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José Domingo Rodríguez: rescate del abismo del olvido

Laura Alejandra Jácome Orozco

portada

Las obras Eva y Angustia, esculturas que le valieron a su realizador la medalla de oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929 y el primer premio en el Salón de Artistas colombianos de 1942 respectivamente.

Sin mencionar las demás esculturas que hoy reposan en diferentes lugares públicos y museos, fueron producto del ingenio de José Domingo del Carmen Rodríguez Corredor, más conocido, sin uno de sus nombres ni uno de sus apellidos, como José Domingo Rodríguez.

Éste nació en un pequeño municipio de Boyacá llamado Santa Rosa de Viterbo el 4 de agosto de 1895, en medio de los vientos y las cometas en el cielo que actualmente caracterizan esta estación del año.

Formado en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, José Domingo Rodríguez se introdujo en el mundo del arte como paisajista por la influencia de su maestro Francisco Antonio Cano (1865-1935), profesor y director de la dicha escuela. Tiempo después, en 1926, contrajo matrimonio con Rosa María Vargas y luego sería el padre de tres hijas. Asimismo, en 1927 decidió probar su suerte en Europa con una beca de la gobernación de Boyacá y en la Academia San Fernando en Madrid, de la mano de Victorio Macho, conoció el arte académico en todo su esplendor, así como el oficio de la escultura[1]. Cuando regresó a Colombia en 1931, inmediatamente se destacó como profesor titular de modelados y talla directa en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá.

Retornando al plano artístico, José Domingo Rodríguez fue considerado por Germán Arciniegas como “uno de los precursores de la nueva generación de artistas con quienes inicia la escultura colombiana, esta escultura nueva que sólo puede darse la mano con la colonial y con la indígena, para fijar con ellas los tres eslabones únicos de un arte que durante cien años permaneció olvidado y que hoy resurge para acentuar una tercera etapa del espíritu nacional”[2]. Asimismo, para Álvaro Medina, uno de los mayores logros de este artista es haber sido el precursor de una plástica nueva que “comenzó a fraguarse desde adentro, sin ignorar lo que ocurría en Europa pero sin repetir lo Europeo”[3]. De hecho, José Domingo Rodríguez es considerado como parte de la generación de artistas nacionalistas, más conocidos como los Bachué, que tenían como fin exaltar el pasado indígena como símbolo de identidad colombiana, en medio del constante proceso de construcción de nación en la década del treinta. Sin embargo, la escultura de José Domingo Rodríguez no representaba a indígenas, sino a campesinos y personas del común, así como éste tampoco firmó la Monografía del Bachué, manifiesto del movimiento, publicado en 1930[4]. De ahí que algunos estudiosos del arte colombiano como Álvaro Medina y Christian Padilla tengan ciertas reservas con la categorización del artista dentro de los Bachué.

No obstante lo anterior, es claro que, tal como lo menciona Halim Badawi, “José Domingo Rodríguez usó los valores formales del academicismo sincretizados con el impulso ideológico del Nacionalismo artístico, heredero local del Muralismo Mexicano”[5]. Lo curioso es que a diferencia de otros artistas que posteriormente se involucrarían con el Muralismo Mexicano por tener parte de su formación en aquel lugar, tales como Pedro Nel Gómez e Ignacio Gómez Jaramillo[6], José Domingo Rodríguez no tuvo una influencia de tal índole, sino más bien un interés genuino por las personas del común, por el ambiente en el que la mayor parte de su vida transcurrió.
 

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En general, puede decirse que José Domingo Rodríguez dejó inigualable legado material para la posteridad a manera no tanto de pinturas como de esculturas de madera, mármol, piedra, granito, bronce, yeso, terracota y cemento. Entre ellas, además de las ya mencionadas Eva y Angustia, se encuentran el monumento a Coltejer  (Medellín) y los bustos de Santander (Palacio de Nariño), Enrique Olaya Herrera (Guateque, Cundinamarca), y José María Hernández (Cementerio Central de Bogotá); las esculturas PájaroHombre en el Mercado, El héroe, Busto de Niña y Busto de la señorita N. N, Monumento a la aviación, Cargadora, Desgranador, Hilandera, Segador, Maternidad, entre otras.

Asimismo, José Domingo Rodríguez participó en numerosos salones nacionales y exposiciones individuales tanto en Colombia como en Madrid, Nueva York y Venezuela. Entre ellas se encuentra la exposición Macys Latin American Fair de Nueva York en 1942, en la que obtuvo una Mención Honorífica y una Medalla por su obra Indiana (mármol negro). De la misma manera, en 1946 participó en el Salón de los Rechazados y en 1948 en el VII Salón Anual de Artistas Colombianos, en el Salón Bienal de Madrid en el que obtuvo el premio República de Colombia con su escultura Angustia y, junto con Blanca Sinisterra de Carreño, expuso en el Museo Nacional de Colombia los bronces Figura Alada, Santa Fe, Niña Campesina, Indómito y Virgen con niño, y las tallas en madera: Exehomo y Angustia.

Igualmente, de manera póstuma se han realizado diferentes esfuerzos para rescatar a José Domingo Rodríguez del olvido que se ha prolongado en el tiempo, ya que si bien su trabajo ha sido reconocido, no es un artista familiar para las personas del común. Uno de dichos esfuerzos fue la exposición Colombia en el umbral de la modernidad del Museo de Arte Moderno en 1997, que surgió por un inusitado interés por la generación de artistas nacionalistas. La curaduría, realizada por Álvaro Medina, propuso una serie de nombres que habían "desaparecido" de las historias de arte colombiano. La prensa señaló que uno de los motivos para esta censura fueron los enjuiciamientos de la crítica de arte Marta Traba[7]. Entre aquellos esfuerzos también se encuentra la exposición retrospectiva en el marco del programa “Nuevos nombres del pasado” inaugurada en el Museo Nacional de Colombia en 2008.

Finalmente, puede decirse que José Domingo Rodríguez “fue uno de esos artistas que tambalearon constantemente en la búsqueda de un lenguaje ambiguo, que fuera de complacencia del espectador y a la vez de la suya propia”[8]. Empero, tal como lo afirma Christian Padilla, “el juicio del tiempo permite reconocer que la mejor etapa artística del escultor fue precisamente la que estuvo emparentada con el nacionalismo, por ser la más atrevida y llena de nuevos planteamientos, inéditos en un país donde el encargo oficial seguía beneficiando a artistas europeos de estéticas trasnochadas”[9].

En ese sentido, exponente o no del Bachué, es innegable el talento y la sensibilidad que José Domingo Rodríguez tuvo frente al mundo que lo rodeó, en especial, en el que nació. De hecho, fue en este campo en el que más se destacó y los años en que talló las esculturas, la época de su esplendor. Sin embargo, a pesar de su reconocimiento, el trabajo artístico no logró arrastrarlo lejos del ambiente de precariedad en el que su vida se desarrolló. Debido a ello, se trasladó a Macuto, Venezuela, donde seguiría consolidando su labor como pintor paisajista[10] e iría dejando a un lado la de escultor, que desde la década del cincuenta había ido disipándose cuando comenzó a trabajar una temática abstracta hasta el día de su muerte, el 16 de abril de 1968, en medio de una absoluta precariedad económica.
 
 
Bibliografía

  • Arciniegas, Germán. “El sentido de la escultura nacional” en Lecturas Dominicales, El Tiempo, número 496. Bogotá: 20 de agosto de 1933. Citado en: Medina, Álvaro. Procesos del Arte en Colombia. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1978.
  • Badawi, Halim. “El muralismo en la Ciudad Blanca” en Homenaje a los médicos de la Independencia. Bogotá: Universidad Nacional, 2014, p. 23-24 (disponible en: https://issuu.com/diazgranados/docs/libro_medicos_final_baja).
  • Medina, Álvaro. "La revista Universidad y el arte moderno colombiano" en Le Discours Culturelle dans les revues Latino-Américaines de l'entre deux guerres 1919-1939. América, cahier du criccal nº4-5.París: La Sorbonne Nouvelle, 1988, pp. 217-226.
  • Medina, Álvaro. El arte colombiano de los años 20 y 30. Bogotá: Colcultura, 1995.
  • Padilla, Christian. La llamada de la tierra: El nacionalismo en la escultura colombiana. Bogotá: Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2008 (disponible en: https://www.academia.edu/1970360/La_llamada_de_la_tierra_el_nacionalism…).
  • Rubiano Caballero, Germán. “Arte Moderno en Colombia: De comienzos de siglo a las manifestaciones más recientes” en Colombia hoy. Bogotá: Biblioteca familiar de la Presidencia de la República, 1996 (disponible en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/colhoy/colo13.htm).
  • Salamanca, Daniel. "El Proyecto Bachué: los modernistas relegados" en Revista Arcadia, 2016 (disponible en: http://www.revistaarcadia.com/impresa/arte/articulo/arte-bachue-grupo-m…

 


[1] Padilla, Christian. La llamada de la tierra: El nacionalismo en la escultura colombiana. Bogotá: Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2008, p. 152.

[2] Arciniegas, Germán. “El sentido de la escultura nacional” en Lecturas Dominicales, El Tiempo, número 496. Bogotá: 20 de agosto de 1933. Citado en: Medina, Álvaro. Procesos del Arte en Colombia. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1978, p. 311.

[3] Medina, Álvaro. "La revista Universidad y el arte moderno colombiano" en Le Discours Culturelle dans les revues Latino-Américaines de l'entre deux guerres 1919-1939. América, cahier du criccal nº4-5.París: La Sorbonne Nouvelle, 1988, p. 226.

[4] De hecho, con excepción de Hena Rodríguez, ningún artista firmó la Monografía del Bachué.

[5] Badawi, Halim. “El muralismo en la Ciudad Blanca” en Homenaje a los médicos de la Independencia. Bogotá: Universidad Nacional, 2014, p. 23-24.

[6] Rubiano Caballero, Germán. “Arte Moderno en Colombia: De comienzos de siglo a las manifestaciones más recientes” en Colombia hoy. Bogotá: Biblioteca familiar de la Presidencia de la República, 1996.

[7] Badawi, Halim. “El muralismo en la Ciudad Blanca” en Homenaje a los médicos de la Independencia. Bogotá: Universidad Nacional, 2014, p. 23 y Salamanca, Daniel. El Proyecto Bachué: los modernistas relegados en Revista Arcadia, 2016 (disponible en: http://www.revistaarcadia.com/impresa/arte/articulo/arte-bachue-grupo-m…).

[8] Padilla, Christian. La llamada de la tierra: El nacionalismo en la escultura colombiana. Bogotá: Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2008, p. 161.

[9] Ibíd.

[10] Medina, Álvaro. El arte colombiano de los años 20 y 30. Bogotá: Colcultura, 1995, p. 37.