol-1-Ed-11/Columnistas/Carnes-procesadas,-escandalos-seudocientificos-y-l/

[4] Recuperado el 05-12-2016 de URL: http://articles.latimes.com/2009/dec/13/opinion/la-oe-gibson13-2009dec13

[5] Idem

[6] Recuperado de URL: https://www.theguardian.com/environment/2014/jun/16/us-wildlife-animal-kill-data

[7] Recuperado de URL: http://www.usatoday.com/story/weather/2017/01/12/northern-california-drought-ends/96487788/

[8] ψ [8].1 Recuperado de URL: http://www.sfgate.com/news/article/bark-beetles-California-dead-trees-fire-risk-7390544.php
ψ[8].2. Recuperado de URL: http://www.latimes.com/local/lanow/la-me-dead-trees-20161118-story.html

[9] Recuperado de URL: http://listas.20minutos.es/lista/fauna-iberica-mamiferos-376367/

[10] Recuperado de URL: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/02/09/ciencia/1265716300.html

[11] Recuperado de URL: http://www.elmundo.es/ciencia/2016/06/17/5763b74222601d58488b45ab.html