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Volver a ser niños, para ser mejores seres humanos

María del Pilar Quintero Gómez

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En mi experiencia laboral he tenido la felicidad y gratificación de acompañar a los niños en sus vidas.

He tenido la dicha de interactuar con ellos, de dialogar, de jugar, de crear y de sentir. He acompañado parte de sus vidas y me he enriquecido de ellas. Al conocer cada día más la niñez me asombro de todas las capacidades que podemos tener los seres humanos.
 
A partir de cómo nos desenvolvemos, nos relacionamos con nuestra familia y pares, e interactuamos con el contexto en la niñez, se crearán las bases de nuestra existencia. Si tenemos una infancia satisfactoria, se podrá evidenciar en nuestra juventud y adultez mejores herramientas para desarrollarnos en nuestro medio.  En cambio, si tenemos marcadas dificultades en esta etapa, se generarán mayores desafíos en las siguientes fases de nuestra vida, que se hubieran podido evitar.
 
Actualmente existen muchos modelos y teorías sobre la educación en la niñez, que nos proporciona conocimiento para comprenderlos a fondo. En este escrito no pienso decirles cual es la mejor, creo que todas nos brindan información que enriquecen nuestra labor.  Sin embargo, sí debemos discernir cuales nos permiten un crecimiento integral de los niños, y que ha futuro no generen seres dependientes, sin rumbo, sin autoestima, sin el coraje para superar los diferentes retos de la vida. Lo que si deseo expresar es la importancia de dejarlos ser niños. En ocasiones queremos llenarlos de actividades y experiencias que les desarrollen mayor inteligencia y habilidades para que sean los “super genios”. Pero solamente estamos trabajando un solo aspecto de sus vidas.
 
Los Terapeutas Ocupacionales tenemos un modelo que nos guía en nuestro quehacer profesional, que es el Modelo de la Ocupación Humana (Gary Kielhofner), el cual nos refiere que todos los humanos somos sistemas abiertos, en constante interacción con otros sistemas, y al mismo tiempo estamos compuestos por tres subsistemas que acompañan esta interacción.  Estos son: Volición, Habituación y Capacidad de Desempeño.  La Volición abarca los valores, los intereses, el sentido de competencia y eficiencia; la Habituación, brinda la organización de nuestra cotidianidad en hábitos y roles, y por último, la Capacidad de Desempeño, que es el conjunto de habilidades que presentamos y desarrollamos en nuestras ocupaciones, teniendo en cuenta el contexto en donde nos envolvemos diariamente.
 
No solamente existe este modelo, también está el Modelo Kawa (Michael Iwama), que utiliza como metáfora el río, en representación de la vida. El río tiene diferentes elementos: Las Rocas, que representan las diferentes circunstancias que generan un impedimento para la vida de las personas; el Lecho del Río, que es el contexto en el que nos desempeñamos; Los Troncos, que son las capacidades de cada individuo, y para terminar, los Espacios entre los elementos, que es por donde el río continúa,  representan las razones que mantienen viva a la persona y le da esperanza.
 
Estos modelos nos brindan una guía frente a cómo debemos observar a las personas, siendo estas seres integrales, con valores, creencias, destrezas, desafíos y hábitos que nos dan herramientas para vivir en este mundo. Todo esto es una gran complejidad, que interactúa constantemente con el contexto donde vivimos, y hace que nuestras vidas sean más desafiantes e interesantes para vivirlas. Estos factores se van desarrollando en la niñez poco a poco, para que se establezcan más adelante en las siguientes fases del ciclo vital.
 
Entonces, no comprendo porque los profesionales nos enfrascamos solo en el conjunto de destrezas en los niños, y los apartamos de otros aspectos que son igual de fundamentales en su vida. ¿Por qué solamente queremos desarrollar destrezas en ellos? ¿Por qué no los dejamos vivir su niñez?
 
Podemos dejarlos vivir la niñez con el juego. El juego para los Terapeutas Ocupacionales es concebido como la principal ocupación de los niños, donde pueden desarrollar todo tipo de destrezas, relacionarse con sus pares, con sus familiares y con el contexto en general. Es donde empiezan a conocerse ellos mismos y al mundo, aprenden a entender sus sentimientos y los de los demás, exploran su cuerpo y hasta dónde pueden ir con él. Por medio del juego los padres conocen a sus hijos, comparten su afecto con ellos, enseñan normas y límites, y cómo manejar los sentimientos frente a las situaciones que se presenten dentro de este.
 
También podemos relacionar el vivir la niñez con el aburrimiento, en donde los niños están solos, sin ninguna actividad aparente para realizar. Es el espacio en el cual pueden encontrarse con ellos mismos, aprendiendo a estar solos sin estar tristes, desarrollando su autonomía, teniendo la oportunidad de imaginarse en otros mundos o crear diferentes juegos para ellos; es un espacio para crear.
 
De esta misma manera, podemos relacionarlo con su espacio para aprender, donde empiezan a interactuar con el conocimiento, jugando, pensando y creando, sintiendo el mundo en sus manos. Es vivir su mundo, sus sentimientos, sus valores, su espiritualidad, sus destrezas, su familia, sus amistades, sus problemas… su vida. Es que tengan la posibilidad de desarrollar su subsistema de valores y creencias (volición), organizar su tiempo según sus intereses y necesidades (habituación), y desarrollar sus destrezas (capacidad de desempeño), para aplicarlas en su vida.
 
Pero lastimosamente nos hemos centrado, tanto terapeutas, como docentes y padres, en imponerles un mundo que suplan nuestros deseos y necesidades, dejando a un lado sus pensamientos y sentimientos, creyendo que son iguales a los de los adultos. Creo y siento, que los padres deben ser la guía de sus hijos, sus tutores, sus ejemplos a seguir, pero en ocasiones nos creemos dueños de sus vidas, y esto no debería ser así. Nos estamos convirtiendo en algunos momentos en las “rocas”, que menciona el modelo Kawa, siendo más un impedimento en los niños que una ayuda para ellos.
 
Así mismo, los profesionales de la educación nos creemos los más grandes sabios y queremos imponerles formas de aprender, de pensar y de crear. No nos dejamos impregnar de su cultura, una cultura de creatividad, curiosidad, alegría y sencillez. Sin embargo, existen actualmente pedagogías de la escucha, donde se conoce al estudiante por medio de lo que comenta al interactuar con el contexto, donde los educadores les brindan ambientes y situaciones para que puedan aprender nuevas experiencias, para que creen nuevas posibilidades.
 
Sería grandioso proponerles una gama muy amplia de oportunidades y de experiencias para que ellos puedan vivirlas y escoger lo que deseen. Porque ellos son seres pensantes, no son organismos sin la capacidad de comprender lo que sucede alrededor. Esto no quiere decir que los tenemos que dejar sin un acompañamiento, puesto que ellos necesitan de nuestra guía y consejo, por si se llegan a tropezar; para que tengan esa persona que les diga todo estará bien, es mejor que no lo hagas así, eso no lo debes hacer, o mostrarles otras formas de hacer las cosas y decirles que siempre nos podemos recuperar de nuestras caídas.
 
Siempre realizo una invitación para que los padres dediquen tiempo a sus hijos, tiempo para jugar, para escucharlos, para hablar y para aprender. Es un aprendizaje recíproco, tanto de los niños a los adultos, como de los adultos a los niños. Aunque en muchas ocasiones, podemos aprender más los grandes de los pequeños.
 
Hay personas y organizaciones que se han dado cuenta la importancia de la niñez en nuestra vida, que han querido retomar muchos aspectos de esta etapa para mejorar nuestro trabajo y nuestra cotidianidad. Ven la pertinencia de la alegría en nuestras relaciones, la capacidad de asombro en nuestra cotidianidad, la sencillez en nuestra vida profesional, y la creatividad en nuestros trabajos, entre otras características que encontramos en pleno furor en la niñez.  Sin decir que debemos hacer una regresión total a esta fase, más bien es retomar algunas cualidades, que nos pueden brindar mayores satisfacciones a nuestra vida.
 
¿Y por qué no?, aprender a escucharlos. En algunos momentos los vemos tan pequeños y “sin importancia”, que creemos que lo que dicen en la mayoría de ocasiones no generan aprendizaje en nosotros, porque no tiene un contenido filosófico y antropológico según lo que conocemos. Pero en realidad ellos cargan una cultura propia, una cultura de diversión, de alegría, de curiosidad, de creatividad, de inocencia, de sencillez, de compañerismo y de amor. Nos brindan el mejor aprendizaje, el ser mejores seres humanos. 
 
Referencias:

  1. KIELHOFNER, Gary. Modelo de la Ocupación Humana. Teoría y Aplicación. 3ª Edición, Edit. Médica Panamericana. 2002.
  2. Kronenberg,Algado, Pollard.Terapia Ocupacional sin Fronteras. Aprendiendo del Espíritu de los supervivientes. Editorial Médica Panamericana.2005. Cap.16.